HERMANOS KING CAPÍTULO 38
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CAPÍTULO 38

Los minutos posteriores a la noticia del secuestro de Giana transcurrieron en un nudo nauseabundo de angustia. Hora y media después sus hermanos aparecieron en la puerta de su habitación y parte de ese nudo empezó a aflojar.

—¿Ya se sabe algo? —preguntó Brandon después a acomodarse en uno de los sillones de la sala.

Nathan fue hasta el mueble bar y sirvió una ronda de tragos, que les pasó enseguida. Mathew caminaba por la sala sin descanso.

—No se sabe nada, tengo a Tony hasta el cuello, si el hombre no renuncia después de esta noche, nada lo separará de nosotros —dijo Mathew con mirada angustiada.

—Tony y sus hombres tienen el cuero duro respecto a los King —aseveró Nathan.

Mathew se acercó a su hermano mayor y lo miró con reproche.

—¿Por qué diablos le quitaste la protección a Giana? Precisamente hoy.

—Fue algo relacionado con el presupuesto. No soy adivino, no tenía idea de que el hijo de puta de Ethan Colton iría tras ella —se defendió Brandon.

—La seguiste vigilando después de que sabíamos que ella no tenía nada que ver. No estuve de acuerdo, pero tampoco me opuse a ello —soltó una risa carente de humor—, y el jodido preciso día que la necesitaba vigilada hasta los dientes, desaparecen los escoltas en un santiamén.

Brandon agachó la cabeza.

—Lo siento mucho, hermano.

—Esperemos por noticias —medió Nathan.

En ese momento se escuchó el móvil de Brandon. Habló unos cuantos minutos con Eva y le dijo que aún no había noticias, mientras tanto, Mathew volvió a llamar a Tony.

—Le dije que en cuanto estuviera en nuestro poder, lo llamaría. —El hombre cortó la comunicación sin despedirse y Mathew quiso estrellar el móvil contra la pared.

Nathan sonrió.

—Son unos soberanos cabrones, pero efectivos como pocos.

—Por eso les pasamos que nos traten como chicos —concluyó Brandon.

—Tengo noticias que merecen brindis. —Nathan se refregó las manos.

—¿Qué sucedió? —preguntó el mayor de los King antes de pasarle de nuevo el vaso para que sirviera otra ronda. Mathew observaba el paisaje de luces por la ventana, perdido en sus pensamientos.

—Elizabeth está embarazada.

Mathew se volteó enseguida a observarlo. Brandon se levantó de la silla y abrazó a Nathan.

—¡Felicitaciones! Bienvenido al club de pocas horas de sueño, poco sexo y celos de una criatura que apenas cabe en la palma de tu mano, pero que cuando la miras, sientes que se te expande el pecho y qué harías cualquier cosa por ella.

Es la mejor jodida sensación del mundo, aparte de follar a mi esposa.

—Gracias, me preocupas con lo de poco sexo —contestó Nathan.

—Se soluciona, no te preocupes.

Mathew se acercó y abrazó a Nathan en silencio, meditando que ojalá la vida le diera la oportunidad de tener hijos con Giana.

Sabía que tendría que arrastrarse por mucho tiempo, pero no le importaba con tal de sostener algún día entre sus brazos una preciosa bebé pelirroja que le daría sentido a todo esto que estaban viviendo.

Nunca se había planteado tener hijos, ni siquiera con Meriem, solo con Giana, solo con ella.

Dios, por qué no sonaba el maldito teléfono. Se iba a morir de la angustia, ni siquiera la buena noticia de Nathan alivió un ápice su angustia, el nudo de temor apenas lo dejaba respirar, no se perdonaría donde algo malo le sucediera.

—Me preocupas como padre —bromeó Brandon, tratando de aligerar el ambiente de preocupación que los circundaba.

—A mí no —soltó el aludido—, lo haremos fenomenal como todo lo demás.

—Brandon —carraspeó Mathew—, necesitamos hablar de Joyas Miccelatti.

—Lo sé.

—Tanto si se arreglan las cosas como si no, quiero devolverle la participación de la mina a Giana.

—No es tan fácil, ellos cometieron un error y tendrán que pagarlo. Además, tendrás que tomar en cuenta la opinión de Haaziq.

—Quiero buscar la forma de arreglarlo y que me ayudes.

—Habla con ella primero y luego tú y yo hablaremos.

Entró una llamada al móvil de Mathew, contestó enseguida.

—La tenemos, ella está bien y quiere verlo enseguida. Vamos para el hotel.

Mathew cerró los ojos y aferró el móvil con las dos manos, mientras Tony le daba un par de noticias más.

—¡Dios mío! Gracias.

—¿Qué pasó? —preguntó Brandon.

—Giana está bien, quiere verme, vienen para acá. Ethan Colton ya está bajo arresto.

Mathew, a pesar de las buenas noticias, no se podía imaginar el calvario vivido por Giana.

—Bien —soltó Brandon—, nuestros abogados no se perderán ni una sola de sus audiencias, espero que se pudra en la cárcel.

—Uy, mejor nos vamos, los tortolitos querrán estar solos, espero que estén sintonizados en el mismo canal —señaló Nathan.

Mathew lo miró confuso.

