CAPÍTULO 22
Para Eva fue difícil contarle a Dominic lo ocurrido con Brandon cinco años atrás.
No le dijo todo, se guardó los detalles sórdidos y lo más importante, pero sabía que su compañero se merecía una explicación después de la reunión de hacía unas horas en Joyerías Diamond.
Más que molesto, lo notaba decepcionado.
Balanceaba el vaso de licor de una mano a otra.
—No debiste aceptar esta comisión, claramente hay un conflicto de intereses —adujo el hombre, sentado en la salita de la suite del hotel donde se hospedaba Eva.
Ella se había cambiado a un chándal y una camiseta, y con las piernas recogidas sobre la silla enfrentaba la diatriba de su amigo.
—Lo sé y tienes razón en recriminarme. No debí dejar que un asunto tan personal interfiriera en la negociación, pero la verdad, no creí que a Brandon le importara —dijo ella con vehemencia—. Además, recuerda la presión que ejercieron en Nueva York para hacerme trabajar en este proyecto.
—Lo sé y por eso no puedo estar muy furioso. Si ocurrió todo cómo me lo contaste, eres una ingenua, un hombre no olvida esa afrenta.
—¿Vas a hablar con Presidencia?
Él soltó una sonrisa triste, dejó de mirarla y su rostro era impasible, pero la desaprobación era tan obvia como el olor de su colonia flotando en el aire.
—No estamos en la escuela, Eva. ¿De qué me serviría hacerlo?
Si hubieras sido franca con nuestro jefe, no estarías aquí, estoy seguro, lo que me hace preguntarme si no deseabas tú también esta confrontación, pero no te voy a juzgar, eso quedará entre tu conciencia y tú.
Además, no soy tan cabrón como King. —Soltó un largo suspiro y tomó un largo trago—.
Él sí te va a hacer la vida imposible después de todo lo que me has contado, tendrás que darle lo que pide si queremos salvar el contrato.
Ese hijo de puta te buscará las cosquillas y te volverá loca antes de terminar la jodida semana y ni siquiera eso nos garantizará que acepte trabajar con nosotros. Conozco a los de su tipo.
—No conoces a Brandon King.
—¿Y tú sí? Conociste al joven universitario, ese hombre que nos enfrentó hoy, estoy seguro de que no tiene ya mucho que ver con el que tú conociste. Es un hombre muy cabreado.
—Ha cambiado, eso te lo concedo, pero tenemos un buen trato, es un hombre listo y su empresa nos necesita.
—Y también es un hueso duro de pelar, que no se te olvide —agregó Dominic y dejó el vaso en la mesa, pensando en el nuevo rumbo que tomaban los acontecimientos—.
En fin, hay algo que no me cala y es lo que más me preocupa, ¿por qué te quiere a su lado esa semana?
Los dueños de las empresas saben muy bien cuál es su lugar.
Es raro que deseen descender del Olimpo para trabajar con simples mortales y simplemente toman la decisión de decir sí o no a las diferentes propuestas que les presentan sus gerentes de departamento o su equipo de trabajo.
—Brandon sacó a flote Joyerías Diamond de una situación muy delicada, me imagino que no querrá ningún hilo suelto con miras a la expansión.
Por lo que Eva había investigado, Brandon manejaba su empresa como un capitán que se paseaba por la cubierta de un barco dispuesto a zarpar.
Hasta que no tuviera la oportunidad de ondear la bandera con la calavera y las tibias, no saldría a la palestra su verdadera naturaleza.
Era un hombre que iba tras lo que quería con decisión y astucia.
—Lo defiendes, ¿aún sientes algo por él?
—¡No lo estoy defendiendo! —enfatizó rápidamente—. Ni más faltaba, simplemente doy por hecho lo que se sabe de él.
—Si tú lo dices. —Dominic se levantó de la silla poco convencido y con semblante preocupado—. Tienes que poner los intereses de la empresa en primer lugar y tendrás una semana para hacerlo, pero también quiero que tengas cuidado.
Eva estaba segura de que podría mantener la máscara en su rostro sin problema.
Brandon nunca podría enterarse de lo sucedido después de que terminaran, el miedo, la desolación, la desesperanza.
No, ella era una mujer orgullosa. Y así en el fondo lo único que quisiera fuera lastimarlo, al menos para su orgullo había sido satisfactorio constatar su resentimiento, porque eso quería decir que no la había olvidado; así estuviera comprometido con la pécora de Cassandra, ella había ocupado un lugar importante en su corazón y en su vida, su comportamiento lo evidenciaba.
—Lo tendré, me siento responsable de lo ocurrido y en mi mano está el solucionarlo.
—Eso esperamos, yo me encargaré de John y de Kim.
—Está bien.
Eva se quedó con la vista fija al frente.
Después de años de alardear ante ella misma asegurándose que todo estaba superado y olvidado, la vida la devolvía a su lugar.
Durante toda la charla con Dominic no había podido quitarse a Brandon de la cabeza.
