CAPÍTULO 13 #2
—Brandon me lo corroboró. —Nathan tamborileaba con los dedos el brazo del sillón.
—Esta familia se va a ir al diablo. Brandon enamorado de esa chica sin clase ni alcurnia, y espero que tú no sigas sus pasos, ¿o ya la diseñadora te tiene en un puño? No me extraña que termines casado con una cualquiera, tus gustos en cuanto mujeres son deplorables, iguales que los de tu hermano.
—No he venido a discutir eso contigo. ¿Cómo ibas a permitir que Brandon se casara con Cassandra sabiendo lo que era?
—No me vengas con esas. No entiendes absolutamente nada.
—¡Basta, madre! —interrumpió levantando el tono de voz, la inflexión con que pronunció el par de palabras enmudeció enseguida a la mujer—.
Has castigado a gente inocente ¿cómo has podido?
A mis hermanos y a mí nos importa una mierda si las mujeres de las que nos enamoramos son millonarias o no tienen un céntimo.
Gracias a Dios somos diferentes a ti, que no ves más allá del apellido, el dinero o el estatus social.
Anne empezó a caminar por la habitación.
—Tú no tienes idea de lo que es crecer en una sociedad opulenta y que tu familia no tenga un céntimo.
Toda la vida has hecho y tenido lo que has querido y no te veo haciéndole espavientos a tus privilegios, pues quiero que sepas que, si no fuera por mí, tu padre habría dilapidado su fortuna igual que el mío.
—¡Eso no justifica tu falta de moral! Hay gente sin dinero más digna que tú, lo que pasa es que nuestro sistema de valores ha hecho ver la pobreza como algo malo, pero no lo es.
Anne soltó otra risa sarcástica.
—Lo dice el hombre que anda en coches lujosos y que nunca tuvo a los acreedores a su puerta.
—No me voy a sentir culpable por haber nacido con dinero y oportunidades, pero tampoco voy a pasar por encima de las personas para conservar o incrementar mi patrimonio.
Nunca lo haría, creo en el trabajo duro, he trabajado mucho y me he ganado cada céntimo, pero tampoco voy a renegar de mi herencia que, por tus actuaciones, mis hermanos y yo tendremos que sacar de la letrina plagada de mierda en la que nada.
—¡Cuida tus palabras, jovencito! ¡Aún soy tu madre!
—Aunque no lo creas, Brandon se preocupa por nosotros ¡Por ti! Si por él fuera, yo nunca me habría enterado de tus maquinaciones, pero ya ves, madre, el sol no se tapa con un dedo, tarde o temprano todo se sabe.
Anne lo miró con gesto derrotado.
—Necesito arreglar las cosas, sé que me equivoqué —dijo sin sostenerle la mirada—. No quiero imaginarme la reacción de Mathew.
Nathan soltó una risa amarga.
—Tendrás que hacerlo mejor, madre. No te lo crees ni tú misma, y por Mathew no te preocupes —una mirada de esperanza brilló en los ojos de Anne—, ya lo sabe, pero él es el más misericordioso de los tres.
—Perdóname, hijo.
—Perdónate a ti misma, madre, primero a ti. —dijo Nathan y se levantó de la silla.
Nathan volvió a su presente y con paso ágil caminó hasta la limosina de su madre.
La mujer estaba arreglada con elegancia, como si fuera a ocupar el espacio que le correspondía en la iglesia.
El joven saludó al chofer y subió al vehículo.
Era difícil para él enfrentar la situación con firmeza.
Era su madre, a pesar de los pesares, pero en esos momentos, su lealtad estaba con su hermano. Así que, con gesto adusto, la enfrentó.
—No eres bienvenida, lo siento, pero no les harás pasar un mal rato a mi hermano y a su prometida.
La mujer lo miró derrotada.
—Debería estar con mi hijo en su día más importante —insistió.
Nathan la observó con impaciencia.
—Madre, ellos perdieron cinco años por tu culpa. Brandon ni siquiera pudo conocer a Sara, su hija, eso es algo que difícilmente te perdonará.
Anne se acurrucó como si Nathan le hubiera dado un golpe. Lo miró con lágrimas contenidas.
—Parker me dejó.
A Nathan no le sorprendió la noticia. Parker Winthrop no había sido el mejor padre para ellos, pero era un tipo decente, no entendía cómo se había equivocado tanto en la educación de esa rata de alcantarilla que era Ryan, si todos ellos habían crecido con las mismas oportunidades.
