CAPÍTULO 15
—Estás muy guapo, veo que hiciste muy bien ofreciéndome esa pasantía —dijo Eva, mientras iban en el auto, rumbo a las oficinas de la empresa—. Tendré que ahuyentar a todas las mujeres que irán detrás del gerente y CEO de Joyerías Diamond.
Había transcurrido una semana desde el baile.
El día anterior lo habían pasado juntos haciendo compras, él le regaló un maletín de piel de una marca escandalosamente cara, Eva al ver a lo que se iba a enfrentar en los próximos días y de lo que tuvo un atisbo el día del baile, aceptó sin chistar todos los regalos que su novio quiso hacerle.
Cobraban importancia las palabras dichas por Janeth: “Si deseas sentirte cómoda en tu piel, debes verte como los demás”, y ella tendría mucho trabajo que hacer y en qué pensar, quería aportar algo de valor a la empresa, para andar pensando si estaba o no convenientemente vestida.
—Ah, ¿sí? Te estás volviendo toda una descarada.
—Culpa suya, señor King.
Habían recorrido la tienda Saks, donde habían comprado una serie de conjuntos de dos piezas, dos vestidos talegos, un par de abrigos, zapatos y hasta lencería.
—Piensa en el bien del negocio —había dicho él mientras tocaba la textura de un juego de panti y sujetador de encaje color rojo—, el saber que debajo de estos vestidos serios y conservadores que usarás, va una ropa de este tono, será suficiente para mejorar mi día, James, créeme.
Brandon volvió a su presente mientras meditaba sobre la serie de reuniones que tendría en horas de la mañana.
La relación había dado un giro después del baile, no podían vivir el uno sin el otro, y el deseo irrefrenable que sentían crecía con cada encuentro, se encontraban todas las noches, lo más temprano posible, en el apartamento de Brandon.
Estaban eufóricos, deslumbrados por lo que descubrían el uno del otro.
—Todo saldrá bien —señaló Eva mientras le tomaba la mano.
—Lo sé.
El auto se abría paso entre el congestionado tráfico del centro de Chicago, al llegar al edificio, sorteó la rampa y entró al aparcamiento.
—Hemos llegado —dijo Brandon en cuanto aparcaron en la zona designada, cerca de los ascensores.
Se bajó del auto, dio la vuelta en el mismo momento en el que Eva abría la puerta. Brandon admiró las torneadas piernas de la chica.
—Gracias —dijo ella, se enderezó la falda que le llegaba a la rodilla y se alisó la chaqueta azul oscura, puso la correa de la cartera al hombro y tomó el maletín en la otra mano.
En cuanto llegaron al ascensor, ya Brandon iba pensando en introducir cambios menores, necesitaba adaptar las operaciones de la empresa desterrando los procedimientos y métodos que hubiera implementado Ryan, necesitaba probarse y probarles que podía hacerlo.
Se fijó un plazo de cinco años para sacar la empresa del lugar en el que estaba.
—Rita Goldman, de Recursos Humanos, te está esperando —le dijo Brandon antes de que la puerta de su piso se abriera.
Le acarició el rostro y le dio un beso en la mejilla—.
Ella tiene el papeleo listo, cariño, espero que tu experiencia aquí en Joyerías Diamond sea inolvidable, cualquier cosa que necesites me escribes o me llamas.
—No te preocupes por mí, estaré bien. Ve a patear traseros.
—Esa es mi chica.
Eva llegó a un área de recepción decorada en colores neutros y con afiches enmarcados de algunas joyas y piedras preciosas. Al minuto la hicieron pasar a la oficina de la directora de Recursos Humanos.
Una mujer madura, delgada y pequeña, con el rostro escondido en unas enormes gafas, le dio la bienvenida.
—He leído tu currículo universitario y has hecho muchas cosas, sin duda Joyerías Diamond será una gran escuela para ti.
El señor King desea que ocupes una de las oficinas del departamento financiero y que seas la mano derecha del señor Short, su director ejecutivo.
Pero la señora Anne King, nuestra presidenta, tiene otras ideas, por lo menos para las primeras semanas.
Eva disimuló como pudo el desasosiego que las palabras de la mujer le causaron, pero reaccionó enseguida.
—No deseo ninguna deferencia debido a mi relación con el señor King, quiero estar donde ustedes consideren que necesiten de mí.
La mujer la observó con una expresión impenetrable.
—Me alegra ver que estamos en la misma onda, la asistente personal de la señora King tiene una baja por enfermedad unos cuantos días, necesitamos que la suplas.
—Perfecto.
La mujer le dio algunas indicaciones, pasó a otra oficina donde firmó una serie de papeles y después de una hora, Eva salió de la oficina de la mujer, desconcertada y nerviosa, rumbo a presidencia donde se pondría a las órdenes de la madre de Brandon.
Anne King estaba sentada detrás de su escritorio, como reina reposada en el trono, cuando Ryan entró sin anunciarse.
—Tu hijo ya está subiendo a su oficina, viene con su novia. —El tono en el que pronunció la palabra hizo que Anne levantara una ceja.
—Si no necesitara tu ayuda en esto, no te dirigiría la palabra nunca más.
