HERMANOS KING CAPÍTULO 31
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CAPÍTULO 31

—Giana Orsini es inocente con respecto a los artículos publicados por Patrick Folsom —informó Nancy Thompson a Tony McCabe.

Estaban sentados en una cafetería en el bajo Manhattan. La agente y Tony eran viejos conocidos, se ayudaban a veces en los diversos casos, luego, para ella no fue problema compartir detalles de su investigación, ya que él también tenía algunos datos que le servirían para armar el caso.

Tony se quedó callado esperando a que la mujer continuara, mientras meditaba que a lo mejor la chica era inocente también en todo lo demás. Nada en su investigación demostraba que ella estuviera prometida de buena fe con Ethan Colton o que secundara sus planes.

—La chica se ha visto involucrada sin tener nada que ver.

Patrick cantó como pajarito en nuestras oficinas, las cuentas de Giana fueron intervenidas por un hacker que Ethan Colton tiene en su nómina, en otras palabras, fue víctima de un delito informático muy común.

No me puedo extender en esto porque estamos investigando otra serie de hechos, pero eso es lo que acabamos de sacar en claro.

Colton ha llegado muy lejos, llegando incluso a chantajearla para un falso compromiso.

—Ella hubiera podido decir que no. —Tony sorbió su café sin dejar de mirar a la agente.

—El hombre la amenazaba con involucrar más a su padre en todos sus tratos sucios. —Nancy tomó un sorbo de su bebida fría.

—¿Cesare Orsini también es inocente? —preguntó Tony con velado sarcasmo.

—No, tiene que ver en algunas cosas, pero no de la gravedad que Ethan le ha querido vender a Giana, obligándola al compromiso y a asumir todo lo demás.

—¿Qué sabes de su intervención en Sarabi?

—No puedo decirte mucho más, pero si tú tienes información valiosa, te agradecería que la compartieras.

—Claro que sí.

A Mathew no le sentaron muy bien las noticias que le dio Tony, en cuanto Brandon lo convocó a su oficina, días después.

Estaba harto. Sí, Giana podía ser inocente con respecto a los artículos, pero no era inocente del maldito compromiso y de haberle mentido, de haber puesto en marcha una obra de teatro para conocerlo.

Eva le insistía en que no significaba lo mismo una mentira que una omisión, pero para él era igual.

Llevaba la herida de los celos y el desengaño como punzada atravesada en el pecho, aunque la ira había dado paso a la añoranza: deseaba verla, así fuera de lejos.

Su corazón latió más rápido ante la perspectiva.

“Pero para qué”, reprendió a su corazón, nunca podría confiar en ella de nuevo.

Se molestó consigo mismo, ni siquiera debería estar considerándolo.

—Hay algo más —soltó Tony.

El par de hermanos lo miraron expectantes.

—La firma europea que firmó el falso estudio de suelos antes del derrumbe se acaba de declarar en quiebra.

Uno de mis chicos estableció una relación con uno de los empleados y parece que varias empresas la iban a demandar por malas prácticas, lo que acarrearía una serie de indemnizaciones que hicieron que la empresa tomara esa decisión, además de las investigaciones del caso.

—¿Qué se sabe del informe para la mina?

—Espero tener noticias en unos días.

—Bien.

Brandon siguió adelante con los datos del proceso de indemnización a Joyerías Diamond por difamación. Así Giana no estuviera involucrada, lo estaba su padre, que, aunque incapacitado, tendría que pagar por sus errores.

—No puedo negar que la situación de Joyas Miccelatti es delicada, me he enterado de que hay un gran paquete de acciones a la venta.

Mathew, interesado, levantó la vista de los informes.

—¿En serio?

Se enderezó en la silla y observó a su hermano, invitándolo a que continuara.

—Sí, me imagino que tendrán que reunir dinero, esa empresa tiene muchos frentes abiertos, necesita capital.

—Interesante —soltó Mathew sin mostrar en su rostro nada más.

—Una cosa más, Giana vendrá a Chicago, escuchará los términos del acuerdo.

—¿Por qué? Podría hacerlo por intermedio de algún abogado —refutó Mathew.

—Será de esas mujeres masoquistas, o a lo mejor quiere hacernos cambiar de idea; de todas formas, la admiro por ello, no es nada fácil enfrentarnos en nuestra fase de cabrones.

—Quiero estar en esa reunión.

—¿Estás seguro?

—Sí.

Por el intercambiador entró una llamada a la oficina de Brandon, este tomó el teléfono de mala gana.

—¿Sí?

Mathew vio el momento exacto en que el rostro de Brandon mudó a un gesto de fastidio.

—¿Qué pasó?

—Mamá está en tu oficina, no se irá sin verte.

Mathew se levantó, pero antes de salir recordó algo:

—La última vez que la vi me pareció deprimida. —Brandon soltó un resoplido—. ¿Hace cuánto que no la visitas?

—Ella estuvo en casa visitando a Gregory hace un par de semanas, sabe que puede ir cuando quiera.

—No me refiero a eso, me refiero a cuánto tiempo hace que no te sientas y te tomas un café con ella y le preguntas por su día a día. Brandon, mamá puede ser un incordio la mayoría de las veces, pero es nuestra madre, y a su torpe manera está tratando de arreglarlo, dale una oportunidad.

