HERMANOS KING CAPÍTULO 32 #2
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CAPÍTULO 32 #2

—Ethan fue más que eso, desafortunadamente, y nuestra antigua relación es lo que menos me preocupa ahora. Tengo una empresa que sacar adelante, debo apagar incendios en la junta, en la parte financiera, y ahora debo crear una campaña publicitaria que limpie nuestro nombre.

—Colton no ha salido aún del país, si intenta comunicarse con usted, avíseme enseguida. Su situación es delicada, tiene abiertas varias investigaciones de lavado de dólares y tráfico de armas.

Giana negó con la cabeza, consternada, aunque no le sorprendía: ese hombre del que le hablaban no era el Ethan que ella había conocido, el hombre que quiso ser su amigo y después su novio no era el hombre despiadado y ambicioso se le había revelado en los últimos meses.

Estaba segura de que era culpable de cada uno de esos delitos, el frustrado atentado a Haaziq fue orquestado por él y un grupo de gente peligrosa.

Cuando escuchó en la televisión sobre lo ocurrido en Sarabi y cómo Haaziq había sorteado la situación, supo que Ethan estaba perdido, ya que el ejército contratado por el Gobierno había atajado la amenaza orquestada por un grupo de particulares dispuestos a desestabilizarlo y apropiarse de los recursos naturales con los que contaba la nación.

A Giana le dolía en el alma haber perdido la participación en las minas por culpa de los malos manejos de Ethan, pero por lo menos no se había salido con la suya.

—Le avisaré enseguida.

—Charlotte Rupert sigue desaparecida —insistió la agente.

—A lo mejor está con Ethan, escondidos en la misma ratonera —señaló Giana con sarcasmo.

Charlotte Rupert había legado sus acciones a alguien ajeno a la empresa, un accionista anónimo cuyo representante, un abogado de una firma de Nueva York, se había presentado en la junta la semana anterior.

Ella podía haberle comprado algunas de esas acciones, pero, claro, la víbora no tenía intenciones de hacerle las cosas fáciles.

Ahora también estaba siendo buscada, por el mismo tipo de delitos de los que estaba acusado Ethan.

—También quería comunicarle que en la auditoría del Gobierno a Joyas Miccelatti no se encontró dinero procedente de lavado de activos involucrados con los activos de la empresa y eso es una buena noticia para ustedes, aunque sí encontramos un par cuentas utilizadas por Colton para hacer de las suyas.

—Nosotros no tuvimos que ver con el destino de ese dinero —replicó Giana, que enseguida inhaló furiosa, recordando el día que había descubierto la información sustraída del ordenador de Ethan. Le parecía que habían pasado años desde ese evento y no unos cuantos meses.

—Esas cuentas serán investigadas, me temo que como empresa aún estarán en nuestra mira mientras se aclara esa situación.

Giana soltó un suspiro. Habían ocurrido muchas cosas, eventos coordinados por un hombre que solo quería hacerles daño, sucesos en los que se involucró a su padre, pero ya no podía llorar sobre la leche derramada, era el momento de seguir adelante.

—Me alegra escucharlo, agente, espero seguir trabajando para dejar este terrible episodio atrás.

—¿Qué tú hiciste qué? —preguntó Nathan, mientras practicaban footing por la ribera del río.

—Compré un puesto en la junta de Joyas Miccelatti.

—¿Por qué mierdas lo hiciste? —Nathan desaceleró el paso, lo que obligó a Mathew a hacer lo mismo. La temperatura era baja, había llovido la noche anterior—. Es una empresa que está siendo investigada. Será un agujero negro, no verás un centavo de la inversión si es que algún día la recuperas.

—Si salen de su racha, será un buen negocio, además, ese asiento me permitirá algo de poder sobre las decisiones que Giana Orsini tome respecto al negocio, quiero tenerla atada con rienda corta —susurró con dientes apretados.

Mathew no tenía idea de cuándo se le pasaría la rabia. Esas acciones le habían caído como anillo al dedo, necesitaba tener ese poder sobre ella y sobre la empresa. Era su revancha.

—Te golpeó duro el amor. —Nathan se detuvo y empezó a estirar con una pierna extendida en una silla.

—No sé cómo puedes seguirle el ritmo a Elizabeth, eres un flojo, no hemos hecho ni cuatro kilómetros —manifestó Mathew negándose a responder al comentario de su hermano.

—Elizabeth no tiene quejas de mi ritmo, es más, le encanta mi ritmo —aseguró con una sonrisa maliciosa—.

Si Giana es inocente de participar en la jugada de los artículos, ¿por qué no le das el beneficio de la duda?

A lo mejor todo es un terrible malentendido.

Si la nombraron presidenta de la junta es porque no tiene que ver con lo ocurrido.

—Ella ya sabía que Colton estaba involucrado en lo del derrumbe. A lo mejor protege al imbécil de su exprometido o a su padre. Lo sabía cuándo estuvo en Sarabi.

—¿Cómo lo sabes?

—Prácticamente me lo admitió el día de la reunión.

Nathan decidió dejar el tema de Giana, ya que nada podría convencerlo.

—¿Has vuelto a visitar a mammy?

—Hace tiempo que no voy. —Mathew recordó el fin de semana que había llevado a Giana a visitar la tumba de la anciana—. La extraño mucho.

—Yo también —contestó Nathan.

—¿Recuerdas cuando yo creía que las Tortugas Ninjas vivían realmente en las alcantarillas y quise llevarles galletas de las que hacía mammy? —recordó Mathew—. Les tenía lástima a las condenadas.

—Sí, lo recuerdo. Mi querida nana, en vez de matarte la ilusión, fue contigo y llevaron galletas hasta una de las alcantarillas de la calle.

—Papá había fallecido el mes anterior, no nos negó nada en esa época.

Para Mathew era difícil aceptar que la señorita Selma se había ido para no volver, a veces recordaba algo y decía: “Tengo que contárselo a mammy”, luego recordaba que ya nunca podría contarle nada y la nostalgia lo invadía.

El trabajo lo distraía de sus diversos sentimientos y se dedicó a él con ahínco.