EPÍLOGO
Meses después
Brandon se enderezó en el asiento en cuanto Eva salió del edificio de oficinas y se dirigió al auto.
Disfrutaba mirarla, apreciar su belleza sin que supiera que él la estaba observando.
«Mi mujer», caviló. Ella le robaba el aliento y le ponía color a su vida.
Era hermosa, sexy, de andar elegante, además de brillante y apasionada, ¿qué más podía pedir?
Sonrió en cuanto ella se subió al auto, para luego aferrarla del cabello y tomar su boca en un profundo beso.
—Te extrañé como no tienes idea —dijo Eva.
Él acababa de llegar de California, había estado ausente casi una semana.
—La próxima vez viajas conmigo —sentenció categórico.
—Dijiste que serían solo dos días.
—Una reunión llevó a la otra y en el momento menos pensado, estaba rumbo a San Francisco. —La volvió a besar, finalizó el gesto y sin dejar de mirarla dijo—: Vamos a la sucursal de la avenida Michigan, John.
—Sí, señor —contestó el chofer, alzando el vidrio para darles privacidad.
—¿Tan tarde? —preguntó Eva confusa.
—Le pedí a Thomas y a Stella que nos esperaran, no nos demoraremos, cariño. Hay un asunto que tengo que finiquitar esta misma noche.
Ella empezó a besarlo, ya con la idea de un rapidito, en cuanto él deslizó las manos debajo de su falda, por el contorno de sus muslos.
—Muéstrame cuánto me extrañaste —ordenó con voz enronquecida sin desprender el contacto con sus ojos.
Eva le regaló una mirada oscurecida y abrió las piernas.
—Siéntelo tú mismo.
La miró enamorado, su corazón rebotaba en el pecho.
Allí estaba esa necesidad aplastante de poseer cada milímetro de ella.
En esa mujer hermosa y apasionada había encontrado su igual no solo en el ámbito sexual, sino en todos los ámbitos de su vida.
Se acercó a su oído mordiéndole el lóbulo, lo que hizo que ella temblara a su lado, exhaló suavemente antes de susurrarle íntimamente:
—Diablos, James, si no estuviéramos a un par de cuadras, te demostraba cuanto te extrañé también.
Le arregló la falda. La abrazó, la besó de nuevo por varios segundos, luego apoyó la cabeza de ella en su pecho y le dio un beso en la coronilla.
Los meses anteriores no habían sido fáciles, pero tenían la confianza de que las heridas empezaban a cicatrizar.
Como dos personas que se han amado más allá de todo y vivido lo que ellos vivieron, ya no les era posible volver a ser los mismos.
La conexión que tuvieron en un comienzo había permanecido allí y nadie la pudo reemplazar en los años que estuvieron separados.
En esos meses habían limpiado el camino del amor para que por fin sus almas estuvieran de vuelta, juntas, como siempre debió ser desde el comienzo.
Para lograrlo, atravesaron tramos espinosos, a veces discutían y diseccionaban el pasado, se culpaban para luego reconciliarse y darse cuenta de que estaban destinados a estar juntos.
Brandon vivió la pérdida de su bebé como si hubiera ocurrido el día anterior y es que para él la pena era reciente, a diferencia de Eva, que había tenido tiempo de procesarla.
Una noche, luego de una discusión, mientras ella dormía, Brandon se levantó de la cama, caminó hacia el balcón de su departamento y observó la ciudad, dormida como su pena; observó hacia la nada sin importarle el frío de la madrugada, ya que solo llevaba el pantalón de su pijama.
Eva llegó poco después hasta él y se abrazó a su espalda.
Se habían dicho tantas cosas, habían aflorado tantos reclamos tontos y celos retrospectivos que ellos sabían que debían dejar en el pasado.
Él besó sus manos mientras ella dejaba pequeños besos en su espalda, y se consolaron.
Siempre habría grietas y heridas en el alma que ellos tendrían que aprender a tapizar con amor y perdón para evitar que por algún resquicio se colaran la infelicidad y el resentimiento.
Lo que ahora les importaba era poder vivir de nuevo su amor en plenitud y lo hacían, pues por encima de ellos mismos estaba ese sentimiento inconmensurable.
El auto aparco frente a Joyerías Diamond.
Brandon salió del vehículo y dio la vuelta para abrirle la puerta a Eva, le tendió la mano y ella lo observó con deseo.
¿Algún día se acostumbraría a lo guapo que era?
Le encantaba su actitud arrogante y decidida, su seguridad en todos los ámbitos de la vida.
Brandon llevaba en ese momento una sonrisa que era solo para ella.
Se consideraba una mujer muy afortunada, a pesar de los malos momentos, había iniciado una de las mejores etapas de su vida, enamorada hasta los huesos.
Una sonrisa o un gesto de Brandon tenían la potestad de doblarle las rodillas, de variarle el pulso y la respiración.
Ambos caminaron hacia la joyería, que ya estaba cerrada al público.
