HERMANOS KING CAPÍTULO 31 #2
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CAPÍTULO 31 #2

Trabajaron toda la mañana. Analizaron cifras y luego las tendencias con miras a la expansión que deseaba hacer Brandon.

—He insistido mucho en que tenemos que hacer cosas distintas, no queremos copiar a la competencia, aunque estén más arriba que nosotros —expuso Nathan.

—La identidad corporativa va por buen camino.

—Eso está muy bien —dijo él mientras buscaba unas cifras en el computador—. Mira lo logrado desde que modernizamos el logo hace cuatro años y nos arriesgamos a expandir el mercado. Te envié unas cifras a tu correo.

Eva abrió el correo en su laptop enseguida y analizó la información.

—Están siguiendo una misma línea y han creado una identidad corporativa atemporal y elegante en consonancia con las altas jerarquías del sector —observó.

Nathan sonrió y le envió otro correo que ella abrió enseguida.

—Estamos apostando a un público joven con altos ingresos.

—En el informe que le presentaré a Brandon esta semana, le sugiero, según lo estudiado por tu área, el tema de la inclusión que está a la orden del día, y los Millenials son el grupo que más influye en esa tendencia en este momento. Hay que crear algo que nos diga que lo nuevo está bien.

A Nathan se le iluminó la mirada.

—Me diste una idea, la trabajaré.

El resto de la mañana analizaron presupuestos y cifras de tendencias. Al comienzo de la tarde salieron a almorzar.

Brandon tuvo reuniones gran parte de la mañana y luego despejó su agenda para recibir a Mark.

—¿Qué sabemos de Meyer? —preguntó tan pronto el hombre atravesó la puerta.

—Estamos cerca, lo hemos buscado en casas de amigos, novias y familiares. Mis hombres están investigando a una hermana en Shaumburg y hay un par de hombres en el vecindario por si aparece. Marco Castello es el hombre al que Meyer le debe veinte mil dólares en apuestas.

—Te daré el dinero, pagarás la deuda y así Meyer aparecerá.

—No pienso que deba precipitarse en ayudar a ese gusano, señor King.

—No hemos obtenido resultados en la búsqueda, por lo visto no es la primera vez que lo hace, por lo que pude ver, tiene experiencia en escabullirse. No me puedo dar el lujo de esperar, es urgente para mí hablar con él. Sin la deuda en el panorama, no tendrá necesidad de seguir escondido.

Brandon le extendió un cheque con el monto de la deuda para que Mark lo cambiara en el banco. Ni el dueño del negocio de apuestas podría saber que el dinero provenía de su bolsillo, no quería prevenir a Meyer.

—Tengo noticias referentes a Ryan Winthrop.

Brandon se enderezó en la silla prestando toda su atención.

—Habla.

—Según mis fuentes, hubo una fuerte transacción de dinero, hecha por Mateo Suarez, un narcotraficante del norte de México que está lavando dinero en los centros comerciales que está construyendo Ryan.

El problema es que Winthrop es experto en cubrir sus huellas, las autoridades competentes no han podido echarle el guante.

—¿Quién es tu informante?

—No puedo revelarlo, señor King.

Brandon se quedó mirándolo unos instantes.

—Está bien. Necesitamos las pruebas para relacionar al par de nombres. —Se masajeó el cuello con gesto cansado—. Siempre supe que era una sucia rata.

—Mi fuente está trabajando en ello, pero no puedo asegurarle nada, Ryan es una persona muy sagaz.

—Lo sé, sagaz y retorcido, piensa que está por encima de la ley.

Mark le comentó un par de asuntos más, de poca importancia y salió de la oficina.

No había visto a Eva en todo el día, pero no había dejado de pensar en el beso compartido, en la suavidad de su piel, en cómo pudo sentir las curvas de su cuerpo pegadas al suyo.

El resentimiento, tan familiar en él, respecto a todo lo ocurrido con Eva, se iba diluyendo a medida que transcurrían las horas.

No sabía si por lo poco averiguado o por ella.

.. Siempre ella… Era momento de ser sincero consigo mismo, no estaba dispuesto a dejarla ir, no entendía cómo su odio se transformaba en algo cálido y visceral, o a lo mejor, ese sentimiento siempre había estado allí, guardado y enmohecido esperando volver a verla, para que esa sensación peleara por salir del rincón de su alma donde la había enclaustrado.

Se conocía, no era generoso, le costaba trabajo y se rebelaba, pero darse cuenta de que ella nunca había recibido el dinero.

.. Sí, ya lo había confirmado, había hecho sus averiguaciones y Ryan estuvo detrás del préstamo en compañía de Anne, que fue la que le vendió la idea del soborno, y de Cassandra, que había llegado hacía un par de horas de su viaje y lo esperaba en su departamento.

Tendría que controlarse para no acogotarla.

