HERMANOS KING CAPÍTULO 21
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CAPÍTULO 21

Eva se levantó de la cama y puso algo de música en el reproductor: los acordes de Turning Page, de Sleeping at Last, se deslizaron por la habitación.

Se sirvió una copa de champaña y bebió unos cuantos tragos, se acercó a la ventana algo preocupada, y pensó que el licor la ayudaría a controlar el temor a lo que pudiera ocurrir con Brandon.

En el momento en que dejaba la copa en la mesa, escuchó la puerta abrirse y pensó en darse la vuelta, pero sabiendo que a Brandon le encantaría la vista, se quedó de espaldas.

—Hola, dios del sexo y el placer, te estaba esperando —dijo, nerviosa.

De pronto se sintió ridícula, ella debería estar esperándolo vestida y sentada en la silla, la charla que iba a mantener con él no era una que pudiera tenerse vestida de esa manera.

—Me han llamado muchas cosas, pero dios del sexo…

Eva se volteó asustada y vio a Ryan recostado en una jamba a la entrada de la habitación, con una mirada lasciva que no le conocía.

No tenía corbata y la chaqueta la llevaba al hombro.

Eva llegó hasta la silla y agarró la bata con la que había salido del baño, que se puso de manera rápida, se amarró el cinturón y lo enfrentó.

—¿Qué haces aquí? —preguntó asustada—. ¿Le pasó algo a Brandon?

Ryan chasqueó los dientes y negó con la cabeza mientras se acercaba a ella.

—No, hasta el momento no le ha pasado nada, creo.

Eva dio dos pasos atrás y cayó sentada en la cama, se levantó como un resorte.

—Vete, Brandon puede llegar en cualquier momento.

—Eso es lo que espero, querida.

—¡No entiendo! ¡Yo me largo de aquí!

Eva caminó hasta donde estaba su ropa, pero Ryan la tomó del brazo y la tiró en la cama. Eva se asustó más, poco quedaba del hombre comedido y civilizado que había compartido con ella en semanas anteriores.

—Estoy seguro de que tu brillante cabeza ya empezó a hacer clic respecto a lo que ocurre.

No es nada personal. Como te dije una vez, todo es por el jodido dinero y el poder que conlleva.

No debiste meterte con Brandon King. Hubieras seguido tu patética vida sin cruzarte en su camino y no me vería obligado a hacer esto.

Eva le destinó una mirada de hielo, estaba asustada, pero antes muerta que manifestarlo.

—Brandon te va a matar.

Él sonrió burlón.

—¡Oh, sí! Correrá sangre, pero que me mate, no lo creo, así seamos enemigos, hay un código de honor en no dejar que una vida acabe por culpa de una puta.

Sintió el cuerpo pesado, de pronto se le dificultó ponerse de pie.

—¡No soy ninguna puta! Brandon se dará cuenta de que esto es una trampa.

—No creo, esto apenas es una pequeña parte de todo lo que hemos preparado, pero Brandon es tan posesivo y celoso contigo, que no necesitaremos mucho más.

Eva trató de incorporarse, pero las piernas se negaron a obedecerla.

—¡Eres un maldito hijo de puta! ¡Me drogaste!

—Tienes razón, pero no te preocupes, es un calmante suave, no queremos arruinar el efecto.

Eva, asustada por el intercambio y la manera en que el hombre la jaló del cinturón de la bata, que aflojó de mala manera, trató de incorporarse sin lograrlo.

Sus sentidos estaban atentos, pero la droga utilizada por Ryan le impedía moverse libremente, sentía el cuerpo pesado como si una losa de cemento invisible la aprisionara. Se le aguaron los ojos.

—¡Por favor! Déjame ir.

—No puedo, preciosa, pero te prometo que en unos minutos habrá acabado todo. —Ryan la miró con un atisbo de lástima—. En serio. Eres una mujer muy hermosa y en otras circunstancias me divertiría contigo hasta el final, pero me gustan bien dispuestas. Además, me caes bien.

Brandon llegaría en cualquier momento y ella se moriría. Él no le creería nada de lo que tuviera que decirle, el ambiente sórdido de la habitación hablaba por sí solo. Poco a poco su corazón se fragmentaba en pedazos. Ryan estaba nervioso, no se atrevía a tocarla.

—Lo siento. De veras.

—Si lo sientes, no lo hagas, por favor.

El móvil de Ryan vibró en su bolsillo, leyó el mensaje con una sonrisa de satisfacción. Se soltó los botones de la camisa, se acomodó a su lado y le acarició el contorno del cuerpo. Eva quiso morirse en ese mismo instante.

—No es personal, querida. En menos de cinco minutos sentirás de nuevo las extremidades.

Un estruendo se escuchó en la puerta de entrada y Eva vio cómo Brandon entraba a la habitación y miraba con gesto incrédulo el modo en que Ryan la tocaba.

