CAPÍTULO 30 #2
La rabia y el desengaño se paseaban por su pecho al montarse en el auto, ¡él confiaba en Cassandra!
¡Maldita sea! Golpeó el timón. Le había puesto un jodido anillo en el dedo, se iba a casar con ella.
Pensó en Anne y en qué tanto estaría involucrada.
No la enfrentaría hasta no tener el rompecabezas completo, si lo hacía en ese momento, ella se saldría por la tangente.
El sonido del móvil lo sacó de sus cavilaciones, al ver el número de Nathan contestó enseguida.
—Hola, viejo.
—Hola —contestó lacónico.
—¿Mal día?
—He tenido mejores.
—Bien —concedió Nathan, indeciso.
Brandon no tenía ganas de hablar con nadie, solo quería llegar a su casa y perderse en el olvido que le daría el alcohol. Pocas veces tomaba licor, pero el regreso de Eva y el huracán de sentimientos que lo asolaban merecían una jodida botella.
—¿No tienes nada mejor que hacer un sábado en la noche?
—No, y más cuando estoy viendo a Eva con un tipo sentados como tórtolos.
Brandon se puso enseguida en tensión y aferró más el aparato.
—¿Qué diablos estás diciendo?
—Lo que oyes, mejor mueve el culo aquí ahora o tu chica se irá a bailar mambo de manera horizontal con el señor elegante y no queremos eso, ¿o sí?
Sobre su cadáver. Brandon aceleró el auto, pero se quedó pensativo unos segundos.
No tenía ningún derecho sobre Eva la, la había maltratado, la había despachado de su vida sin contemplaciones y sabía que se moriría donde ella tuviera la razón en todo y fuera inocente.
Lo investigado hasta ahora la absolvía y eso que solo había rascado la superficie.
Un nudo de temor se asentó en su estómago.
Su vida perfectamente organizada se estaba rompiendo en pedazos y lo único que deseaba era estar cerca de Eva.
—¿Dónde estás? —preguntó por fin después de batallar contra el impulso de reclamarla en medio de esa tormenta de sucesos y sentimientos, y perder sin ninguna vergüenza.
—Ese es mi hermano. —Nathan le dio la dirección—. Apresúrate, le está metiendo mano.
La sola idea de alguien haciendo eso a Eva lo encolerizó.
—Interrúmpelos, siéntate en la mesa, has algo, no la dejes irse con él ¿lo conoces?
—Es el hombre que estaba con ella el día de la presentación —respondió Nathan, risueño y burlón—. No sé si sea demasiado tarde.
—Vete a la mierda.
Brandon soltó el móvil en la silla del acompañante y aceleró rumbo al lugar. Así que estaba con el jodido Dominic, pues por lo menos esa noche le desharía los planes o dejaría de llamarse Brandon King. El lugar era un restaurante a una cuadra del hotel.
Nathan observaba a Eva charlar con el hombre, sabía que había exagerado en su conversación con Brandon.
El hombre estaba lejos de meterle mano a Eva, conversaban como buenos amigos, en ningún momento vio que hubiera algún interés romántico en el encuentro, pero él pensaba que su hermano mayor necesitaba un empujón.
—La agencia de adopción nos sacó una buena tajada de dinero el mes pasado —comentaba Dominic mientras degustaba una deliciosa carne a la brasa.
—Lo importante es que tendrán a su pequeño en un par de meses, ¿van a viajar para traerlo?
Dominic sonrió.
—Esa es la idea, nunca hemos estado en el sudeste asiático, es una buena oportunidad para disfrutar de unas vacaciones antes de recoger al bebé. Robert ya decoró la habitación, está todo listo, ¿puedes creer que hasta hizo una lista de las mejores guarderías y colegios?
—Robert es toda una madre —señaló Eva mientras partía otro trozo de pan y tomaba otra copa de vino. El licor había puesto un sonrojo en sus mejillas y tenía los ojos más brillantes.
—Estoy nervioso, me imagino que la dinámica de la relación cambiará.
