Hija del cielo Capítulo II
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Capítulo II

II

A veces me siento ir, no sé cómo decirlo, me siento como desaparecer, así, patapum, desaparecí, pero eso es lo normal, me parece a mí, o por lo menos me pasa muchas veces, por dormir poco será, por eso y porque sí, te lo digo yo, o a lo mejor es por los vacíos, porque a veces tengo vacíos, no sé si lo he dicho ya, como todo el mundo será, supongo que no seré yo sola, y el padre A lén me dijo un día que es normal, que eso es lo normal, me dijo, y siempre me dice que no tengo que preocuparme por nada, que los vacíos son normales, dice, y luego me dice que si he soñado algo raro y yo le digo que sí, pero porque siempre sueño cosas, y luego me dice que si necesito algo y yo le digo que no, y luego se va y me deja sola y le da dos vueltas a la llave, clac, clac, que las cuento yo siempre, clac, clac, y a veces se queda un rato largo y, si se queda, pues se sienta en la silla del rincón y ya, que ya sé perfectamente que no se dice silla, que no es una silla silla, es otra cosa, porque es blanda, y entonces cuando es blanda pues no es silla, y se queda allí como si no tenía prisa, mirándome el vestido y todo, y a mí no me importa nada que el padre me miraría el vestido, ni tampoco sor A driana, que a veces se llama madre A driana y a veces hermana A driana, porque se puede decir de muchas formas, ni me importa que me miraría la madre superiora, que yo creo que es la madre superiora porque está llena de arrugas, ni tampoco el médico, que a veces viene y se queda un rato largo.

Y eso. Y , ahora que lo pienso, no sé si la madre superiora es la madre superiora, porque igual es sólo que es muy vieja y entonces la llamo así porque parece una madre superiora, pero siempre pone caras cuando se lo digo, caras de torcer la boca, digo, aunque la tiene torcida ya, por las arrugas será, que la tirarán de un lado, o a lo mejor porque no oye bien, o a lo mejor porque no dice nada y ya, como si estaría seria, que a veces oyes perfectamente y no dices nada pero porque no quieres, o a lo mejor resulta, porque a veces pasan esas cosas, que ni siquiera es monja monja y es sólo una señora disfrazada, ¿te imaginas?

Y o sí. Y a veces me da por pensar que la madre superiora es una tortuga que tiene como mil años.

Y a veces oigo a los niños al otro lado de la pared como si estarían muy lejos, y ya sé yo que son niños porque gritan como locos, que a mí no me la dan, que yo también soy niño, niña, vamos, así a lo loco gritan, cuando salen al recreo, te lo digo yo, o cuando salen a jugar a la pelota aunque no hay recreo, que a veces se puede jugar a la pelota porque te lo dicen, no porque hace falta, por ejemplo en gimnasia.

Y la he dicho a la madre superiora, que no sé si es la madre superiora, que por qué no me pone mejor en una habitación con ventana, pero, como ella nunca dice cosas, pues no me ha contestado y ya, y se lo he dicho al padre A lén, que es el que manda, que me ha dicho que de ventana nada, por mi bien, que es para que no me dé por saltar cuando me agarran los vacíos, dice, por si me quedo mirando el mar, dice, que tiene mucho peligro, niña, y yo no creo que me daría por saltar, la verdad, yo creo que me quedaría mirando sólo, que seguro que el mar es muy bonito y a lo mejor es tan bonito que me quedo así, tonta, pero sin saltar ni nada, porque a veces me lo imagino bien y, no sé por qué será, pero entonces venga a sudar, venga a sudar, pero a lo frío, y es como si había vivido dentro del mar siempre.

Y en mi pueblo no hay mar ni hay nada, que en mi pueblo hay un castillo, pero es un castillo de esos que sólo se sabe que es castillo porque te lo dicen, porque ya casi no queda, o porque está muy alto, que es lo que le pasa al de mi pueblo, que está en lo alto de Orate, que es como se llama el pueblo, Orate, y el castillo no sé cómo se llama, castillo, digo yo siempre, que está bien alto y ya casi no le quedan piedras, pero algunas sí, y si te dicen que son de otra cosa pues te lo crees, y el castillo se ve muy bien desde la plaza y se le ve desde más sitios, pero desde la plaza es desde donde mejor se le ve, te lo digo yo, porque desde la plaza da como la pinta que es un cuadro o algo, allí arriba, como mandando al pueblo, sobre todo por la tarde, con el sol y eso, cuando todo es tan bonito tan bonito tan bonito tan bonito que lo que más te apetece del mundo es salir corriendo.

