CAPÍTULO 36
Eva ni siquiera había entrado a la ducha.
Solo abrió la llave, se recostó contra la pared cercana, y dejó que su cuerpo se escurriera hasta el piso, mientras se tapaba la boca para contener las ganas de llorar.
En cuanto escuchó el sonido de la puerta cerrarse, soltó un llanto desgarrado.
Había querido herirlo por todo lo que la había hecho pasar, su manera de castigarlo fue utilizarlo y después decirle que se fuera, pero en ese explosivo encuentro percibió sensaciones que habían estado largo tiempo dormidas, asegurándose de no despertar hasta volver a los brazos de Brandon King.
¡Dios! Tuvo que contener el fuerte impulso de acunarse en su pecho, de pedirle que la abrazara y la consolara.
Llevaba el nombre de Sara en la punta de la lengua, como si algo en su interior le gritara que Brandon necesitaba saberlo.
Por suerte ni siquiera se había despojado del pijama y él no llegó a ver la cicatriz de su cesárea, que lo habría alertado. Debía encontrar el momento adecuado.
Se suponía que lo odiaba, debió alejarlo y sacarlo a empellones de la habitación, pero algo dentro de ella se negó a hacerlo.
Se levantó y se miró al espejo, no se conocía en esa mujer rencorosa y vulnerable, se quitó el pijama y al notar lo pegajoso que había entre sus piernas, quiso darse cabezazos contra la pared.
No había usado protección, había actuado como adolescente irresponsable, afortunadamente tomaba la píldora.
Molesta consigo misma, se metió al fin en la ducha, donde al contacto con el agua poco a poco dejó de llorar.
Al terminar y con un pijama limpio, volvió a la habitación, y se sentó en la cama, donde volvió a sus cavilaciones: en su interior sabía que gran parte del deseo de limpiar su nombre era porque necesitaba que él cambiara la opinión que tenía de ella.
A pesar de los problemas, los insultos y los años que habían transcurrido desde la última vez que se vieron, Eva era consciente de que aún sentía cosas por Brandon, el hombre que la había rechazado, del que había tenido una hija y el mismo que, al volverla a ver, la había atacado sin consideración.
Aunque no podía culparlo por todo lo que le había sucedido después que ella abandonó las joyerías.
Él no tenía idea de que había estado embarazada y de que había sido padre por pocos días.
Demasiado tensa para conciliar el sueño, se puso a trabajar en los contratos de la firma del acuerdo, hasta horas de la madrugada.
Brandon llegó a trabajar a primera hora. Estaba pendiente de la llegada de Eva, a la que había destinado una oficina para que se reuniera con su equipo de trabajo.
A pesar de tener mucho trabajo, estuvo distraído pensando en lo ocurrido la noche anterior, no se reconocía; él, que siempre se había portado como un caballero, sentía que se había propasado, así ella hubiera estado dispuesta en todo momento.
Había salido de la habitación del hotel confundido y molesto, y ni de lejos medianamente satisfecho.
No creyó volver a experimentar la clase de placer que solo ella le brindaba, se excitaba recordando lo que era estar aprisionado en su interior, de solo pensarlo todo su cuerpo se tensaba.
Era como si el tiempo no hubiese trascurrido entre los dos y deseaba lograr una cercanía con ella, aun sabiendo que esta vez iba a ser más difícil de lo que había supuesto y no podía culparla.
Eva tenía razón, la entendía, él le había fallado de manera miserable, ahora que sabía la verdad debía atenerse a las consecuencias.
Volvió al trabajo y abrió un mail de Nathan donde le comentaba los arreglos para su fiesta de cumpleaños en el club Glenmore, que se haría en un fin de semana el siguiente mes, y también le comentó que su madre llegaría de Nueva York esa tarde.
Luego le entró una llamada a un móvil desechable que había conseguido para hablar con Spencer y con todo el que tuviera algún dato o noticia de las andanzas de Ryan Winthrop.
El número era del hacker, contestó enseguida.
—Diga.
—Tengo información.
Brandon le facilitó una dirección cercana a su Alma Mater como punto de reunión y al terminar la llamada, le habló a su jefe de seguridad.
—Mark, tenemos noticias de Spencer, espéreme en el aparcamiento, salgo enseguida.
En pocos minutos atravesaron las calles, la primavera en todo su esplendor tapizaba parques y jardines.
Llegaron a una cafetería que Brandon frecuentaba en sus épocas estudiantiles, que, por lo que sabía, había cambiado de dueños años atrás.
Seguía igual: sillas de madera y paredes tapizadas de fotografías enmarcadas de los deportistas que habían dejado el alma por la universidad.
Estaba casi vacía, apenas una pareja de estudiantes y un joven trabajando en un ordenador eran los únicos clientes del local.
Martin ya estaba sentado a una de las mesas ante una taza de café.
