HERMANOS KING CAPÍTULO 29
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CAPÍTULO 29

Las doce horas que Mathew estuvo detenido las vivió en el limbo de la rabia y la pena, no se arrepentía de haber agredido a Ethan, pero el rostro consternado de Giana volvía a él una y otra vez.

No podía dejarse ablandar, cuando la mentira adoptaba su mejor rostro era mucho más dañina; ya era suficiente, tenía que asumir que había sido engañado como un niño, que había entregado su corazón y a cambio había recibido los pedazos que, como cristales, atravesaban su piel.

El desengaño lo sentía como un dolor físico y con la herida en carne viva se dijo que no volvería a confiar en nadie más, a excepción de sus hermanos y sus familias, el resto del mundo era un abismo de mentiras.

Se tocó la cara y los labios, estaban hinchados y la costra en la boca ardió al tacto de sus dedos, lo único que lamentaba del encierro era la falta de un trago.

En la madrugada, después de meditar, logró el control de sus emociones y, un poco más calmado, se puso a planear lo que haría de ahí en adelante.

Al salir, después de que Brandon y un abogado hubieran pagado la fianza sin necesidad de presentarse ante un juez, ya que era la primera vez que transgredía la ley, se enfrentó al mayor de los King, que lo esperaba sentado en la limosina que había ido a recogerlo a la salida de la comisaría.

En el trayecto hasta el auto tuvo que enfrentar a los fotógrafos y periodistas que pululaban por el lugar desde la noche anterior.

Mathew no tenía idea de que fuera una persona tan mediática.

—Señor King, ¿qué tiene que decir de lo ocurrido en el restaurante Tony’s?

—¿Tenía un romance con la socialite Giana Orsini?

No tenía puta idea de que esa zorra fuera una socialite, caviló.

—¿Cómo le sentó su compromiso con Ethan Colton?

“Como una patada en el estómago”, quiso decir.

—Sin comentarios —fue todo lo que vocalizó antes de entrar en la limosina y sentarse frente a Brandon.

Su hermano le miró el rostro golpeado e hinchado sin manifestar nada, abrió la nevera que había a un lado del vehículo y le tiró una pequeña bolsa de hielo, que Mathew recibió y se puso enseguida en el labio.

—Espero que el hijo de puta de Colton haya quedado peor que tú y que haya valido la pena dejar Chicago para salvar tu trasero de una vista con el juez, que te hubiera metido en problemas más serios que las pocas horas de servicio comunitario que pactaste con el fiscal de turno.

—No me voy a disculpar por lo ocurrido.

—No te estoy pidiendo que te disculpes, tú y Nathan son como dos críos cuando les quitan un juguete. Hacen todo a mis jodidas espaldas y después tengo que venir a salvarles el trasero como si no tuviera nada más que hacer. Espero que esto te haya enseñado una lección.

Mathew negó con la cabeza, tenía náuseas, la sangre en la camisa se había secado, necesitaba un baño y no tenía el temple para los discursos moralistas de su perfecto hermano mayor.

—Brandon —se acercó a él y le pasó el brazo por el hombro—, eres de las personas que más quiero en este maldito mundo, pero no me toques los cojones ahora, lo único que quiero saber es cómo vamos a hundir a Joyas Miccelatti, es todo lo que quiero escuchar.

Brandon no contestó. Hizo una llamada.

—Habla con mamá, no me ha dejado en paz desde que tu hermoso rostro está en los malditos blogs amarillistas de todo el país.

Mathew tomó el teléfono por primera vez, consternado.

—No sabía que la prensa tuviera interés en mí.

Habló con Anne un par de minutos, la tranquilizó y le dijo que iría a visitarla en breve.

—La prensa ha tenido interés en nosotros siempre, lo que sucede es que nunca hemos dado de qué hablar, solo noticias tontas, como si follaste a una de las modelos de un famoso diseñador o llevaste a navegar a una aspirante a actriz, cosas así.

Brandon le pasó una tablet con los titulares de lo ocurrido en Tony’s. Mathew observó las fotografías, leyó por encima algunas palabras y dejó el artefacto a un lado. Se recostó en el asiento y cerró por un momento los ojos, para volverlos a abrir menos de un minuto después.

—Ni modelos ni actrices.

—No, claro que no —respondió Brandon con sorna—, solo una heredera de un emporio joyero que, de casualidad, está comprometida con otro.

—¡Basta, Brandon! —soltó impaciente—. Ya estoy grandecito y sé asumir las consecuencias de mis actos. No necesitabas volar hasta aquí para salvarme el trasero.

—No, no necesitaba hacerlo, pero quise hacerlo.

Se quedaron callados unos momentos.