Brandon tornó su semblante a un gesto duro y triste.

—Por culpa de Anne no pude conocer a mi pequeña hija y no pude acompañar a Eva en uno de los momentos más duros de su vida, no sé si podré perdonarla algún día, cumplo con dejarla compartir con los míos.

—Ella te necesita a ti.

Brandon se quedó pensativo un rato.

—Eva ya la perdonó, dame un poco más de tiempo, hermano.

—Llámala, invítala a almorzar, no tenemos la vida comprada, ya perdimos a mammy, piénsalo.

Brandon asintió.

En cuanto llegó a su oficina, encontró a Anne de pie, mirando una de las fotografías de Sarabi. Mathew se acercó, en ella estaba Meriem jugando con un grupo de chicos a la orilla de un río.

—Es una hermosa fotografía.

Mathew se quedó observándola largo rato, evocando los olores de esa tarde, la sensación de sentir el sol en su rostro y el profundo amor que la mujer le inspiraba.

—La amabas —señaló Anne ante lo evidente.

—Sí, mucho, era una gran mujer.

—Lo siento.

Algo le había contado Mathew hacía tiempo sobre esa chica; su pobre hijo, que ahora tenía el corazón roto otra vez.

—Ha sido imposible hablar contigo desde que estuviste en Nueva York. ¿Me estás huyendo?

Mathew la miró genuinamente sorprendido.

—No, madre, he estado ocupado.

La mujer examinó el aspecto de su rostro, ya libre de las heridas ocasionadas por el incidente.

—¿Sabes que lo que hiciste en Nueva York estuvo mal?

Enfrentarte al novio de esa joven de la manera en que lo hiciste.

—Anne negó con la cabeza—. De mis tres hijos eras el que menos problemas me dabas, pero ustedes tres, cuando se enamoran, es como si agarraran el sarampión; actúan exactamente igual.

Una empleada entró con una bandeja y dos tazas de café. De nuevo solos, Mathew le contestó.

—No voy a discutir eso contigo.

Ella soltó una risa irónica.

—No, claro que no, ustedes se escudan en mis errores para mantenerme al margen de los suyos, pero, aunque no lo creas, lo único que quiero es que tengan vidas plenas y satisfechas.

Tus hermanos lo han logrado, al menos las mujeres que escogieron como compañeras los hacen felices, solo quería decirte que está bien equivocarse, pero la próxima vez trata de que la prensa no esté tras tus pasos.

—Siempre tan altruista. Gracias, madre, seguiré tu consejo.

Anne no cambiaría, las formas y las apariencias ya eran como capas de titanio aferradas a su piel, y lo dejó estar. Amaba a su madre a pesar de su desapego.

Giana llegó a Chicago un viernes de la tercera semana de noviembre, días antes de Acción de Gracias. Las temperaturas habían descendido y los árboles empezaban a versen despojados de sus hojas. El ambiente olía a madera, a canela e incienso, los olores propios de la estación.

Se había reintegrado a su trabajo, pero antes de hacerlo había tenido una larga charla con la agente Thompson, quien le insistió en que la única manera de llegar a vincular a Ethan Colton a una serie de delitos era dejarlo seguir actuando.

Citó lo dicho por Al Capone: “A veces hay que jugar el papel de idiota, para engañar al idiota que te está engañando”.

Ella no lo había olvidado, y allí estaba, tratando de salvar una parte del negocio.

No quería adelantarse, la empresa estaba en serias dificultades e, independientemente de cómo se solucionarán las cosas, había una idea rondándola: necesitaba reunirse de nuevo con su agente inmobiliario y escuchar qué propuestas había de locales para abrir la sucursal en la ciudad.

No retomaría el proyecto enseguida, pero esa había sido su historia para salir de la ciudad y ver a Brandon, en Joyas Miccelatti no tenían idea de que ella iba a reunirse con el mayor de los King.

Echaba tanto de menos a Mathew, su falta era como un dolor físico, necesitaba hablar con él, se moría por verlo, le parecía increíble estar presa de esa clase de sentimientos, poseída por esa necesidad de sus besos, de su piel, de sus mensajes, que releía una y otra vez.

Abrió la aplicación en su móvil y encontró uno de sus favoritos.

Adoro ver tu piel erizada, cuando con mis dedos recorro los laterales de tu columna y tu piel enseguida me responde.

Es erótico, hermoso y todo mío, y cuando te beso detrás de las rodillas y resbalo mi lengua por tus muslos, y me pierdo en ese lugar del que no quiero volver.

No tienes idea, te has convertido en una necesidad constante, ahora entiendo lo que sienten los adictos, soy adicto a ti.

Estaba segura de que enfrentarlo sería como darse un chapuzón en agua helada sin saber nadar: se siente cómo se entumecen las piernas y los brazos, y aun así se sigue intentando, se manotea para todos lados, buscando mantenerse en la superficie a como dé lugar, porque, aunque el cuerpo esté helado, el aire entrará en él y le permitirá sobrevivir.

Necesitaba verlo, necesitaba ese resquicio de aire para poder continuar con vida.