Héroes alfa (La serie completa de romance militar Héroes alfa nº 1) Capítulo ocho
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Capítulo ocho

Jax

Mis sentidos daban vueltas, respiraba entrecortadamente, mi corazón parecía haberse fundido con el suyo y estaba a punto de estallar de alegría. Lo que acababa de suceder entre nosotros había sido fenomenal. Intenso. Increíble.

Y sus palabras. Dios.

Significaban tanto para mí.

Había estado con muchas mujeres en mi vida, pero nunca antes había sentido un placer y un asombro como los que experimenté con la hermosa mujer que yacía debajo de mí, aún conectada a mí: el poder sobrecogedor de Emme.

Era demasiado pronto y, sin embargo, volví a endurecerme dentro de ella. Ansiaba sentirla llegar al orgasmo a mi alrededor una y otra vez.

El chasquido del pomo al girar me pilló por sorpresa, pero solo porque todos mis sentidos estaban centrados en Emme.

Me tensé, listo para saltar y hacer polvo al intruso.

Pero justo cuando Emme jadeó, vi a Apollo, que se había detenido en el umbral, con los ojos muy abiertos, el cuerpo paralizado a medio movimiento.

—Oh, mierda —murmuró—. Lo siento.

Diablos, puede que lo sintiera, pero seguía mirándonos fijamente, incapaz de disimular el asombro, con la boca abierta de par en par.

—Fuera —espeté, mientras tiraba de las sábanas para tapar a Emme lo mejor que pude, dado que estaba prácticamente inmovilizada debajo de mí.

—Lo siento, tío —Apollo se refugió detrás de la puerta y entornó la hoja—. No esperaba que vosotros dos estuvierais foll... quiero decir... haciendo esto. Pero Jax, necesito hablar contigo.

—Ahora no —gruñí—. ¿Qué parte de «fuera» no entiendes?

—La parte en la que no puedo irme sin hablar contigo, aunque tenga la retina marcada de por vida después de ver de cerca tu maldito culo blanco.

Acurrucada debajo de mí, Emme soltó una risita. Su risa resonó en el hueco de mi cuello y calmó mi irritación.

—Te espero en el pasillo —dijo Apollo, cerrando la puerta.

Vaya momento más inoportuno.

Pero si Apollo insistía en que necesitaba hablar conmigo, algo pasaba.

Le di un beso en la punta de la nariz a Emme.

—Probablemente debería escuchar lo que tiene que decir.

—Por supuesto —las lágrimas aún brillaban en sus ojos, pero su sonrisa se ensanchó, serena y satisfecha.

—No quiero irme —le rocé los labios con los míos y luego, profundizando el beso con la lengua, la besé hasta quedarme sin aire—. Tengo ganas de darle una paliza a Apollo por la interrupción.

—Por favor, no lo hagas —dijo muy seria—. Parece buena persona, y si la policía te detiene, se acabó la diversión para mí esta noche.

Me descubrí riendo y besándola a la vez.

—Entonces, si me porto bien, ¿querrías volver a acostarte conmigo?

—Querría acostarme contigo en cualquier momento, en cualquier lugar.

El corazón casi se me salió del pecho. Nada falso en Emme. Nada artificial ni calculado. Menuda mujer, capaz de hacer feliz a este calamar.

Si moría esta noche, moriría siendo un hombre feliz... bueno... un hombre feliz con una erección que anunciaba al mundo que volvía a estar cachondo.

—Esas son muy buenas noticias, Emme. Porque es temprano, y me prometiste toda la noche.

Su nueva sonrisa era pura provocación.

—Eso hice, ¿verdad?

—Voy a volver a por más.

Sus ojos brillaron.

—Gracias por el aviso.

¿Cómo diablos había tenido tanta suerte?

Parecía imposible que apenas veinticuatro horas antes nunca la hubiera tocado, ni hablado con ella, ni respirado el aire que exhalaba, ni conocido cada rincón de su cuerpo como ahora.

