HERMANOS KING CAPÍTULO 34
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CAPÍTULO 34

Hola, James, espero que hayas dormido bien.

Te pido disculpas por mis avances, pero cuando se trata de ti, mi cerebro se vuelve papilla, prometo de ahora en adelante portarme bien.

Pasando a otro tema, recuerda que John está disponible para llevarte a donde quieras.

El pobre hombre debe ganarse su sustento y piensa que no te simpatiza, espero que lo dejes hacer su trabajo.

Te espero en mi oficina tan pronto llegues a la empresa, quiero discutir contigo ciertos aspectos de nuestra asociación.

Tuyo,

Brandon.

Eva releyó el mensaje varias veces, “Tuyo, Brandon”.

¿Quién era ese hombre y que había hecho con Brandon Gilipollas King?

El escuchar “James” en el ascensor, la había descolocado la noche anterior, llevándola por el sendero de las emociones y los recuerdos, ¿por qué?

Sus palabras la golpearon toda la noche, no supo qué pensar, a lo mejor era alguna retorcida venganza y quería que bajara sus defensas para atacar con todo, tendría que estar preparada.

Aunque no dejaba de pensar en el par de encuentros, el beso y cómo ella le había respondido, se avergonzaba cada vez que lo recordaba.

Observó su vestuario, se sentiría más segura si ponía más cuidado del normal en su atuendo personal.

Era una hipócrita, quería llamar su atención así se estuviera muriendo de miedo.

Se vistió con una falda entubada de color negro que estilizaba su figura y una blusa de seda color hueso, femenina y elegante, adecuada para el trabajo.

Se dejó el cabello suelto y completó el atuendo con unos pendientes de perlas y sus Manolos negros de tacón delgado.

Decidió llevar la chaqueta en el brazo, pues el día pintaba más como del verano que llegaría en unas semanas.

Ya en la limosina, pensó en los datos recolectados, era su reputación la que estaba en juego. Si sus padres se enteraban de que su buen nombre estaba en entredicho, no quería imaginar lo doloroso que sería para ellos, ya habían sufrido mucho por su culpa.

Se sintió nerviosa al arribar a su destino.

Al llegar al despacho de Brandon, la secretaria le dio vía libre enseguida, y en cuanto entró a la oficina, él se puso de pie y salió a su encuentro.

¡Qué diablos…! Lo miró pasmada, llevaba el ojo morado y los labios hinchados, el superior partido por la mitad.

—¿Qué te ocurrió? —Quiso tocar sus heridas—. ¿Estás bien?

—Estoy bien, fue un incidente sin importancia —contestó él, tajante.

Ella no dijo más. A pesar de las heridas estaba elegante como siempre, había dejado los trajes formales de días anteriores y se había decantado por ropa casual.

Eva estaba segura de que todo el atuendo era de diseñador: un pantalón de dril color caqui, una camisa azul clara y chaqueta de pana azul oscura, los zapatos color miel hacían juego con la correa.

Ese Brandon le recordó al chico de universidad del que se había enamorado, su cabello con ese peinado ligeramente desordenado y el olor de su colonia, que podía jurar era el mismo que usaba en esa época.

Solo su mirada y la sombra debajo de los ojos le decían que algo lo preocupaba.

No creía que él se hubiera vestido así por ella.

Se percató de que toda animadversión y desconfianza habían desaparecido de su mirada.

Tenía que salir de esa oficina, trabajar lejos de su presencia, no era justo, debería odiarlo, pero algo en él la ablandaba, no tenía idea de por qué.

—¿Cómo estás, James?

Quiso pedirle de nuevo que no la llamara así, pero entonces él se daría cuenta de cuánto la afectaba y su orgullo no se lo permitía. Decidió ignorar el apelativo, pero algo en su corazón se había encogido de nuevo al escucharlo.

—Mejor que tú. ¿Supiste algo de Meyer?

Brandon quiso morirse frente a ella por todo lo que le había contado el hombre la noche anterior. Quería decirle la verdad cuando hubiera hablado con Spencer.

—No, aún no. Démosle algo de tiempo a Mark, que está encargado de la investigación, pero va por buen camino, no te preocupes.

La miró fijamente, mientras se debatía en la manera de arreglar las cosas.

La angustia por todo lo que ella había tenido que pasar le quitaba la respiración, le había fallado de muchas maneras, no entendía cómo podía estar sentada frente a él y no querer lastimarlo de alguna forma. Se sentó en una esquina del escritorio.

—Voy a seguir trabajando en el área de producción, hay una serie de sugerencias que me gustaría hacerte. ¿O tienes pensada otra cosa? —preguntó ella, sacando su iPad del maletín, ajena a los pensamientos de Brandon.

—Iremos a producción más tarde.

Eva levantó la vista con algo de temor en su expresión. Ese gesto, en cambio, le dio algo de tranquilidad a Brandon, al percatarse de que la mujer también se sentía afectada en su presencia. Lo sentía por ella, pero se iba a aprovechar de eso.

—Yo puedo hacerlo sola o con el jefe de departamento, tú debes estar muy ocupado y no quiero hacerte perder el tiempo.

Brandon soltó una risa algo irónica.

