Héroes alfa (La serie completa de romance militar Héroes alfa nº 1) Capítulo Catorce
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Capítulo Catorce

Jax

Respiré hondo, alcé la vista al cielo y le pedí al que estuviera al mando allá arriba que me echara un cable. Si alguna vez había necesitado ayuda divina, era ahora.

—Allá vamos.

Apoyé los codos en las rodillas, entrelacé las manos y me obligué a hablar.

—El caso es que llevo un tiempo sin poder dormir bien. Pregúntales a los chicos.

La mirada de Emme se dulcificó, llena de empatía.

—Apollo me comentó algo de eso.

—Tengo el ciclo circadiano desajustado —continué, luchando contra mi propia resistencia—. Y empeora cuando entro en acción.

Emme arqueó una ceja con curiosidad.

—¿En acción?

—Mierda.

Me mordí la lengua para no soltar la retahíla de tacos que me rondaba. Esto iba a ser todavía más difícil de lo que pensaba.

—Un momento.

Hice la señal de tiempo muerto con las manos.

—Si necesitas que te explique eso, voy a tener que dar un rodeo antes de llegar a lo que quiero decirte.

Emme alzó la barbilla con gesto testarudo.

—Pues dale, rodea todo lo que quieras.

Ah, demonios. No me lo iba a poner fácil. Menos mal que mis hermanos me apoyaban en esto.

—Ya sabes que somos más que una empresa de material de montaña —dije—. Nos has visto en acción. Para mis hermanos y para mí, Battle Brothers Inc. es más una misión que un negocio.

—Ya me he dado cuenta.

Sus ojos inteligentes me escrutaron sin asomo de sarcasmo.

—Todos fuimos operadores especiales. Yo estuve en la Marina. Fui Navy SEALs.

Sus labios esbozaron una sonrisa.

—Por supuesto que fuiste Navy SEALs. Corrección: eres Navy SEALs.

Una vez Navy SEALs, siempre Navy SEALs. Ella lo entendía. Añadí esa perspicacia a la larga lista de cualidades que la convertían en un tesoro para mí.

—¿Y los demás? —preguntó.

—Kass estuvo en la Delta Force. Max fue Marine Raider. Troy fue Night Stalker en las Fuerzas Aerotransportadas del Ejército. Apollo fue sanitario de combate de los Navy SEALs antes de hacerse médico.

—Impresionante.

—Qué va. Solo somos un grupo de tíos entrenados con unas habilidades concretas para hacer un trabajo. Por lo general, cumplíamos cuando estábamos en activo. ¿Pero la vida fuera del curro? —resoplé—. En eso nunca fuimos muy buenos, igual que muchos de los hombres y mujeres que servían con nosotros.

Hice una pausa, pensando en qué decir después.

—El caso es, Emme, que la gente como nosotros estamos hechos de otra pasta.

Nos entrenan y nos condicionan para funcionar de una manera determinada.

No nos pueden encender y apagar como si fuéramos un interruptor.

A la mayoría nos encanta lo que hacemos.

Y además se nos da bien. El problema viene cuando la presión nos supera o cuando paramos. ¿Puedes entender eso?

—He leído algo sobre eso —dijo—. Últimamente sale mucho en las noticias.

Los medios se habían dedicado a airear las debilidades de nuestras Fuerzas Especiales, sobrecargadas y desplegadas sin descanso. Tras servir en misiones consecutivas en los escenarios más brutales y complicados del mundo, los operadores especiales se estaban quemando a un ritmo alarmante.

Las tasas de divorcio se habían disparado. Los suicidios habían aumentado. El trastorno de estrés postraumático, la depresión, la ansiedad y el abuso de sustancias estaban a la orden del día. Todo el mundo hablaba de ello, pero pocos se implicaban de verdad en buscar soluciones prácticas.

—Hace un tiempo, decidimos que teníamos que hacer algo al respecto —continué—. Queríamos cuidar de los nuestros, ayudarnos a nosotros mismos, pero también a nuestros hermanos de batalla en general. El objetivo principal era ayudar a los veteranos a reintegrarse con éxito en la vida civil.

—Vaya.

Emme se echó hacia atrás y me miró fijamente.

—Menuda meta os pusisteis.

—Para lograr nuestro objetivo, necesitábamos dinero, mucho, y empleos: empleos interesantes, estimulantes y bien pagados que enseñaran a nuestra gente a conciliar trabajo y vida personal, y que aprovecharan nuestras habilidades.

Abrió mucho los ojos.

—¿Por eso fundasteis Battle Brothers?

—Exacto —dije—. Cuando empezamos, teníamos un producto y un sueño. Un sueño enorme, pero curramos como bestias. Sin darnos cuenta, BB tuvo un éxito que superó nuestras expectativas más locas. Ha sido toda una aventura.

Hice una pausa y tragué saliva para aliviar la sequedad de garganta, pendiente de las reacciones de Emme. Hasta ahora, todo bien.

¿Cuánto podía durar eso?

—Pero Battle Brothers solo era un medio para un fin —dije—. Queríamos formar un nuevo equipo, un superequipo, por decirlo así, donde todos pudiéramos prosperar apoyándonos unos a otros.

Sus ojos grises brillaron.

—Eso es muy admirable.

—¿Admirable? —solté una risa amarga—. No, no admirable. Necesario. Vital para la supervivencia de la especie.

Me dedicó esa sonrisa cálida capaz de sacarme hasta los secretos más oscuros.

—¿Cómo funciona?

