HERMANOS KING CAPÍTULO 37
32%

CAPÍTULO 37

—¿Sara? —la voz de Brandon tembló.

Eva soltó un profundo suspiro.

—Mi terapeuta me dijo una vez: cuando alguien te hace daño es como si te mordiera una serpiente haciendo unas heridas inmensas —dijo con voz rasgada—.

Una vez que te ha dejado de morder, curar una mordedura así puede ser largo y difícil.

A veces la herida parece sanarse, el problema es cuando la serpiente es venenosa y aunque se haya ido, te deja un veneno dentro que impide que la herida se cierre del todo.

—Se quedó en silencio unos momentos—. No sabes todo lo que he luchado por liberarme de la rabia y el rencor, pensé que lo había logrado, pero al enfrentar todo de nuevo, me di cuenta de que las heridas nunca se fueron. Tuvimos una hija.

Las palabras salieron de su boca con dolor, pero liberando una carga que pensó nunca podría soltar.

—¡¿Hija?! ¿Tuvimos?

Brandon sintió como si alguien le hubiera disparado en el pecho o el piso hubiera desaparecido bajo sus pies ¡No!

Las piernas apenas lo sostenían. Trató de normalizar la respiración y los latidos del corazón.

Eliminó los pasos que los separaban y se dejó caer al lado de ella observando el mármol frente a él.

—Tuve un embarazo de alto riesgo, hice todo lo que el médico me recomendó, comí todo lo que indicó, me mediqué como él lo dispuso, dejé de trabajar para que ella estuviera bien y luego una noche…

—El muro que atajaba sus lágrimas se soltó del todo y apenas podía hablar con claridad—.

¡Había tanta sangre en mi ropa, en mi cama!

Y yo quería que ella se quedara conmigo, lo intenté todo.

¡Todo! Papá llamó a una ambulancia, me llevaron al hospital, me operaron de emergencia, tuve una preciosa niñita que tenía el color de tus cabellos.

Brandon era incapaz de reaccionar, paralizado por la angustia, trató de imaginar la escena, Eva, sola, asustada, angustiada. Podía sentirlo a través de su relato y cada palabra era una estocada a su corazón.

—Ella era hermosa, pero muy pequeña, se aferró a la vida como una guerrera, la vi… —Eva giró su rostro y observó a Brandon, al que lágrimas silenciosas le corrían por sus mejillas—, varias veces, tan bonita, tan pequeña. —Su voz se cortó—. Lo siento, lo siento tanto.

Brandon la atrajo a sus brazos sin poder contenerse, dejando que ella llorara en su pecho, que gritara si quería hacerlo mientras cada parte de él se desmoronaba en ese gesto.

—Lo intenté, la quería, quería que ella estuviera aquí, quería decirte, quería… pero no pude Brandon, no pude ayudarla.

—Shhh.

Brandon intentó calmarla, una brizna de esperanza flotaba en el ambiente, tímida, temblorosa, insegura de manifestarse en medio de tantas palabras sin decir, pero allí estaba, y Eva deseaba desesperadamente aferrarse a ella con el mismo ímpetu que intuía en Brandon.

La vida los había llevado a bailar una danza que no entendían, ya era suficiente.

Se soltó de su abrazo limpiando sus lágrimas y llevando las manos de él al mármol.

—Sara —pronunció con voz suave y llorosa.

—Sara —repitió Brandon con él mismo tono de voz, grabando a fuego ese nombre en su corazón—. ¿Qué ocurrió? —La expresión de desolación en la mirada de Eva lo angustió tanto que de pronto no quiso saber.

—Tenía placenta previa, nació prematura, sus pulmones no estaban listos, estuvo cinco días luchando, pero su corazón no resistió y ella se fue.

Las lágrimas volvieron con fuerza. Brandon la abrazó y ella se apoyó en su pecho como quiso hacerlo en esa época. Él acunó su cabeza y la dejó desahogarse. Trató de contenerse por ella, pero no pudo y lloró por la pérdida de la pequeña niña que nunca supo que había existido.

Se quedaron en silencio un buen rato, hasta que Brandon se levantó y la ayudó a levantarse, había muchas más cosas de las que hablar, caviló que lo harían en su departamento.

Al llegar a la salida del cementerio, le pidió a Mark que enviara a alguien a buscar su auto, no se sentía con ánimo de conducir.

El hombre abrió la puerta del auto y Brandon le cedió el paso a Eva y luego se montó él.

No hablaron durante el recorrido hasta su casa.

Ella se recostó en su hombro y él se apresuró a consolarla.

Tenía tantas cosas que reparar, el daño era inmenso, no sabía cómo encajar este nuevo golpe.

Su bebé… Sintió rabia, a lo mejor si él hubiera estado enterado, sus recursos hubieran ayudado de alguna forma, con su dinero hubiera traído a los mejores especialistas del país, Sara hubiera tenido una oportunidad.

La brecha en el pecho apenas lo dejaba respirar.

No sabía cómo ser fuerte en ese momento, en el que lo único que deseaba era aullar de dolor.

Al llegar al departamento, mientras Eva se sentaba en el sofá, Brandon le brindó un vaso de agua.

Ella sacó su móvil de la cartera, tenía mensajes de su madre, su hermana y Dominic.

Brandon le pasó el agua. No sabía cómo borrar la tristeza de su expresión, le conmovía verla así, cuando siempre era tan combativa.