Me sentía idiota al pensar que me había contenido durante semanas.

No me cabía duda de que ella era la indicada para ayudarme a llevar a cabo mi plan, pero dejando eso de lado, sentía como si siempre hubiéramos estado destinados a estar juntos así.

Joder.

¿Qué coño me estaba pasando?

Al principio había sido una parte importante de mi plan, esencial para cumplir con mi deber hacia Alezar. Pero ahora, de repente, era mucho más que eso.

¿Se había filtrado algo del brillo de Emme a través de mi corazón oscuro e impenetrable?

Parecía posible, pero solo cuando la miraba.

Se me heló la sonrisa al recordar sus pérdidas. Su hogar había desaparecido, junto con todo lo demás que poseía, por mi culpa. Y hacía apenas unos momentos, había estado llorando, algo que casi me arrancó las tripas.

La besé de nuevo, para tranquilizarla, sí, pero también porque no podía resistirme a sus labios. Le acuné el rostro entre las palmas, deleitándome con la luz clara de sus ojos y con su belleza única.

—¿Estás bien?

—No te preocupes por mí —susurró—. Ve y luego...

—¿Y luego?

Sus ojos plateados añadieron chispa a su sonrisa.

—Vuelve pronto.

Salir de ella fue lo más difícil que había hecho en mucho tiempo. Alejarme de la cama, poner toda esa distancia entre nosotros, casi me mató.

No le quité los ojos de encima mientras tiraba el condón y me ponía los vaqueros. Ella se envolvió en mis mantas y se acomodó en mi cama.

Emme. En mi cama.

Joder, Jax.

Quizá tenía una oportunidad, después de todo.

Me detuve y eché un último vistazo a la inocente seductora que había iluminado mi mundo.

Mientras viviera, nunca iba a olvidar cómo estaba en ese momento: la espesa melena castaño rojiza revuelta sobre mis almohadas, las mejillas sonrojadas por el roce de mi barba, los labios hinchados por mis besos.

—No te vayas a ninguna parte.

Me obligué a cruzar el umbral. Cerré la puerta tras de mí, tomé una gran bocanada de aire, me planté frente a Apollo y crucé los brazos.

—Más te vale que sea importante.

—Lo siento, tío. —Apollo se encogió de hombros con gesto de disculpa—. Te juro que no tenía ni idea.

—Deberías haberte mantenido alejado.

—¿En serio, Jax?

Apollo puso los ojos en blanco, lo que me irritó sobremanera.

—¿Has oído hablar de cerrar la puerta con llave? ¿De colgar tus placas de identificación en el pomo? ¿Una corbata? ¿Algo, lo que sea? O sea, ¿cómo iba yo a prever que cuando fuera a ver a mis pacientes iban a estar follándose como locos?

Tenía razón.

—Tus puntos...

—Están bien —lo interrumpí—. No me molestaron en absoluto.

Se frotó la mandíbula bien afeitada.

—Puede que estés yendo un poco rápido, ¿no crees?

Gruñí mientras bajaba en picado de mi subidón de endorfinas.

—Si no hubiera sido por ti, las cosas irían mucho más rápido ahora mismo.

—Joder, Jax, ella ha pasado por mucho y esto aún no ha terminado.

—¿No crees que lo sé de sobra, joder?

Apollo soltó un largo suspiro.

—Es una buena chica, no es lo que solemos buscar.

—¿Y si estoy listo para cambiar de gustos?

—Sí, sí, ya lo sé. Tu plan.

Apollo sacudió la cabeza con un gesto que apestaba a derrota.

—Muy noble y todo eso. Desinteresado. Honorable. Pero acéptalo, Jax. Los Battleson estamos programados para follar, no para tener relaciones.

Lo fulminé con la mirada, pero tenía razón otra vez.

—Este plan tuyo es una apuesta arriesgada —dijo Apollo—. Lo sabes, ¿verdad?