Tomó el cuaderno de prueba y los documentos que había impreso y se dirigió a la casa de su novia.

Ya era tarde, casi todos los empleados habían salido.

Brandon entró al ascensor y pulsó el botón del aparcamiento, con una llamada había despachado a John, porque quería ir al departamento de Cassandra en su propio auto.

Dos pisos más abajo se abrieron las puertas y entró Eva, llevaba el maletín colgado al hombro y un gesto de cansancio, aunque estaba tan hermosa como siempre.

A Brandon el corazón se le detuvo al ver su sonrojo y cómo ella quiso desaparecer de su vista y subirse a otro elevador.

Estaba seguro de que era a causa del beso.

—Tranquila, puedes tomar el ascensor conmigo.

—Hola, Brandon —dijo entrando al elevador y poniéndose a su lado. Negándose a sentirse intimidada, fijó la vista en las luces de los botones que descendían. Brandon, en cambio, se dedicó a mirarla. Allí estaba esa corriente entre ellos, algo que los atraía y que hacía que se congelara el tiempo.

—¿Cómo te fue con Nathan? —preguntó al tiempo que el aroma de su perfume lo envolvía.

Un gesto cálido asomó a las facciones de Eva y descolló en una sonrisa.

—Fue… interesante.

Brandon sintió el ramalazo de los celos.

—Interesante —repitió para sí en tono irónico.

Su corazón aleteó con posesividad, se puso tenso de necesidad, dio la vuelta y la cercó contra la pared, sin moverse, sin tocarla, apoyó una mano en el muro. Si la besaba, estaba seguro de que no podría parar. De pronto su rostro bajó y acercó los labios a su oído.

—¿Qué fue lo interesante? —preguntó tenso.

—Cosas del trabajo —señaló Eva, nerviosa por la cercanía, sintiendo su respiración y su olor—. Es mejor que te alejes, puede entrar alguien.

Él sonrió seductor.

—¿Solo por eso quieres que me aleje? —preguntó, separándose un momento para oprimir el botón del ascensor que detenía el aparato.

—Brandon —dijo ella en tono de advertencia.

Él volvió a su posición anterior y le acarició un mechón de cabello que se había soltado del recogido. Un gesto delicado en contravía a la tormenta de emociones que se paseaban por su pecho.

—¿Tienes idea de lo jodidamente difícil que es estar alejado de ti?

¿Quién coño no supera a una mujer en cinco años?

—Brandon se golpeó el pecho—. ¡Yo! ¿Cómo puedes odiar a alguien y a la vez extrañarlo hasta morir?

Te juro que pensé que te odiaba y me engañaba pensando que lo había superado y en el fondo mi corazón, te echaba de menos.

—Soltó una risa baja y torturada—. Me iba a casar, maldita sea, pero atravesaste la puerta de la oficina y fue como si entrara un jodido tornado, llegaste a revolverlo todo, el odio, la miseria, el enfado, y lo único que quiero es volver a sentirte.

Me estoy quemando, Eva, y no puedo detenerlo.

—No podemos, Brandon, hemos pasado por mucho —dijo ella queriendo alejarlo y a la vez abrazarlo. Las palabras: “Me iba a casar”, atravesaron sus barreras

—¿Qué pasa con Cassandra?

Brandon se alejó y negó con la cabeza varias veces.

—Lo sabrás, no te preocupes, solo puedo decirte que ella ya no está en el panorama de mi vida.

—Espero que no sea por mi culpa.

Brandon la atrapó otra vez, furioso.

—¡Todo esto es tu maldita culpa! —bramó exaltado—. Si tan solo hubieras confiado en mí, no estaríamos atravesando por toda esta mierda. Si me tenías, ¿por qué? —Se alejó de nuevo y se masajeó la cabeza—. Yo…

El sonido del teléfono interno del elevador interrumpió la diatriba de Brandon. Se apresuró a contestar.

—Sí, no pasa nada, está bien. No hay necesidad. Gracias.

Dejó el teléfono en su puesto y enseguida puso en marcha el ascensor. Se metió las manos en los bolsillos, obligándose a calmarse, ya lamentaba su arranque. En cuanto se abrió la puerta, Eva se apresuró a abandonar el pequeño espacio.

—Corre, corre, James —dijo Brandon—. No podrás hacerlo por mucho tiempo. Por más que lo niegues, sé que estás igual que yo.

Eva se volteó a mirarlo con el deseo de soltarle un comentario irónico, algo que lo lastimara, pero su mirada hambrienta la detuvo. La había llamado James, como en la época del amor, escuchar ese nombre hizo que los recuerdos cortaran su corazón como pequeñas espinas. Se llevó la mano al pecho.

—No tienes derecho a llamarme así —dijo con voz estrangulada y luego se dijo que estaba siendo ridícula, se dio la vuelta y caminó hasta la salida.