CAPÍTULO 17
Ryan la llevó a Boka, un elegante restaurante de comida estadounidense situado en la avenida North Halstead.
Los ubicaron en una mesa al fondo del salón, frente a un muro verde cubierto de plantas de diversas especies, mesas de madera oscura y sillas tapizadas en cuero del mismo tono del muro.
Los meseros iban y venían con bandejas de licores y viandas, atendiendo las diversas mesas.
A esa hora almorzaban los ejecutivos y empresarios de algunas compañías ubicadas en el sector.
—Aquí preparan el mejor steak pimienta de la ciudad. Te lo recomiendo.
En cuanto Ryan pidió una botella de vino tinto, Eva declinó con un gesto.
—Estoy trabajando, no creo que sea buena idea —adujo ella.
—Un par de copas no son nada, lo disfrutarás —insistió Ryan.
Charlaron de trivialidades mientras un mesero decantaba las dos copas de vino.
—Siento que le caí mal a Anne desde el primer momento —dijo Eva mirando al frente.
—No lo tomes como algo personal, todo es sobre el jodido dinero.
—Que no tengo. —Eva sonrió con tristeza.
—Eres una mujer muy talentosa —quiso aferrarle la mano, pero no quería que ella pensara que tenía algún interés aparte de una incipiente amistad—, además de hermosa.
—Eso no parece ser suficiente en el mundo de los King.
—Estamos en pleno siglo veintiuno, esas son bobadas que solo están en la mente de personas como Anne, ella viene de una ilustre familia del sur venida a menos, yo creo que piensa que nació en la época equivocada, la vislumbro como esas caprichosas damas sureñas dueñas de plantaciones y esclavos.
Imagínatela como Scarlet O´Hara: “A Dios pongo por testigo que no me dejaré vencer y que nunca más volveré a pasar hambre. Ni yo ni ninguno de los míos”.
—Ryan levantó el brazo al tiempo que recitaba el juramento y Eva soltó la carcajada—.
Y la pobre señorita Selma, detrás de ella, alisándole las crinolinas.
Ryan se calló de repente, observó la risa de Eva, que embelleció más sus facciones y escuchó el tono de sus carcajadas, y no se le hizo difícil darse cuenta de por qué Brandon estaba tan enamorado de esa mujer.
—Me alegra haber puesto ese gesto en tu expresión.
Eva se puso seria de repente.
—Es gracioso.
—Como te decía… —continuó él, pero el mesero los interrumpió con la llegada de los platos.
Eva, ya relajada por la charla y la copa de vino, se dispuso a disfrutar del delicioso plato—, no debió ser fácil para Anne mezclarse con la gente del norte, a pesar de que Paul King era de los mejores partidos de la época, por su dinero, pienso que a ella el peso de los apellidos le importa mucho y eso es una condenación.
Además, todas las chicas casaderas de nuestro círculo, que hoy en día hay menos que antes, gracias a Dios, adoran a los King, esos chicos tan bien educados las traían locas y de pronto se aparece contigo en el evento más importante de la familia.
Les birlaste en las narices una pieza de las mejores, por lógica te van odiar.
—Hablas como si esto fuera una partida de caza.
—Es que lo es, me apena abrirte los ojos de esta manera.
—Ryan interrumpió la comida y bebió de su copa, luego se limpió con una servilleta—.
Pero en cuanto empieces a trabajar te darás cuenta de que todos nos volvemos cazadores.
Si no, pregúntale al genio de tu novio —concluyó con expresión irónica.
Eva tuvo que reconocer que así Ryan no fuera santo de la devoción de Brandon por algunas de sus reprobables acciones —en las que deseaba profundizar, pero no se atrevía—, por lo menos había sido honesto con ella. Terminaron de almorzar y luego un hombre joven se acercó a ellos.
—Maurice —saludó Ryan—, viejo amigo, ¿cómo estás?
—Muy bien, viejo, tú como siempre muy bien acompañado.
—Déjame presentarte de Eva James, es una inteligente chica, pasante de St John´s y novia de Brandon King.
Él hombre los miró sorprendido.
—Deben estar mucho mejor las cosas dentro de la familia, si Brandon te deja acercarte a su novia. Un placer conocerte, Eva.
—El placer es mío.
Maurice Weisz, un atractivo hombre, alto, rubio, de no más de veintiocho años, era el dueño de Joyas Weisz, principal competencia de Joyerías Diamond.
—Maurice, por favor, acompaña a Eva mientras atiendo una llamada urgente.
—Claro que sí —adujo el hombre, apresurándose a sentarse con ella mientras Ryan se alejaba, e hizo señas al mesero, que enseguida le sirvió una copa de vino—. Qué manera tan elegante de decir que quiere ir al baño.
Eva soltó la risa y empezaron a charlar.
Ryan se felicitó por su buena fortuna. Las cosas no podían estar saliendo mejor.
Se alejó hasta el pasillo y con su móvil tomó una serie de fotos de la pareja que charlaba y una en especial donde Eva sonreía, seguro ante algún tonto chiste de Weisz.
Hubiera querido una foto de él con ella, pero no podía tentar la suerte, percibía que a pesar de que Brandon tratara de indisponerlo en su contra, la chica poco a poco bajaba sus defensas.
