CAPÍTULO 33 #2
—¿Qué te pasa, hermano? Hacía mucho tiempo que no te veía así. No sé si asustarme o felicitarte.
Brandon, que miraba el vaso entre sus manos, levantó la mirada y soltó un resoplido.
—¿Felicitarme?
—Sí, felicitarte, por fin veo esa chispa en ti que ha estado ausente durante años. Nunca te había visto con la boca reventada y un ojo morado, Matt tiene que saberlo, hermano, es demasiado bueno para dejarlo pasar.
Brandon soltó el vaso, se tapó la cara con las dos manos y negó con la cabeza varias veces.
—Hermano, he cometido un error bestial.
—Cuéntame —dijo Nathan en tono suave, dejando atrás ya todo dejo de burla.
Escuchó por varios minutos sin atreverse a interrumpirlo.
Amaba a Brandon de manera fiera e incondicional.
Su valiente hermano mayor había suplido muchas carencias emocionales del par de hermanos menores.
Admiraba su dureza y su tesón, su gran capacidad de trabajo que a veces le impedía disfrutar de la vida como se merecía.
Ni Mathew ni él supieron nunca lo ocurrido con Eva, ahora, escuchando su discurso algo inconexo, no sabía qué pensar.
Si bien en un primer momento la presencia de Eva le causó resquemor, ahora estaba ciento por ciento seguro de que ella era la mujer a la que su hermano de verdad amaba, no Cassandra.
A Nathan se le partió el corazón ante lo que le contaba.
Brandon, a pesar del licor ingerido, tuvo buen cuidado de que de su boca no saliera el nombre de Anne.
Aunque sus hermanos sabían qué clase de persona los había traído al mundo, era su madre y algo así sería muy doloroso de aceptar y lo menos que deseaba Brandon era lastimarles el corazón.
Se guardó ese pedazo de información y esperó a que Nathan le diera su punto de vista.
—Siento pena por Eva y todo lo que tuvo que pasar.
Quisiera reprenderte por no haber visto un poco más allá de tus celos, sobre todo conociendo la naturaleza de Ryan, pero todos somos humanos y cometemos errores.
Es sobre esa premisa que tienes que empezar a reconstruir tu vida, ya sea que ella te perdone o no, porque tendrás que arrastrarte.
La pregunta aquí es, ¿la amas? ¿La quieres de vuelta?
Brandon soltó una risa como si se le hicieran absurdas las preguntas.
—No ha habido un solo día en el que no la haya tenido en el pensamiento, así fuera con rabia.
—Por Cassandra siento algo de lástima, no debió ser agradable para ella verte tan enamorado de Eva y luego con otras mujeres.
Brandon se levantó furioso, se tambaleó un poco, pero caminó hasta un mueble donde había varias fotografías de ellos en diferentes edades y eventos.
—Yo no puedo sentir lástima por ella, de manera indirecta influyó en todo esto y, además, cometió un delito. ¡La mujer que iba a ser mi esposa!
—Me imagino la sorpresa que se llevó cuando se dio cuenta de que estabas enterado de todo. Me abisma de lo que son capaces algunas personas por conseguir lo que creen que es de ellos. Dicen que nada hay oculto entre el cielo y la tierra.
Brandon se devolvió y se tumbó de nuevo en la silla con gesto derrotado.
—Ella no me importa. —Suspiró, apesadumbrado—. No sé cómo acercarme a Eva, cómo empezar a repararlo.
Miró a Nathan, vulnerable, y eso era una sorpresa para su hermano menor.
—Quisiera darte la fórmula, pero no la hay. Debes sincerarte con ella, acercarte de nuevo, pero despacio, con cautela. Conoce la nueva mujer que es hoy día y guárdate las manos en los bolsillos y la polla en los pantalones.
—Eso es lo jodido —aventuró Brandon.
—¿Qué? ¿Tener la polla dentro de los pantalones?
Brandon sonrió a su pesar.
—No, aunque ha sido difícil, no te lo niego, ver que ella, a pesar de toda su dureza, tiene esa misma forma de ser que me volvió loco en el pasado.
Veo en esta nueva mujer tantas cosas de la Eva de antes, que te soy sincero, si hubiera sido culpable, con el paso del tiempo me hubiera importado bien poco y estaría como estoy ahora.
—Sé que será difícil, pero te conozco, no puedes asustarla. La has odiado durante mucho tiempo, por lo que me cuentas has sido un cabrón con ella, tendrás que ser muy persuasivo, no creerá ninguno de tus avances. Ten cuidado.
—Deberías abrir un jodido consultorio —señaló burlón.
Nathan se levantó y le quitó el vaso de licor de su hermano.
—Recuerda que tengo un magister en Psicología, por aquello de las tendencias y el negocio.
—¿Te he dicho que estoy muy orgulloso de ti y de Mathew?
—Sí, cada vez que tomas unas copas de más.
—Hace días no hablo con Mathew.
—Él está bien, ese taller de tasaje y talla en Sudáfrica es como su hijo.
—Lo sé.
Brandon se levantó, Nathan lo detuvo.
—Quédate aquí, duerme un rato, ya va amanecer, te despertaré con un buen desayuno y verás las cosas desde una óptica distinta.
Brandon, en medio de la nebulosa del alcohol, no lo creía, pero se las ingeniaría para ignorar el cadáver del elefante en medio de la habitación, que desprendía un hedor impresionante. Ahora lo más importante era ella.