HERMANOS KING CAPÍTULO 18
16%

CAPÍTULO 18

Compartieron todo el fin de semana, hicieron compras en el supermercado, cocinaron juntos, vieron películas y asaron malvaviscos en la chimenea.

Cada vez que Brandon le preguntaba por su desempeño en el departamento financiero, ella lo distraía de innumerables maneras que lo hacían olvidarse hasta de su nombre.

No se separaron un momento. Nathan compartió con ellos una velada el sábado en la noche.

Eva pudo vislumbrar algo más de la forma de ser de Brandon, por la conversación que sostuvo el par de hermanos mientras ella preparaba la cena.

—Rafe me llamó tan pronto lo hiciste —dijo Nathan.

Se refería a Rafe Parsons, uno de los contables de la empresa y amigo de la familia de muchos años, que era como un tío para ellos. Nathan lo adoraba.

—No doy segundas oportunidades, ya deberías saberlo —señaló Brandon.

—Pienso que exageraste.

Eva, en apariencia concentrada en cortar los ingredientes para una ensalada, no se perdía un ápice de la conversación, que le había despertado su curiosidad. Vio de refilón la sonrisa irónica de Brandon.

—No lo creo, hermano. —Brandon fue a un gabinete y sacó tres copas de vino mientras Nathan abría una botella—. Necesito saber en quién puedo confiar.

—Él solo cumplía órdenes.

—Para engañarnos, para mantener maquilladas las finanzas y una persona así no puede trabajar conmigo. Él debió decírmelo tan pronto vio una irregularidad, pero se quedó callado, con lo que se hizo cómplice de las actuaciones de mi madre y del cabrón de Ryan.

—Entiendo tu punto de vista, pero Rafe es nuestro amigo, es como de la familia y tú no alejas a la familia.

—Debió poner su afecto por nosotros por encima de los intereses de ellos dos.

—Tú no sabes las circunstancias que lo obligaron a ello. A veces la vida nos presenta situaciones en las que debemos aprender a ser flexibles, hermano —insistió Nathan.

—No. Te lo repito, no doy segundas oportunidades y en esto debes apoyarme, ¿bien?

Lo miró con semblante serio y dio por concluida la conversación. Nathan asintió, no muy convencido.

Después de la cena los tres disfrutaron de un verdadero duelo de videojuegos hasta la madrugada.

Eva evitó preguntarle a Brandon sobre la invitación de Anne a pasar tiempo en compañía de Cassandra.

Habló con su madre el domingo en la mañana, Millicent le dio la buena nueva de que una fiducia les haría el préstamo que necesitaban, eso fue un alivio para ella, que se prometió investigar más sobre el tema la siguiente semana, ya que no quería que algún usurero inescrupuloso se aprovechara de sus padres.

Salieron el domingo en la tarde a comer con la señorita Selma y la llevaron a una función de teatro, Eva se sentía cada vez más unida a la anciana empleada.

El lunes siguiente, Anne estuvo más imposible con ella que de costumbre, pidiéndole que realizara una cantidad de encargos absurdos.

Eva había pasado un fin de semana tan perfecto, que se negaba a dejarse influenciar de la energía tormentosa de la mujer.

A las once de la mañana, recibió un mensaje de Brandon.

De: Brandon King

Para: Eva James.

Asunto: Sin asunto.

Ven aquí. AHORA.

La joven dejó lo que estaba haciendo, organizar por colores el contenido de las carpetas para una reunión que tenía Anne con los ejecutivos del departamento de publicidad en horas de la tarde.

Llegó a la oficina de Brandon al minuto.

Golpeó antes de entrar y en cuanto escuchó su voz invitándola a entrar, una sonrisa afloró a sus labios.

Ingresó al lugar sin poder evitar recordar lo ocurrido el viernes anterior.

Brandon la acribilló con la mirada y la invitó a tomar asiento frente a él.

Ella le sonreía imaginando algún tipo de juego.

—¿Cuándo pensabas decírmelo?

Ella lo miró sorprendida, el hombre estaba furioso. En ese momento no era su novio, era un CEO muy disgustado. La burbuja de felicidad de Eva se desintegró como por ensalmo, la sonrisa desapareció de su rostro.

—¿Qué deseas saber?

—¿Por qué no estaba enterado de qué has sido la recadera de mi madre durante una jodida semana? He quedado como un imbécil ante Tom. Cuando le pregunté esta mañana por tu desempeño en el área financiera, el hombre no tenía idea de lo que le hablaba.

Eva se envaró y llevó su mano al lóbulo de la oreja. Carraspeó antes de contestar.

—Quería solucionarlo por mí misma. ¿Qué clase de profesional sería si hubiera recurrido lloriqueando ante ti ante la primera dificultad?

Brandon negó con la cabeza.

—Una profesional inteligente.

Eva entrecerró los ojos.

—No me ofendas y no necesito tu condescendencia. Puedo solucionarlo.

Brandon levantó una ceja.

—¿Ah sí? ¿Cómo? Si se puede saber —preguntó con aparente calma.

—Iba a hablar con tu madre ahora en la mañana, pero ha estado ocupada de reunión en reunión. Además, su asistente se reincorporará en un par de días, no le di mucha importancia.

—A mí sí que me importa. No te ofrecí la pasantía para que ocurriera esto —elevó el tono de voz.

—Te lo repito, puedo solucionarlo, ¿está bien?

