CAPÍTULO 13 #2
Ambos soltaron la risa. Esa mañana, algo distinto a lo ocurrido en París se paseaba por el ambiente, ambos se sentían en una burbuja de atracción y bienestar de la que ninguno de los dos quería salir, el mundo real estaba a kilómetros de distancia.
Pero, aunque quisieran ignorarlo, ese mundo estaba allí, con sus compromisos y obligaciones.
Giana quería contarle tantas cosas de su trabajo, pedirle consejo, y lo haría, más adelante; y, a su vez, deseaba escucharlo hablar de su labor y de lo ocurrido Sarabi, ya no con sus intenciones de antes, sino para poder entender el por qué la animosidad de Ethan respecto a él y a todo lo que tenía que ver con la mina.
Ella rompió el encanto y fue hasta su maletín, donde dejó la tablet en la que trabajaba minutos atrás. Tomó el móvil y empezó a enviar mensajes.
—Tengo que organizarme —dijo mirando a Mathew, antes de sumergirse de nuevo en la pantalla.
Mathew sintió deseos de ella otra vez, quiso alborotarle el pelo, morderle los labios, levantarle la falda y penetrarla con ganas, no usaría el maldito condón y se vendría tan fuerte en ella, que lo sentiría todo el día.
Se estaba excitando de nuevo de solo pensarlo, apenas habían dormido y ahí estaba él como adolescente cachondo ante un par de tetas.
—Vuelve a la cama y desorganízate de nuevo.
Mathew dedicó toda la mañana a visitar la empresa de Mike Smith y observar de cerca el laboratorio de diamantes.
El hombre, con un discurso exacerbado sobre los métodos abusivos de extracción de las piedras preciosas y la explotación humana y de recursos naturales, trataba de venderle la idea arguyendo su precio más económico sobre el natural, además del impacto en los jóvenes por la reducción del coste medioambiental.
Mathew, a pesar de estar de acuerdo con las premisas de Mike, dudaba de hasta qué punto un cliente estaría dispuesto a comprar un diamante de laboratorio sobre uno natural.
A lo largo de la charla, meditó que, si bien la piedra de laboratorio tenía sus ventajas, sobre todo económicas, habría una clientela exclusiva que nunca se iría por este tipo de piedra, a pesar de tener idénticas propiedades químicas, físicas y ópticas.
Pero sí sería un buen negocio crear una colección aparte, con nuevos diseños enfocados en determinado nicho de mercado.
Lo importante era ganar dinero suficiente.
Equilibrar el balance a favor de la empresa, como repetía Brandon en cada reunión.
Tenía que llegar con una idea ganadora y para eso podría contar con la ayuda de su cuñada Elizabeth.
Después de la reunión volvió al hotel a esperar a Giana.
El resto de la estadía la pasaron en la habitación, ella percibía un cambio en el talante de Mathew, como si después de la noche anterior compartida, un aura posesiva empezara a circundarlo; lo notaba en la manera en que la miraba, en sus gestos y caricias que parecían proclamar “mía”.
No se sintió amenazada, así acabara de salir de una relación con un hombre manipulador y egoísta, era consciente de que debía tomarse su tiempo para erigir, si no sus defensas, por lo menos alguna protección a sus sentimientos, pero Mathew era una tentación demasiado grande para dejarla pasar.
La forma en que le hablaba y la consolaba de esas heridas que llevaba ocultas bajo su armadura y la amabilidad en cada uno de sus gestos hicieron que mandara todas sus precauciones al diablo.
Estaba cansada de ser prudente en todos los estamentos de su vida, en lo laboral, poco le había servido, si lograba lo que más deseaba, y menos aún en su vida amorosa, un jodido chasco de dos años de duración, tiempo perdido que no recuperaría nunca.
La burbuja en la que habían depositado su relación permanecía intacta, lo que no les impedía llevar sus vidas laborales con decisión y eficacia.
Llamadas a medianoche donde se contaban lo divino y lo humano de su infancia y adolescencia.
Aun así, Giana notaba que él se negaba a hablarle del tema que lo fundía en la melancolía, porque era evidente que, por alguna razón, tenía roto el corazón, aunque hacía todo lo posible por camuflarlo.
El tono de las conversaciones y los mensajes había cambiado, las charlas eran sexis, picantes y con mucha tensión sexual.
—¿Cuándo vienes a Chicago?
—El próximo mes tengo reunión con varias empresas del sector inmobiliario en la ciudad. Mis planes de expansión en tu ciudad son incipientes.
—No tan incipientes, has hecho un poquito de ruido al respecto. —Ella soltó una de sus carcajadas melodiosas—. Espero estar aquí para cuando vengas. Tengo un viaje planeado a Sarabi, aún no tengo fecha exacta.
—¿Cuánto tiempo estarías allí? —Giana se acomodó en la cama con el auricular en el oído, tuvo el impulso de invitarlo el fin de semana a Nueva York, pero no se atrevió, aún vadeaba en las aguas de las inseguridades propias del incipiente romance y no quería apresurar las cosas.
—Semana y media o dos semanas, todo depende de si logro arreglar algunos problemas que tenemos allí.
—Todo saldrá bien —dijo mordiéndose la lengua para no preguntarle de qué problemas hablaba.
Ella, por su parte, había intentado averiguar el papel de Joyas Miccelatti en lo ocurrido, cada vez creía menos que la culpa fuese toda de Joyerías Diamond.
Pero era un tema tratado directamente entre Ethan y su padre, solo había conseguido unos pocos informes que arrojaban los datos pertinentes a toda sociedad.
Una de las chicas de Contabilidad, que salía con el asistente de Ethan, era amiga de Mia, y esta la había reclutado para averiguar algo de la mina, pero hasta el momento la búsqueda no había dado resultados.
—Eso espero, botton blue, de esta visita dependen muchas cosas.