CAPÍTULO 35 #2
El corazón de Brandon comenzó a tamborilear con fuerza, ella estaba hermosísima, y lo volvía loco el pensar que estuviera a sí de dispuesta para alguien más.
El pijama se pegaba a su cuerpo como una segunda piel, podía ver sus pezones erguidos y no estaba haciendo frío en la habitación, de pronto quiso quitarse la chaqueta, pero ella ni siquiera lo había invitado a entrar.
Esa visión, sexy y femenina, de su Eva, lo hacía olvidar la reunión de porquería que había tenido.
—Es mejor que te vayas, no sé quién te habrá dado el número de mi habitación, pero ten por seguro que pondré una queja a seguridad —aferró con fuerza el pomo de la puerta, consciente de cómo los ojos de él recorrían su cuerpo.
—Tengo gente que trabaja para mí, puedo averiguar cualquier cosa. No vas a llamar a seguridad. —Caminó hacia ella con el fuego calentando su mirada.
Eva se negaba a sentirse intimidada.
—Espero que tu gente sea más eficaz que en el pasado.
Brandon soltó la risa.
—Oh, sí, muy eficaz, tanto, como para saber que no sales con nadie —sostuvo su mirada, desafiante—, y que no tienes nada con Dominic, porque el hombre tiene gustos muy distintos, lo cual hace que me caiga un poco mejor.
Eva se arrebujó la bata, caminó hacia atrás y él siguió sus pasos.
—No eres confiable —retrucó con talante serio.
—Lo sé —dijo él mirándola de arriba abajo y soltando una sonrisa lenta—, pero tenemos algo pendiente, James.
Eva quiso cerrarle la puerta en las narices, pero algo en la expresión de Brandon, aparte de sus heridas, se lo impidió.
Lo notaba cansado, a pesar de su seductora sonrisa, estaba triste, y aun así no dejaba de ser el hombre más atractivo que había conocido.
Caviló que se debía sentir muy sola, ya que trataba de atajar los recuerdos del pasado, de cuerpos sudorosos, él acariciando sus pechos, lamiendo su sexo.
—¿Qué haces aquí? No es correcto y no recuerdo haberte invitado a seguir.
—Este es el lugar donde debo estar. —Se quedó pensativo unos instantes—. No hay ningún otro sitio donde pueda imaginar estar en este momento, James…
—No me llames James —murmuró ella, vulnerable—. Perdiste ese derecho el día que creíste toda esa basura sobre mí. —Caminó hasta la ventana y cruzó los brazos mientras observaba el paisaje de la ciudad. Lo deseaba, ese era el problema. Quería acostarse con él—. ¿A qué viniste?
Brandon se acercó a ella.
—Necesitaba verte —soltó y llegando hasta ella, le acarició el brazo
Su rostro y sus labios acunaron su piel. Se mantuvo quieto, no la besó, solo se mantuvo cerca. Ella percibía su respiración, en vaivén contra su piel, mientras la encerraba entre la ventana y su cuerpo. Lo imaginó dolido por el fin de su compromiso.
—Vete Brandon. —Ella se dio la vuelta y quedó frente a él—. No me interesa lo que hagas con tu vida y no soy buen paño de lágrimas.
—He extrañado tus comentarios sarcásticos. —La envolvió en sus brazos. Eva se sintió atrapada, como si no hubiera suficiente oxígeno en la habitación—. Tienes todo el derecho de odiarme, me lo merezco, pero…
Eva no quería escucharlo más, lo tendría esa noche porque quería, porque lo deseaba y estaba cansada de sentirse sola, a lo mejor era lo que ambos necesitaban para poder seguir con sus vidas, a lo mejor lo vivido en el pasado ella lo había idealizado, y era el momento de pasar la página.
Levantó el rostro en clara rebelión y en pura lujuria, ese gesto fue suficiente para que Brandon presionara sus labios contra los suyos en un beso descuidado y violento.