—Sé lo que se siente, me pasó con Eva.

Brandon había sido muy escueto respecto a lo ocurrido con Eva, él y Nathan supieron que había sido algo gordo porque el cambio en su hermano fue drástico, solo volvieron a vislumbrar al antiguo Brandon cuando ella volvió a su vida, aunque la rubia no le había puesto las cosas fáciles.

—No es un sentimiento sobre el que quiera explayarme en este momento —añadió escueto y queriendo un jodido trago, así fueran las ocho de la mañana.

—Lo sé —señaló Brandon pasándole una botella de agua—.

En cuanto a las acciones legales que tomaremos, ya estuvimos reunidos ayer en la tarde con los abogados; pediremos una indemnización y llevaremos el caso a la asociación de joyeros internacionales, para que ellos tomen las medidas pertinentes y formulen las correspondientes multas, eso le traerá muchos problemas a Joyas Miccelatti, no quisiera estar en los zapatos de Giana.

—¡No la nombres! —bramó Mathew.

—Tranquilo, no lo haré más. —Se quedó callado unos segundos—. Lo superarás, y si no lo haces aprenderás a vivir con ello.

—¡Eso no será suficiente!

—Mathew…

—¡Quiero verlos hundidos! No dejaré que abran la sucursal de Chicago —sentenció con rabia—. Pondré tantas talanqueras que se aburrirán, no toleré ver una sede de su negocio en mi ciudad.

Brandon soltó un fuerte suspiro.

—Ante todo, somos hombres de negocios.

—Los sacaré de Sarabi —sonrió con sarcasmo—, esto apenas empieza.

—Hermano, te entiendo y estoy contigo, pero hay una investigación en curso y debemos ceñirnos a ella.

—Ellos son culpables del derrumbe, ya no me queda duda, y quién sabe de cuántas cosas más. No son confiables y los quiero lejos de nuestro negocio.

Brandon se enderezó la corbata.

—Está bien, estamos en un momento delicado con la mina de diamantes, la junta dio su aprobación casi a regañadientes, las proyecciones no fueron suficientes y dentro de poco exigirán más.

Te necesito centrado en esto, me vendiste la idea de proseguir en Sarabi, no quiero que todo se vaya por la borda debido a tu desengaño, debemos actuar con prudencia.

Mathew tuvo el buen tino de quedarse callado.

La limosina los llevó hasta el aeropuerto, donde el avión de la empresa los esperaba listo para emprender vuelo. Ya dentro del aparato, Mathew se cambió la camisa por una camiseta que le entregó una azafata. Permaneció callado todo el trayecto, solo observando el lecho de nubes que los cobijaba.

El lunes siguiente, y después de un fin de semana en que no se atrevió a asomarse a la puerta, por culpa de los periodistas ávidos de información, Giana llegó a la oficina escoltada por un par de hombres contratados por Ethan, ya que los reporteros parecían haber encontrado un botín en la historia.

A ella nada le importaba, llevaba la mirada de decepción de Mathew grabada a fuego en su alma, apenas había dejado de llorar, los ojos le ardían, no había comido nada y sabía que presentaba un aspecto espantoso.

No tenía palabras para consolarse, para perdonarse, solo una pena tan grande que traspasaba su pecho e inundaba todo a su alrededor.

Ni siquiera había querido lidiar con el escándalo hasta el domingo en la mañana, cuando Ethan, con el rostro hinchado y los ojos morados, se presentó en su casa para ponerla al tanto de las acciones que estaban tomando los King sobre la empresa.

Con estupor, se enteró de que su nombre había sido utilizado para pagarle al periodista; Mathew no la perdonaría nunca, necesitaba limpiar su reputación ante él, era lo que más le importaba, pero no confiaba en nadie, ni siquiera en Phillips, el abogado de su padre.

No tenía aliados y por primera vez en su vida estaba sola.

Todo había ocurrido tan rápido que se sentía como en una montaña rusa.

Necesitaba saber cómo diablos existía una cuenta bancaria de la que ella no estuviera enterada.

Nunca había odiado a nadie como odiaba a Ethan Colton, porque al enterarse la junta de lo sucedido y de las acciones que tomaría la empresa rival, declararon a Giana insubsistente en el cargo de presidenta y se apresuraron a nombrar a Ethan, lo que él había querido desde el principio.

O sea, que la pantomima del compromiso no le había servido de nada.

Ella se había negado a volver a hablar con él.

Giana se sintió estafada, no podía creer que todo le saliera bien a un hombre sin escrúpulos. Aparcó su pena por Mathew. En ese momento lo único que le interesaba era limpiar su nombre.