—Cambiarán algunas cosas —aseguró Eva—, pero todas para bien, ya lo verás, descubrirás nuevos sentimientos.
Dominic se concentró en su copa.
—Reconozco que soy egoísta y posesivo con Robert, no se me da bien compartir y hemos sido los dos durante muchos años.
Eva retiró su plato y bebió de su vino.
—En unos meses te veré todo posesivo con el bebé, ya lo verás.
—¿Cómo está Sophie?
Eva soltó un largo suspiro, se había ganado una reprimenda de su madre por no haber asistido esa tarde a su presentación de ballet.
No podía. Después de perder a Sara y cuando nació Sophie, Eva fue incapaz de relacionarse con su sobrina.
Había tratado, pero fallaba de manera miserable, la psicóloga le había dicho que era normal debido a lo experimentado cuando perdió a su bebé.
Necesitó mucha terapia para alzarla y acunarla.
Helen y sus padres entendían su predicamento y la trataban con suma paciencia, pero la niña crecía y preguntaba por su tía.
No la veía desde Navidad, en que había tratado de ser cálida y cariñosa, llenándola de muchos regalos, que engañaron a la pequeña, pero no a Helen ni a sus padres.
Con su traslado a Chicago, la familia esperaba que por fin entablara una relación normal con Sophie, que era un amor y la adoración de todo el mundo.
En cuanto Brandon entró al lugar, un maître lo llevó a la mesa en que estaba Nathan, el lugar estaba repleto al ser un sábado en la noche.
Saludó con un gruñido a su hermano, se sentó y ordenó un whisky.
Mientras bebía un sorbo, sus ojos tropezaron con los de Eva y el corazón le reaccionó con un vuelco.
Estaba cenando con Dominic y no supo por qué tuvo el fuerte impulso de acercarse y reclamarla.
Se estaba volviendo loco. Su mirada ardió cuando levantó el vaso de licor en dirección a ella a modo de silencioso brindis.
Eva, sorprendida, ni siquiera levantó la copa que un mesero presuroso se apuró a llenar. Brandon escuchó la risa de su hermano mientras la bebida dejaba un sabor amargo en su boca.
—Estás jodido.
—¿Qué te pasa? —preguntó Dominic mientras contestaba un mensaje de texto, ajeno al intercambio.
Eva bebió otro sorbo.
—Nada.
—Te pusiste seria de repente, ¿algo te sentó mal?
Eva negó con un gesto.
—La velada era perfecta hasta que vi a los hermanos King. —Dominic abrió los ojos sorprendido—. Están a un par de mesas de la nuestra.
El hombre los miró de reojo y suspiró.
—Si a alguno de esos chicos le gustaran los hombres, te juro que mi matrimonio se vería en problemas. Joder con el par de hermanos.
—No me estás ayudando.
Dominic tenía razón. Eran guapos a rabiar, demasiado como para no prestarles atención.
Ambos vestían de manera informal; Brandon con jean, camiseta oscura y chaqueta de cuero, con su porte seductor, atraía las miradas de las chicas del lugar.
Su mandíbula firme y sombreada, su mirada sagaz y su boca carnosa lo convertían un peligro ambulante.
—Quiero irme —dijo ella, incómoda por las sensaciones que la presencia de Brandon le ocasionaba—. Ya bastante tengo con soportar su arrogancia en el trabajo para encima tener que encontrármelo en cualquier parte.
Dominic llamó al mesero y pagó la cuenta, se levantó y ayudó a Eva a ponerse el abrigo, mientras Brandon ni siquiera escuchaba la charla intrascendente de Nathan y se cocinaba en el fuego lento de los celos. Al pasar cerca de su mesa, se despidió con un movimiento de cabeza y una mirada fugaz.
En cuanto salieron del restaurante, Brandon salió detrás de ellos, despidiéndose de su hermano con un gesto de la mano sin pronunciar palabra.
