Héroes alfa (La serie completa de romance militar Héroes alfa nº 1) Capítulo dieciséis #2
50%

Capítulo dieciséis #2

—Ese es mi Jax, boquita sucia incluida.

—Los niños están en la cama —dijo Lexi—. No pasa nada porque se desahogue un poco.

Desde el campo improvisado llegaron protestas fingidas. Luego risas, muchas risas. Qué sonido tan maravilloso.

Los Battleson trabajaban duro. Se enfrentaban al peligro en sus misiones y estaban amenazados por un enemigo misterioso. Y sin embargo, estaban decididos a superar cualquier obstáculo que la vida les pusiera delante. No permitían que nada ni nadie les impidiera vivir la vida al máximo.

Me gustaba su seguridad en sí mismos. También me gustaba la lealtad y la devoción que se profesaban. Me encantaba estar aquí, en este valle remoto tan alejado de la realidad que me perseguía, donde todos encajaban y formaban parte de un equipo extraordinario.

Ojalá pudiera pertenecer a este lugar, con Troy, con sus hermanos, con estas mujeres sentadas a mi lado que me ofrecían una amistad sincera.

Pero no iba a quedarme el tiempo suficiente para nada de eso.

Desiree me necesitaba para cumplir su última voluntad, y no iba a fallarle.

El tiempo corría, Beth me estaba esperando, y también mi preciosa sobrina.

Dejé escapar un suspiro abatido y ensarté la nube en el palo.

—Es abrumador, ¿verdad? —dijo Emme, que sin duda había leído mi expresión abatida.

—Es mucho que asimilar —me sorprendió a mí misma la sencillez de mi confesión.

—Te cuesta creerlo —dijo Lexi.

—¿Creer qué?

—Que Troy quiere estar contigo tanto como tú quieres estar con él.

—Él no está… —Inspiré, pero el aire no llegó a mis pulmones. Hice girar el palo entre mis manos. El esponjoso malvavisco blanco daba vueltas en la noche, difuminándose ante mis ojos.

—Sabes —aventuró Lexi, sin apartar la mirada de mí—, Max no creía en el amor cuando me conoció. No teníamos ni idea de que estábamos enamorados hasta que ya no pudimos negarlo.

—Cuando conocí a Jax, él no buscaba amor —los ojos plateados de Emme reflejaban las llamas—.

Buscaba a alguien que lo ayudara a cumplir su misión, y yo no creía que pudiera amar a una mujer como yo.

Y sin embargo nos enamoramos, y aunque mi condición genética complica la vida y la hace incómoda, él sigue a mi lado, día tras día —sonrió con una humilde aceptación que me enterneció—. ¿Tengo suerte o qué?

—Él es el afortunado —resopló Lexi—. Ganó la maldita lotería cuando te encontró.

—Quizás ambos tuvimos suerte —Emme giró su malvavisco sobre las llamas y esbozó una sonrisa para sí—. Pero solo porque dejamos que las cosas sucedieran.

Los ojos color larimar de Lexi se posaron en mí, al igual que la pálida mirada de Emme, brillante de expectación. Apenas conocía a estas mujeres y, sin embargo, su honestidad me dejaba aturdida.

Solo las conocía desde hacía un par de días. En cualquier otra circunstancia, me habría mostrado callada, reservada, retraída. Pero mi situación era de todo menos normal, y desde que Desiree había muerto, no había tenido a nadie con quien hablar.

—Troy y yo no somos pareja —me incliné hacia delante y metí mi malvavisco en las llamas—. No estamos enamorados. Confiad en mí.

Emme arqueó las cejas cobrizas.

—¿Por qué demonios no?

—Porque… —¿Por dónde empezar?—. Nos conocemos desde hace poco y Troy no parece de los que se enamoran de alguien con mi perfil así sin más —chasqueé los dedos.

—Oh, vaya —Lexi intercambió una mirada preocupada con Emme—. ¿Se lo dices tú o se lo digo yo?

—Por supuesto —Emme se recostó en la silla—. Adelante.

Lexi agitó una mano expresiva en el aire, como si intentara atrapar una de las muchas ideas invisibles que flotaban en torno a su cabeza.

—Los Battleson son máquinas de alto rendimiento en todo lo que hacen —dijo—.

Trabajan duro y se divierten igual. Viven con una agenda apretada.

Son un grupo duro y cínico. No tuvieron mucho amor mientras crecían.

Así que tienes razón. En general, los Battleson no se enamoran fácilmente.

Pero cuando lo hacen, vaya, vaya, caen tan fuerte y tan rápido que al observador casual le da un latigazo cervical.

—El tiempo no significa nada para un Battleson —Emme retiró el palo del fuego y estudió la sustancia blanca que colgaba del extremo—. ¿Convenciones, reglas de citas, ritmo y construcciones sociales? Olvídalas. No existen en sus cabezas.

—El hombre corriente puede tardar meses en conocer a una mujer —dijo Lexi—. ¿Pero los Battleson? Una vez que deciden meterse en algo, lo hacen igual que afrontan la vida, como los guerreros que son: a tope, con todo lo que tienen.

—Claro, así es como os pasó a vosotras, y sinceramente, no me sorprende —giré el palo sobre el fuego—. Pero miraos. ¿Qué hombre en su sano juicio no se enamoraría de cualquiera de vosotras?

—¿A qué te refieres? —preguntó Emme, mordisqueando el malvavisco derretido.

—Sois preciosas —dije—. Sois amables, inteligentes, lo tenéis todo: gestionáis vuestras empresas mientras criáis una familia. Me dejáis asombrada.

—Y tú —mi mirada se posó en Lexi—. Eres un maldito icono global. En serio. ¿Cómo no iban a enamorarse Jax y Max perdidamente de vosotras dos?

—No lo estás viendo todo —Emme se limpió un hilo blanco de azúcar derretido de los labios antes de continuar—.

Yo estaba confinada en casa hasta el día que conocí a Jax.

Siempre tendré que mantenerme alejada del sol.

Me hago escáneres de cuerpo completo cada cuatro o seis meses.

¿Sabes qué rollo es eso? Vivir conmigo y con mi condición no es nada fácil.

—Y yo era un desastre total —intervino Lexi—. No tenía vida propia hasta que conocí a Max, ni pizca de carácter, y ninguna confianza en mí misma ni en mis capacidades.

—Difícil de creer —murmuré antes de clavarles la mirada—. ¿Por qué me contáis esto?

—¿No es obvio? —Lexi retiró el palo del fuego y sopló sobre la golosina perfectamente tostada—. Queremos que Troy y tú lo logréis.

—Y porque Troy es un hombre muy bueno que merece ser feliz —Emme se lamió el azúcar de los dedos.

—¿Y pensáis que Troy sería feliz conmigo?

—Podría serlo —ofreció Emme con cautela—. Pero solo si aceptas que te quiere y si le haces saber cuánto lo quieres tú.