—Los abogados de Joyerías Diamond insisten en que el dinero con el que se le pagó al periodista salió de una cuenta bancaria a mi nombre —señaló Giana días después de haber dejado la presidencia.

—¿Ya tienes todos los datos? —preguntó Mia.

Habían vuelto a la antigua oficina, pero Giana estaba relevada de todas sus labores hasta concluir la investigación.

—Los abogados quedaron de enviarme toda la documentación, pero no me fío de nadie.

Había examinado de nuevo la memoria del computador de Ethan sin encontrar nada que sirviera a su causa, ella no era investigadora, no veía entre líneas.

—Con razón, no sabemos si trabajan para el malnacido de Colton.

Mia observó a Giana preocupada. Era evidente la pérdida de peso de la joven, la ropa le bailaba y no era para menos, las joyerías pasaban por un duro momento, con los King queriendo sangre y su corte de abogados tratando de hacerles las cosas difíciles.

Ethan Colton estaba actuando como amo y señor de Joyas Miccelatti.

—¡Por Dios! Debe haber alguien de mi lado.

—¡Yo estoy de tu lado! —afirmó Mia sentada frente a ella.

—Lo sé. ¡Dios! Aún me avergüenza que Mathew haya sabido de mis planes para abordarlo, si hubieras visto su rostro, estoy segura que eso es lo que más le duele. Nunca me perdonará.

—No se ven muy bien las cosas para ti, pero debe haber algo que se pueda hacer.

—He estado dándole vueltas a lo ocurrido y lo único que se me ocurre es ponerlo en manos de autoridades competentes.

—Giana había tomado esa decisión después de meditarlo mucho, porque sabía que el buen nombre y la credibilidad de su padre estarían en entredicho.

Ella lo habría cubierto si Ethan y él no la hubieran hundido como lo hicieron.

Ahora ya no le importaba lo que sucediera con Cesare.

—¿Qué tienes en mente? —se interesó Mia.

—Puedo recurrir a la Agencia Federal de Investigaciones y su sección de ciberdelitos, pedir que hagan las respectivas investigaciones.

—Buena idea, tengo un contacto que te puede ayudar. ¿Por qué no se nos había ocurrido antes? —La mujer se levantó enseguida a realizar la llamada.

Era lo mejor que podría hacer, ella había sido víctima de una estafa, tal vez si lograban darle caza al que lo había hecho, podría caer Colton, y si su padre era responsable, pues tendría que pagar también.

Había leído los blogs de noticias con avidez, observaba el rostro de su amado, golpeado, y la expresión furiosa en su rostro, una y otra vez; extrañaba oír su voz, sus mensajes de texto que adoraba, sus videollamadas, sus fotografías.

Se sentía enferma a causa de su ausencia.

Necesitaba buscar una solución, hacer algo o terminaría sin empresa y con su nombre arrastrado por el barro.

Nancy Thompson fue la agente especial que accedió a hablar con Giana. La mujer la recibió al día siguiente en su oficina. Después del saludo y las presentaciones, la invitó a tomar asiento.

—¿Qué puedo hacer por usted? —preguntó la mujer. Era unos años mayor que Giana, alta y robusta, de cabello rubio y ahuecado.

Ella le relató lo sucedido con las cuentas y cómo se había visto involucrada en un pago que no había ordenado. Fue tanta la desesperación que la agente vio en ella que logró conmoverla.

—Tranquilícese —le pasó una caja de pañuelos—, quizás usted haya sido víctima del pharming para lograr que el dinero haya ingresado y salido de su cuenta sin darse cuenta.

—¿Qué es pharming? —preguntó Giana sentada frente a ella.

—Consiste en disfrazar sitios web falsos como si fueran auténticos para obtener así la información que se introduzca en ellos y hacer toda clase de movimientos. Robo de información, suplantaciones, desvíos de dinero y varias cosas más.

—¿Es algo que ustedes podrían investigar?

—Sí, claro, a eso nos dedicamos, pero es como buscar una aguja en un pajar. No quiero darle muchas esperanzas. Necesitaré mucho más que su historia, no sé si me entiende.

Giana decidió sincerarse con la agente Thompson y le contó todo, desde lo que había ocurrido en Sarabi con Ethan hasta su chantaje.

—Necesitaré pruebas de todo lo que me está contando. Tenemos que estar seguros de que podremos iniciar una investigación federal.

Giana decidió hablarle de la memoria con toda la información que había recabado de la computadora de Ethan.

—Tengo una memoria con algo de información, no es mía, es de Ethan Colton, y tendrá acceso a toda mi información, sin restricciones.

La mujer se quedó pensativa un buen rato.

—Tráigame la memoria, yo la revisaré y cotejaré lo que me ha contado, veré si puedo ayudarla.