Podía sentir la mano de Brandon quemando su espalda baja, tenía tantas ganas de hacerlo suyo y tantas cosas que contarle, como, por ejemplo, su hallazgo de la casa ideal para los dos.
Antes de su viaje habían decidido que no esperarían más, ya había pasado tiempo y querían despertar juntos todas las mañanas.
Cierto que lo hacían con frecuencia, casi siempre en el departamento de Eva, pues un resquicio de celos afloraba en ella cada vez que iban al de Brandon, y terminaban discutiendo.
Saber que él había compartido ese espacio con Cassandra la ponía de mal humor.
Así que juntos acordaron que querían un lugar en donde empezar a crear recuerdos desde cero, y ella lo había encontrado.
Entraron al local donde Thomas y Stella los esperaban a lado y lado de la puerta.
Las luces tenues hacían brillar las vitrinas donde reposaban toda clase de joyas.
Con una sola mirada de Brandon, el par de empleados desapareció de su vista, la iluminación bajó un poco más, al tiempo que una luz se encendía en una vitrina al frente.
—Ven —dijo Brandon tomándola de la mano y llevándola hasta el círculo de luz.
—Son para la nueva colección —dijo ella mirando los diamantes incrustados delicadamente en cada anillo.
De repente dejó de sentir la cálida mano de él en su espalda y se giró para encontrarlo hincado en una rodilla mientras sostenía un estuche de terciopelo azul abierto, en cuyo interior estaba el más hermoso de los anillos, con un elaborado diseño que acunaba un perfecto diamante, rodeado de otros más pequeños.
—Eva James, desde que te vi entrar al salón de clase, con tu cabello recogido en una trenza gruesa, tus ojos de mirada insondable y un morral que apenas podías cargar, me dije: “Chico, estás atrapado, sí señor”.
Quiero decirte muchas cosas, hacer que este día sea memorable para ti, para que le hables de él a nuestros hijos y nietos; bueno, la parte que les podrás contar, habrá otra que solo quedara entre tú y yo, y por la que estoy impaciente.
—Oh, Brandon… —Los ojos de Eva se llenaron de lágrimas. Al ver a ese hombre tan seguro de sí mismo, así de nervioso, lo amó aún más por ello. Le acarició el rostro, con todo el amor que sentía por él.
—James —dijo con adoración—, ha sido algo escarpado el camino que hemos tenido que recorrer, lo comparo con la elaboración de una fina e intrincada joya, hacer encajar una piedra en algo de metal no es fácil, pero con trabajo y dedicación se logra el resultado, muchas veces diferente a lo que se soñó en sus inicios, pero no menos valioso.
Por eso estoy aquí, postrado ante ti, para pedirte que seas mi esposa.
Cásate conmigo, James, me da igual que seamos diferentes, que pensemos tan distinto en varios temas, eso no me importa.
Quiero amanecer todos los días a tu lado sabiendo que te pertenezco, quiero ver esa mirada cada vez que abra mis ojos, escucharte cantar mientras haces el desayuno por la mañana —sonrió de manera descarada—, quiero enterrar mi cabeza entre tus piernas en lo que me queda de vida y quiero envejecer contigo.
Te ofrezco mi corazón, todo lo que poseo es tuyo, llegaste a mi vida para convertirme en mejor persona, me rescataste del infierno al que iba de cabeza, eres mi jodido milagro, así que te pido que me digas que sí, que aceptes ser mi compañera por el resto de mis días.
—Sí… —Él sonrió con coquetería y exhaló un fuerte suspiro—. ¿Sabes que tendrás que lidiar con manías que ni siquiera conoces? —agregó ella mientras estiraba la mano y Brandon le ponía el anillo con ilusión.
—Estoy seguro de que esas manías me enamorarán más.
Eva soltó una risa nerviosa al ver el anillo en su dedo, como un hecho consumado. No podía estar más feliz y lo ayudó a levantarse, dejando que sus manos se aferraran a las solapas de su chaqueta mientras las de él rodeaban su cintura. Se acercó para un beso, pero ella lo detuvo.
—Estoy impaciente por convertirme en tu esposa.
Te amo y si hablamos de matemáticas, eres la suma de todos mis deseos.
—Sus manos ascendieron hasta enredarse al rededor del cuello de su futuro marido y luego tantear sus labios con un beso provocador.
Brandon sonrió, eran muchas las ocasiones en las que renegaba del pasado, pero si todo lo ocurrido lo llevaba a este preciso momento, en donde su corazón palpitaba al ritmo de su felicidad, con gusto volvería a repetir todo lo vivido—.
Un mes —dijo ella—. No necesito una gran boda, solo te quiero a ti, un mes y seré tu esposa.
—Un mes y seré tu esposo.
—Llévame a casa, futuro esposo —murmuró ella, con la promesa de felicidad en sus ojos, antes de que él besara sus labios con todo el amor y la pasión que desbordaba su corazón.
Salieron de la joyería y le pidieron a John que los llevara al departamento de Eva lo más rápido que pudiera.
Fin