HERMANOS KING CAPÍTULO 24
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CAPÍTULO 24

—Lo siento, señorita James —dijo una joven, preocupada ante el gesto furioso de Eva—. El señor King dijo que olvidó algo en su oficina y que debe volver.

Eva se acercó a la mujer y le dijo en tono bajo, para que nadie más escuchara.

—Dígale a su jefe que puede meterse su encargo por donde mejor le quepa.

“¡Al carajo con todo!”, caviló aún furiosa.

Recuperó su carnet de identidad ante la estupefacta empleada y salió del edificio sin saber qué hacer.

Caminó por la acera sin ver la gente que iba y venía a un ritmo acelerado, sin escuchar el ruido de los autos y sin un rumbo definido.

Debió imaginarlo, debió saber que las cosas no quedarían simplemente en lo que quedaron.

Anne King, Ryan Winthrop y Cassandra Elliot habían hecho completa la labor y le habían jodido la vida, no fue suficiente la humillación vivida, tuvieron que enterrarla a los ojos de Brandon, atentando no solo contra su corazón, sino con su ética de trabajo y su dignidad.

Y Brandon había caído redondo, tuvo que ser algo hilado de manera muy fina para que se lo hubiera tragado, a lo mejor cuando llegó al hotel, ya las dudas estaban sembradas, y ella ni siquiera había podido volver a hablar con él.

Destaparía todo o se dejaría de llamar Eva James, necesitaba una verdadera restitución y reparación, y eso solo podría ocurrir cuando se supiera toda la verdad.

Llegó hasta un parque en medio del distrito financiero, donde varios ejecutivos jóvenes trabajaban al aire libre en sus ordenadores.

Era un día primaveral, la vegetación, colorida como arcoíris, impregnaba de belleza el ambiente.

Se sentó en una de las sillas que pululaban alrededor, su mente volvió a las palabras de Brandon: treinta mil dólares.

¿Dónde estaba ese dinero? El debió tener una constancia de que ella había recibido esa cantidad.

Se quedó unos segundos pensando, necesitaba saber qué más había.

Debía haber algún empleado enterado de todo, para crear una telaraña tan tupida no se imaginaba a esos tres trabajando solos, en esos casos siempre había alguien que se encargaba del trabajo sucio.

Nunca volvió a ver a Elizabeth, a lo mejor había vuelto a Colombia.

La contactaría por alguna red social Necesitaba con urgencia las pruebas que tenía Brandon para empezar a esclarecer todo.

Se dirigió al hotel, en el camino llamó a Janeth para comentarle que necesitaba aplazar el alquiler del departamento, si el contrato con las joyerías no se daba, que era lo más probable, ella presentaría su renuncia y asumiría la responsabilidad del fracaso, no permitiría que sus colegas se quedaran sin empleo.

Un poco más tranquila y con un sendero a seguir, así fuera con pasos de ciego, atravesó las puertas giratorias del hotel para encontrarse cara a cara con Brandon, que la esperaba de pie recostado en una columna, mientras revisaba el móvil.

—¿Qué haces aquí? —preguntó ella de mala manera ignorando el nudo en su estómago y el vuelco en los latidos del corazón.

—Necesitamos hablar —dijo él con semblante serio.

—Si vas a seguir esgrimiendo acusaciones a diestra y siniestra de lo que crees que le hice a tu empresa sin darme la oportunidad de defenderme, no eres bienvenido.

Eva pasó de largo directo a los ascensores. Brandon la tomó del brazo, ella quiso ignorar el calor que el causó ese simple contacto. Se soltó enseguida.

—Vamos —dijo él en tono suave—, te invito a un café.

Eva accedió al ver su talante más calmado.

Caminaron en silencio hasta una de las cafeterías del hotel.

Al llegar a la mesa, Brandon le abrió la silla, un detalle tan caballeroso que le recordó a la señorita Selma, y quiso preguntarle por ella, pero se contuvo.

El mesero se acercó, Eva pidió un té, Brandon un café.

—Me prometí que no sacaría el tema del robo, por lo menos este primer día.

Eva volvió a indignarse.

—No sé cómo tienes el coraje de decírmelo, algo muy difícil de creer al ver los papeles que querías que firmara.

—Aún quiero que los firmes, la semana de trabajo sigue en pie. Si deseas salvar este negocio.

Eva sonrió sarcástica.

—No serías tan tonto de darnos ese contrato si tienes un concepto tan bajo de mí.

Él se quedó en silencio unos segundos.

—Créeme, hay hombres que han hecho cosas más estúpidas.

Lo que tenía a Brandon un poco confundido era la genuina angustia de Eva, nadie podía ser tan buen actor, aunque casos se habían visto, o ya ella estaba de nuevo friéndole los sesos como en el pasado.

—No confío en tus intenciones, Brandon. No sé qué pretendes.

—Ya somos dos.

Ni él mismo sabía. Apenas podía apartar la mirada de ella, estaba seguro de que experimentaba lo que sentía un jodido adicto después de meses en rehabilitación, suavizado ante la vista de un chute de heroína.