Pero no lo ocurrido en su oficina, no, Por su mente había pasado, como en una jodida película, su historia anterior a los problemas, la de antes de que el demonio, el destino o quién diablos fuera viniera a joderles la vida.
La ruptura fue horrible, porque ninguno de los dos la vio venir.
Ocurrió cuando bailaban en la cima de la felicidad, y algo así estropeaba el camino de la vida.
Eva se imaginó que era como cuando ocurría una tragedia, un terremoto, un huracán o Dios sabe qué tipo de desdicha, y todo lo que se conoce y de lo que se tiene certeza desaparece de golpe. Así les ocurrió a ellos.
No tenía miedo de enfrentarlo esa semana, temía a sus sentimientos, a la cercanía y al profundo resentimiento que a ella también la habitaba.
Un par de años de terapia fueron necesarios para volver a ver el mundo con un prisma de colores.
Los hombres que compartieron su vida esos años le recriminaban el que ella anduviera por la existencia como en una burbuja, y así se sentía, vivía en una esfera tangible para protegerse de alguna acometida.
Pero ese día al enfrentarlo sintió esa burbuja desvanecerse y no le gustó la sensación, porque no se podía permitir ser vulnerable de nuevo.
Sabía lo que ocurría cuando eso pasaba. Años de dolor aún hervían en su pecho.
—Jódete, Brandon King.
Brandon, sentado a su escritorio, en mangas de camisa y con las piernas subidas en la superficie del mueble, saboreaba un whisky mientras miraba a lo lejos, por los ventanales, las luces de la ciudad.
—¿Por qué mierda estás a oscuras? —Nathan entró y encendió una de las lámparas cercanas al escritorio. Brandon lo miró sin decirle una sola palabra y bebió el contenido del vaso de golpe—. Gracias, eres muy amable, yo también necesito uno de estos —dijo sin más ante el mutismo de su hermano.
Se dirigió al mueble y se sirvió una bebida de lo mismo que suponía tomaba Brandon, sacó la botella, le sirvió a él otro trago y dejó el licor en la superficie del escritorio.
Brandon volvió a aferrar el vaso y lo escrutó con el ceño fruncido. Había pedido a su secretaria que nadie lo molestara.
—¿Qué diablos haces aquí?
Nathan se encogió de hombros, se acomodó en una de las sillas frente al escritorio de su hermano y, al igual que este, montó los pies sobre la superficie abarrotada de papeles.
—Trabajo aquí, según recuerdo. —Observó a Brandon tomar otro sorbo de licor y seguir mirando el panorama de edificios iluminados—.
Tengo el informe que el par de becarios de Northwestern hicieron durante dos semanas.
Pobres diablos, puedo jurar que no durmieron, pero me gustaron algunas de las conclusiones.
—Ilumíname —dijo Brandon con voz apagada.
—El oro sigue reinando. El sesenta y cinco por ciento de las compras corresponde a artículos de joyería de oro, el veinticinco por ciento corresponde a joyas en plata y un diez por ciento está referido a manufactura de piedras preciosas o semipreciosas.
—Ese diez por ciento es sobre el que hay que trabajar y más con la apertura del taller de tasaje y talla de diamantes —manifestó Brandon.
Siguieron hablando de mercadeo y finanzas, confiaba en que Nathan captara su estado de ánimo y no le hiciera preguntas personales que no deseaba responder.
—¿Estás bien?
No iba a tener tanta suerte, se dijo Brandon, rodando los ojos.
—Perfectamente.
—No pareces estarlo —observó Nathan, con evidente curiosidad por conocer el resultado de la reunión con Eva que, por lo visto, lo había alterado.
—Estoy bien —Levantó el vaso en un brindis imaginario y se lo bebió de golpe—. Es raro que no tengas algo más importante que hacer que preocuparte por mi bienestar —señaló con algo de sarcasmo—. Siempre estás en algún compromiso, nunca te pillo a esta hora.
En el tono de Brandon no había reproche.
Nathan era uno de los hombres más inteligentes que conocía, dueño de un carisma inigualable, manejaba las relaciones públicas, la publicidad y el marketing de las joyerías.
Cualquier persona que no conociera esa parte del negocio podría tomar a Nathan por alguien amante de la buena vida y superficial, pero detrás de su encanto y su despreocupación, se escondía un gran talento y eso su hermano mayor lo sabía.
Nathan sonrió sin ningún tipo de pudor o vergüenza y decidió meter el dedo en la llaga.
—¿Tiene algo que ver Eva James con que estés aquí encerrado en la oscuridad como vampiro mirando lejos y pensando en su próxima víctima?
Pregunta equivocada. Sobre todo, después de la reunión de hacía unas horas, pero sabía que Nathan no lo dejaría en paz, su naturaleza se lo impediría.
—¡No! —reaccionó exaltado—. Eva James no tiene ningún poder sobre mí.
Nathan levantó una ceja y le obsequió una mirada perspicaz.
—Está bien. Tampoco es para que te exaltes.
