CAPÍTULO 32 #2
—Fue como un conejo directo a la trampa, no entiendo cómo no se dio cuenta de todo. No fue nada personal, eso repetía Winthrop, era solo trabajo.
Brandon carraspeó varias veces.
—Necesito que me hable con claridad y me cuente todo desde el principio, me lo debe.
El hombre soltó una risa seca que terminó en un ataque de tos.
—Así que fue usted.
—No me lo agradezca, estoy pagando por información que espero sea de valor.
—Será de valor, claro que sí. —El hombre fue por una cerveza a la nevera, la destapó, le brindó una bebida a Brandon, que él declinó—.
Ellos los engañaron como niños, nunca entendí lo que pretendían, solo me limité a cumplir órdenes.
—El hombre bebió un sorbo de su cerveza y Brandon se arrepintió de no haber aceptado la bebida, tenía el presentimiento de que la iba a necesitar—.
Tome asiento, señor King, porque la historia es larga.
Brandon se sentó. El hombre empezó su relato contándole como Anne había hecho seguir a Eva desde el primer día que había llegado a la empresa, y como Ryan aprovechaba cada momento para ganarse su confianza.
Brandon empezó a sudar frío.
Meyer continuó la historia. Relató cómo Winthrop le había dado el sobre con los diseños que había sustraído para que la chica se los entregara a un ficticio maître y como él estaría unas mesas más allá para tomar las fotografías cuando Weisz se acercara.
Brandon se sintió enfermo y consternado a medida Meyer avanzaba en su relato. No pudo evitar interrumpirlo.
—¿Por qué me lo está contando ahora? Esta información hubiera sido muy valiosa en su momento.
—Y a lo mejor hubiera dado con mis huesos a la cárcel, además, Winthrop en ese momento me necesitaba y tenía trabajo con él, pero es un hijo de puta en toda la extensión de la palabra.
¿Ha conocido usted esa clase de personas que llevan la crueldad bajo la piel, pero solo se advierte cuando se han sufrido sus efectos?
—Me está describiendo a Ryan Winthrop, lo conozco.
—Entonces, si usted lo conocía, ¿por qué le creyó toda esa pantomima?
—“Celos, inseguridad, estupidez, escoja usted", quiso decirle Brandon—.
Además de todo es un pervertido, cuando me hizo instalar las cámaras en la habitación del hotel, debí saberlo.
Apuesto a que todavía se la sacude observando a la chica.
Brandon sintió como si hubiera recibido una bofetada. Se levantó de golpe, agarró a Meyer de la camiseta, lo alzó de un tirón y lo arrinconó contra la pared.
—¿De qué diablos me está hablando, hijo de puta? —preguntó sulfurado y con los ojos desorbitados.
El hombre, asustado, le contó cómo la habían engañado, le habló de Martin Spencer, el experto en informática que había hackeado la cuenta de Brandon para enviar los correos que hicieron que Eva fuera al hotel.
Ella pensaba en todo momento que hablaba con Brandon, pero era Ryan el que lo hacía.
La ropa que la hizo vestir y cómo, estaba seguro, la observaba por las cámaras.
Brandon quería golpear algo y a la vez golpearse él mismo.
El maldito de Ryan había jugado con sus emociones como si fuera un jodido niño de pañal.
No había sido capaz de proteger a Eva, lo enfermaba el que ese pervertido hubiera abusado de ella, con qué cara se iba a presentar ante ella, no la merecía, ni antes, ni mucho menos ahora.
—¿La lastimó?
El hombre negó con la cabeza.
—No que yo sepa, todo ocurrió muy rápido, cuando usted entró en la habitación, él apenas había acabado de entrar tres minutos atrás.
—¿Por qué debo creerte, grandísimo hijo de puta? —le dio un puñetazo en pleno rostro.
—¡Porque así fue!
El hombre se soltó y se alejó de él, caminó rumbo a un mueble seguro buscando un arma para enfrentarlo.
—No te molestes —dijo Brandon con tono letal, sacó un arma y lo apuntó—, no me des motivos para liberar al mundo de una escoria como tú.
El hombre se alejó del mueble y levantó las manos. Brandon guardó el arma y caminó como fiera enjaulada por el desordenado espacio. Si todo lo que le contaba Meyer era verdad, habría cometido una de las peores injusticias de su vida. De pronto, las dudas, los viejos comportamientos, lo asaltaron.
—Espero que Eva no haya contactado con usted antes, para que me estén vendiendo este cuento traído de los cabellos.
El hombre negó con la cabeza varias veces, mientras se limpiaba la sangre de los labios producto del golpe. Brandon se dijo que se merecía mucho más, pero lo necesitaba.
El remordimiento apenas lo dejaba recibir aire con efectividad.
—Fue todo tan exacto, hasta la droga que le dio a la señorita James para atontarla.
Iba a matar a Ryan con sus propias manos.
—¿Cómo? —preguntó con voz ronca.
—Le puso una droga a la botella de champaña, para que estuviera dócil cuando ocurriera todo.
Si hubiera escuchado a Eva en su momento, en vez de dejarse llevar por su orgullo de macho herido, otra sería la vida de los dos.
Lo angustiaba sobremanera su comportamiento con ella en la habitación del hotel, la había abandonado, humillado, no podía imaginar el desasosiego que debió sentir, la vulnerabilidad al darse cuenta de que no era él el que llegaba.
Si hubiera estado en sus cinco sentidos, habría estado más combativa y lo habría hecho escucharla.
—Nunca entendí lo que pretendían —comentó el hombre.
—¿Pretendían? —preguntó más para él mismo—. ¿Mi madre?
Meyer se quedó callado y el que calla otorga, elucubró Brandon. La mirada que le lanzó fue más que elocuente. No podría perdonarle tamaña traición.
—¡Maldita sea! —bramó llevándose las manos detrás de la cabeza—.
Necesito que permanezca en la ciudad, si no lo hace, lo denunciaré y lo enviaré a la cárcel o en el mejor de los casos, lo entrego a sus acreedores, que sé que son varios.
Me pondré en contacto con usted ¡Cuidado con avisarle a Ryan! ¡Porque lo sabré!
Salió al jardín, la sangre le bullía.
—Mark, ubique a Martin Spencer, enseguida.
—Él trabajó en las joyerías hasta hace tres años más o menos.
—¿Qué mierda hacía en mi empresa?
—Era uno de los expertos en seguridad informática.
Lo que le faltaba.
—Necesito hundir a Ryan Winthrop, no importa lo que tenga que pagar ¡Lo quiero agarrado de las pelotas hasta que se ahogue! Necesito que averigües la dirección de Spencer.