—Seamos honestos, estoy segura de que lo llevaste al límite y lo hiciste escoger entre Ryan y tú, ¿me equivoco?
La mujer afirmó con la cabeza. Sacó un pañuelo del diminuto bolso y se limpió los ojos y la nariz.
—Me siento muy sola.
El niño que habitaba el alma de Nathan quiso acurrucarse a su lado y prometerle que nunca estaría sola, pero no serviría de nada.
Había escuchado de algún escritor —¿tal vez Pablo Neruda?
— que una persona era libre para hacer sus elecciones, pero era prisionera de sus consecuencias. La observó por unos segundos.
—Lo siento mucho, madre, de verdad. —Le aferró la mano, transmitiendo algo de consuelo, y la mujer enseguida se resquebrajó en llanto. La dejó desahogarse un rato y le habló en un susurro—. Sabes que no puedes entrar a la iglesia, ¿verdad?
La mujer hizo un gesto afirmativo con la cabeza.
—Es mejor que vayas a casa y descanses.
—Mammy no quiere verme.
—Déjame solucionar eso a mí. —La mujer alzó la mirada con gesto esperanzado. Nathan levantó un dedo en señal de advertencia, como si ella fuera la niña y él el padre—. No te prometo nada, pero te ayudaré para tratar de arreglar las cosas, harás lo que te diga.
—Lo haré, haré lo que sea.
—Bien.
Bajó del auto luego de despedirse, no tenía idea de lo que iba a hacer, ni de por qué había prometido algo tan quijotesco, pero no le gustaba el estado en el que Anne se encontraba.
Entró a la iglesia. Brandon miraba ceñudo hacia la puerta, él caminó por la entrada lateral, saludó a la señorita Selma —que estaba ataviada con un traje elegante e iba acompañada de una enfermera— y ella lo saludó cariñosa, pero su rostro se desvió de nuevo hacia Brandon, como una madre orgullosa.
Nathan rodó los ojos y se colocó al lado de su hermano.
—Por fin apareces —dijo Mathew.
—No vayan a empezar —protestó Brandon, nervioso, arreglándose el corbatín.
Nathan le palmeó el hombro.
—La chica es inteligente, a lo mejor lo pensó detenidamente, no podría culparla si te dejara plantado.
Había visto afuera el auto en el que llegaba la novia, que en segundos entraría a la iglesia en compañía de su padre.
—No digas estupideces —murmuró Brandon entre dientes, la frente perlada en sudor.
La charla fue interrumpida por los acordes de una melodía, seguidos de la voz de Elvis Costello, traído exclusivamente desde el Reino Unido para la ceremonia.
—Te lo tenías bien guardado —murmuró Mathew, mirando sorprendido al cantante.
Brandon ya no les prestaba atención, la presencia del cantante era una sorpresa para Eva y en lo único de los preparativos de la celebración en lo que él había intervenido.
SheMay be the face I can't forgetA trace of pleasure I regret
La cara de Eva iba del cantante a Brandon y la expresión de su rostro no tenía precio. Nathan se percató de que ella desaceleró el paso con una sonrisa brillante y la mano en el corazón, dispuesta a saborear el regalo del hombre al que amaba más que a su vida.
En cuanto Nathan elevó la mirada más allá de Eva, sus ojos tropezaron con Elizabeth, que era parte del séquito de damas de honor. Las chicas llevaban vestidos largos color verde esmeralda, pero desde el momento en que se materializó ante él, Nathan ya no tuvo ojos para nadie más.
SheMay be the beauty or the beastMay be the famine or the feastMay turn each day into heaven or a hell
La letra de la canción She parecía un claro mensaje de lo que la mujer le inspiraba, la seda verde del traje bailaba a cada paso que ella daba.
No entendía mucho de vestidos, era un traje sin mangas, de cuello redondo, con un cinto de raso a la cintura y luego una caída de tela suave sobre su trasero y caderas, pero sus movimientos lo cautivaron y permaneció sin aliento contemplándola.
Por segundos se sintió azorado, tuvo el impulso loco de abrazarla y sentir cómo se derretía entre sus brazos.
La sensación lo asustó y lo hechizó a un tiempo, y supo que esa semana alejados había sido una pérdida de tiempo y que se dedicaría de nuevo a cortejarla hasta ganarse un espacio, no solo en su cama, sino también en su alma.
Como pudo se concentró cuando la novia llegó hasta el altar y se dio inicio a la ceremonia.