CAPÍTULO 14 #3
Ni siquiera ella sabía qué era lo que buscaba.
Había llegado al trabajo con la idea de investigar si Ethan y su padre tenían algo que ver con los ataques a Joyerías Diamond: la reacción de su padre cuando lo enfrentó y la de Ethan habían prendido sus alarmas.
Además, no se engañaba, conocía algunas de las tácticas de Cesare cuando quería salirse con la suya o cuando consideraba que había sufrido una afrenta, su manera de reaccionar era como la de un capo de la mafia.
Pero lo que la hizo decidirse a investigar en profundidad fue la conversación con Mathew, quien por fin había bajado la guardia y le había contado, de manera somera, lo ocurrido en la mina y sus sentimientos al respecto.
Estaba sorprendida por todo lo que el negocio de los King estaba enfrentando.
También se había enterado de que Joyerías Diamond había renegociado el acuerdo con el proveedor de oro de Joyas Miccelatti, perdiendo esta el contrato, lo que debió exacerbar la ira de su padre, y recordó cuando este le contestó que lo arreglaría de una forma u otra.
Todos esos pequeños detalles, cabos sueltos, eran los que la tenían frente a la puerta de la oficina de Ethan, además del vínculo con Mathew, la profunda atracción que la iba envolviendo como si de una red se tratara.
Esperó la señal de Mia de que iba a desconectar las cámaras por unos momentos, no tenía idea de cómo se las arreglaría, pero confiaba en ella y en que lo haría bien.
Se imaginó que entraría al software y fijaría la señal por un rato, sonrió, ella también era asidua a series detectivescas, esperaba que eso fuera suficiente para realizar su investigación.
Mia le envió un mensaje de texto dándole vía libre. Se recogió el cabello, aferró la chapa, introdujo la llave y entró a la oficina. Una vez adentro empezó a sudar frío, el corazón le latía a millón, nunca en su vida había hecho algo así.
Caminó hacia el escritorio, encendió el computador y mientras esperaba se dedicó a abrir los cajones del escritorio.
Examinó recibos y documentos sin importancia, había una caja de cigarrillos, y pensó que Ethan había dejado de fumar hacía un año; observó con el ceño fruncido un par de condones y un paquete de mentas.
En cuanto estuvo encendido, el aparato le pidió la contraseña.
Intentó con los cumpleaños de ambos, aniversarios, otras fechas de alguna relevancia, todo en vano.
Empezaba a desesperarse cuando recordó que Ethan era todo un niño de mami, recordó la fecha de cumpleaños de su suegra y probó: “¡Bingo!”.
El computador abrió y entró a los archivos.
Dio gracias al cielo e introdujo la memoria, inspiró profundo tratando de calmarse, le temblaba todo mientras pasaba toda la información de las carpetas al artilugio.
Mientras los segundos transcurrían, Giana se dedicó a revisar los otros cajones.
Encontró fotografías de personas en poses vulgares, pura pornografía, pero lo que le llamó la atención fue que nunca eran parejas heterosexuales, sino siempre tríos de dos hombres con una mujer o incluso de parejas de hombres solos.
Pensó que era muy raro, pero entonces se percató de que uno de los cajones tenía un fondo falso.
Logró desarmar la gaveta, dentro había un sobre de color oscuro, sacó el contenido con celeridad.
En ese momento el móvil empezó a vibrar. Era un mensaje de Mia.
Mejor sal de allí enseguida, Colton acaba de llegar al aparcamiento.
“Mierda, mierda, mierda”. No pudo observar el contenido del legajo, tomó la primera hoja, la guardó en su pecho y dejó todo acomodado como estaba.
Sacó la memoria, apagó el computador y ya se dirigía a la puerta, cuando escuchó que se abría el ascensor al fondo del pasillo.
Desesperada, meditó que no podría esconderse en el baño, a lo mejor le daba por utilizarlo, recordó el cuartito auxiliar que Ethan utilizaba como archivo, rogó a Dios porque la llave del lugar estuviera en el llavero o le tocaría esconderse detrás del sofá, con una gran probabilidad de ser encontrada.
Probó con dos llaves, la segunda fue su salvación, con los latidos del corazón tronándole en los oídos, pudo encerrarse en el cuarto segundos antes de que Ethan entrara a la oficina.
Escuchó sus pasos y cómo hablaba con alguien por el móvil.
Menos de un minuto después, escuchó el taconeo de unos zapatos de mujer y una voz, que reconoció como la de Charlotte Rupert.
—Te he echado de menos —dijo la mujer en un tono de voz que Giana no le conocía. Siempre era seria, dura y firme como un pedazo de pedernal, pero en ese momento su voz llevaba una inflexión, como una especie de ruego.