Brandon soltó una risa carente de humor mientras golpeaba un lapicero contra la superficie del escritorio, gesto al que recurría cuando algo lo perturbaba y que Eva había aprendido a reconocer.

—No, no está bien. Esto no tiene nada que ver con tu jodido orgullo y el “yo, Eva James, puedo sola contra el mundo”.

¿Tú crees que no sé que si dejo a mi madre actuar como quiere, puede hacer de tu vida un infierno?

La conozco, sé de lo que es capaz y debiste recurrir a mí tan pronto hizo su jugada.

Brandon se levantó de la silla y dio la vuelta, se recostó en el filo del escritorio y cruzó los brazos con el ceño aún fruncido. Eva negó con la cabeza y una sombra de tristeza nubló su mirada.

—Tú no tienes ni idea de con lo que he tenido que lidiar. ¿Si sabías esto, por qué me trajiste? ¿Por qué no me preparaste para ello?

Un amago de culpa surcó las facciones de Brandon. “Porque no quiero vivir sin ti, porque soy un egoísta cabrón y porque pensé que podría controlarlo”.

—Pensé que ante cualquier problema recurrirías a mí y también pensé que se respetarían y cumplirían mis órdenes.

—Si me conoces en algo, deberías saber que no lo haría.

—Ya veo.

La observó en silencio.

—No lo hice porque me agrade ocultarte las cosas, tienes muchos problemas como para cargar con una inexperta universitaria.

—Tú no eres una simple universitaria. ¡Eres mi mujer! Y mereces ser tratada como tal.

Brandon caminó hasta la ventana tratando de calmarse. Eva no tenía experiencia, debería entenderla, pero le molestaba sobremanera que lo hubiera dejado fuera, que tuviera la capacidad de ocultarle cosas, no le gustó ni un poco la sensación. Ella se levantó, furiosa.

—¡No! —Subió el tono de voz—. No vine aquí para esto y prefiero renunciar y reubicarme en otro lugar.

Brandon se dio la vuelta y la miró con gesto duro.

—Ah, ¿sí? ¿Otro lugar? ¿En serio? ¡No puedes! Perderías tiempo, también peligraría tu promedio y tu beca, ¿puedes darte ese lujo? Todas las pasantías de la ciudad están ocupadas.

—¡Puedo irme para Atlanta! —Se arrepintió enseguida de sus palabras. Se sentó de nuevo en la orilla de la silla, tensa como la cuerda de un violín.

Brandon la miró como si se hubiera vuelto loca y caminó hasta quedar frente a ella.

—¡Ni lo sueñes! ¡Tu lugar es a mi lado!

Se acercó a ella y puso ambos manos en el respaldar de la silla donde estaba sentada. Eva miró el brillo metálico de sus ojos, que se había oscurecido de repente. Desvió la mirada y se quedó callada unos segundos.

—Háblame, maldita sea. Si no lo haces me das a entender que no confías en mí. Y me será difícil confiar en ti si me ocultas cosas. Eva, no me puedo dar ese lujo en este momento. Necesito que lo entiendas.

Ella lo miró con evidente frustración.

—¿Qué quieres que te diga? ¿Que tu madre me detesta?

¿Que no tolera el que estés enamorado de mí?

O quieres que te cuente que tu admiradora, Cassandra Elliot, tiene la desfachatez de decirme que uso ropa de diseñador sin nombre, como si eso tuviera alguna importancia para mí.

No me interesa ni siquiera un poco —se le aguaron los ojos—, pero la manera en que lo dijo fue humillante.

Nunca nadie me había humillado de la manera en que lo han hecho ellas dos.

Se puso furiosa al sentir las lágrimas rodando por sus mejillas. A Brandon una mano le estrujó el corazón.

—Cassandra es una imbécil —aseveró, sintiéndose mal a medida que escuchaba el calvario de Eva. Él la había puesto en esa situación vulnerable. Quiso darse cabezazos contra la pared.

Ella negó con la cabeza y bajó la mirada.

—No, te aseguro que no lo es, está enamorada de ti y me ve como una maldita cucaracha que se atravesó en su camino. Me niego a ser el balón de futbol en el partido entre tus admiradoras, porque estoy segura de que aparecerán más.

La miró, desesperado y le tomó la quijada entre los dedos. Ella se rehusó a mirarlo, pero él la obligó.

—Mírame, Eva —recalcó—, mírame. Tú eres la mujer de la que estoy enamorado y mi madre me va a escuchar.

Si me hubieras comentado esto antes, hubiera podido protegerte.

No tenía idea de los alcances de ninguna de las dos.

—Se levantó de golpe y caminó por la oficina como fiera enjaulada—.

No volverás a ese piso, no volverás a hacer un jodido trabajo de mensajera, eres demasiado brillante para ello, hoy te irás a casa, van a volar algunos culos esta mañana, nadie se mete con mi chica.

—Por eso no quería decirte nada, no quiero que por mi culpa alguien se quede sin trabajo.

—La jefa de Recursos Humanos ha actuado de manera poco profesional ante una orden mía. Debió consultarme enseguida cuando mi madre hizo el cambio. Eso no se va a quedar así.

—Brandon, por favor, tu madre es intimidante, imagina a qué amenazas habrá sometido a esa mujer, no agrandes más las cosas.

—Tengo que pararle los pies enseguida. Vete a casa, por favor.