—¡Eva! —gritó en un tono de voz tan desgarrado que ella ni siquiera fue capaz de emitir un sonido—. ¿Qué coños pasa? —Se acercó y separó a Ryan de mala manera—. ¡Maldito hijo de puta!

Le dio un puñetazo en pleno rostro y se acercó a la cama. Levantó a Eva por los hombros y la zarandeó.

—¡Yo confiaba en ti, maldita sea, confiaba en ti!

Ryan se acercó por detrás y lo separó. Se enzarzaron los dos en una pelea donde los puñetazos iban y venían, tumbaron mesas y lámparas, mientras Eva gritaba y lloraba.

Al minuto sintió que podía mover las piernas, se levantó de la cama y un fuerte mareo la alcanzó, se puso la bata con movimientos pesados y se acercó al par de hombres.

—Brandon, por favor, escúchame, esto fue una trampa.

—¡No me toques, zorra! —gritó Brandon desencajado y con el labio inferior reventado por culpa de un puñetazo que recibió de Ryan.

Ryan la empujó con el brazo y siguió enzarzado en la pelea con Brandon.

—¡Eres una maldita rata y voy a matarte! —bramó Brandon y una tanda de golpes envió a Ryan al suelo.

Ryan se levantó con talante furioso y se golpeó el pecho.

—¡Adelante! A ver si tienes las agallas, si eres lo suficientemente hombre para hacerlo, porque con el coño de Eva no pudiste hacer mucho, ¿o no, cariño? Vamos, cuéntale cómo nos hemos divertido.

—¡Es mentira! —gritó Eva—. Tienes que creerme —rogó detrás de él. La situación adquiría visos de pesadilla de terror.

Brandon la empujó encima de la cama. Ella se incorporó de nuevo y trató de acercarse, pero él iba sobre Ryan otra vez, con una mirada que desmentía lo dicho por él de que no sería capaz de matarlo.

—¡Brandon! Por favor, mírame ¡No tengo nada que ver con esto! —insistió ella.

Brandon se dio la vuelta de manera brusca.

Eva no lo conocía así de enfurecido y le tuvo miedo al ver cómo sus ojos la miraban con la dureza de un metal, cómo su pecho subía y bajaba expeliendo el aire por sus fosas nasales.

Observó cómo se contuvo de darle a ella el mismo tratamiento que en ese momento le daba a Ryan.

Le aferró los brazos con rudeza y la zarandeó.

—¡¿Qué haces vestida como una puta en una habitación de hotel y con mi hermanastro manoseándote?! Tendrás que inventar una buena historia para que te crea.

—¡No es lo que piensas!

Brandon soltó un resoplido.

—Eso dicen todos. Eres una maldita zorra sin corazón.

La soltó y se dio la vuelta, en ese corto lapso de tiempo, Ryan había salido con el rostro golpeado dejándolos solos. Brandon se llevó las manos atrás de la cabeza y cerró los ojos, lo que más deseaba era que la maldita imagen grabada a fuego en sus retinas desapareciera.

—Brandon, mírame, por favor. —Eva lloraba inconsolable, no se atrevía a tocarlo.

Él negó con la cabeza.

—Es muy difícil para mí ver tu rostro en este momento.

No quiero volver a verte en lo que me resta de vida.

Mantente de alejada de mi casa, de mi empresa y de mi vida, y agradece que desfogué mi ira con ese maldito hijo de puta.

—Se quedó callado unos segundos, observando el estropicio y le habló en tono desgarrado—.

Por primera vez en años confié en alguien.

Me enamoré por primera vez en mi vida y te creí diferente a todo lo que me había rodeado hasta ahora. ¡Qué equivocado estuve!

Eva negó con la cabeza y se acercó a él con las manos en un ruego.

—¡No digas eso! Soy la misma de siempre, todo esto fue orquestado por Ryan y tu madre.

La miró con desesperación enfermiza.

—Ah, ¿entonces tú no salías con Ryan? ¿No tuviste nada que ver con Maurice?

— La ira se catapultó sobre el dolor, amparándolo de su miseria.

Se acercó de nuevo a ella y la zarandeó—.

¿No estuviste reunida hoy con ese maldito?

—Eva se quedó muda, la vio palidecer de manera drástica y eso para él fue una admisión de culpa, solo sus hipidos y llanto se escuchaban por la habitación—. ¡Contesta, maldita sea!

—¡No creí que estuviera haciendo algo malo!

—¡Ya lo creo que sí, porque me lo ocultaste todo este tiempo! ¡Lo sabías!

Brandon volvió a soltarla de manera brusca y caminó hasta la puerta.

—¿Cuándo te lo iba a decir? Si siempre actuabas como un energúmeno.

—Esa es una disculpa patética.

—¡No es ninguna disculpa! Soy inocente en todo esto, créeme, entre los dos podremos aclarar lo que en realidad…

Brandon negó con la cabeza.

—Te hubiera dado lo que hubieras querido.

Salió del lugar y de la vida de Eva sin pronunciar una palabra más.