Brandon le pidió a Mark que lo acompañara en la reunión, ya que él estaba más informado de las actividades de Ryan, el hombre se acomodó en un lugar desde el que observaba todo el perímetro.
—¿Me tiene noticias? —preguntó Brandon.
—Sí.
Spencer le pasó una tableta con información de interés mientras le comentaba lo difícil que había sido atravesar la seguridad informática del hombre. A Brandon eso no podía importarle menos.
—Es un proceso sucio donde se han generado redes empresariales muy diversas, Winthrop ha sido tan inteligente que ha pasado desapercibido para las autoridades.
—Lo sé, ¿qué más tiene? —preguntó impaciente.
—Los servicios de la fiducia de Winthrop van más allá de la rutina de los servicios bancarios e incluyen guía de inversiones, planificación inmobiliaria, depósitos en el extranjero y esquemas delicados para asegurar la confidencialidad de las transacciones financieras.
—Brandon escuchaba sin decir palabra, el hacker continuó—: Por ejemplo, mire aquí, señor King.
—El hombre expuso un esquema que mostró toda la operación—.
Esto ocurrió el mes antepasado y es un informe que le pasaron a él.
La fiducia ayudó a transferir cien millones de dólares fuera de México de forma tal que, efectivamente, ocultó las fuentes de los fondos y su destino, evitando todo papeleo y creando una corporación de papel en México.
Como de costumbre, hay un nombre en código, me imagino que es el del narco, porque aparece en otras partes, este proporcionó un alias para un tercer intermediario que depositó el dinero en una cuenta en ese país, y lo transfirió a un depósito de concentración en Nueva York, desde donde fue movido a Suiza y Londres.
—La transacción ideal en este caso —señaló Brandon—. Ya veo por qué las autoridades no le han puesto las manos encima, porque al gobierno lo único que le importa es que ese dinero entre al país.
—Exacto.
—Si se hace público, el gobierno no tendrá más remedio que actuar.
—Brandon devolvió la tableta a Spencer—.
Bien, imprima todo, correos de charlas, números de cuentas, todo tipo de transacciones, aquí y fuera del país, y me lo envía a un apartado del que le daré el número en un rato.
Espero que esa información sea veraz o lo envío a la cárcel, no lo olvide.
El hombre tuvo el buen tino de regalarle una mirada temerosa.
—Lo es, señor King, mire los correos, usted debe conocer su estilo, no jugaría con el futuro de mi familia así.
—Está bien. —Brandon se puso de pie—. Pronto tendrá noticias mías. Hasta pronto.
Mark ni siquiera se despidió.
Salieron del local. En cuanto se subieron al auto, Brandon dijo:
—El hombre dice la verdad, tenemos a Winthrop agarrado de las pelotas. —Recordó todo cuanto le relataron Meyer y Spencer de Eva, y su mirada ardió de furia.
—Tengo a la persona que puede publicar esto, es incorruptible y Ryan nunca sabrá de dónde vino el golpe.
—En cuanto tengamos toda la documentación contáctame con él.
Sabía que respecto a Ryan no podría llevar las cosas más lejos.
Si lograba una acusación por lavado de activos por parte de la justicia, se daría por bien servido, quedaría manchado de por vida.
Lo importante de llevar a cabo de esta manera su venganza era que ellos habían roto relaciones hacia cinco años.
Ryan no tenía nada que ver ni con las joyerías ni con la familia.
Le daba algo de pena con Parker, pero caviló que él también tuvo la culpa, por educarlo de la manera en que lo hizo.
En cuanto a Anne, se negaba a pensar en ella y en sus acciones en ese momento.
Al llegar a la empresa, la recepcionista lo recibió con una enorme sonrisa.
—Felicitaciones a usted y a la señorita Cassandra por su compromiso.
—¿Cómo? —preguntó de mala manera Brandon.
—Sí, está en el Chicago Sun Times —susurró la chica, azorada al observar la reacción de su jefe.
Brandon abrió la aplicación en su teléfono y maldijo por lo bajo.
El solo pensar lo que esa noticia causaría en Eva, lo hizo temblar de ira.
—¿Señor?
—No me voy a casar, esto es un jodido error —dijo y pasó de largo hasta el ascensor.
Solo le importaba la reacción de Eva, tenía que hablar con ella, si había visto la noticia, pensaría que le había mentido solo por acostarse con ella.
Bueno, acostarse era un decir, follar como conejos quedaba muchísimo mejor a lo que habían hecho la noche anterior.
Llegó hasta la oficina de Eva, entró sin llamar e interrumpió la reunión que ella tenía con un par de personas, las mismas que él había visto el primer día que se reunieron.
—Mil disculpas, Eva, necesito hablar contigo urgentemente.
El brillo furioso en la mirada de Eva le dijo que ya estaba enterada de la noticia.
—Me temo que tendrá que esperar, señor King, estoy en medio de una reunión, a propósito —señaló punzante—, felicitaciones por su compromiso.