HERMANOS KING CAPÍTULO 10 #2
76%

CAPÍTULO 10 #2

Ella ya iba arrepentida de su arranque, pero el orgullo le impidió dar la vuelta y hacer entrar en razón a su padre.

Se dirigió a la salida mientras Cesare la miraba estupefacto, no esperaba que reaccionara así.

A Giana le temblaba todo el cuerpo y aguantó como pudo las ganas de llorar hasta que estuvo fuera del alcance de Orsini.

Nunca se había sentido tan desdichada en su vida, bueno, eso no era cierto, solo las muertes de su madre y su hermano le ocasionaron ese mismo dolor.

El chofer la esperaba fuera de la mansión.

Soltó un llanto profundo tan pronto estuvo resguardada dentro del auto.

Cesare entró a su oficina al día siguiente como un huracán.

—Nicoletta, dile a Ethan que lo necesito urgente en mi oficina. —La mujer, entrada en años, caminó veloz hacia la puerta a cumplir su cometido—. Ah —dijo antes de perderla de vista—, ¿sabes si Giana vino a trabajar?

La mujer le dijo que no lo sabía, pero que lo averiguaría.

Ethan apareció en la oficina de Cesare en menos de cinco minutos. El empresario revisaba unos papeles dispuestos para su firma.

—¿Qué es esa idiotez de que mi hija terminó su relación contigo? —fue el saludo de Cesare, que le habló sin dejar de firmar.

Ethan lo miró sorprendido.

—No sé de qué estás hablando.

—¿Has hablado con Giana?

—No hemos tenido tiempo de reunirnos, anoche estaba contigo.

Cesare levantó la mirada de los documentos y quedó mirándolo como si fuera un niño estúpido al que había que reprender, gesto que Ethan detestaba y que con gusto hubiera borrado de una trompada.

—Pues estás haciendo las cosas mal, en vez de un compromiso, Giana quiere terminar la relación, es más, ya da por hecho que ustedes dos no están juntos.

Ethan enrojeció, hervía de ira por dentro, pero por estar delante de Cesare, controló lo mejor que pudo su temperamento, al fin y al cabo, Giana era su hija.

—¿Te lo dijo ella? —preguntó entre dientes.

Cesare se rio con sarcasmo y se inclinó hacia él, mirándolo como quien aguza la vista.

—Quién si no.

—No he hablado con ella.

—Pues arréglalo. —Cesare volvió a sus papeles y, como si recordara algo, dijo—: Y no me tomes por tonto, si he confiado en ti, es porque me has dado muestras de tu lealtad, pero eso no te da derecho a sabotear el trabajo de Giana.

Ella es mi hija, no hagas que me arrepienta de haber puesto mi empresa en tus manos.

El hombre miró al viejo con semblante confundido.

—No sé a qué te refieres —farfulló.

—Hoy estás algo disperso, es mejor que te ubiques antes de que cometas más olvidos y, respecto a eso, me refiero a la documentación de los equipos que Giana cotizó en París, y tampoco me has enviado el presupuesto de la publicidad que se gastará en la expansión. ¿Lo olvidaste?

Ethan se envaró enseguida.

—El presupuesto de los equipos está en tu correo, tuve que hacer unas cuantas averiguaciones antes de darle vía libre, en cuanto al presupuesto de publicidad, pensé que me reuniría primero con Giana.

—Son excusas, no trates de enlodar el trabajo de mi hija. El que yo crea que tú debas ocupar mi cargo no te da derecho a menospreciar su labor.

—Te pido disculpas —se transó Ethan alisándose la corbata, gesto que denotaba que estaba nervioso—, me reuniré con ella enseguida.

—Giana renunció anoche al decirle que tú serías mi sucesor.

Ethan se dijo que era lo mejor. Lejos, Giana sería un obstáculo menos. Pero presentía que Cesare no pensaba igual y no se equivocó.

—Lo siento mucho.

—Si no te comprometes con mi hija, no puedo darte la presidencia. Puedes aspirar a la presidencia de mi empresa porque formarás una familia con Giana, si no hay boda, no hay presidencia. Así que arréglalo.

Ethan se despidió de Cesare sin mucho más que decir.

¿Cómo convencer a Giana de aceptar el compromiso?

Lo había mandado a volar sin siquiera decírselo.

Volvió furioso a su oficina, se negó a recibir llamadas y a asistir a una reunión.

Tendría que pensar con cabeza fría sus siguientes movimientos, no podía fallar, Giana había resultado ser una zorra traicionera, pero tendría que arrastrarse ante ella para lograr su objetivo.

Si habló con su padre sobre terminar su relación, era porque estaba segura de su decisión y ni un ramo de rosas, ni un buen polvo, ni siquiera un collar de diamantes arreglarían las cosas, la mujer era testaruda y orgullosa.

Había sido un error el dejarla tanto tiempo libre en Los Ángeles.

Tendría que darle algo que deseara por encima de todo.

Sonrió, le cedería la presidencia con tal de que aceptara casarse con él.

Lo haría paso a paso, no podía precipitarse, hablaría con ella y se mostraría como el novio dolido, pero a la vez comprensivo con sus sentimientos, estaría dispuesto a darle algo de tiempo para que recapacitara su decisión, tanto la de dejarlo a él, como la de dejar la empresa, antes de la reunión de junta, después de darle un periodo prudencial, se acercaría de nuevo a ella y le haría la propuesta.

Aceptaría, no la imaginaba lejos de las joyerías, lejos de la expansión, después de casados y luego de un tiempo prudencial, él accedería a la presidencia y tomaría control de la empresa y de su descarriada esposa.

Silbó mientras salía de la oficina rumbo a la casa de Giana, luego de saber por Mia que no se había presentado a trabajar.