HERMANOS KING CAPÍTULO 36 #2
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CAPÍTULO 36 #2

—¡No digas eso! Tú estás por encima de las joyerías. Hermosa, míralo como una oportunidad, podremos hacer realidad la línea de negocio en la que trabajaste antes del secuestro. Crearemos nuestra propia marca.

—¡No! Así no, no es la manera. Tu lugar está en Joyerías Diamond. Hablaré con Brandon. —Se limpió el rostro, estaba harta de llorar.

Alguien tocó la puerta. Nathan abrió enseguida, Brandon entró acompañado de Mathew y Eva.

—Queremos que vuelvan a Joyerías Diamond —dijo, categórico, tomando asiento tras el escritorio.

Eva se apoyó en una esquina de la mesa y Mathew en la otra.

—¿En calidad de qué? —Nathan metió las manos en los bolsillos—. No voy a ser empleado.

—No seas tonto —expresó Mathew.

—Nunca te lo pediría, digamos que en los papeles que te apresuraste a firmar el día que mandaste todo al diablo, Mathew y yo pusimos una cláusula: te devolveríamos tu posición en las joyerías tan pronto se solucionara todo, pusimos un plazo de sesenta días como requisito, y no ha pasado ni un mes.

Lo del dinero lo arreglaremos de alguna forma.

La junta de accionistas es en diciembre, no se enterarán de lo ocurrido.

Te necesito en la empresa, hermano, eres un bien valioso para las joyerías y yo no puedo prescindir de tus capacidades. Reemplazarte sería imposible.

Nathan agachó la mirada, siempre pensó que su hermano mayor no lo valoraba, siempre sintió que necesitaba ser como él para validarse como profesional y, por qué no, a veces como persona. El listón de Brandon era muy alto y ahora resultaba que su percepción había sido errónea.

—¿Me estás besando el trasero? —preguntó con guasa.

—Sí —contestó Brandon, serio.

—¿Elizabeth retornará a su trabajo? —inquirió Nathan observando el más mínimo gesto de Brandon. Si lo incomodaba la propuesta de alguna forma, lo mandaría todo al diablo e iniciaría su camino en solitario. Pero el rostro de su hermano era inescrutable.

—Nathan, no es necesario —interrumpió ella enseguida—, yo puedo buscar trabajo en otra parte o ser independiente. Esto se trata de ti, yo no soy indispensable en la empresa en este momento.

—En eso te equivocas —intervino Mathew—. Tus diseños han sido los mejores creados en mucho tiempo y las expectativas de la nueva colección están puestas en ti y en tu talento.

—Además —volvió a la carga Brandon—, hay cierta colección por ahí que está haciendo mucho ruido y necesitamos a la creadora. Sería un tonto si te dejo marchar. Si los dejo marchar.

Nathan soltó una carcajada.

—Estoy dentro, quiero a Verónica de nuevo conmigo.

Mathew resopló.

—Ya estaba acomodada con Emily.

—Lo dudo.

Nathan se acercó a Elizabeth y acarició su rostro, donde la incertidumbre se paseaba con el agradecimiento y el amor.

—¿Qué dices, hermosa? ¿Volverás a las joyerías? —Su voz sonaba emocionada—. Eres absolutamente perfecta para el trabajo, la compañía te necesita y yo también. Te triplicaremos el sueldo.

—¡Eh! —soltó Brandon—. No te pases.

Todo cayó en su lugar y Elizabeth supo que ya nunca caminaría sola, que pertenecía a algo, que hacía parte de una familia. Se sintió abrumada. Por un largo tiempo había recorrido un camino difuso y sinuoso, pero había llegado por fin a su hogar.

—No deberías ofrecer triplicar el salario de un empleado al comienzo de la negociación. Será muy fácil aprovecharse de ti —expresó ella en tono suave y conmovido.

—Puedes aprovecharte de mí lo que quieras —replicó él bromeando un poco.

Dios, este era el hombre que había ido a rescatarla del mal.

Estudió su rostro anguloso, el brillo de su mirada y no tuvo dudas de que su primera apreciación de él había sido la acertada.

Estaba ante un hombre poderoso que siempre lograría lo que se propusiera.

No era un niño rico mimado, era un luchador y se sintió orgullosa de pertenecerle.

—Tendré que aceptar el trabajo, no puedes ir por ahí regalando el dinero —dirigió su mirada a los hermanos y a Eva—. Gracias por esta oportunidad que me brindan, no creí que mi omisión fuera a ocasionar tantos problemas.

Mathew se acercó.

—No tienes que darnos explicaciones, eres una King. Bienvenida a la familia.

—Gracias a todos. No los defraudaré.

—Bien, entonces todo solucionado —dijo Brandon—. Ahora Eva y yo tenemos una noticia que darles: vamos a ser papás.

—¡Felicitaciones! —exclamó Nathan abrazando a Brandon.

Mathew también felicitó a la pareja. Elizabeth se acercó, felicitó a Brandon y luego abrazó a Eva.

—¡Por esa razón no compartiste una copa de vino conmigo en la cocina! —dijo Elizabeth, tocando el vientre de su concuñada—. Estoy muy feliz por ustedes.

Eva estaba radiante, su cutis resplandecía y Brandon mostraba una expresión entre asustado y feliz, sus hermanos lo incordiaron un buen rato.

—Ojalá se parezca a la madre o a los tíos —dijo Nathan.

—Será igual a su padre —terció Eva.

—Vamos a comer, la cena se enfría —suplicó Brandon—. Y yo me muero de hambre.

—Vayan ustedes —dijo Nathan aferrado a Elizabeth—, ya los alcanzamos. —Cuando se quedaron solos, Nathan se perdió en la mirada de su esposa—. ¿Entonces? —inquirió.

La abrazó fuertemente contra su cuerpo, inhalando su aroma.

Quería el caos, los problemas, las peleas, la diversión, y también la oportunidad de seguir siempre a su corazón, y ese órgano no estaba con él, estaba en los ojos y el alma de la valiente chica que había desafiado un mundo turbio y violento por la esperanza de una nueva vida. La notó vulnerable y conmovida.

—Te necesito —expresó ella—, no soportaría de nuevo el calvario de respirar sin ti.

—Lo sé, porque yo tampoco podría —manifestó, él solemne—. Entonces, te prometo que por más duras que se pongan las cosas, no me marcharé, te amaré en cada una de tus sonrisas, tus palabras y espero siempre estar ahí cuando viertas cada una de tus lágrimas. Aunque suene cursi…

—Me gusta lo cursi y más si viene en este paquete tan atractivo. —Soltó un suspiro, le puso la mano en el cuello y lo acercó para besarlo—. Te amo.

—Y yo a ti.

—¿Cuándo acabarán las tormentas? —preguntó, al notar que un rayo iluminaba la estancia y un trueno se escuchaba a lo lejos.

Nathan negó con la cabeza.

—Nunca, hermosa, el secreto está en estar bien acompañado mientras pasa el chubasco, y cuando el mundo se desplome alrededor, tendremos la certeza de que estamos aferrados a algo bueno.

Elizabeth meditó que su esposo tenía razón, después de la tempestad venía siempre la calma, solo las personas capaces de viajar al fondo de sus más profundos miedos pueden emerger libres del dolor y volver con el alma repleta de amor.

Tomó la mano que Nathan le brindaba y ajustó sus pasos. Iría con él hasta el fin del mundo.