HERMANOS KING CAPÍTULO 31 #2
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CAPÍTULO 31 #2

Los movimientos fueron haciéndose más urgentes, como si Nathan quisiera que ella lo recibiera más profundo.

Dios, la tocó por todas partes como si no tuviera suficiente.

Era una sensación tan física y a la vez tan intensa, que su mente se vació de pensamientos, estaba tan mojada que podía escuchar los sonidos de sus sexos al chocar, ya estaba a punto cuando, con la palma de la mano, friccionó el punto de su sexo que la volvía loca y soltó un grito cuando empezaron las intensas contracciones, él incrementó sus movimientos manteniéndola en vilo, arreciando el placer rayano al dolor.

Su mundo colisionó, al tiempo que Nathan, con un gruñido áspero, se corría con fiereza dentro de ella.

Cuando se normalizaron las respiraciones se separaron, Elizabeth se enderezó y se apresuró a subirse la licra y los interiores antes de darse la vuelta y Nathan se subió la cremallera de los pantalones sin mirarla, como si de pronto estuviera arrepentido de haberse dejado llevar de la manera en que lo había hecho.

—Olvídate de exponerte a Marcos o a tu padre, yo lo arreglaré. Llamaré a Mark, el jefe de seguridad…

—Sé muy bien quien es Mark —dijo ella, seria.

Él se negaba a mirarla, quiso zarandearlo, hacerlo reaccionar y a la vez besarlo como loca.

—Él me ayudará, buscaré contactos para salir del país, encontraremos la forma de conseguir papeles para ti.

Elizabeth negó con la cabeza varias veces.

—¿Qué pasa? ¿En qué no estás de acuerdo? —preguntó él impaciente.

—No te voy a someter a esto, no quiero que intervengas. Te amo demasiado para exponerte más.

Nathan se tensó de nuevo y la miró como si hubiera recibido un golpe.

—Elizabeth, te lo advierto, no me provoques.

—No lo estoy haciendo, simplemente ya es decisión tomada —observó, cauta, la índole de Nathan. Qué lejos quedaba del hombre despreocupado y buena vida de semanas atrás.

Nathan se acercó a ella y exclamó en su cara.

—¡Una mierda! No es decisión tomada —gritó Nathan.

—¡No me levantes la voz! —lo enfrentó ella sin cambiar el tono.

Nathan, agitado, caminó unos pasos.

—¡Eres una inconsciente! Te mereces unas buenas nalgadas por terca —exclamó y apretó el puño de una mano en la palma de la otra.

—Pasaré por alto tu comentario, producto de la tensión a la que hemos estado sometidos, pero quiero que sepas que no te tengo miedo.

Nathan soltó una risa carente de humor.

—Yo a ti, en cambio, te tengo pavor.

Nathan se acercó de nuevo a ella, la tensión en su rostro era evidente. Elizabeth lo vio tan hermoso, tan lleno de vida, y se dijo que él no merecía el infierno que le estaba haciendo pasar. Ella tenía suficiente con su sufrimiento.

—Es la única manera de dejar todo esto atrás, estoy cansada de huir, a lo mejor esta es la oportunidad que me brinda la vida de por fin hacer lo correcto, pero si no vas a apoyarme en esto, es mejor que vuelvas a Chicago, Nathan. Algún día te pagaré todo esto que haces por mí.

Nathan la miró resentido.

—¡Te sacaré de aquí así me toque amarrarte! Tengo los medios para hacerlo, al fin y al cabo, yo sostengo la bolsa del dinero y pago los honorarios de los hombres que están en la casa.

Elizabeth se alejó de él.

—Has lo que quieras, pero recuerda que siempre hay un camino de regreso.

Nathan cerró los ojos sin poder creer lo que escuchaba. Si no lo mataban los narcos, Elizabeth, con su cabezonería, iba a acabar con él.

—¡Maldita sea! —bramó. Se acercó, la aferró de los brazos y la zarandeó—. ¿Por qué diablos no me escuchas, así sea una vez en la vida? —La soltó.

—Libre albedrío —dijo ella sin perder los estribos.

Nathan asintió, se alejó y se llevó las manos al cabello. La mirada que le destinó era dura, fija y feroz. El amplio pecho subía y bajaba con rapidez.

—Está bien, pero tú y yo hemos terminado, tan pronto se solucione todo, cada uno seguirá su camino —concluyó con determinación.

La vio palidecer.

—Nathan…

—Es decisión tomada. —Volvió por el camino de piedra hasta la casa.

En horas de la tarde, Leandro y su grupo idearon un plan.

Iván había salido por ayuda, porque necesitaban más hombres.

Al día siguiente se trasladarían de vivienda y dejarían un camino de pistas que, tarde o temprano, atraería a Marcos, ya que Orjuela, según informes que habían recabado, se acercaba hasta donde ellos estaban.

Nathan tuvo una reunión a puerta cerrada con Leandro, quería comunicarle una idea que lo había estado rondado todo el rato.

—Mi mujer no va a ser carne de cañón solo porque a ustedes les quedó grande el trabajo —soltó, tan pronto cerró la puerta de la habitación.

El hombre obvió el comentario y rompió el silencio cruzando los brazos y yendo directamente al grano.

—En esto tenemos experiencia, sabemos que el plan puede funcionar.

—Sin ella —contestó enseguida Nathan con ojos como dardos—. No estoy dispuesto a que jueguen a Rambo con Elizabeth a la saga, eso no es negociable, así los haya convencido de que es la jodida Mujer Maravilla.

—¿Qué diablos quiere, King? Porque me tiene harto. Usted nos paga, pero el que maneja la misión soy yo.

Nathan respiró profundo, no podía seguir portándose como niño malcriado, solo porque ellos no hacían lo que él decía.

—Leandro, yo entiendo muy bien cuál es la importancia de lo que estamos haciendo, pero necesito a Elizabeth fuera de esto, podemos poner un cebo falso.

Hacerle creer al par de narcos que ella está con ustedes, cuando en realidad nosotros estaremos en otra parte.

Se puede regar información, es más, podemos acompañarlos un trayecto, después nos separaremos, con alguno de sus hombres, tomaremos otro rumbo. Necesito pactar una reunión con la DEA.

—A su mujer no le va a gustar nada lo que va a hacer. —Leandro fijó la mirada en el empresario, tenía que reconocer que el cabrón era temerario y con más pelotas de lo que creyó en un momento. Sopesó la idea, nada que él y su equipo no hubieran tenido en cuenta ya.

—¿Está de acuerdo, entonces? —insistió Nathan.

—No me gusta improvisar y desde que usted se unió a esto ha sido una jodida improvisación tras otra. Las cosas no han salido mal, pero no es así como estamos acostumbrados a trabajar, solo le digo que, de aquí en adelante, lo que ocurra será bajo su absoluta responsabilidad.

—Lo asumo —manifestó Nathan, más seguro de lo que en realidad se sentía, ya que cientos de cosas podrían salir mal, pero llegados a ese punto, no había más remedio que enfrentar todo lo que vendría en adelante.

Leandro salió de la habitación dejándolo sumido en pensamientos oscuros.