HERMANOS KING CAPÍTULO 36 #2
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CAPÍTULO 36 #2

Enseguida le dio la espalda. Brandon la miró preguntándose si de pronto estaba celosa. Se apoyó en la puerta cerrada y cruzó los brazos.

—Puede continuar como si no estuviera, señorita James —dijo en tono de voz serio y profesional, como si la noche anterior no hubiera existido. El par de profesionales miraba a uno y a otro.

Estaba nerviosa y hermosa. Continuó la charla con los ejecutivos.

El movimiento de sus labios rojos lo sumergía en un estado de inconciencia a todo lo que no fuera ella.

No escuchó ni una palabra de lo que decía, su cabeza estaba en el breve momento compartido.

Quiso repetir, tuvo que hacer un esfuerzo gigante para evitar empalmarse en el momento en que ella se levantó de la mesa de reuniones, se acercó al escritorio y necesitó pasar por su lado.

Una estela de su perfume lo llevó a uno de los momentos vividos la noche anterior y que se repetía como una película sin fin en sus pensamientos.

Pudo observar la curva perfecta de su trasero, arropada en una falda oscura, la blusa de tela suave y el cabello suelto.

En un momento dado ella lo miró y fue consciente del tipo de mirada que Brandon le lanzó, le sonrió burlona y siguió con su disertación.

Eva estaba furibunda, cuando vio la noticia del compromiso de Brandon, quiso tirar el móvil a la basura, había estado imposible con Kim y Edward, el reemplazo de John, que lideraba un nuevo proyecto en otra empresa de la ciudad.

Estaba celosa, debió saber que para Brandon ella no valía gran cosa, tuvieron sexo y al día siguiente aparecía la noticia de su compromiso.

Le había mentido y tenía que reconocer que estaba envidiosa de que otra mujer ocupara su maldito corazón.

Como pudo dio fin a la reunión, los ojos de Brandon la seguían y así no había manera de concentrarse.

Los profesionales se levantaron, se despidieron presurosos y Eva empezó a recoger sus cosas.

Había pensado al despertar en buscarlo y hablarle de una vez sobre Sara, pero estaba tan enojada y dolida con él que sabía que no era el momento. A lo mejor ese momento nunca llegaría.

—¿Qué quieres, Brandon? —preguntó en tono de fastidio.

—Necesito explicarte que la noticia del compromiso…

Ella levantó la cabeza de pronto.

—No tienes por qué explicarme nada, no me interesa tu vida íntima.

Si crees que necesitas justificarte por lo ocurrido anoche, desestímalo, fue solo sexo.

—Metió un par de carpetas dentro su maletín, el ambiente en esa oficina se había vuelto pesado una vez estuvieron solos y lo único que ella quería era correr en dirección al cementerio y conversar con su bebé.

Brandon ni siquiera tuvo en consideración su comentario, él había estado allí y visto la lucha de Eva por entregarse a él, que se dejara de majaderías.

—James, escúchame, no sé qué pasó, pero te juro que yo ya no estoy con Cassandra.

Eva golpeó con ambas manos la superficie del escritorio.

—¡A mí no tienes que convencerme de nada! —Sus ojos se encontraron con los de él, determinados a demostrarle que ella no sentía nada, que no dolía—. A la prensa sí o a lo mejor a tu novia, si no le quedó claro.

—Exnovia.

Eva siguió recogiendo papeles que no tenía por qué recoger. Cualquier cosa con tal de mantener su mente ocupada y evitar reclamarle. Su orgullo no se lo permitía.

—Lo que sea, no me importa, Brandon King, ve cásate, o no te cases. —Pausó y luego continúo—. Lo que hagas con tu vida no es asunto mío.

Su voz se escuchó aguda a causa de la ira. En su interior, Eva era una completa contradicción, quería reclamarle, quería salir de ahí, quería pedir explicaciones, pero también quería huir. Brandon la observaba con gesto de suficiencia.

—¿Entonces, si no te importa mi supuesto compromiso, por qué estás tan furiosa?

Eva soltó un resoplido.

—No eres tan importante, señor King —escupió con sorna—. Tengo cosas que hacer y me haces perder el tiempo.