—Ya sabes, a veces pasa que uno está sintonizado en Playboy, queriendo intentar la flor de loto, la mejor postura para las reconciliaciones, y la chica —meneó la cabeza y blanqueó los ojos— está en modo Hallmark, pensando en cuántos niños tendrán y si el par de críos heredarán tu mirada melancólica.

Mathew le daría lo que quisiera, el mejor sexo de la historia o su jodido corazón brotando de sus ojos como en las figuras animadas, lo que su chica quisiera. ¿Qué hacía aún en la habitación? Bajaría hasta la recepción.

—Voy a esperarla abajo.

—Bien —señaló Nathan serio de repente—, llamaré a los chicos para que entren por la puerta del servicio y que nadie los moleste.

—Gracias.

Se acercó a ellos, los abrazó.

—Los quiero, chicos, gracias por venir a acompañarme.

—Ve, deja el sentimentalismo para Giana —dijo Brandon con un brillo divertido en los ojos—. Tendrás que arrastrarte por mucho tiempo.

Lo haría, caviló él, claro que lo haría.

Con el corazón acelerado tomó el elevador, estaba nervioso, era buen indicio el que ella quisiera verlo, ¿o no?

¿Y si le pedía que no insistiera más? No, no podía ser tan negativo, si él era la primera persona a la que quería ver después de un hecho traumático, era porque venía por él.

Con esa certeza en el corazón salió del ascensor y caminó hasta la puerta del servicio.

En cuanto vio un auto aparcarse y el par de escoltas bajando para asegurar el perímetro, Mathew se permitió respirar con tranquilidad, pero cuando vio a Giana bajar del auto, con una bolsa hielo en la cara y cómo soltó un sollozo fuerte en cuanto lo vio, Mathew se dijo que mataría a Ethan Colton o por lo menos lo haría pagar por ello.

Ella se quedó de pie a unos pasos de él, llevaba el mismo vestido de la tarde, arrugado, y una expresión de niña castigada y aterrorizada que le rompió el corazón.

Él se acercó y la abrazó, la sintió helada y solo quiso hacerla reaccionar, la estrechó con su fuerza y su calor, tomó sus manitas heladas y las friccionó, luego le frotó la espalda con ambas manos, oprimiendo la cabeza contra su pecho.

Giana se apretaba a él como si fuera su único refugio.

El inmenso nudo que ella llevaba en su pecho empezaba a aflojar al ver la manera en que Mathew la sostenía y la protegía.

El alivio fue tan inmenso que por fin pudo llorar con más fuerza, meciéndose con violentos estremecimientos.

Mathew la consolaba como si fuera un padre confortando a uno de sus hijos con palabras tiernas y cariñosas, asumiendo su pena y su dolor.

Los temblores aumentaron y él la apretó más contra sí, para que ella pudiera liberarse del miedo y lo que fuera que hubiera ocurrido ese rato que duró retenida en manos de ese criminal.

Por fin, después de unos minutos, el llanto fue calmándose y Mathew le aferró el rostro, consternado y furioso al ver el tremendo golpe que llevaba su chica en la mejilla.

—Pagará por esto, te lo prometo.

Giana negó con la cabeza.

—Quiero olvidarlo, superarlo, tengo que contarte muchas cosas.

—¿Estás bien? ¿Te hizo algo más aparte de ese golpe? —preguntó furioso.

Ella negó con la cabeza.

—Vamos a mi habitación.

Mathew se despidió del par de escoltas dándoles las gracias. En el elevador volvieron a abrazarse. Al llegar a la habitación, la dejó sola unos momentos mientras llenaba la tina, al momento volvió y le puso con ternura y suavidad más hielo en la cara. A ella se le aguaron de nuevo los ojos.

—¿Quieres tomar algo?

—Un coñac me iría muy bien, aunque ya estoy entrando en calor. —Su voz era neutra, sin emoción.

Mathew le sirvió el trago y se lo pasó con celeridad.

—Ethan también me culpó de la muerte de Marco —dijo después de que la bebida le calentara el estómago.

—¿Cómo? ¿Qué diablos tiene que ver Ethan con tu hermano?

—Ethan estaba enamorado de Marco, iban a vivir juntos, es homosexual y yo fui tan tonta que nunca me di cuenta.

Mathew se acercó y le acarició el cabello.

—No eres tonta, eres inocente y no tenías por qué saberlo, si alguien quiere ocultar su verdadera identidad sexual, lo hace sin problema.

—La muerte de Marco me sigue persiguiendo…

—Entonces Marco era gay...

—Sí, y ese verano se lo diría a mi padre.

—No lo hubiera tenido fácil.

—Creo que estaba asustado.

Mathew se acomodó junto a ella y le apoyó la cabeza en su pecho de nuevo.

—Tendrás que contárselo algún día.

—Lo haré.

—No puedes permitir que ese incidente dirija tu vida, Marco vivió el tiempo que tenía que vivir y ya. Tú tienes una vida por delante y si tu padre tampoco lo entiende, pues que se vaya al carajo.

Ella levantó la mirada y se cubrió el pómulo hinchado, Mathew deshizo el gesto.

—Te amo, Mathew, eres el amor de mi vida y quiero que seas mi historia de amor, esa que pueda contarles a mis nietos.

No quiero esperar más a que sea el momento ideal.

El momento es ahora, la vida es ahora y quiero vivirla contigo.

—Mathew la iluminó con una de sus sonrisas patentadas para ella—. ¡Cuánto extrañaba tu sonrisa!