Capítulo 4 Ángeles en el camino y la sonrisa que se enciende
El reloj marcaba casi las nueve de la noche cuando la paz de mi refugio se coronó con un regalo inesperado.
Mientras me concentraba en plasmar mis pensamientos en el celular envuelta en la música suave del lugar y disfrutando de la soledad que tanto le había pedido a Dios, un joven mesero se acercó a mi mesa.
Era un muchacho lindo, con un rostro de niño hermoso y una mirada llena de bondad, que amablemente me preguntó si necesitaba algo.