CAPÍTULO 18 #2
Brandon caminó hasta el ventanal, sentía que había decepcionado a Eva y luego un sentimiento extraño lo asaltó…
—¿Has hablado con Ryan?
La mirada de Brandon era de granito. Ella recordó la conversación del par de hermanos el fin de semana anterior. Abrió los ojos, el corazón le latió más fuerte.
—No, no he hablado con él —dijo disimulando el temor que la atacó, no quiso ocasionar más problemas.
—¿Ha intentado acercarse a ti de alguna forma? —insistió sin dejar de mirarla con rictus serio.
Eva recordó sus palabras: “No doy segundas oportunidades”.
—No. —Pasó saliva. “Dile la verdad”, susurró su conciencia, pero el miedo la atenazó—. No lo ha hecho.
—Bien.
Eva guardó silencio, no era mediodía y se sentía agotada, subió por sus cosas y se fue casa.
Anne estaba reunida con un par de profesionales de marketing, cuando Brandon irrumpió en su oficina sin anunciarse. Dejó la puerta abierta e invitó a los jóvenes a abandonar la oficina. La mujer se bajó las gafas hasta el puente de la nariz. Esperaba con ansias la confrontación.
—¿Qué te pasa? ¿Por qué le faltaste el respeto a Eva de esa forma?
—Todos los pasantes tienen su bautizo de fuego en esta empresa.
—¡Eso es mierda!
—¡Cuida tu lenguaje! —exclamó subiendo el tono de voz.
La mujer se recostó en la silla y observó a su hijo que la miraba furioso, ni siquiera había tomado asiento.
—La amo y me importa poco tu opinión.
Anne dejó lo que estaba haciendo y le dirigió una mirada de consternación no disimulada.
—¡No puedes estar hablando en serio!
Brandon palmeó la superficie del escritorio.
—¡Estoy siendo muy serio en esto, madre! No tenías derecho a actuar de la manera en que lo hiciste.
—¿Te fue ella con el chisme? Si lo hizo es una blandengue, entonces solo está contigo por tu dinero y lo que le puedas brindar.
Brandon hizo un gesto de negación, se pasó las manos por el cabello y tomó asiento.
—No tienes ni idea de lo que hablas. Eva es una persona buena, generosa e inteligente.
Anne estaba hirviendo por dentro, pero adoptó una pose relajada, desestimó las palabras de su hijo con un movimiento de la mano.
—Es rubia y tiene buenas tetas, siempre han sido tu perdición.
—Estás equivocada —dijo en tono frío.
—Ella es una chica agradable, pero no es la adecuada para ti.
Brandon soltó una risa burlona.
—Nadie será adecuado para mí según tus cánones sociales.
—¿En serio estás enamorado de la hija de unos pasteleros de pueblo?
—¡Basta! —Palmeó de nuevo la mesa—. Ese esnobismo tuyo raya con la ridiculez. Estamos en pleno siglo XXI, en el primer país progresista de esta tierra, no me vengas con tus ideas arcaicas.
—Te aconsejo que termines esa relación, hijo, antes de que las cosas vayan más lejos.
—No me voy a deshacer de Eva solo porque tú así lo quieres, estás loca —dijo con fuerza. Se levantó de la silla.
—Mis sacrificios han valido de poco —dijo Anne nerviosa.
—Tú no tienes ni idea de lo que es sacrificio, no me hagas reír, madre. Eres la mujer más egoísta que conozco.
—Aún soy la presidenta de esta empresa. Puedo hacerte las cosas difíciles si se me da la gana.
Brandon no se amilanó.
—Hazlo, al fin y al cabo, te quedan dos años en este puesto y te juro que después de ese tiempo no volverás a poner un pie en este lugar.
—Eres tan injusto. —Anne sabía cuándo debía que retirarse.
—No quiero que vuelvas a meterte con Eva, no quiero que la mires, le hables o te acerques a ella de ninguna forma. Eva queda bajo mi responsabilidad.
—Qué conveniente. —Soltó una risa sarcástica—. Para ella, claro.
Brandon llegó hasta puerta y aferró la cerradura.
—Me imagino que te contó que Ryan es su nuevo mejor amigo…
—Eso es mentira —rebatió Brandon enseguida, negándose a ponerse celoso. Eva no le mentiría en eso y no iba a darle alas a la mala intención de su madre.
—Claro, por qué creer a la mujer más egoísta que has conocido, cuando tienes a ese bombón para alegrarte la vida. Sigue engañado, hijo.
Anne se ajustó los lentes y volvió a su ordenador.
—Estás enferma del alma, ojalá algún día puedas cambiar.
—Ojalá que cuando abras los ojos no sea demasiado tarde.
Anne quedó inmóvil mirando la pintura abstracta de la pared del frente, testigo mudo del intercambio que había tenido lugar. Llevada aún por la rabia del encuentro, levantó el teléfono.
