HERMANOS KING CAPÍTULO 29 #2
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CAPÍTULO 29 #2

—Traté de contactarte, pero cambiaste de número, te dejé un par de mensajes en Facebook, cerraste la cuenta días después.

Me imaginé que Brandon te había indispuesto contra mí.

Además, Cassandra Elliot robó mis diseños del logo, ¿recuerdas aquellos que te mostré en uno de nuestros almuerzos?

Brandon no me creyó, la creyó a ella, y a Anne, que estoy segura estaba detrás de todo.

Eva la miró aterrada.

—¿Anne?

—Te dije que esa mujer era el diablo y mira lo que ocurrió, ¿qué te pasó con Brandon? Ustedes se veían muy enamorados, aunque déjame decirte que fue lo mejor, es hijo de esa diabla y también me trató muy mal.

A Eva no le sorprendió lo relatado por la diseñadora.

—Elizabeth, yo también me vi envuelta en algo muy feo, por culpa de Anne y de Ryan Winthrop, le hicieron creer a Brandon cosas que nunca sucedieron y ahora, al igual que tú, mi nombre está en entredicho y necesito aclarar lo sucedido y de paso que se haga justicia también en tu nombre.

Es terrible que esa víbora de Cassandra se salga con la suya.

Elizabeth se quedó callada unos instantes antes de volver a hablar.

—Por lo menos a ti te dan trabajo en lo tuyo, a mí me cierran la puerta en las narices.

—Tenemos que reunir pruebas, alguien tiene que pararle los pies a esta mujer.

—He escuchado comentarios, soy amiga de una de las chicas ensambladoras, salgo con ellas algún viernes a tomar algo y Cassandra le ha hecho lo mismo a dos diseñadoras más, roba sus ideas y después las despide con cualquier pretexto ¿sabes que mi agenda con los dibujos de mis diseños desapareció el día que me echaron de Joyerías Diamond?

—Brandon me imagino que no se da cuenta.

—Es su novia, la protegerá o, a lo mejor, no tendrá idea. Lo que sí es cierto es que no tiene talento. Todavía trabajan algunos de mis viejos diseños, ella les hace unas cuantas variaciones, y vuelve y los utiliza, y los condenados se venden como pan caliente.

—Alguien debe haberse dado cuenta, es una situación muy injusta.

La chica se quedó pensativa.

—No lo sé. He tratado de dejarlo ir, pero con todo lo que he vivido es muy difícil.

—Volví a Chicago porque la empresa de consultorías para la que trabajo está tratando de ganar un contrato con Joyerías Diamond.

—¿Volviste a ese lugar? —preguntó, alarmada, Elizabeth, y se levantó como una bala de la mesa.

—Tuve que hacerlo, es una negociación importante y…

La diseñadora la miró como si se hubiera vuelto loca.

—¿Cómo pudiste poner un pie en ese lugar? Son despreciables.

—Es mi trabajo el que ahora está en juego.

Elizabeth salió de la cafetería. Eva caminó detrás de ella hasta que la alcanzó, arrepentida de no haber ido al hotel a cambiarse, con los tacones y la falda tan ajustada no podía seguirle el paso.

—Lo siento, no puedo hablar más contigo, no sé si estás de parte de esos desgraciados y me quieres engañar. No creo en nadie en este momento.

—¡No! Tienes que creerme, vamos a hacer justicia, por algo la vida me puso en ese lugar.

—Ellos me arruinaron la vida, allá tú si volviste por más. No me vuelvas a buscar.

La chica se perdió entre el gentío que había alrededor de una feria callejera.

Brandon había decidido trabajar ese día en su departamento, lejos de la tentación que suponía Eva.

Según los reportes de Mark, Meyer aún no aparecía en la vivienda, entonces se dedicó a recabar información sobre Ryan.

No había vuelto a verlo desde esa tarde en el hotel, se cuidaba de aparecer en las mismas reuniones sociales, los anfitriones de la ciudad sabían que algo había ocurrido y evitaban juntarlos.

Brandon no supo si fue por obra de Anne, pero no habían coincidido ni siquiera cuando a Parker lo sometieron a una cirugía y él fue a visitarlo.

Sabía que había fundado su propia fiducia y que también se había asociado con alguien del extranjero para comprar terrenos y erigir una serie de centros comerciales en varias ciudades del país.

