HERMANOS KING CAPÍTULO 21 #2
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CAPÍTULO 21 #2

Kisai palideció, carraspeó y les dio entrada.

El espacio era tan pequeño como una habitación, había sillas, una cocina y una mesa pequeña, y más allá una cortina que Mathew imaginó que sería la habitación donde dormían o el baño.

El lugar olía a grasa y a algún alimento que estaban cocinando en ese momento, todo eso mezclado con el aroma del café.

—¿Quién les dijo?

—Eso no importa ahora, usted tiene cierta información que nos interesa.

El hombre le hizo un gesto a la mujer y esta desapareció enseguida tras la cortina.

—¿Qué quieren saber? —preguntó resignado.

—Usted utilizó menos cantidad de explosivos de los que se debieron usar según el informe de la calidad del suelo de la empresa que llevó a cabo el estudio.

—Lo que salvó la vida de unos cuantos —replicó Kisai.

—¿Por qué lo hizo?

El hombre se rascó la cabeza meditando sus siguientes palabras.

—No sé si sirva de algo lo que les voy a decir.

—Nosotros decidiremos si lo que nos dice nos sirve o no —adujo Jordan.

—Hable —ordenó Mathew, que se cruzó de brazos y se colocó frente a él con semblante adusto.

—El día antes de la explosión, fui testigo de una charla entre un hombre que no conocía y uno de los ingenieros encargados. Yo había guardado un equipo en el container de los ingenieros, y al acercarme al lugar escuché la discusión.

Se quedó un momento en silencio.

—¿Recuerda el nombre del ingeniero?

—Dylan Barrett.

El mismo hombre que tenía urgencia de hablar con Giana, caviló Mathew con una ligera opresión en el estómago. Le hizo un gesto al hombre para que continuara.

—El ingeniero insistía, sus palabras fueron: “El terreno no necesita de explosivos, con una cuadrilla de obreros y algo de perforación hidráulica es suficiente. El otro hombre insistía en que utilizara el informe de la calidad del suelo donde decía que era macizo rocoso, para poder así utilizar los explosivos y que, al día siguiente, entraran los obreros a recolectar las piedras”.

Mathew empezó a sudar profusamente, se sintió mareado.

Barrett había alterado los informes y ocasionado la tragedia por la que indirectamente lo culpaban a él.

Dios, había sido tan tonto, siempre pensando que el mundo actuaba según su escala de valores.

Sin embargo, la empresa europea que ellos contrataron para evaluar la calidad del suelo no había arrojado un resultado diferente.

¿El verdadero causante de la tragedia habría comprado el informe? Tendría que investigar.

—¿Está seguro de que no conocía al hombre con el que habló Barrett? —Kisai negó con un gesto—. ¿Lo vio en algún momento?

—Haga memoria —dijo Jordan—, cualquier cosa que recuerde, ¿cómo era su acento?

—Era norteamericano, hablaba con don de mando, parecía un ejecutivo, alto, de cabello oscuro y ojos azules.

“Colton”.

—¿Por qué usted no dijo nada? —exclamó Mathew.

El hombre los miró avergonzado.

—Quise hacerlo —frunció los hombros—, pero en ese momento pensé que no era mi problema, no tenía idea de que la explosión ocasionaría al día siguiente todo aquello, yo solo sé de explosivos.

—Pero para manejarlos tiene que estudiar los diferentes terrenos, no me crea imbécil, Kisai —reprendió Mathew cada vez más furioso, aunque sobre todo consigo mismo—. Usted sabía lo que podría ocurrir, su deber era denunciarlo.

—Ahora sé que eso estuvo mal. —Mathew levantó las manos acallando las disculpas, sin embargo, el hombre insistió—. Mire, yo no quiero problemas.

—Eso es evidente —señaló Jordan con sarcasmo.

—Para dejarlo en paz necesitamos algo más —dijo Mathew ceñudo—, lo que sea que nos permita llegar al fondo de esto y encontrar al verdadero responsable.

Por la cara del hombre pasó un gesto de perplejidad, Mathew tenía la seguridad de que no les soltaría nada más.

—Ya les di a Barrett, no puedo hacer más por ustedes.

Salieron minutos después de la casa.

—Y tuvimos al cabrón frente a nuestras narices —adujo Jordan.

