Capítulo IV
IV
La primera vez que mordí a una niña tuve bastante razón, qué pena no acordarme ahora del nombre, los nombres son importantes, te lo digo yo, los nombres son para algo.
A mí morder no me gusta en general, no lo hago porque me gusta, lo hago porque me sale y ya, o a veces porque, si te fi jas, es di fí cil no morder.
A veces es di fi cilísimo. Por eso me llevaron a M adrid, o no sé si por eso, porque tardaron un poco en llevarme, pero antes le había mordido a un cerdo donde el corral del Sotovelo y le mordí porque sí, porque me dieron las ganas, para ver cómo chillaba y eso, y luego mordí ya a madre, que no se lo dijo a nadie, sólo a padre, pero a la segunda ya, y a lo primero le dijo que se había dado con algo, que me he dado en la cabeza, le dijo, que es donde la había mordido yo, pero al fi nal ya se lo dijo dijo, y luego la mordí a la niña bien mordida, pero porque me incordiaba y me llamaba cosas y me decía cosas de su hermano: no te acerques a mi hermano, que dejes en paz a mi hermano, y yo la dije que si era su hermano qué, que a mí qué me decía, que no era nada mío, que hablaría con él si quería y que me dejaría en paz a mí, que era él quien se me arrimaba, y primero se lo dije normal y luego, como no se callaba, pues ya la mordí en la boca y luego tiré para atrás a ver si así se la quitaba la bobada, y por ver a qué sabía, que sabía como a llave, y por eso te digo que la mordí con razón, porque tenía una razón muy buena.
Y luego ya le mordí a padre y luego a Sebas, el hijo del maestro de Lesmas, que es un pueblo que está cerca, pero le mordí muy poco porque me caía bien, un bocado nada más, y luego me llevaron donde el cura, que es cuando le mordí al cura.
Y luego me llevaron ya a M adrid. Por la vía rápida me llevaron.
Puedo morder con vacíos y sin vacíos. Según.
Es distinto. Sin vacíos es normal, sin vacíos muerdo más como queriendo, para acabar un follón, por ejemplo, o porque a veces morder es lo suyo, que no me digan a mí que no, si no, no harían falta dientes, aunque a veces también hablo o insulto o lo que sea, o a veces me río sin venir a cuento, o saco la lengua y todo y me la doblo y cosas así, normales, y, cuando tengo vacíos, que son las otras veces, pues pueden pasar muchas cosas, sólo que con vacíos me entero luego, al despertarme o porque me lo cuentan, y entonces, cuando pasa eso, pues normalmente muerdo más rato.
Y una vez tuve un vacío y me desperté como en casa, como por fuera de la casa, digo, arriba, en el tejado, pum, que no sé ni cómo llegué, aunque, como la casa es baja por el lado de detrás, por donde empieza el monte, digo, que allí le decimos el otero, en Orate, digo, que ahora que lo pienso se parece a otero, Orate, otero, Orate, pues por ahí es más fácil subirse, aunque dormida sería aún más fácil, te lo digo yo, eso seguro. Y qué pena no verlo.
Y una vez me desperté de golpe y tenía a padre encima.
Y una vez me desperté de golpe y estaba como cansada, en el suelo, digo, justo al lado de la cama, que es donde duermo yo mucho, que madre me dice siempre que para qué está la cama, que ya la he oído, madre, que yo sabía muy bien que me habían pasado cosas porque había como sangre por el suelo, eso lo primero, antes de empezar a manchar, digo, que entonces todavía no manchaba, y porque la luz era distinto, por la luna sería, o por el vacío mismo.
Y una vez me pasó una cosa que no se la cree nadie, te lo digo yo, y también la luz era distinto, en el Bosque de las Casas, digo, pero no en el bosque bosque, más en el lado de allá, más cerca de la cantera, por la noche, digo, y a mí me gustan las plantas, no sé si lo he dicho ya, eso te lo reconozco, por eso a veces las miro y a veces me las como y todo, aunque más las miro que me las como porque sé perfectamente que hay plantas que no se pueden comer y plantas que sí, como las plantas de los huertos, por ejemplo, o las de los campos de atrás, o la remolacha y las alcaparras, que sí que se pueden comer pero entonces se llaman verduras, o me comía los helechos, aunque sobre todo les mastico como si fueran pan, agarro bien la hoja, así, amarga y todo, con cara de boba, así, y se me cae el helecho por un lado de la boca y ese día no había luna y me iba dando con todo, que así llegué luego a casa, como si me había encontrado con un montón de perros.