Por supuesto que lo sabía, y sin embargo era mi única oportunidad. Sin Emme, no tenía ni la más remota posibilidad de hacer lo correcto.

—¿Cómo crees que va a reaccionar cuando se entere de toda la historia?

Gruñí.

—Ahora solo me estás cabreando.

—Se va a sentir utilizada, Jax. Va a dudar de ti, y mucho.

—Pero...

El descubrimiento asombroso que acababa de hacer todavía me tenía en shock.

—No estoy fingiendo. Con plan o sin plan, Emme es para mí.

—¿Sabes qué? —dijo Apollo—. Te creo. Nunca me habías dicho esas palabras. Nunca. Y nunca te había visto tan enganchado con una mujer.

Ya éramos dos.

—Pero ¿cómo se supone que ella va a darse cuenta de eso? —dijo Apollo—. Es dulce, Jax, honesta y auténtica. Valiente, también. A Troy le cae bien. Joder, hasta Kass está impresionada...

—Si me sacaste de esa habitación para decirme cosas que yo ya sabía mucho antes de que tú la conocieras, vas a acabar con mi pie en el culo.

—Vale, vale, pero hagas lo que hagas, no le hagas daño.

—No está en el plan.

Apoyé los puños en las caderas.

—¿Contento?

—Espero de verdad que sepas qué coño estás haciendo.

Apollo soltó un suspiro resignado.

—Max necesita verte.

—¿Ahora mismo?

—Tiene una pista.

Una pista.

Cada músculo de mi cuerpo se ofreció voluntario para cazar al cabrón que había herido a Emme y quemado su bonita casita.

—Conociendo a Max, esto podría llevar un rato.

Miré la puerta y luego a Apollo.

—Ya es de noche y hace rato que no come nada.

—Yo me ocupo de ella.

No pude evitarlo. Como respuesta automática, entrecerré los ojos mirándolo.

—De ahora en adelante, ese es mi trabajo, no el tuyo.

Apollo resopló.

—Joder, Jax, necesitas tomarte un Xanax. Soy tu puto hermano. Nunca voy a interponerme en tu camino.

Apollo tenía razón. Confiaba en él con mi vida. ¿De dónde coño había salido esa reacción violenta?

Entonces caí. ¿Esa reacción? Venía directamente del caos que llevaba dentro.

—Lo siento, tío —murmuré—. No sé qué me pasa.

Los ojos de Apollo brillaron con una sonrisa.

—Me parece que te ha pillado el amor.

Hizo una pausa y luego lo soltó sin más.

—Estás jodido. ¿Verdad?

Me pasé las manos por el pelo, agarré un puñado y tiré, todavía en shock.

—Eso parece.

La sonrisa burlona de Apollo se ensanchó aún más.

—Ya era hora de que uno de nosotros cayera rendido.

Le hice una peineta a Apollo.

¿Por qué tenía que ser yo? ¿Y por qué ahora, cuando necesitaba tener la cabeza despejada y había tanto en juego?

—Nunca pensé que vería este día.

Apollo chasqueó la lengua mientras sonreía.

—Un simio sale a dar un paseo en moto y vuelve con una flecha clavada en el corazón. Cómo han caído los poderosos.

—Vete a la mierda, ¿quieres?

Nunca me lo iban a dejar pasar.

Respiré hondo, me centré y abrí la puerta. Casi esperaba que Emme se hubiera ido, que fuera parte de un sueño que ya había terminado.

Pero por algún milagro inexplicable, Emme seguía en mi cama, trasteando con el mando del televisor.

—Hola, preciosa, ¿tienes hambre?

Asintió con entusiasmo.

—Me muero de hambre.

Era un comentario totalmente inocente, y aun así se me puso dura dentro de los vaqueros.

Mierda. Tener a Emme cerca iba a ser un suplicio, de verdad.

Me aclaré la garganta y le ordené a mi polla que se estuviera quieta.