—No te preocupes por mi tiempo, trabajaremos en equipo todo el día.

—Eva levantó los hombros desconcertada, pero no dijo nada más—.

En uno de los informes que envié a tu empresa estaba el estudio de factibilidad de comercialización de la marca a otro tipo de mercancía, por ahora nos hemos extendido a la platería de mesa y adornos, pero mi plan es mucho más ambicioso —continuó Brandon.

—Lo sé, pero tengo entendido que hay una parte de los socios que no está de acuerdo con ampliar la oferta.

—Con el estudio de factibilidades que hará tu empresa los convenceremos.

—No nos has dado el contrato, todavía —replicó Eva.

—Eso estará arreglado en un par de días.

Ella lo miró muy sorprendida.

—¿Eso quiere decir que el contrato es nuestro?

—Sí, pero con una condición.

Eva le regaló una sonrisa, de esas que le hacían temblar las rodillas años atrás: luminosa, espontánea, capaz de caldear un corazón duro o de darle consuelo. Tuvo la urgente necesidad de devorarle el gesto en un beso.

—Te escucho —interrumpió ella sus pensamientos.

Brandon carraspeó.

—Tú estarás al frente de todo el proyecto, quiero a tu equipo y te quiero a ti.

—Es Dominic el que siempre está al frente.

—Te quiero a ti —dijo en tono intransigente—. Arréglalo. También hay algo que no le he comentado a nadie, solo a mis hermanos, y ahora a ti.

Eva levantó ambas cejas.

—No deberías, recuerda que no confías en mí.

Brandon se sintió un cabrón completo, debería estar de rodillas pidiéndole perdón, ella no había merecido ninguno de sus reproches. Viéndola frente a él, tan hermosa y capaz, no tenía idea de cómo solucionarlo, recordó lo dicho por Nathan, ella no creería nada en ese momento.

Se enderezó del escritorio, se puso las manos en los bolsillos y caminó unos pasos como sopesando lo que iba a decir. Luego se paró frente a Eva.

—James, habíamos hablado de una tregua, lo que no habíamos pactado eran los términos. Sé que no harás nada que atente contra mis intereses, no lo has hecho en ninguna de las empresas en las que has trabajado. —Se quedó callado unos instantes mirándola angustiado—. James, yo...

—No sé si sentirme halagada o salir corriendo. Algo te hizo cambiar de opinión. Bienvenido sea si ayuda a limpiar mi nombre.

—Sí —dijo él solemne—, algo hay y lo sabrás en su momento, mientras tanto tengo una empresa que dirigir y planes que no pienso posponer —concluyó.

No podía ser tan confiada y creer que de pronto Brandon había visto la luz porque sí. No sería tan tonta, pero si este cambio ayudaba a ganar el contrato y a la vez limpiar su reputación, dejaría la ironía a un lado.

—En ese caso, te escucho.

—Vamos a aumentar el canal de ventas y distribución, queremos desmarcarnos de lo típico, voy a realizar una alianza con Set-A-Porter, para expandir las ventas por Internet.

—¿Lo crees realmente necesario? Tienes tu web de ventas oficial a la que le va muy bien.

—No va a ser un contrato a largo plazo, pero aumentará los beneficios para la empresa, ya que ampliaremos la red comercial a más de cien países.

—Puede ser —añadió Eva—. La web actual solo alcanza a diez países y sería una buena plataforma para cuando la empresa se quiera expandir todavía más.

Ella le sonrió de nuevo y Brandon quiso tatuarse esa sonrisa en el pecho. Las pulsaciones aumentaron y el deseo de besarla lo invadió por completo. No podía, aún.

—Exactamente.

Eva no pudo evitar sentirse orgullosa de Brandon, de su tesón, ya sabía desde que lo había conocido que sería así. Trabajador, intrépido y sagaz. Se quedó mirándolo unos instantes.

—Es una buena idea —concluyó rompiendo el encanto. Le parecía más peligrosa la actual situación que su animadversión y sus ataques furibundos, le recordaba a un animal salvaje en reposo listo para atacar.

—Llamaré a Nathan, discutí con él este y otros temas antes de que ustedes hicieran su presentación.

La notaba tensa y con razón, pero a él le estaba costando un gran trabajo mantener la fachada. Por teléfono interno le pidió a su secretaria que llamara a su hermano y lo convocara a la oficina.

Nathan llegó como unas pascuas cinco minutos después, abrazó a Eva y le dio un beso en la mejilla, ella correspondió el saludo con calidez y una sonrisa.

Brandon quiso golpear a su hermano en cuanto él y Eva se enfrascaron en una conversación sobre sitios de moda en la ciudad como si fueran amigos de toda la vida y él fuera un manchón en la pared.

—Les pido disculpas si interrumpo su animada charla, pero tenemos asuntos que discutir —dijo, invitándolos a una oficina contigua que tenía una mesa de juntas con varias sillas.

—Sí, papá —contestó Nathan y luego se dirigió a Eva—. Cuando quieras ir a Soka, el nuevo club, me avisas, tengo varios amigos que puedo presentarte.

Nathan miró a Brandon de reojo y le guiñó el ojo a Eva.