Y entonces oí la voz, un poco donde la cantera y un poco donde la cabeza, como si me la estaría inventando, y la voz me llamaba por mi nombre y yo, como mi nombre me le sé de siempre, pues miré enseguida, al norte o adonde sea, que los lados no me les sé, no es como con mi hermano, que no sé si lo he dicho ya, pero tenía un hermano que se les sabía todos y sabía por dónde sale el sol, aunque se murió de una caída y pum, ya está.
Seco. Y yo, como oía la voz mucho porque venía de todos sitios, pues no sabía muy bien qué hacer, y la voz tenía pinta de ser un hombre muy guapo, te lo digo yo, muy guapo muy guapo, y la voz dijo mi nombre y dijo mi nombre y dijo mi nombre, que, no sé si lo he dicho ya, pero a mí me gustaba mucho que diría mi nombre la voz, no sé por qué sería, porque los nombres son importantes, creo.
Y entonces empecé a ver, no sé cómo decirlo, como estrellas, pero de otra manera las estrellas, no sé cómo decirlo, como si brillarían más.
Y entonces el cielo se puso como morado, y entonces luego es como si el mundo se ponía más pequeño, aunque sabía perfectamente que me lo estaba inventando, o como si se iría más abajo, no sé cómo explicarlo, y entonces se podían ver los pinos, aunque sabía perfectamente que me lo estaba inventando porque sabía perfectamente que el mundo sólo es redondo si te pones lejos y eso no puede ser, que lo dice don A nselmo siempre, en la escuela, digo, así que ya venía sabida y por eso no me asustaba, porque don A nselmo esas cosas se las sabe, y ahora también yo, que encima lo estaba viendo.
Y el mundo era un redondel, no sé si lo he dicho ya, cada vez más lejos, cada vez más lejos.
Y yo iba cada vez más rápido, cada vez más rápido, cada vez más rápido, y oía la voz muchas veces, yo creo que por dentro, aunque un poco por fuera también, y un poco también por el mundo, y las estrellas pasaban a mi lado, fi um, fi um, fi um, a una velocidad muy buena, y el mundo era un puntito sólo, una estrella nada más, una estrella chiquituja entre un montón de estrellas, o las que serían, así que a saber qué estrella era la mía, y ya no se sabía bien dónde empezaba el mundo y dónde acababa yo, aunque no me daba miedo ni nada, a lo mejor porque, mientras sonaría todo, pues yo sabía perfectamente que era muy di fí cil perderme.
Y entonces es cuando lo oscuro empezó a hacerse más oscuro, no sé cómo decirlo, como si lo negro sería más negro o como si se haría más negro lo negro.
Como si lo negro tenía como brazos, no sé cómo explicarlo, que no digo brazos con dedos, digo más como los de los pulpos, que yo loca no estoy, que era como si lo negro sería un pulpo entero y entonces lo llenaba todo y ya no había estrellas ni nada ni había mundo ni nada, como si al principio fuera sido yo la grande y el mundo era el pequeño y al fi nal fuera sido yo pequeña y me metía para dentro, por dentro de lo negro, digo, y también por dentro del mundo, no sé cómo decirlo, que ahora era otra vez muy grande, no sé cómo explicarlo, y estaba un poco en la tripa, como si fuera estado todo el rato yendo y viniendo, yendo y viniendo, como si dentro de mí, muy raro todo, vivía una persona.
Pero de siempre, digo. Y ahora no decía nada y a saber si era guapo o no, aunque seguro que sí, porque el miedo y el gusto se parecen.
Y luego estaba tan normal, en mitad del bosque y todo, con el cielo del principio y los pinos del principio, aunque ahora no me apetecía casi comerme el helecho, como si se me habían pasado las ganas.
Y primero me quedé como parada, como pensando ideas, y luego ya me fui a la casa, aunque sin prisa, porque a mí estar en casa no me gusta, eso también te lo digo, así que al fi nal me paré un poco antes de llegar a casa y allí mismo me tumbé, en una piedra muy plana, catapum, porque a veces me gusta sentirme un plato, y allí me dormí enseguida y ya no había nada negro, ni alrededor ni nada, ni pulpo ni brazos ni nada. Ni nadie por dentro.
Y luego me mandaron a M adrid y a padre le dio mucha pena y a madre un poco también, y eso que a madre no se la notan las cosas, como cuando se murió mi hermano, que no se la notaba casi.
Las madres son distintas o algo. Sólo repetía muchas veces que los cerdos dan mucho trabajo y que hay un número normal de animales que se pueden tener en casa y ni uno más. Y tiene toda la razón del mundo.