—Llamaré al personal de seguridad de la mina —interrumpió Clive, que había permanecido callado durante todo el encuentro, mientras tomaba el móvil—, que lo mantengan vigilado mientras llegamos.

Se pusieron en marcha inmediatamente. Mathew, con la cabeza llena de dudas e interrogantes, no dejaba de preguntarse que sería lo que Barrett querría hablar con Giana.

Si ella estaba haciendo alguna investigación, ¿por qué no lo tuvo a él en cuenta?

Hubiera podido ayudarla, se dijo con amargura, al comprender que aún no confiaba en él.

Giana había ido a Sarabi por algo puntual y no solo por su linda polla, eso era evidente.

No quería empezar a desconfiar de Joyas Miccelatti, a lo mejor esto solo era cuestión de Ethan, se preguntó qué implicación tendría Orsini y quién más estaría involucrado.

Recordó la charla con Haaziq el día anterior, sus comentarios, el hombre estaba fuera de sospecha, era egocéntrico y prepotente, pero no un tonto, y lo único que le interesaba era sacar adelante el proyecto de la mina.

Tony McCabe tenía razón, Haaziq no necesitaba una acción tan baja para sacar a Joyerías Diamond de la sociedad, los únicos que perdían eran Joyas Miccelatti.

No obstante, se negó a pensar en Giana vinculada a tamaña acción.

—Barrett no ha llegado a la mina —adujo Clive.

—Iremos a su oficina en cuanto lleguemos a Kesia.

Al llegar se dirigieron a la oficina del ingeniero. En el container había dos técnicos analizando unos planos.

—¿Dónde está Barrett? —preguntó Mathew mirando ceñudo al par de jóvenes.

—No ha venido hoy a trabajar.

Mathew salió enseguida.

—Pon a alguien al pendiente por si aparece aquí o en su casa —le ordenó a Clive.

—Bien.

Necesitaba hablar con los encargados de la seguridad antes de que llegaran los soldados esa noche y también tenía que hablar con Brandon.

—¿Me estás jodiendo? —bramó Brandon King a su hermano por el teléfono satelital en cuanto Mathew le soltó su idea de mantener el taller de talla en el país.

—No te estoy jodiendo —replicó molesto—, es la mejor opción para nosotros en este momento.

—Explícate.

Mathew se dedicó los siguientes minutos a ponerlo en contexto sobre la situación en Sarabi y su conversación con Haaziq.

—No sé, Mathew, pienso que arriesgamos bastante y no me refiero a las máquinas o instalaciones, el recurso humano me preocupa. ¿Y si la percepción de Haaziq está errada? No tiene mucha experiencia.

—Igual que tú cuando ocupaste la presidencia de las joyerías.

—No es lo mismo una empresa de mil quinientos empleados a un país de diez millones de personas —refutó Brandon, que soltó un suspiro—. Tendría que comunicarme con la junta, ellos tienen la última palabra.

—Eso es mierda, manejas a la junta con el dedo meñique. Lo único positivo de esto es que, al quedarnos en Sarabi, podríamos generar más utilidades, ya que el taller se encargaría de toda la producción de la mina y aumentarían las ganancias.

—Eso será solo en el papel durante un buen tiempo, pero sería lo único que podría virar la decisión a favor de conservar el taller de talla en Sarabi: tener la garantía de que tendremos el contrato total para trabajar toda la producción y poder ampliar el taller para cortar y tallar lo recolectado en la segunda veta.

—Su hermano suspiró—. Diablos, Mathew, tendremos que enterrar muchos millones más y no veríamos un solo dólar en un buen tiempo.

—Háblalo con la junta.

—Si las cosas salen mal, me agarrarán de las bolas y las harán un moño, eso te lo aseguro.

—Tu rubia no permitirá que eso pase, creo que ama esa parte de tu anatomía más que cualquier otra —soltó burlón.

—Sin comentarios.

Los siguientes minutos, Mathew le relató sus pesquisas con el informante de Tiaret sobre el derrumbe. Le dijo que le enviaría en un informe el nombre de la nueva empresa de análisis de suelos que tendrían que investigar.

—Por lo menos hay un nombre y una pista, algo que no teníamos hace días.

Hablaron de otros tópicos respecto al negocio antes de despedirse. Brandon le recomendó de nuevo que se cuidara y que saliera del país cuanto antes.