—¿Por qué no me lo dijiste?

Ella bebió un sorbo de agua. Estaba cansada, se sentía de pronto como un globo en una habitación rodeada de alfileres.

—Vine a decírtelo, quería que lo supieras tan pronto me enteré, pero entonces tú y esa mujer se bajaron del auto y me propusiste un trío.

—¡Dios! —Brandon se tapó la cara con ambas manos y negó con la cabeza varias veces, luego se levantó con rabia y caminó como fiera enjaulada—. He sido un cretino, el hijo de puta de la historia.

—No te lo discuto.

Esta era la Eva que conocía.

—Te abandoné cuando más me necesitabas, y tienes todo el derecho de odiarme —le acunó el rostro con las dos manos y agradeció que ella no lo rechazara—, pero necesito que me escuches.

No ha habido un solo día en el que, de manera directa o indirecta, no te llevara en el pensamiento, no sabes cuánto lamento que mi orgullo y mi estupidez nos hayan ocasionado este profundo dolor.

Brandon decidió que no tenía sentido seguir guardándose el resultado de sus pesquisas, lo había hecho no porque siguiera desconfiando de ella, sino por él, reconocer que había sido un total imbécil no lo llenaba de orgullo, su actuar insensato le ocasionaba una profunda vergüenza.

Era un hombre orgulloso que trataba de no equivocarse en su día a día; lo ocurrido dejaba su juicio muy mal parado y no era fácil aceptarlo.

Pero su Eva merecía la verdad y afrontarlo. Carraspeó antes de hablar.

—Hablé con Meyer, ya sé cómo ocurrió todo —dijo en tono de voz rasgado.

—Dime qué averiguaste, por favor. —Eva estaba más calmada, se sentía más ligera después de hablarle a Brandon de su hija.

Él se sentó de nuevo a su lado y le relató todo: la trampa de Ryan en complicidad con Anne, cómo preparó todo para engañarlos. Le partía el alma ver la expresión de tristeza, rabia y decepción paseándose por el rostro de Eva. Le contó lo que había hecho Cassandra, ella abrió los ojos sorprendida.

Eva se levantó como un resorte y se alejó de él, caminó unos pasos sopesando todo lo que Brandon le contaba.

Él anduvo detrás de ella, con ganas de tocarla, de abrazarla, de arrodillarse, de empezar a hacer penitencia de alguna forma, de hacer algo que le diera alivio a lo que sentía en ese momento.

—No tienes idea de cómo me siento en estos momentos —dijo tenso. Se acercó y la envolvió en sus brazos—. Necesito redimirme a tus ojos. Haré lo que quieras, dime qué quieres que haga.

Ella lo miró, sus ojos garzos, que reflejaban toda una cadena de emociones, no le dieron el indulto que él esperaba.

—No te estoy pidiendo nada.

Brandon insistió.

—Tenías razón en todo, fui un imbécil, ellos nos engañaron y no sabes cuánto lo siento. Perdóname, James. Lo siento tanto, no tienes idea.

Unos momentos después, ella manifestó que deseaba irse y Brandon la acompañó hasta el hotel.

—¿Ya tienes departamento? Porque te puedo ayudar a buscar uno. Llevas mucho tiempo en este hotel.

—Lo sé, quiero mis cosas, Janeth me ayudó y mañana firmaré los papeles.

—Lo que necesites solo tienes que decírmelo.

—Brandon…

Él la miró.

—No tienes la culpa de todo, ambos éramos jóvenes, impetuosos y no teníamos mucha experiencia.

—James, agradezco tu gesto —Brandon estacionó frente a la puerta del hotel—, pero no merezco tu indulto, no sé si seas capaz de perdonarme algún día, pero necesito pensar en algo que te alivie la pena. Necesito reparar mis errores de alguna forma y necesito también perdonarme a mí mismo.

—Cada uno es responsable de su propia vida y de su propio dolor.

—Eva —Brandon le aferró la mano, antes de que se bajara del auto—, yo quiero intentarlo, a pesar del infierno que hemos pasado, yo…

—No lo sé, no sé si sea lo más sano, ambos estamos resentidos.

Eva se bajó del auto, Brandon caviló que resentido era poco, tenía el alma en carne viva.

Brandon llegó a la mansión de Lincoln Park alrededor de las siete de la noche. El ama de llaves le comentó que Anne estaba en casa de la señorita Selma. Brandon atravesó la puerta de cristal que daba al jardín que comunicaba la mansión con la vivienda de la anciana.

Anne abrió la puerta y se le iluminó el rostro al ver a Brandon.

—Hola, madre.

Ella le pidió silencio con un dedo en la boca.

—Está alistándose para dormir, la enfermera está con ella. Qué agradable sorpresa —expresó en tono de voz bajo.

A Brandon se le dificultaba pronunciar palabra.

—No me llamaste a darme la buena nueva, felicitaciones por tu compromiso.

Hubiéramos podido hacer una reunión en casa con sus padres, toda la familia ¿qué es eso de proponerte de la manera en que lo hiciste?

—dijo mientras lo invitaba a tomar asiento en uno de los sillones de la sala—.

Cassandra me llamó antes de viajar a darme la buena nueva.

La mujer se acercó y le trató de dar un beso en la mejilla que él rechazó.

—Claro que sí, han hecho un buen equipo todo este tiempo —dijo con notable sarcasmo.