—Oh, vamos, no puedes estar mucho tiempo molesta conmigo, para bien o para mal, soy como un hijo para ti.
Ryan se acomodó en una silla frente al escritorio,
—Mis hijos no me dan los dolores de cabeza que me has dado tú.
—Fuiste tú quien me mandó llamar —dijo de pronto Ryan y aburrido de la charla, se puso a examinar sus uñas perfectamente arregladas.
—Tengo planes para cada uno de los chicos —explicó la mujer, levantando la mirada de unos papeles y bajando sus gafas Cartier de edición limitada—, y entre ellos no está el emparentar con la hija de un par de pasteleros de pueblo.
—Podría ser peor —señaló Ryan en tono burlón.
—Necesito que esta chica esté unos días bajo mi tutela, si es lo suficientemente inteligente, no le dirá nada a Brandon o a lo mejor sí.
Brandon estará tan ocupado empapándose de todo, que lo más seguro es que se fastidiará con las quejas de la joven, cualquiera de las dos opciones me sirve, ahí necesito que seas tú el que la rescates, que te ganes su confianza.
Aparecerá la primera brecha en el romance en pocos días, los dejaremos tranquilos y luego haremos lo que tengamos que hacer para que a mi hijo no le queden ganas de volver a enamorarse de esa clase de chicas.
—Tienen su encanto, sus genes refrescarían la siguiente generación.
—No hables bobadas. Dale a Paul Meyer un dosier con información de la chica, es el único en el área de seguridad en quien confío, quiero que averigüe cosas de la familia, aspectos que la hagan vulnerable. Esqueletos en el armario, tú y él son muy buenos en eso.
En cuanto Eva llegó a la oficina de Presidencia, una secretaria le dio una tableta con una lista de labores, ya que Anne estaba en una serie de reuniones y se desocuparía alrededor de las tres de la tarde.
Leyó la pantalla y su primer loco impulso fue irrumpir en la oficina de Brandon y comentarle la situación.
Logró contenerse cuando presintió que su suegra la estaba poniendo a prueba: no molestaría a Brandon con algo tan tonto como que a Anne se le hubiera ocurrido enviarla a Elizabeth Arden por la última crema facial que saldría al mercado en un mes y de la que le habían regalado una muestra, y a una peletería a recoger un abrigo de piel que había estado en proceso de limpieza.
Eva era consciente de que no iba a ocupar un cargo de importancia, era su primera experiencia laboral y deseaba sobresalir, si tenía que subir un escalón a la vez, lo haría.
Aunque en su fuero interior se dijo que en ninguna de las otras empresas la hubieran utilizado de recadera, estaba segura.
Otro de los ítems de la lista era recoger el almuerzo en uno de los restaurantes vegetarianos más exclusivos del sector.
En cuanto llegó con los pedidos, la secretaria le informó que Anne ya estaba en la oficina.
Eva entró con el almuerzo en una bandeja.
La mujer estaba sentada a su escritorio, tan elegante y cálida como una estatua de mármol.
—Emma, qué placer el que vayas a compartir tu tiempo conmigo.
—Mi nombre es Eva y el placer es mío, señora King.
—Deja esa bandeja en la mesa de allá. —Señaló una mesa de centro.
Eva cumplió el pedido y se acercó de nuevo a ella esperando que la invitara a sentarse.
—Mil gracias por colaborarme, serán pocos días, querida, no quise molestar a Recursos Humanos con un reemplazo para Linda, teniendo gente tan bien dispuesta como tú para suplirla sin problema.
La mujer la miró de arriba abajo. Por lo visto Brandon la había aprovisionado bien, se dijo, mirando el conjunto que la joven llevaba. Ella tenía esa clase de estilo que menos le gustaba a Anne y que más atraía a los hombres, a los que consideraba unos seres predecibles.
—Estoy a sus órdenes, señora King.
—Gracias, querida. —Se levantó de la silla y se sentó frente a la bandeja, desplegó una servilleta sobre las piernas y se dispuso a probar los alimentos—. El chef Sebastián hace las mejores verduras salteadas de la ciudad, tiene un ingrediente que no he podido saber qué es.
A Eva le gruñó el estómago, eran las tres de la tarde y no había comido nada desde el desayuno. Seguía de pie.
—Pásame un vaso de agua, ¿eres tan amable? De esa jarra no. El hielo se ha derretido y ya no está tan fresca, en la cocina del piso encontrarás hielo y la marca de agua es Evian.
Eva quiso decirle que se sirviera el agua ella sola o mejor aún, se imaginó echándole el líquido en su perfecto peinado.
—Con gusto.
En cuanto salió, caminó por el pasillo hasta la cocina donde encontró a Ryan Winthrop tomando un café de pie al lado de la cafetera.
—Eva, qué grato placer.
Brandon le había relatado algunas de las jugadas que el hombre le había hecho durante la adolescencia y también lo ocurrido con la empresa, y decidió darle un trato frío.
—Oh, oh, por lo visto ya soy para ti el hermanastro malvado.
—No tiene importancia lo que yo piense, Ryan.
Sacó el agua de la nevera. Cambió la jarra por otra igual y se dispuso a sacar el hielo de la nevera.