Héroes alfa (La serie completa de romance militar Héroes alfa nº 1) Max Capítulo uno #4
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Max Capítulo uno #4

¿Quién era su objetivo esta vez? ¿Mi rebelde hermano Troy, nuestro astuto abogado?

¿Mi refinado hermano Apollo, nuestro brillante médico?

Demonios, conociendo la capacidad de Tee para las travesuras, quizás estaba tentando a su ex, mi hermano Kass, el director ejecutivo, a pesar de lo que había pasado entre ellos.

Sí, una modelo de alta costura les iba como anillo al dedo a mis hermanos.

Tío, tenía que avisar a los chicos.

Para Jax ya era demasiado tarde. Ya había caído en los retorcidos planes de casamentera de Tee. Y sin embargo, ahí estaba. Era el único de nosotros que era feliz de verdad. En Emme había encontrado a su media naranja. De hecho, Emme era lo mejor que nos había pasado a todos en mucho tiempo.

Todo gracias a las travesuras de Tee.

Quizás no les diría nada a los chicos, después de todo. Que fuera lo que Dios quisiera.

Me aclaré las telarañas de la garganta. —Me preguntaba por qué alguien con tu fama aceptaría una sesión de fotos en medio de la nada.

—Eh... bueno... —Volvió a titubear—. Siempre quise venir al oeste. Tee lo sabía, así que me habló de la oportunidad con BB.

Hizo una pausa y me miró como preguntándose si de verdad me interesaba su respuesta.

La animé a seguir con un gesto de cabeza. —Continúa.

—Tienes razón —continuó—. Este no es mi tipo de trabajo, como Sandro me recordó un millón de veces, pero me puso exactamente donde quería estar. Lo mejor es lo que voy a hacer después de terminar la sesión de fotos.

Esbozó una sonrisa pícara que no le había visto antes, una que no aparecía en ninguna de las fotos de su book.

Mordí el anzuelo. —¿Qué vas a hacer después de la sesión?

—Me voy a tomar un descanso —anunció, juntando las manos en un aplauso rápido y silencioso—. ¡Bien por mí!

Su nueva sonrisa, más amplia, le elevó los pómulos y le estrechó los ojos en medias lunas, irradiando un brillo cómplice que me hacía sentir como si ella y yo fuéramos las únicas personas en el mundo.

Guau.

Parpadeé varias veces para disipar el efecto cegador que me provocaba su sonrisa.

Esta mujer se dejaba la piel en el trabajo. Puede que viajara por el mundo, pero probablemente no se había tomado unas vacaciones en mucho tiempo.

¿Y esa sonrisa?

Jodidamente. Alucinante.

Espabila, tío.

Pero mi curiosidad pudo más. —¿Adónde vas?

—Voy a recorrer las montañas sin mapa. —Sus ojos brillaron de entusiasmo—. Visitaré todos los parques estatales y nacionales que me encuentre.

—¿Sola? —Seguro que necesitaría que todo su séquito la acompañara.

—Sola —dijo, con una convicción que me revolvió las tripas sin razón alguna.

Esta princesa urbana no iba a durar mucho en la carretera.

La primera vez que tuviera que vaciar el tanque de aguas residuales, saldría corriendo.

Una picadura de mosquito en esa preciosa piel suya y estaría de vuelta en Nueva York a la velocidad de un tren bala.

Eso si no la atacaba un oso o la mordía una serpiente de cascabel.

Le eché otro vistazo, tratando de ocultar mi escepticismo, pero era de lo más perceptiva.

Me desafió arqueando las cejas. —¿Por qué pareces tan sorprendido?

—No te tenía por el tipo aventurero.

—Bueno, mentiría si dijera que lo soy. —Volvió a mostrar su sonrisa genuina, la boba con un toque de complicidad, su sonrisa privada—. Pero quiero serlo. ¿Eso cuenta?

¿Cómo demonios iba a resistirme a esa sonrisa que nunca había sido fotografiada?

—Te llevas puntos por entusiasmo.

—Ya verás. —Su sonrisa se ensanchó—. Esta chica está a punto de romper moldes. O una pierna. Lo que venga primero.

Esta vez solté una carcajada.

Fue un resoplido roto que me salió de la garganta como fragmentos de cristal rechinando, y me pilló desprevenido. Alexandra quedaba genial sobre el papel, pero en la vida real, Lexi era sencilla y divertida.

Y entonces caí en la cuenta.

Las migrañas que me habían estado torturando durante los últimos tres días habían desaparecido. Me pasé los dedos por el pelo y me masajeé el cráneo. Sí. Desaparecidas. Esfumadas. Por primera vez en mucho tiempo, estaba libre de dolor.

Joder.

En los últimos veinte minutos había alcanzado más hitos que en los dos últimos años juntos.

Migrañas: desaparecidas en combate.

Polla: despierta.

Risa: confirmada.

¿Qué coño estaba pasando aquí?

Algo se removió en mi interior, algo viejo, oxidado y enterrado bajo toneladas de mierda, un atisbo de mi antiguo yo, el soldado guaperas que había bebido lo suyo, vivido a tope y ligado con todas las faldas que se cruzaban en su camino, atravesando la vida como un tanque a toda velocidad, desperdiciando oportunidades a diestro y siniestro.

Pero ese soldado despreocupado ya no existía. Mi buen aspecto había desaparecido. Mi suerte se había esfumado. Mi vida tal como la conocía prácticamente había terminado. Ahora, la vida me parecía un callejón sin salida.

Así que no. Por mucho que Lexi me levantara el ánimo, no era una oportunidad. Ni siquiera era una posibilidad. Era un trabajo y necesitaba sacarlo adelante.

Redoblé mi compromiso con las misiones. Terminar la sesión de fotos. Enviar a Lexi de vuelta adonde pertenecía, no al Salvaje Oeste. Y lo más importante, volver a la lucha.

Nada de hacerme ilusiones. Nada de desviaciones.