Eva lo había conmovido, pero Ryan estaba convencido de que la complejidad de las personas radicaba en la lucha de contrarios en un mismo ser.
Creía que en cada ser humano hay un lado oscuro, algo que todos en algún momento de la vida han querido ser, pero la mayoría son tan cobardes que no se atreven a dar el salto a las sombras.
Consideraba que una vida no era bien vivida si no se enfrentaba esa oscuridad cara a cara; por eso, porque él sí había abrazado su oscuridad, no le duró mucho el sentimiento benevolente hacia Eva.
La chica en definitiva no importaba, era solo un medio para un fin.
En cuanto volvió a la mesa, pidió la cuenta.
—Me gustaría quedarme a compartir más contigo, Weisz, pero me temo que Eva tiene trabajo que hacer y yo también.
—Claro, claro, fue un placer conocerte, Eva, el cabrón de Brandon tiene mucha suerte.
—Gracias.
Al volver a la oficina, Ryan se despidió de ella.
—Ya sabes, cuando quieras dejar de trabajar para Scarlett, no tienes sino que decírmelo.
—Gracias, Ryan, por todo.
—De nada, para eso están los amigos.
El hombre se despidió de ella y se marchó silbando una tonada por el pasillo.
Al volver a la oficina de Anne, golpeó la puerta con los nudillos.
En cuanto escuchó la voz de la mujer, entró y la encontró concentrada leyendo unos documentos, alguien ya había recogido los utensilios del almuerzo.
Anne no le comentó nada de su intempestiva salida, se limitó a darle unas cuantas órdenes que cumplió a lo largo la tarde y luego se fue para su casa.
El viernes se levantó más temprano de lo normal y se esmeró mucho en su arreglo personal, duró casi una hora alisándose el cabello y se puso uno de los trajes que no se había estrenado: un vestido de una sola pieza de color azul vibrante en tono oscuro y unos zapatos de tacón puntilla de color negro que hacían ver sus piernas esbeltas y elegantes.
Se colocó unas gotas de su perfume favorito y se maquilló de forma suave.
Brandon le dijo que estaría en su oficina alrededor de las cuatro de la tarde.
Anne la miró de arriba abajo tan pronto ella entró en la oficina.
La retuvo a su lado toda la jornada. A las cuatro, recibió un mail.
De: Brandon King
Para: Eva James.
Asunto: Regreso.
¿Qué haces que no has puesto tu lindo culo aquí en mi oficina? Espero que sigas estando cachonda por tu jefe. Cariño, quiero hacerte muchas cosas.
Tuyo,
Brandon.
De: Eva James.
Para: Brandon King.
Asunto: Regreso.
¿Qué cosas?
Besos,
Eva
Pasante impaciente por demostrar que aún sigue muy cachonda por su jefe
De: Brandon King
Para: Eva James.
Asunto: Regreso.
Saborearte y tocarte por todas partes, enterrar mi boca entre tus piernas y chuparte hasta quedar sin respiración. Quiero estar encima de ti, debajo, de lado, te quiero a cuatro patas, ¿quieres algo más específico?
Tuyo,
Brandon
Jefe cachondo que irá por su pasante y se la echará al hombro sin importar lo que hablen los demás
De: Eva James.
Para: Brandon King.
Asunto: Regreso.
Voy enseguida.
Besos,
Eva
Pasante, muy, pero muy impaciente por demostrar que aún sigue muy cachonda por su jefe
Al tiempo que Eva escribía, Anne hacía lo mismo con Cassandra: “Ve a la oficina de Brandon con cualquier pretexto, sin preguntas, ahora”.
La recepcionista le había informado que Brandon había llegado al edificio cinco minutos atrás.
La mujer entretuvo a Eva unos minutos más preguntándole por la confirmación de unos datos sobre el itinerario de la semana de la moda en Nueva York.
Cuando por fin pudo salir de la oficina, se puso labial en el baño.
A Brandon le encantaba el labial rojo que ella usaba en contadas ocasiones, evitaba usarlo en la oficina porque era muy llamativo, pero esa tarde quería verse bella para él.
Tomó enseguida su bolso y el abrigo, por la ventana vio que ya había oscurecido, el invierno era inclemente con la ciudad en esa época del año.
Brandon apenas le prestaba atención a lo que hablaba Cassandra.
Miró la hora. Las cuatro y treinta. ¿Qué la demoraba tanto?
Llevaba casi media hora esperándola. ¿Acaso no tenía la misma necesidad que él por verse de nuevo?
Tan pronto se abrió la puerta, volvió la cabeza, se empapó de su presencia y se dio cuenta de que su mundo volvía a estar bien, solo porque observaba los ojos luminosos de su Eva.
“El color es idéntico al del pendiente y los aretes”, caviló.
Reconoció el vestido como uno de los que le había comprado ese domingo que ahora se le antojaba lejano.
Los labios, apenas podía quitar la mirada de sus labios de fuego.
Se contemplaron en silencio, la sonrisa de Eva se trocó a un gesto inquieto al vislumbrar a Cassandra en una esquina de la oficina.
—Perdón, no creí que estuvieras ocupado —expresó ella mirando a uno y a otro.