Sabía que, si no se iba en ese momento, cualquier cosa podría suceder y se pondría en evidencia ante él. Pasó por su lado, dispuesta a acabar con la conversación, pero Brandon tomó su brazo y la miró con fiereza.

—Hablemos. ¿Qué es más importante que solucionar esto? —dijo sin dejar de mirarla. Ella se zafó de su agarre y respiró profundamente antes de hablar.

—Cualquier cosa es más importante que este patético intento de tu parte… Sobre todo cuando tengo una cita con alguien que me hace más feliz.

Salió de la oficina caminando apresuradamente hacia el elevador. Brandon la vio salir sin decir una palabra, su mirada la siguió hasta que las puertas se cerraron. Sacó su celular y marcó a Mark, que contestó el teléfono a la primera timbrada.

—Señor King.

—La señorita James va saliendo del edificio, ordena a alguien que la siga… No, hazlo tú e infórmame a dónde va.

Volvió a su oficina e intentó concentrarse en el trabajo, pero todos sus pensamientos lo llevaban a Eva.

Una hora después respiró con fuerza, dándose por vencido.

No podría trabajar hasta que ella no cediera y escuchara lo que él tenía que decirle.

Pasó la mano por el rostro antes de pedir a su secretaria que lo comunicara con Cassandra, pero su exprometida no contestaba el teléfono.

Al rato, en un simple mensaje de texto, Cassandra le comentó que antes de salir del país había hablado con la periodista sobre el compromiso.

Brandon le respondió de manera escueta que lo arreglara.

En ese momento le entró una llamada de Mark.

—Señor King

—¿Dónde está?

—En un cementerio a las afueras de Evanston.

—¿Un cementerio? ¿Qué demonios hace Eva ahí?

—No lo sé, señor, pero lleva cerca de diez minutos sentada frente a una lápida. Puedo verla desde donde estoy ubicado. ¿Quiere que haga algo?

—No, mándame la ubicación y espera hasta que yo llegue, saldré enseguida.

Brandon condujo hasta la ubicación que Mark le había enviado, sabía que había pasado el límite de velocidad y también había cometido más de una infracción, en su cabeza solo podía pensar en las últimas palabras de Eva y en por qué ella estaría en un cementerio.

Hizo rápidamente un recuento de su familia, no había muerto nadie en los años en que estuvieron separados.

Dejó de pensar en cuanto vio el auto de Mark, se detuvo y bajó del suyo.

Caminó hasta su hombre de seguridad, no había terminado de llegar cuando este señaló a Eva a la distancia.

—No se ha movido de ahí desde que llegó.

—Espérame aquí. —Se dirigió al chofer del auto que había destinado a Eva—. John, puedes irte, yo llevaré a la señorita James a casa.

Caminó lento hasta la entrada del cementerio y luego dirigió sus pasos hacia donde ella estaba, pudo notar que el lugar estaba rodeado de lápidas con figuras de ángeles y sobre estas había pequeños juguetes y figuras infantiles, por lo que intuyó que estaba en un área de niños.

Eva estaba cada vez más cerca, sentada de espaldas a él, a medida que se acercaba podía escuchar su voz melancólica mientras narraba Ricitos de oro.

Se detuvo al llegar detrás de ella observando el libro que sostenía entre las manos.

Eva calló al sentir la presencia de alguien, pero no se giró.

Brandon observó la lápida, la pequeña bailarina en tutú sobre ella, y las diminutas zapatillas de ballet cubiertas de polvo a un costado, vio que estaba rodeada de flores frescas —no era un experto en flores, pero si no se equivocaba, eran pensamientos o nomeolvides, todas de color lila y morado—, antes de fijarse en el nombre que estaba esculpido en ella.

Sara James

Agosto 01 2012 - agosto 05 2012

Querida hija, tus alas ya estaban listas para volar,

pero mi corazón nunca estuvo listo para verte partir.

Vuela alto.

Por un par de minutos, la mente de Brandon trabajó a mil por hora. La manera en la que Eva estaba frente a la lápida, la fecha, el nombre… ¿Querida hija? Su mundo entero se tambaleó, y negó con la cabeza cuando todo tuvo sentido.