CAPÍTULO 17 #2
Brandon negó con la cabeza. Emergió de su silla como si de un resorte se tratara y salió a su encuentro.
—Cassandra ya se iba —dijo sin mirar a la mujer que los observaba inescrutable.
Eva dejó el abrigo y el bolso en una silla, y Brandon la abrazó y la besó sin importarle la presencia de la otra mujer.
—Claro —dijo ella, yendo hacia la puerta—. Que descansen.
—Cierra con seguro, por favor —señaló Brandon, separando su boca de la de Eva con mirada brillante.
Ellos apenas hicieron caso del portazo.
—¿Por qué demoraste tanto? Consultaba el reloj cada tanto —susurró él antes de prenderse a sus labios de nuevo.
Ella le pasó la nariz por el cuello, su olor a loción le invadió las fosas nasales, el susurro de su voz contra la piel de su rostro le causó estremecimientos y un impulso posesivo la llevó a querer apoderarse del alma del hombre del que estaba tan enamorada.
—Debía entregar un informe —dijo en cuanto se separó de él para tomar aire.
Cómo lo había extrañado. Le aferró las solapas de la chaqueta, no se había puesto corbata.
Necesitaba tocarlo, le desabrochó un par de botones de la camisa, lo tocó y lo olfateó con deseo.
Él, percibiendo su ardor en armonía con el suyo, la arrinconó contra la primera pared que encontró en tanto sus bocas se fundían de nuevo.
—Como te extrañé —dijo devorándole el cuello.
—No más que yo.
—Te necesito. Ahora.
Ella lo aferró algo fuerte por el cabello, y lo miró a los ojos.
—¿Eres mío?
Brandon no supo interpretar el deje de vulnerabilidad en el tono de voz con que hizo la pregunta y lo achacó a otra cosa.
A Eva le había molestado encontrar a Cassandra en la oficina.
Con Tyron nunca experimentó los celos que ahora la abrazaban, el temor de perder lo encontrado con Brandon se sublevaba en medio de la maraña de sentimientos que la subyugaban, pero eso no iba a impedir experimentar el gozo y el placer de verlo de nuevo.
—Siempre, maldita sea, no hacía sino pensar en ti, fantaseé contigo cada jodida noche.
Me masturbé por ti más veces de las que recuerdo y más después de esa jodida video llamada, notas la evidencia de mi deseo.
—Se refregó contra ella y manifestó con un deje de reproche—. No deberías siquiera preguntarlo.
—Sí tú supieras lo ansiosa que estuve todo el día.
Brandon le subió la falda del vestido, mostrando el interior de uno de los juegos de lencería que él le había comprado, el liguero de encaje lo había comprado ella el día anterior y las medias de seda a medio muslo también.
—Me vas a matar —exclamó, extasiado por lo que veía, le acarició el contorno de los muslos y el espacio de piel suave y satinada, entre las medias y el interior. Eva enroscó las piernas a su cintura—. ¿Qué pasó con la política de no confraternización en la empresa?
—No quiero esperar —dijo ella contundente—. He dormido todas las noches con la camiseta con la que dormiste el día antes del viaje.
Brandon soltó una risotada y la miró conmovido antes de besarla de nuevo.
Él le mordisqueó el labio inferior, la saboreó y volvió a hundir su lengua en su boca.
Ella respondió con un mordisco. Él le susurraba palabras subidas de tono mientras la agarraba con más fuerza, provocando un hormigueo que descendía por su vientre hasta posarse en medio de sus piernas.
Ella se arqueaba contra su cuerpo, respondiendo a su excitación con la misma fuerza de su deseo.
Brandon anduvo con ella calzada a su torso, barrió la superficie del escritorio de un manotazo y la depositó allí. Eva se bajó la cremallera del vestido y se deshizo de él en segundos. Él le quitó el sujetador y acarició sus pezones antes de llevarlos a la boca.
—Sigue, sigue así —exclamó ella.
Insaciable y encendido, le dio lo que ella pedía, saboreaba un pezón, luego el otro, excitándola sobremanera con el placer inclemente de su lengua, devorándola con la boca abierta, mordiéndola con ganas.
Le retiró los interiores y su sexo, liso y excitado, hizo su aparición.
Brandon no dejaba de mirarlo. Tuvo la premura por repasarla toda, con manos y boca, hasta apoderarse de cada rincón y cada espacio de su alma.
Brindarle miles de pequeñas muertes hasta fundirse en uno solo.
La excitación lo cercaba y eso que ni siquiera había entrado en ella.
—Esto es mejor que mis jodidas fantasías. Tendré que filmarte o grabarte, cualquiera de esas mierdas, algo tuyo que pueda ver cada vez que quiera.
Su boca, ávida y ansiosa, resbaló por su abdomen hasta llegar a su sexo, que besó, lamió y devoró con más ganas que a su boca. Su cuerpo tembló y un devastador orgasmo atravesó sus defensas, tatuando en su piel al hombre que la devoraba.
Brandon se abrió la camisa, se bajó la cremallera del pantalón, liberando su miembro.
Sin más preliminares se precipitó dentro de ella de una sola estocada hasta quedar aprisionado en su interior.
Lo mejor del sexo con Eva era que ya no usaban protección.
Eva seguía el método anticonceptivo con pastillas y después de unos exámenes se liberaron del uso de preservativos.
Era mejor, más caliente, más intenso, nunca lo había hecho sin condón, hasta ella.
La sensación no se comparaba. Ambos se acoplaron en un ritmo repleto de emociones que expresaba el profundo amor que los consumía.
—Creo que el corazón me va a estallar —manifestó Eva, cediendo a las sensaciones que le imponía Brandon con su ritmo.
—Te siento tanto, ojalá sientas lo mismo.
—Ya lo creo que sí… —Brandon besó su cuello mientras la escuchaba gemir, estremecida entre sus brazos.
Sus respiraciones agitadas se mezclaban con gemidos y balanceos, mientras la ola de placer los remontaba en la playa dejándolos desmadejados.
—Abre los ojos, cariño, esta es mi parte favorita, verte cuando llegas al orgasmo.
Eva abrió los ojos y le obsequió gemidos que eran como estocadas a su corazón. Ella era su diamante de valor incalculable, que vulnerable y entregada, le regalaba, con su pasión, su cuerpo y su alma, mil letanías de amor.