—No estoy exaltado.
—¿Sabe Cassandra de esta visita?
—No lo hemos hablado —aseveró en tono de voz bajo y molesto.
—Es una mujer preciosa y segura de sí misma, no creo que…
—¡Es una pécora! —rugió Brandon.
—Estoy hablando de Cassandra —se burló Nathan antes de darle otro sorbo a la bebida.
Brandon dio la vuelta, sus pies cayeron al suelo ocasionando un sonido sordo.
—¡No estoy para bromas! —exclamó furioso.
Se levantó de manera brusca, se desanudó la corbata y caminó hasta la ventana.
—Ya veo.
—Creo que acabo de cometer una estupidez. Le pedí a Eva que trabajara conmigo durante una semana.
Nathan frunció el ceño.
—¿Por qué hiciste eso?
Brandon se masajeó el cabello con brusquedad y soltó una carcajada carente de humor.
—No tengo ni puta idea de por qué lo hice.
Brandon huía de los rollos sentimentales por naturaleza, por lo que no entendía aún su reacción. Se consideraba un hombre razonable, habían pasado cinco años. ¿Quién coño no supera a una mujer en cinco jodidos años?
Nathan se levantó de la silla y se puso a su lado. A lo lejos se observaban las luces de los autos rumbo a su destino.
—Ten cuidado, Brandon, demoraste mucho tiempo en superarlo o por lo menos lo aparentaste, pero nunca volviste a ser el mismo. Si estás buscando algún tipo de revancha, no es el momento.
Nathan se veía mortalmente serio, aunque le hacía algo de gracia su hermano.
Brandon era muy protector con Mathew y con él, siempre al pendiente de sus cosas, de charlar, de compartir juegos y salidas; a pesar de su semblante serio, si tenía que ponerse al nivel de bromas de sus hermanos, lo hacía.
Una vez con un par de tragos encima les había manifestado —solo esa vez y nunca volvió a repetirlo—, que no quería en ellos, las personas que más amaba en el mundo, esa sensación de desolación y abandono que lo rodeaba desde su niñez. Nathan cada tanto bromeaba al respecto.
Brandon observó a su hermano de reojo y se preocupó, muy mal debía estarlo viendo Nathan si le está hablando como él les hablaría a ellos en circunstancias parecidas.
—Lo sé.
Cinco años repitiéndose que la había olvidado y funcionó, tenía una vida, tenía una novia; pero cuando Eva James estuvo frente a él, fue como si el jodido tiempo no hubiera pasado y recordó todo lo que había perdido.
Eva James era una maldita pesadilla —caviló Brandon, olvidando la presencia de su hermano a su lado—, era su sueño y su oscura fantasía.
Su manera de hablar, de moverse, de enfrentarlo, Dios mío, lo había envuelto como telaraña, no debía olvidar que era peligrosa, ponzoñosa.
Algo golpeó su pecho en cuanto volvió a ver el color de sus ojos, pero al escucharla, sus palabras se mezclaban con el recuerdo de sus jadeos y sus susurros al oído, que llegó a necesitar como un jodido adicto.
Precisaba olvidar el día de mierda que había tenido, olvidarla a ella y la tamaña estupidez que acababa de cometer, necesitaba perderse en el dulce cuerpo de Cassandra.
—Entonces deshaz el arreglo, no necesitas a Eva James dando vueltas a tu alrededor, tienes una buena vida, una novia hermosa, no lo jodas por andar pensando con la polla. Estoy seguro de que habrá otras empresas en el sector con idénticas credenciales.
—Necesito saber si es confiable.
Y también verla humillada, de rodillas, sus estilizadas piernas alrededor de sus caderas... Se separó de la ventana, ¿qué estupidez estaba pensando? El encuentro lo había agitado todo. El saber que ella aún lo afectaba de alguna manera lo enfureció.
—Por otro lado, es bueno que explores lo que sucede ahí y ya sabes, que lo superes. En plan buen rollo… En otras circunstancias, ni se me pasaría por la cabeza hablar de estas mierdas, pero eres mi hermano y hay mucho en juego.
Brandon lo miró confuso.
—¿Qué mierdas te pasa? ¡Cualquiera que nos oiga pensará que somos un par de maricones!
—O que deberías conectar con tu parte femenina.
—Femenina un cuerno. —Caminó hacia el escritorio, abrió un cajón y sacó un estuche de color azul oscuro—. La única parte femenina con la que quiero conectar, me está esperando en su casa.
—¿Estás seguro de que es el momento? —preguntó Nathan al ver la caja.
—Lleva su tiempo ahí guardado, ya es hora.
Nathan frunció el ceño.
—¿No te has preguntado por qué has demorado tanto en dar el paso?
—No, no lo he hecho.
—Ojalá Eva no tenga que ver con esta decisión.
Brandon tomó la chaqueta del vestido que estaba en el espaldar de la silla y soltó una maldición mientras se la acomodaba. Le hizo un gesto a su hermano con el dedo medio.
Salió sin despedirse.