Y una vez vino un retratista de la capital, que no fueron a buscarle ni nada, te lo digo yo, que vino él porque quiso, y le sacó un retrato ahí mismo, ¡zas!

, al castillo, digo, y el retratista se quedó un rato ahí parado, allí, como esperando, y luego, ¡zas!

, salió en el periódico, que no me lo han dicho ni nada, que lo vi yo con estos ojos, al día siguiente, digo, que me lo dijo A gapito, el de la farmacia, en la farmacia justo, y luego me dijo que iría con él a la parte de atrás, donde guarda los mentoles y las aspirinas, que hay más farmacia por detrás que por delante, y que me quedaría bien quieta, y quedaba muy bien el castillo en el periódico, aunque se me manchaban los dedos, por la tinta sería, que no sé por qué no la secarán antes, negros se me quedaron de agarrar tan fuerte el periódico, como si me le irían a quitar le agarraba, y A gapito me dijo que ya estaba, y a mí me dio como orgullo que salía mi pueblo en el periódico.

Y en Eresma, que es la capital de Eresma, que también es provincia y es río porque hay cosas que pueden ser muchas cosas, no hay mar ni hay nada, no sé si lo he dicho ya, yo creo que no, en toda la provincia, digo, aunque en Eresma sólo he estado una vez que yo sepa, o a lo mejor dos, y me parece que allí había romanos, pero antes antes, o a saber, igual hay romanos ahora, que esas cosas no se saben, esas cosas no están claras nunca, que tampoco es que he ido tanto a Eresma, que es la capital de Eresma, no sé si lo he dicho ya, sólo una vez o dos he ido, y no habría visto romanos aunque me habría fi jado, porque para ver romanos hay que tener mucha suerte y saber bien cómo visten, y yo iba a acompañar a padre a un recado, que no me dijo cuál era, algo del ayuntamiento.

Y padre me compró un gorro, un gorro la mar de fi no, te lo digo yo, si no la decía nada a madre, si no la dices nada, me dijo, si no la cuentas nada, te le compro, y hasta me dijo que igual, si era buena buena buena buena, me compraba otro otro día, y luego me dejó donde la plaza, ahí tirada, tan pancha, y me dijo que volvía a las tres o así, me dijo, sobre las tres o así vuelvo, y, como no tengo reloj ni nada, pues tenía que preguntarle a todo el mundo, porque el reloj de la iglesia no sé leerle bien, a gente distinta, digo, porque no se puede preguntar a los mismos siempre.

Se cansan. Y luego padre volvió como a las cuatro, que menudo es padre, oliendo a vino y a torrija volvió, más fl ojo que antes, pero como yo ya tenía el gorro y a lo mejor un día me compraba otro y en Orate hace un frío que pela, pues yo tan contenta, que lo mismo me daba a mí que serían las cuatro que las tres, que el gorro al fi nal era el mismo, aunque es más sombrero que gorro, te lo digo yo, más de fi eltro que de lana, que me daba como una vuelta por delante y a ver qué me decía madre cuando me le veía en la cabeza y veía que no era gorro, tan contenta como estaba yo, y padre más, con la cara bien roja los dos.

Y entonces todo era normal o casi, no como ahora, normal en general, digo, porque antes todo era lo mismo, te lo digo yo, lo mismo para todos más o menos, y no me imaginaba yo, ni padre ni madre ni el cura ni nadie, que iba a acabar aquí, patapam, en este cuarto sola, que no te digo que es malo, que aquí me tratan muy bien, que es un cuarto de los buenos.

M ás bonito, si te fi jas, que el de Orate, que es tirando a chiquitujo.

Pero ojalá me dejarían ver el mar, porque me han dicho que el mar está justo donde el suelo, no justo, pero bastante a mano, más abajo si se quiere que el colegio, que a lo mejor es un poco castillo también y, si le da la gana, llega donde moja, justo ahí, y allí ya no hay ruido ni hay nada, detrás del humo, digo, el que se te mete en la cabeza, digo, no sé cómo explicarlo, que es más como ceniza blanda, no sé cómo decirlo bien, que es como cuando te pintan la cabeza por dentro sin pedirte permiso ni nada.

A sí que el mar está ahí abajo, que es lo que estaba diciendo, que esas cosas se notan muy bien, sobre todo en la cabeza.

Y a veces, por la noche, si te pegas bien a la pared y te quedas muy muy quieta, suena.