Hacía un año había escuchado una conversación referente a lavado de dinero, pero como con todo lo relacionado con él, Brandon se había cerrado al tema, ahora le pesaba, trató de recordar quién le había hecho el comentario sin mucho éxito, había sido en una de las fiestas celebradas en la mansión de Lincoln Park.

En horas de la tarde, Mark le comentó que Eva había desistido de usar el auto que él le había dispuesto y entonces la había hecho seguir.

El hombre que la seguía le dijo que estaba en el mercado de la calle Randolph, por las fotos que le enviaron minutos después, supo que se había encontrado con Elizabeth Castillo.

La rabia nubló su entendimiento. Salió del departamento dispuesto a enfrentarla.

Eva, después de la despedida abrupta de Elizabeth, caminó un trecho, intentando sin éxito tomar un taxi, hasta que un auto parecido al de Brandon se situó a su lado. No creía en coincidencias, el chofer aparcó y Brandon salió del vehículo, dio la vuelta y le abrió la puerta.

—Sube —dijo en tono helado.

—¡No!

—¿Otra vez? —Él le regaló un gesto ladeado—. ¿Por qué me da la impresión de que gozarías si te tomara en brazos y te subiera al auto a la fuerza?

—Estás completamente loco —afirmó Eva, furiosa, porque a pesar de todo lo que lo rodeaba, ella lo aún se sentía atraída por él.

Se imaginó dejándose llevar por la fuerza y un calorcillo que no tenía que ver con el rechazo la invadió.

Estaba jodida, dijo la parte que luchaba todos los días contra ese tipo de comportamientos—. No estoy de humor para tus tonterías.

—Tengo noticias, tenemos que hablar.

Ella lo miró fijamente y al fin subió al auto.

—¿Mi casa? —le preguntó él.

—¿No le molestará a tu novia?

Sus ojos zarcos estaban fijos en él; Brandon desvió los suyos.

—No voy a hablar de Cassandra contigo, no insistas.

—Pues vas a tener que hacerlo.

Él la miró de nuevo de manera interrogante y le dio la orden al chofer de que lo llevara a su departamento, se volteó a mirarla con ceño fruncido.

—¿Qué quieres decir? —Eva negó con la cabeza señalando al chofer, enseguida un vidrio separó el área del conductor—. Habla.

—Estuve hablando con Elizabeth, pero tengo la impresión de que sabías dónde estaba. En serio, Brandon, esto me suena a lugar común, deberías hacer seguir a los malos, conmigo pierdes el tiempo.

—¿Qué hacías reunida con ella?

—Hablar, saber de su vida, parece que aquel día la desgracia no fue solo para mí, también lo fue para ella.

—Hablas como si fueras víctima, recuerda cómo te encontré.

—No voy a volver a eso.

—Claro que no —señaló con sarcasmo.

Eva se negó a seguir hablando hasta que llegaron al departamento de Brandon que estaba ubicado en el último piso de una lujosa torre. El ascensor los llevó directo a la entrada del departamento, Eva aparentó indiferencia ante lo que veía, lujo y buen gusto por todas partes.

Brandon la llevó hasta la sala, donde la invitó a tomar asiento en un sofá de color hueso.

La miró fijamente, mientras ella dejaba la chaqueta y el maletín en una de las sillas y tomaba asiento en la otra.

¡Dios mío! Iba a morir de un infarto. Ella era su mayor tentación.

Esa blusa que dejaba al descubierto la fina silueta de sus hombros, su clavícula y ese hueco de la garganta que había reverberado todos sus gemidos y que él disfrutó como el jodido adicto a ella que era.

Eva iba a ser su ruina, su cielo y su infierno con esa falda que le llegaba por debajo de las rodillas y se pegaba a sus curvas de qué manera.

Era perfecta, era sexy y sabía que estaría excitado todo el jodido rato porque no había la más mínima posibilidad de que se situara lejos de ella, y así estuviera furioso, quiso tener la potestad de encerrarla en su ático y nunca más dejarla salir de aquel lugar.

Tomó asiento en un sillón frente a ella.

—¿Quieres tomar algo? —Eva negó con la cabeza—. ¿En serio no habías vuelto a verla? —preguntó incrédulo.

Eva tuvo que hacer el ejercicio de no arremeter contra Brandon. Respiró profundo varias veces y le contó los pormenores del encuentro, hasta la afirmación de la diseñadora colombiana de que Cassandra le había robado los diseños del logo de la joyería.