Él metió los dedos en su cabello e hizo retroceder su cabeza, el beso se intensificó; sus dientes mordisqueaban y tomaban, provocando, saboreando la sensación de su lengua tocando la lengua de ella.
Eva trataba de respirar con fuerza entre besos, él endureció el abrazo devolviendo cada roce y cada gemido, yendo por más.
Le aferró más el cabello y estiró su cuello, que recorrió con la boca, se separó unos momentos antes de volver a sus labios.
—Lo deseas tanto como yo.
No la dejó contestar. Mordisqueó el labio inferior y cuando abrió los ojos, vio, en medio del brillo del deseo, la respuesta.
Eva cerró los ojos de nuevo y le acarició el pecho por encima de la camisa.
Brandon la llevó presuroso contra la primera pared que encontró, con una sensación de alucinación y miedo, no quería llegar a la cama y que en ese instante le volviera la cordura.
Le subió el pijama a la altura de su sexo sin dejar de besarla y acariciarla, le parecía increíble tenerla de nuevo así, apasionada y entregada.
Cuando puso una mano en su sexo, gimió satisfecho por el baño de humedad que percibió.
Ella llevó la mano a su cinturón y lo desabrochó con premura para llegar hasta su miembro, que acarició de arriba abajo.
Brandon dejó de besarla para observar el gesto, sin llegar a creérselo y con la respiración agitada.
Luego le levantó las piernas y Eva las enredó a su cintura, tenía que penetrarla enseguida, no quería que las dudas la invadieran y le robaran el momento, se moriría donde ella lo rechazara en esa instancia.
Empujó y de una sola estocada la penetró, cuanto se sintió aprisionado en su interior, húmedo, caliente y suave, no quiso nada más, soltó un fuerte gemido, espoleó más fuerte, tanto que ella se golpeó la cabeza con la pared, algo a lo que ninguno de los dos dio importancia.
Eva se acomodó para darle más acceso, gemía temerosa y complacida ante cada empuje, cada roce, cada respiración agitada.
—Te he extrañado tanto, joder —gimió Brandon con los dientes apretados y la frente perlada de sudor, ni siquiera se había quitado la chaqueta. Ella lo acariciaba por debajo de la ropa, codiciosa, hasta donde podía llegar. Permanecía con los ojos cerrados.
—Mírame.
Ella negó con la cabeza y siguió con los ojos cerrados. Él, perdido en el placer, no insistió más. Era un encuentro explosivo y desesperado, que buscaba respuestas a preguntas no formuladas.
—Joder, James.
La abrazó más mientras se movía dentro de ella.
Notaba su lucha entre aceptarlo o rechazarlo.
Eva no quería claudicar a algo más profundo, y Brandon supo que solo quería una follada.
¡Ni de coñas! Se obligó a hacer más lentos sus empujes, debería seducirla y no tomarla, pero el cavernícola que habitaba en él había tomado el mando, además, tenía el presentimiento de que Eva no buscaba gentileza.
Ella gimió y su espalda de arqueó, aprisionándolo más, su respiración se hizo más acelerada, ya estaba a punto.
Su cuerpo se puso rígido, tenso, mientras vaciaba en ella su añoranza, su amor, su rabia y su dolor.
—Siempre has sido tú, siempre. —Le aferró el rostro con ambas manos y con la respiración agitada, le devoró los labios.
Eva llegó a una liberación atravesada por la confusión, pero impregnada de un profundo, doloroso y maldito amor.
En cuanto pudo respirar con normalidad se separó de él. Brandon trató de aferrarla, pero ella se escabulló para el baño y antes de cerrar la puerta, le dijo:
—Ya tuviste lo que querías, yo también, vete, por favor. —Y cerró la puerta de un portazo.
Brandon, desconcertado, se apresuró a subirse los pantalones, sudaba como un cerdo, se acercó a la puerta del baño con el ánimo de golpear, pero escuchó el ruido del agua de la ducha y ese gesto, indicativo de que ella quería borrar enseguida lo sucedido, lo enfureció. Decidió dejarla en paz.