—Para unirse al equipo, todos tienen que pasar un tiempo en la rotación A, un período de prueba haciendo servicio comunitario. Desde bomberos forestales hasta guardabosques, desde la enseñanza hasta la agricultura, todos tienen que hacer voluntariado en uno de nuestros programas a nivel nacional.

—¿A nivel nacional? —se quedó boquiabierta—. Os lo habéis currado mucho.

—No es para tanto. Somos unos currantes y hemos conseguido colaboraciones estupendas.

—¿Qué pasa después de la rotación A?

—Cuando un candidato completa con éxito la rotación A, pasa a la rotación B. Los miembros del equipo siguen sirviendo a la comunidad de alguna forma, pero ya están preparados para dar el siguiente paso.

—¿Qué es?

—Adaptar nuestras habilidades a la vida civil, ganar dinero, desarrollar carreras exitosas más allá del ejército.

Conseguimos lo que llamamos nuestros «trabajos diurnos», que se asignan según nuestras preferencias, formación y habilidades.

También tenemos participación financiera en Battle Brothers Inc.

—¿Qué significa eso?

—Dirigimos la empresa como una cooperativa.

Todos se benefician. Nos tomamos muy en serio lo de ganar dinero.

Para tener éxito, debemos contar con recursos e influencia.

Política, negocios, tecnología... muchos de nuestros chicos ocupan ahora posiciones clave para ejercer influencia y expandir la red de BB.

—Dios mío, Jax. Eso es increíble.

—Hay más.

Y puede que esta parte no le gustase.

—Hay un tercer paso, la rotación C.

Su frente se arrugó.

—¿La rotación C?

—A la mayoría de nosotros nos resulta difícil, si no imposible, renunciar a esta vida. Algunos de los mejores operadores aún tienen mucho que ofrecer después de dejar el ejército. Y nuestros servicios son necesarios. El mundo es un caldero hirviente. Recibimos llamadas todos los días.

Mejor soltarlo todo de una vez.

—Dirigimos un servicio de contratistas militares secreto que acepta misiones.

—¿Qué tipo de misiones? —preguntó ella.

—Del tipo que nadie más quiere abordar —expliqué—. Misiones humanitarias de alto riesgo, principalmente.

—¿Como cuáles?

—Rescates de rehenes, operaciones para acabar con bandas criminales, cárteles de la droga, señores de la guerra, cazadores furtivos, terroristas, tiranos, criminales internacionales y asesinos sanguinarios, ese tipo de cosas.

—Vaya.

Hizo una pausa para considerar lo que había dicho, pero luego frunció el ceño y arrugó la nariz.

—¿Eso significa que sales ahí fuera a luchar, arriesgando tu vida frente a balas y bombas de verdad?

No había forma de evitarlo.

—Sí.

—Pero Jax...

Sus ojos se abrieron de par en par.

—¿No es eso peligroso?

—La vida es peligrosa —dije—. La muerte es la norma. No me importa desafiar a la muerte, siempre y cuando esté protegiendo la vida.

Ella escudriñó mi rostro con la mirada como si intentara meterse dentro de mi cráneo. Su silencio removió el nudo en mi estómago. Cuando se trataba de Emme, no tenía muchas líneas rojas. ¿Pero renunciar a esta vida? Ni siquiera podía empezar a concebir la idea porque me destrozaría.

—Lo entiendo —dijo tan bajito que apenas la oí—. Crees en poner tus habilidades al servicio del bien y amas lo que haces. Aunque sea peligroso, no puedes renunciar a ello. Renunciar a hacer algo que amas es muy parecido a morir.

Mi corazón latió con más fuerza. Realmente lo entendía. Pero el nuevo ceño fruncido en su rostro me preocupó seriamente.

—¿Qué? —la animé a hablar alzando las cejas.

—Después de descubrir tu secreto, conocer a tus hermanos y verte en acción, ¿puedo hacerte una pequeña sugerencia?

—¿Una sugerencia?

Me eché hacia atrás, un poco sorprendido.

—De acuerdo. Claro. Adelante.

—Creo que deberías cambiar el nombre de la Rotación C, de toda la empresa, en realidad.

—¿Sí?

Asintió con entusiasmo.

—¿No te gusta Battle Brothers, Inc.?

—Me gusta —dijo—. Es un buen nombre para una empresa de equipamiento para exteriores y os queda bien. Pero ahora que sé lo que hacéis y por qué lo hacéis, hay un nombre mejor para vuestra organización.

—¿Sí?

No tenía ni idea de adónde quería llegar, pero le seguí el juego.

—¿Cuál sería?

—Héroes Alfa —anunció con cara seria—. Deberíais cambiar el nombre de vuestra empresa a Héroes Alfa, Inc.

—¡Ja!

Me reí tan fuerte que me dolió el estómago. Apreciaba no solo su sentido del humor, sino su don innato para romper la tensión que me anudaba las entrañas. Sabía que me estaba costando compartir mis secretos y estaba haciendo todo lo posible para facilitármelo.

Sus instintos eran acertados. Era una mujer sabia, sin duda.

Todavía me estaba riendo cuando ella se permitió una pequeña sonrisa.

—¿No te gusta mi sugerencia?

—Es divertidísimo, pero no es cierto —dije entre risas—. No somos héroes. Ni mucho menos. Hacemos el trabajo que hay que hacer y punto.

—Bueno, yo sigo pensando que el nombre os queda bien.

Me hizo recobrar la seriedad con esa mirada suya que escudriñaba el alma.

—Ojalá más gente viera el mundo como vosotros. Imagino que vuestras misiones son muy delicadas.

—Lo son.

—Entonces, ¿por qué me cuentas todo esto?

—Porque quiero que confíes en mí.

Era la mayor verdad que había compartido con ella hoy.