—He tenido demasiado trabajo, discúlpame, pero aquí estoy para compensarte.
Giana era una mujer celosa, por su cuerpo corría sangre latina, luego quedó sorprendida al ver que lo que de manera evidente ocurría en la oficina de Ethan la dejaba fría.
El hombre era un chucho callejero y un desleal, había hecho bien en terminar su relación.
Esa fue su molestia y no lo que él estaba haciendo con esa mujer, los gemidos aumentaron en intensidad y se sintió muy fastidiada por estar escuchando algo tan bochornoso.
Si eso hubiera ocurrido años antes, o en el inicio de su relación, su corazón se habría roto sin remedio y hubiera salido a la oficina y hecho el escándalo de su vida. La pareja terminó a los pocos minutos.
—Recibí una llamada de Patrick.
—¿Qué te dijo? —preguntó Ethan con evidente molestia.
—Quiere más dinero.
Ethan resopló y soltó una carcajada irónica.
—Ese cabrón está haciendo el dinero de su vida, no le daré más.
—Dice que el riesgo es muy alto si se llegan a dar cuenta de lo que está haciendo.
—No es un buen momento para soltarle más dinero.
Escuchó un suspiro de la mujer y el sonido de un beso.
Giana blanqueó los ojos, necesitaba saber de qué diablos hablaban, pero los siguientes minutos la pareja se dedicó a besarse, se dio cuenta por los sonidos que escuchaba.
—¿Cuándo se sabrá algo de Sarabi?
—No lo sé —dijo Ethan en ese tono de voz condescendiente que Giana tanto odiaba.
—Hay mucho en juego, ¿tu noviecita tiene idea?
Ethan soltó un fuerte suspiro que Giana interpretó como molestia. Conocía sus gestos…, o al menos creía que lo conocía.
—No voy a hablar de Giana contigo. No es tu asunto.
—Claro que es mi asunto, querido, me estoy acostando con su prometido.
—Las cosas no están muy bien con ella en este momento.
—La entiendo, si supiera la clase de persona con la que está prometida…
—No tienes queja mientras me tengas encima de ti y te haga ganar dinero.
—Lo de ganar dinero aún está en veremos, digamos que contigo estoy dando un salto de fe.
—Salto del que no te arrepentirás.
—Vas a tener mucho entre manos, deberías dejar que tu noviecita juegue a la presidenta mientras le duran las vacaciones a Cesare, el viejo es tan ambicioso y controlador como la reina de Inglaterra, lo enterrarán siendo presidente de Joyas Miccelatti.
—¡Basta, Charlotte! Llevo años trabajando y aguantando la prepotencia de Cesare para abandonar cuando estoy a punto de lograr todo por lo que he trabajado.
Giana se sentía ahogada de la rabia al escuchar a Ethan. La manera tan despectiva y fría conque hablaba del tema la hizo sentir enferma.
—Solo cuido nuestros intereses, tendrás las manos llenas cuando se destape lo de la mina, ahí está el verdadero dinero. Nuestros amigos los rusos…
Ethan la calló, Giana imaginó que con un beso y con caricias, se sentó en el piso de la habitación, tendría unos minutos para recomponerse, se dedicó a leer los mensajes desesperados de Mia.
Mia: Contéstame, maldita sea, estoy que me presento en la oficina, dime que estás bien.
Giana: Estoy viva, pero con ganas de cometer un asesinato.
M: ¿Por?
G: Ethan y Charlotte, ¿puedes creerlo?
M: Lo creo, de esa rata de alcantarilla lo creo. Dime que no estás detrás de una cortina.
G: Estoy escondida en el cuarto de archivo, ellos están tan ocupados que no creo que entren aquí por algún papel.
M: No puedo encubrirte más, debemos activar las cámaras de ese piso.
G: ¿Debemos?
M: No preguntes.
A esas alturas a Giana no le importaba si Ethan se percataba de su presencia o no, estaba ansiosa por ver la información que tenía el hombre en el computador, recordó la hoja en su pecho, la sacó, pero como estaba a oscuras, no pudo ver gran cosa, solo un nombre: Dylan Barrett y el logo de la mina, pero no se atrevió a encender la lámpara del móvil.
Minutos después, escuchó pasos, la puerta abrirse y posteriormente la habitación quedó en total silencio.
Esperó unos segundos más y pegó el oído a la puerta, no tenía la certeza de que Ethan ya estuviera fuera.
Entró un nuevo mensaje de Mia.
Ya salieron. Apresúrate, me va a dar un infarto.
Giana abandonó la oficina sin percatarse de que la hoja que llevaba en el pecho se le cayó antes de cerrar la puerta.