Volvió a respirar en cuanto vio a Dominic despedirse de ella con un ligero beso en la mejilla, allí mismo en la entrada del lugar, y vio caminar al hombre en sentido contrario dirigiéndose al aparcamiento.
Eva caminó despacio por la acera, la distancia era corta hasta el hotel. Al ser tarde, la calle estaba algo vacía, sin embargo, todavía había algunos transeúntes. Iba distraída, achispada, percibiendo el olor del agua en el ambiente, otra tormenta de primavera se avecinaba.
Aceleró el paso cuando de pronto sintió un hormigueo en la piel, la sensación de unos ojos que la seguían y luego el tirón de alguien que la llevó a un portal cercano. Se asustó, pensando que podría ser un asalto, pero al segundo supo quién era la persona que la había seguido.
—¿Qué pasa con Dominic?
Eva negó con la cabeza.
—No entiendo por qué no estás con tu novia —atacó ella percibiendo su cercanía. Su mirada sombría la ponía nerviosa, su contacto le alborotaba las ansias dormidas. Necesitaba ligar con alguien, y pronto, era lo más sensato, se dijo ante el escrutinio de sus ojos.
—Ella no debe preocuparte.
Los ojos de Eva se entrecerraron.
—Dominic tampoco —contestó con tinte irónico.
Unos cuantos transeúntes pasaban por su lado. Nadie los miró. Brandon examinó su rostro en busca de algo que lo hiciera retroceder, pero lo único que veía era piel perfecta de porcelana, labios matadores y ojos que deseaba ver oscurecidos de pasión.
—¡Tú de nuevo en mi vida! —exclamó con tono de voz tormentoso. Todo lo que había conseguido, todo lo que lamentaba o apreciaba en el presente, existía por ella y a pesar de ella.
Quería besarla y a la vez salir corriendo, vio cómo sus ojos se agrandaban, la boca se separaba y claudicó sin pena.
La acorraló haciéndola apoyarse contra la pared de lo que parecía un negocio de libros.
Puso una mano a cada lado de su cabeza, Eva alzó las manos y las apoyó en su pecho, a lo mejor para separarlo de un empellón.
Se pegó a ella y cuando sus labios se abrieron, no supo si para hablar o respirar, inclinó la cabeza para saciar su sed.
Estaba besándola por fin, las rodillas le flaquearon, sus labios suaves y cálidos le dieron la bienvenida y él, con firmeza de saqueador, se apoderó de esa caricia.
La atrajo hacia sí con más impulso, la abrazó y la mantuvo pegada a su cuerpo, dejando que notase la evidencia de su excitación.
Percibió sus estremecimientos, el movimiento convulsivo de sus caderas y como se arqueaba hacia él.
Los dientes de ella rastrillaron su lengua, dándole la bienvenida, y lo atrajo con sutileza para retenerlo dentro de su boca.
Un sonido salió de su garganta al profundizar el beso y fue a por más.
Brandon sintió un crujir de huesos, el corazón le palpitaba enloquecido, le faltaba el aire, la necesitaba de cualquier manera, culpable o no, era la mujer de su vida, de sus entrañas.
Cassandra no tuvo la más mínima posibilidad en cuanto Eva se materializó ante él después de todo ese tiempo.
Sabía que tomaría lo que ella estuviera dispuesta a darle, así lo destrozara otra vez.
Él quería más, quería todo. Se separó unos instantes para decirle en tono ronco:
—Vamos a tu hotel, me muero por estar dentro de ti.
Eva se puso rígida, y salió de su encantamiento. Lo empujó y él dio un paso atrás. Brandon observó que lo miraba furiosa. Salió a la acera y se volvió a mirarlo.
—No vuelvas a hacerlo. —La ira hizo que su voz sonara aguda. Echó a andar con paso rápido.
Brandon se dijo que no era el momento de hablarle de sus sentimientos. Lo achacaría al beso o a la atracción que iba y venía entre los dos, o a alguna otra cosa, y eso sería peor. La dejó marchar, la observó caminar hasta el hotel y perderse tras la gruesa puerta de vidrio.