HERMANOS KING CAPÍTULO 9 #3
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CAPÍTULO 9 #3

—¡Gracias, Dios! Pensé que era el único en esto, me alegra saber que no es así. Hermosa…

—No me digas hermosa, me imagino que así las llamas a todas.

Nathan no pudo evitar sentirse complacido por sus reclamos. La tomó del brazo y con firmeza caminó hasta la oficina de ella, que era la más cercana, para tener un poco de privacidad. Se negaba a tener esa conversación en el pasillo, donde cualquiera podría escucharlos.

Al entrar, un par de pasantes que dibujaban en una de las mesas de diseño levantaron la cabeza.

—Tom, Helen, es suficiente por hoy, ya pueden irse —ordenó Elizabeth.

Se soltó de nuevo del brazo de Nathan y caminó hasta la puerta de su oficina, la abrió y lo invitó a seguir con un gesto de la mano algo exagerado y luego cerró con un poco de brusquedad. Ella llevaría el mando o dejaría de llamarse Elizabeth. Nathan apenas sonreía ante la actitud de la joven.

—Eres la única a la que llamo así y todo lo que has leído son mentiras de la prensa, no he estado a más de un metro tanto de la una como de la otra.

—No tienes por qué darme explicaciones.

Nathan encogió los hombros.

—Tengo que hacerlo, ya que obviamente te molesta que me relacionen con otras mujeres.

—Fue un lapsus —interrumpió enseguida Elizabeth, soltando el bolso en una de las sillas—, no me lo tengas en cuenta, demasiado trabajo, baja de azúcar, yo que sé.

Nathan se acercó a ella, que se había posicionado a un lado del escritorio y la arrinconó con ambos brazos. Su presencia y su olor la ablandaron enseguida.

—No, hermosa, no te vas a salir por la tangente.

Ella se zafó como pudo antes de empezar a ronronear como gata, pegada a él.

La cercanía de Nathan la descolocaba por instantes, en un momento quería alejarlo al otro extremo de la oficina, ¡qué va!

, al otro extremo de la ciudad, o del mundo, y al siguiente deseaba besarlo hasta dejarlo aturdido y sin aliento.

Se estaba portando como una tonta, ni de adolescente había llegado a sentirse así.

—Tienes a tu disposición a toda la población femenina que quieras, a mí, déjame en paz.

Él se alejó de ella y miró por la ventana.

—No contestaste mi pregunta.

—No tengo por qué hacerlo.

La conversación no los llevaría a ninguna parte, solo de imaginar al tipo tocándola… No, no iría por ahí, se dijo, mejor cambiaría el tema, inspiró profundo y fue a sentarse en la silla en frente del escritorio, Elizabeth se quedó de pie con los brazos cruzados.

—No tienes por qué sentirte amenazada. —Ella enseguida descruzó los brazos.

—Tú y tu psicoanálisis.

Nathan sonrió.

—Hermosa, aunque no lo creas, quería hablar contigo de algo.

—Te escucho.

—Quiero hacerle un homenaje a mi madre por sus treinta años de labor en las joyerías, deseo que sea una sorpresa de mi parte, ya que las cosas con Brandon y ella no están nada bien, y a lo mejor logro arreglarlo.

Todo el enojo de Elizabeth hizo erupción, los celos, el que él hubiera intervenido en su salida con Patrick, las insinuaciones, lo que le estaba costando resistirse a él, y contestó sin pensar.

—¿Me estás jodiendo?

Nathan la miró confuso.

—Sí quieres, estoy más que dispuesto…

Ella lo miraba furiosa.

—¿Tomas algo en serio alguna vez?

—Lo hago mucho más de lo que piensas —dijo, con gesto especulativo.

—No entiendo cómo puedes pedirme algo así…

De nuevo la miró sin entender.

—Soy muy inteligente, pero en esto no te sigo.

—No soy la persona a la que debes recurrir si quieres diseñar algo para tu madre.

Nathan se envaró.

—¿Por qué? Soy el jodido dueño y si te pido que hagas algo, lo haces.

—¡No lo haré! ¡Por culpa de tu madre, mi vida se convirtió en un infierno!

El rostro de Nathan se descompuso.

—¡Cuidado con lo que dices! No tienes ningún derecho…

—¡Tengo todo el derecho! ¡Por su culpa me quedé sin trabajo y tu hermano me echó como a un maldito perro!

Tu querida madre me hizo colocar en la lista negra de diseñadores de todo el país y se me cerraron las puertas en otras empresas —el tono de voz de Elizabeth temblaba—, pero lo más horrible que me pudo pasar fue que ella se alió con Cassandra para robarme mi trabajo —se señaló el pecho con el dedo—, y me robaron el diseño del nuevo logo de las joyerías.

Ese logo, el que exhibes en los laterales de tu yate, ¡lo hice yo! , y tu madre me lo robó.

—¡No permito que hables así de mi madre!

—Nathan, sin poder creer lo que escuchaba, se levantó y dio una fuerte palmada a la superficie del escritorio.

Le habló en un tono de voz helado, un tono que ella no le conocía y que le ocasionó un escalofrío en la columna vertebral—.

¡Ella no haría tal cosa! Estás equivocada, por lo que sé, fueron Ryan y Cassandra los artífices de todo.

No tienes ningún derecho a hablar así de mi madre…

Los empleados le tenían temor a Brandon, a Nathan no, pero la manera en que la miraba y su tono de voz le pusieron los pelos de punta. Los hermanos eran muy parecidos, sin embargo, no se dejó amilanar.

—¿Por qué crees que tu hermano se alejó de ella? Lo que les hizo a Brandon y a Eva solo puede crearlo una mente malévola y encontró en Ryan el cómplice perfecto para separarlos. Tuve que atravesar muchas dificultades, pero qué diablos vas a saber del tema. ¡Tu madre actuó como una víbora!

—¡Basta! ¡Estás despedida!

—Si tengo que irme para quitarte la venda de los ojos, lo haré. Ya sobreviví una vez sin este trabajo, puedo volver a hacerlo. Lo prefiero a rendirle pleitesía a una mujer que acabó con mi reputación y mi trabajo.

Los engranajes del cerebro de Nathan giraban a gran velocidad. Empezaba a entender por qué Brandon no le había vuelto a hablar a su madre, pero como siempre, su hermano mayor deseaba protegerlos a Mathew y a él. Si Elizabeth le estaba diciendo la verdad, sería un duro golpe, sobre todo para él.

Elizabeth se sintió muy mal, al ver la expresión desolada del hombre comprendió que él no tenía idea de los manejos de Anne y quiso tener la facultad de retroceder en el tiempo y tragarse sus palabras, pero el orgullo le impidió brindarle una disculpa.

Nathan se levantó sin decirle nada más y sin querer escuchar ninguna otra acusación, ya había tenido suficiente y tenía que encarar a Brandon.

—Esto no se queda así. Hablaré con mi hermano y si lo que dices es una patraña tuya, te sacaré yo mismo de aquí.

Salió dando un fuerte portazo.