HERMANOS KING CAPÍTULO 34 #2
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CAPÍTULO 34 #2

Sobre su cadáver dejaría ir a Eva con Nathan y su pandilla de amigos a cualquier parte. Él la llevaría a donde quisiera, faltaba más. Le obsequió una mirada dura a su hermano que él correspondió con una sonrisa burlona.

—Nathan —dijo Eva—, estoy sorprendida con la buena noticia.

—Hemos tenido varias noticias interesantes esta semana. ¿A cuál de ellas te refieres? —preguntó Nathan con sarcasmo.

—Set-A-Porter, es una buena opción.

Nathan miró sorprendido a su hermano.

—Vaya, vaya, esto sí que está bueno —dijo mirando de uno a otro con una sonrisa.

—¿Por qué lo dices? —preguntó Eva.

—Solo Brandon y yo hemos trabajado en ello, Mathew también lo sabría si no estuviera refundido en la selva.

—Mathew no está refundido en ninguna selva —aseveró Brandon.

—Es un decir —contestó Nathan.

—¿Ni siquiera Cassandra? —Eva no supo qué la impulsó a hacer esa pregunta. Quiso que la tierra se la tragara.

Brandon la miró con una chispa de diversión.

—No, ni siquiera ella —afirmó.

Eva experimentó algo de calor, no lo entendía, el ambiente estaba climatizado, luego comprendió que era la mirada de Brandon la que la sumía en ese estado; sus ojos brillaban como brasas que parecían arroparla, como antes, como en el pasado.

Las pulsaciones aumentaron y las mariposas dormidas revolotearon en su vientre.

La incomodó la chispa de deseo tan inoportuno que la alcanzó.

Observaba sus labios y los recordaba en todas partes de su cuerpo, ¿por qué ahora?

Se obligó a pensar en otra cosa. Se removió incómoda en su asiento.

—¿Por qué me lo comentas entonces?

“Porque confío en ti”. Le lanzaría cuatro frescas donde le dijera eso, caviló él.

—Soy un hombre práctico —señaló, en cambio—, y quiero ahorrar tiempo, necesito que este tema esté incluido en la asesoría.

Nathan disimuló como pudo una risa burlona, sabía que no era necesario incluir el tema en la asesoría. Le dirigió a su hermano una mirada punzante, quiso hacer alguna broma al respecto, pero al captar la manera en que ambos se miraron, lo dejó pasar. Hizo el amague de levantarse.

—Chicos, creo que ustedes estarán mejor solos. —Las exclamaciones de su hermano y Eva lo dejaron de nuevo en su sitio.

—¡Sí, es lo mejor! —exclamó Brandon.

—¡No! —exclamó ella.

—Bueno, pónganse de acuerdo. —Nathan se acomodó en la silla con las manos entrelazadas sobre su abdomen.

Eva no dijo nada más, se levantó y fue hasta la otra oficina por la laptop.

—¡Estás siendo un cabrón! —exclamó Brandon entre dientes.

Nathan negó con la cabeza varias veces y aventuró con cautela:

—No sabes lo que estoy gozando, ambos necesitan una ducha muy fría.

Brandon se encontró con la mirada de su hermano y se contuvo de soltar una palabrota.

—Estás loco, ella no quiere nada conmigo.

—Estás ciego, hermano, ella está asustada y atraída, conquístala con el encanto de los King, en este momento destacas el encanto de Hannibal Lecter.

—Mejor vete de aquí. —Brandon lo miró indignado.

Eva volvió en ese momento y encendió el aparato. Nathan se levantó.

—Los dejaré solos, tengo una reunión y ya voy tarde.

—Pero… —señaló ella contrita.

—Seguiremos nosotros dos, no te preocupes —manifestó Brandon, que se levantó y se puso de pie detrás de Eva.

Nathan murmuró entre dientes: “¿Los corderos han dejado de llorar?”.

Eva lo miró confusa y Brandon le hizo un gesto con el dedo medio, el joven solo sonrió y los dejó solos.

—¿Qué le pasa a Nathan?

—Conoces a Nathan, creo que se cayó de la cuna cuando era bebé.

El siguiente rato lo pasaron repasando unas notas referentes a la visita del día anterior al área de producción.

Luego salieron de la oficina. Eva estaba bastante extrañada de que Brandon no la quisiera dejar sola un solo segundo.

Recorrieron de nuevo el área. Ella tomó varios apuntes de lo que anotaría en su informe y se entrevistó con el jefe de producción.

Evaluó los diferentes procesos y al mediodía volvieron a la oficina.

—Te invito a almorzar —aventuró él.

—No es necesario, en serio, debes tener cosas que hacer…

—En algún momento tenemos que comer —interrumpió Brandon.

—Tú prometida no se pondrá muy contenta cuando vuelva y alguien le cuente que has estado andando conmigo de arriba para abajo durante una semana.

Brandon se tensó.

—Ya no es mi prometida y me importa muy poco lo que piense.

Eva abrió la boca y la volvió a cerrar. No iba a pecar de imprudente, pero se obligó a preguntar.

—¿Cómo te sientes al respecto?

—No voy a hablar de eso —concluyó con evidente molestia—. Almorcemos aquí. Mi secretaria tiene las cartas de casi todos los restaurantes de la ciudad.

—Me parece muy bien, así evitaremos las habladurías.

La secretaria entró con una carpeta con diferentes menús y los dejó de nuevo solos. Eva abrió su celular.

—Eso es anticuado, tengo una aplicación donde puedes pedir lo que quieras ¿Qué deseas comer?

Una ráfaga de deseo lo asaltó de nuevo. “A ti, quiero extenderte sobre el escritorio, romperte la ropa interior, que imagino de seda y encaje, y saborear y chupar tu sexo hasta intoxicarme de ti, de tu sabor y de tu olor que aún no he olvidado, y que me pidas más y más”.

—Algo con especias, picante, dulce y adictivo —dijo con intención.

—¿Comida hindú? —preguntó Eva sin mirarlo, aún concentrada en el móvil y ajena a sus pensamientos—. A mí también me gusta.

—He estado privado mucho tiempo de mi comida favorita.

Ella levantó la vista del aparato.

—¿Por qué? ¿Alguna dieta de desintoxicación o han variado tus gustos?

—Mi gusto sigue siendo el mismo —contestó con sarcasmo—. Lo que he estado comiendo me ha dejado insatisfecho.

—Trabajas mucho, debes alimentarte bien.

—Entre otras cosas, debo relajarme también.

“Basta Brandon, deja de ser tan imbécil”.

—Debes jugar más al tenis o tomar un masaje, ya que me imagino que unas vacaciones estarán fuera del panorama con esto de la expansión.

—En este momento solo hay una cosa que me relajaría.

Eva cayó en cuenta del doble sentido de la conversación y decidió cortar de raíz sus comentarios.

—Vamos a pedir curry de pollo, tandoori paneer, ensalada de tomate con yogurt y garbanzo, y kebab vegetal.

Brandon dijo sí a todo, mientras su mente volaba en las nebulosas del deseo y le importaba bien poco lo que se llevara a la boca a no ser que fuera ella. Su mente se recreaba en otro tipo de imágenes.

Después de almorzar, en un ambiente más o menos distendido donde hablaron de conocidos en común, Eva se excusó alegando que tenía una cita.

Necesitaba alejarse, sus defensas se diluían a medida que pasaba tiempo a su lado.

Notó la expresión molesta de hombre y si él pensaba que era una cita de interés romántico, no lo sacaría de su error. Por lo menos ese día.