Imaginarla desnuda, debajo de él, gimiéndole al oído, era el viaje de su vida.

Dios, cuando descubrió su traición había estado tan, pero tan enojado, que se había dedicado a follar con cuanta mujer se atravesó en su camino para anestesiar el dolor y volver a sentirse hombre otra vez.

Trabajaba como un loco, saturaba su tiempo de actividades para negar su ausencia.

No le había servido de mucho, la pena estuvo allí mucho tiempo, como esas heridas profundas sin esperanza de cicatrización que describían esas cutres canciones que hablaban de desengaños.

No eran sentimientos generosos los que lo tenían allí sentado frente a ella, estaba la curiosidad, una gran cuota de resentimiento, el deseo de algún tipo de revancha y una profunda atracción que a la vez repelía.

Negarlo sería de tontos, y había algo más, no sabía aún lo que era, pero necesitaba de manera desesperada averiguarlo, necesitaba cerrar ese capítulo de su vida y de pronto buscar las respuestas que se había negado a contemplar tiempo atrás.

Claro que no sería tan imbécil de hacerlo patente ante ella, ya era muy evidente al estar convenciéndola de trabajar esa semana. ¿Y después qué?

Se sintió tonto, tuvo el impulso de levantarse y salir corriendo sin mirar atrás, pero había algo que lo ataba a esa silla, a esos ojos, a esa boca, era como una energía, un campo magnético que lo atraía a ella, siempre a ella.

Necesitaba calmarse, ver las cosas en su justa perspectiva, era una simple mujer, atractiva, era cierto, pero él había tenido a su lado a mujeres mucho más hermosas.

Acababa de comprometerse con una belleza, no concebía el por qué no se levantaba, salía corriendo y se olvidaba de todo.

No podía.

Se aclaró la garganta.

—Tus credenciales son impecables, a pesar del poco tiempo que llevas dedicada a esta labor has hecho muy buen trabajo y quiero ver qué tan ciertas son las apreciaciones de las demás empresas con las que has trabajado.

Voy a pagar una buena cantidad, es justo que pruebe el percal antes de abrir la bolsa del dinero.

El mesero llegó con el pedido. Brandon le pasó el azúcar normal, no había olvidado sus gustos.

Eva se tomó su tiempo endulzando la bebida mientras su mente trabajaba a millón, podría tener acceso a cierta información si se decidía, pero no lo haría a espaldas de Brandon, necesitaba que él supiera que ella estaba interesada en limpiar su nombre.

—Trabajaré contigo, pero necesito que todo esto se aclare.

Ya me preocupa qué información sobre mí, que no es cierta, anda rodando por ahí; si llegara a oídos inadecuados, sería mi fin como profesional.

De haberlo sabido cuando ocurrió todo, lo hubiera aclarado en ese mismo momento —apuntó ella con firmeza y decisión, que refutó el temor que la asaltó de pronto de no poder hacerlo.

Enarcó las cejas y lo miró con expectación.

—Suenas muy convincente —objetó Brandon—, has perfeccionado tu poder de convencimiento, pero se necesitarán más que palabras bonitas y poses de mujer indignada para hacerme creer en tu verdad.

Además, tengo pruebas, no deberías molestarte y más bien sí seguir trabajando de la manera en que lo has hecho después de ese desafortunado incidente.

Eva se negó a desanimarse.

—No lo hago por ti, tú ya tienes tu juicio, lo hago por mí y por mi futuro, ¿estamos?

—Está bien —aceptó poco convencido.

—¿Confrontaste a Maurice Weisz? ¿Pudo pagar de alguna forma por lo que hizo?

Él la miró, furioso.

—Estabas tú de por medio, no quería que terminaras en la cárcel, ni que se desatara un escándalo que no convenía a ninguna de las dos firmas, recuerda que estaba empezando a dirigir el negocio.

—Qué considerado, me abruma tu buen corazón —dijo con un tinte irónico, que lo molestó aún más—. ¿Debo darte las gracias?

Él le aferró la muñeca.

—No te pases.

Darse cuenta a los pocos días de que, además de lo ocurrido, los diseños de la última colección de joyas habían ido a parar a la competencia, fue otro duro golpe sobre el que había guardado estricto silencio.

No quiso profundizar en los hechos por orgullo y para no quedar como imbécil ante sus empleados; aceptar las pruebas que su madre le puso en las narices le fue fácil después de lo ocurrido en el hotel.

Ahora se preguntaba si eso había sido una estupidez.

A su favor esgrimía la enorme presión de hacerse cargo de la dirección de la empresa en medio de circunstancias difíciles para la compañía, era el futuro de cientos de empleados el que estaba en juego, no podía dar pasos en falso.

Apretó los dientes y siguió adelante. Y a la larga fue el peor semestre para la competencia, nunca supo si porque los diseños no eran tan buenos o por la baja en los mercados.