—Eso es mierda.

—No lo es, tú estás ciego porque estás enamorado, ¿pero no se te hace raro que todavía sigan usando los diseños de Elizabeth con pequeñas modificaciones? También me contó de las diseñadoras a las que les hizo lo mismo y que hizo despedir sin justa causa.

—Los que tú crees que son de Elizabeth.

—Además —continuó ella—, el cuaderno de trabajo de Elizabeth desapareció ese mismo día, y sabes que esos cuadernos son parte del alma de cualquier diseñador.

Brandon recordó una charla con Cassandra hacia un par de años en la que hablaban sobre el volver a utilizar diseños reformados de colecciones pasadas, los diseñadores de modas lo hacían todo el tiempo.

Brandon no le veía nada de malo a querer depurar un diseño y presentarlo en una nueva versión y efectivamente, no era malo si el diseño era tuyo y no de personas a las que despedías con malas artes.

Eva, mientras tanto, aprovechó y sacó su iPad del maletín.

—Recordé estos datos, mira. —Le tendió el aparato—. En el área de diseño, hay una rotación de personal más elevada que en producción, ¿a qué crees que se deba?

—Para eso es que voy a desembolsar miles de dólares, para que me lo digas.

Aunque Brandon no necesitaba pagar para saber la razón: Cassandra era una mujer de trato difícil, fuertemente competitiva con otras mujeres, y él no entendía el porqué, siendo hermosa y talentosa, pero ese era un rasgo de su personalidad con el que le costaba lidiar.

—Tengo mis teorías sobre eso que me comentas y créeme, no tienen nada que ver con la gran conspiración que crees que ha habido en la empresa.

Tendrás que darme algo más sustancioso, no creerás que de buenas a primeras voy a creer en el par de personas que me vieron la cara de imbécil hace cinco años.

Eva lo miró de manera beligerante.

—No entiendo para qué me trajiste si no vas a creer nada de lo que diga.

Se acercó a tomar su abrigo, pero Brandon se lo quitó y dejó la prenda donde estaba.

—Discúlpame, tienes derecho a defenderte, ese fue el trato —dijo contrito.

—No quiero desperdiciar palabras —protestó Eva fastidiada.

—No lo harás —concluyó él aclarando su garganta de una súbita ronquera.

Al pedirle a la joven que le explicara uno de los datos, Eva se levantó y se inclinó sobre el aparato, acercándose tanto a Brandon, que él dejó de escuchar la disertación que ella, de manera profesional, le hacía, para perderse en la sensación de sentirla tan cerca.

Volteó el rostro en el momento en que ella echó su cabello a un lado y pudo observar sin pudor la delicadeza de sus hombros y su clavícula, luego llevó la mirada a su boca y de nuevo a esa porción de piel que lo embrujaba.

En cuanto lo miró, él desvió la mirada con rapidez al aparato sin tener ni idea de lo expuesto por ella.

—Podrías hablar con las diseñadoras.

—Ellas hablarán mal de Cassandra si fueron despedidas de la empresa.

—¿Quién es su colaboradora más cercana?

—Colaborador. Michael Donaldson es un chico talentoso, llevan trabajando casi dos años juntos.

Brandon se quedó callado, validando su teoría.

Michael llevaba dos años con ella y se llevaban muy bien, no había competencia de por medio.

También se percató de que el área de diseño había dado un vuelco desde esa época.

Cassandra afirmaba que todo era idea de ella, que Michael lo único que hacía era perfeccionar algunos diseños y encargarse de la línea económica, pero las palabras de Eva encendieron sus alarmas, no podía ser tan obtuso de no creerle, porque algunos datos coincidían.

—Vamos a la empresa.

—¿Ahora? —se sorprendió Eva.

—¿Tienes algo mejor que hacer? ¿Alguna cita? A propósito ¿qué hay entre Dominic y tú?

Eva casi suelta la carcajada, pero puso su cara de jugadora de póker.

—Mi vida privada no es asunto tuyo. Podremos reunirnos mañana.

Brandon examinó su rostro mientras ella se ponía el abrigo, no tenía derecho a preguntarle, pero le molestaba que Dominic o cualquier otro la estuvieran esperando. Eva se despidió sin mostrar nada en su expresión.

—Está bien. Te dejaré descansar, haré que John te lleve a casa.

—Gracias.