—Ven enseguida, debemos empezar a actuar.
—Voy —contestó una sonriente voz.
Al día siguiente, Eva empezó su práctica en el departamento financiero bajo las órdenes directas del señor Tom Short.
Este le dio la tarea de organizar unos informes sobre el presupuesto de la siguiente colección de joyas que él debería presentar en una reunión con presidencia y gerencia financiera a finales de la semana.
Eva, ya en su elemento, olvidó a los pocos días la mala experiencia de la primera semana en Joyerías Diamond.
Cuando no almorzaba con Brandon en la oficina o en algún restaurante cercano, salía con Elizabeth y comían en la cafetería cercana.
En uno de esos almuerzos, después de comer, la joven sacó una libreta de apuntes con los diseños de algunas de las joyas para la próxima colección.
Eva observaba los esbozos y eran fantásticos, encarnaban a la perfección el carácter vanguardista que Brandon quería imprimirle a la empresa.
—Ojalá mis diseños gusten a Anne y a Brandon.
No he visto el trabajo de Cassandra aún.
Por su forma de ser, presiento que tenemos diferentes estilos que podrían beneficiar el muestrario de las joyerías, llegar a más público, pero ella no es una mujer de trato fácil y he preferido mantenerme alejada.
—Es lo mejor —señaló Eva.
La chica sacó otra libreta.
—He estado trabajando en estos diseños, pienso que el logo de la corona de diamantes está muy pasado de moda. Ahora que está Brandon a la cabeza, tengo la esperanza de que quiera darle un nuevo aire a todo, y empezar por el logo es una buena idea.
Eva observó los diferentes diseños, eran tres variaciones del logo original: el nombre de la empresa en letras doradas, con un diamante sustituyendo la i de Diamond. Las letras del logo original estaban pasadas de moda, luego ella creía que los diseños de Elizabeth serían bienvenidos.
—Lo que he intentado es modernizar el logo que ya existe. Tampoco se trata de empezar de cero, creo que con darle un nuevo aire será suficiente.
—Es una maravillosa idea, sé de muy buena fuente…
—Muy confiable, me imagino… —interrumpió Elizabeth y soltó la carcajada. Eva la siguió.
—Brandon quiere abarcar otros segmentos de la población. No será ahora, pero son los planes que tiene a largo plazo, pienso que un cambio será bienvenido por él.
—Tenemos confianza de que llevará las cosas a muy buen puerto.
A medida que pasaban los días, Eva observaba las políticas que Brandon deseaba instaurar en la empresa.
Antes de hacer cualquier cambio, compartía unos días con el departamento en cuestión, estudiando todos los empleos y los procesos.
Nunca sería un jefe de pedestal, se notaba que le gustaba conocer el trabajo de todos sus empleados, desde el más humilde hasta los puestos directivos, y Eva no podía estar más orgullosa de él.
Ryan pasaba a saludarla a veces a su oficina, eran charlas de no más de cinco minutos.
—¿Por qué te tomas tantas molestias por mí? ¿Por qué eres tan simpático? —preguntó, curiosa.
—Porque quiero, porque me divierte, porque necesitas de un amigo y yo también.
Eva le sonrió.
—Razones aceptadas. ¿Conoces a alguien de Fiduciarias North Trust?
Ryan se hizo el sorprendido.
—No creo, ¿necesitas dinero?
Eva sonrió.
—No, es que me causa curiosidad, se acercaron con una solución de préstamo para mis padres, lo que me sorprende es que les han negado por dos años créditos en todas las entidades bancarias. Es raro.
—Recuerda que a veces, a través de ciertos programas sociales, esas grandes empresas prestan dinero a comerciantes emprendedores, no lo hacen por altruismo, lo hacen para rebajar impuestos, debes saberlo.
—Lo sé, me parece algo así como un golpe de suerte.
—Consúltalo con Brandon.
—Ya veremos.
A Eva le incomodaba cargar a Brandon con los problemas financieros de su familia. No quería sentirse en desventaja y no debería ser así, Brandon era su pareja y aquí estaba contándole algo familiar a un hombre en el que no debería confiar.
A ella le daba temor que Brandon se enterara de la amistad que los unía.
No tenía queja de él, era respetuoso y atento, le enviaba su café favorito todas las mañanas, pero a pesar de esos detalles, no había vislumbrado gran cosa de su personalidad y eso hacía que aún viviera prevenida.
A veces quería pedirle que no la visitara más, pero era imposible hacerlo sin herir su sensibilidad.
Respiró un poco más tranquila cuando Brandon no quiso acompañar a su madre a la Semana de la Moda en Nueva York. En cuanto Anne y Cassandra volvieran se celebraría la reunión para pactar los nuevos diseños de la siguiente colección.