HERMANOS KING CAPÍTULO 14 #2
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CAPÍTULO 14 #2

La miró con renovado respeto, por lo visto la chica se estaba aprovechando de su encanto e inteligencia.

Vaya, vaya, qué guardado se lo tenía Brandon, la pelea de gatas sería para alquilar balcón, caviló Ryan, ya que Cassandra también estaría en la empresa y hasta un tonto veía que estaba enamorada del mayor de los King.

Sonrió para sus adentros, se avecinaban tiempos interesantes, y se felicitó por que tuvieran que tolerarlo en las oficinas un par de meses más.

—Es una excelente escuela y no lo digo porque sea el negocio de la familia. —aseveró él.

A Eva le molestó ver a Brandon bailando con Cassandra, no se consideraba una mujer celosa, pero algo en los gestos de la chica y la manera en que lo miraba le había disparado las alarmas. Tuvo el fuerte impulso de acercarse y separarlos. Brandon miraba para todos lados, seguro buscándola.

—¿Bailamos?

—Claro. —Ella se levantó enseguida dejando el plato y la copa de champaña en una mesa esquinera.

La orquesta tocaba una melodía suave de los ochenta.

—Y cuéntame, señorita Eva James, ¿qué hacen tus padres? Finanzas, metales, publicidad, seguros.

—Temo decepcionarte, pero no pertenezco a esa rama de los James.

Giraron por la pista y quedaron a pocas parejas de Brandon y Cassandra.

—Mil disculpas por ser tan entrometido, pero estoy seguro de que todos aquí se están haciendo las mismas preguntas. Me alegra saber que una chica plebeya se llevará la corona. A esta familia le hace falta renovarse.

—Creo que vas muy acelerado, Brandon y yo apenas estamos empezando a salir.

—Te guste o no, para esta gente estás siendo objeto de interés, ya sabes, por eso de no tener nada mejor que hacer. —Eva lo miró un poco inquieta—. Brandon King es la joya de la corona.

—Me molesta esa manera de querer hacer ver a Brandon como alguien inalcanzable, esto es Estados Unidos, por Dios. Hay un lema de libertad para todos e igualdad de oportunidades en algún lado.

Ryan soltó una carcajada.

—Es una manera de hablar, estoy seguro de que me sigues.

El chico es un excelente partido, se hará cargo de la empresa, demostrará su valía y la mitad de esta gente querrá hacer alianzas con la familia y en eso me temo que volvemos a la Edad Media, las mejores alianzas se hacen por matrimonio, así que, si no eres heredera, no pasarás la criba, por más hermosa e inteligente que seas.

—¿Qué pasa con el amor? —De pronto no le parecía buena idea estar hablando con este hombre, algo en su mirada de jugador de póker la llevaba a desconfiar.

—No puedes ser tan ingenua, el dinero es lo más importante para esta gente.

Ver a Eva en brazos de Ryan sumió a Brandon en un precipicio de pensamientos oscuros.

Se disculpó enseguida con su acompañante, a la que había invitado a bailar a instancias de su madre.

No debió haberlo hecho, lo supo al ver la mirada punzante que le dirigió Eva.

El hijo de puta de Ryan la miraba como el maldito chacal que era, caviló furioso mientras cruzaba el espacio que los separaba como una flecha.

—¡Aquí estás! —Interrumpiendo el baile de la pareja y sin mirar a Ryan, tomó a Eva de la mano.

—Eh. —Ryan lo tomó del brazo. Brandon se soltó de manera brusca.

—No vuelvas a acercarte a mi mujer —señaló con los dientes apretados y alejándose para evitar hacer una escena.

Dio media vuelta y llevó a Eva hasta la puerta del salón a paso rápido.

Ella lo dejó hacer para no provocar un escándalo e impostó una sonrisa para disimular con las personas con las que se encontraban, pero percibía la rabia que lo dominaba.

Brandon la llevó al segundo piso por una escalera de caracol, luego por un pasillo llegó hasta una puerta que abrió de un tirón y encendió una luz.

No repararon en la habitación en la que estaban, ni en la cama doble en el centro de la alcoba de caoba oscura con nocheros y lámparas a juego, ni en el edredón de arabescos ni en las pinturas al óleo que colgaban de las paredes ni las cortinas oscuras hasta el piso, solo se observaban como contendientes y allí estalló la pelea.

—¿Por qué estabas bailando con ese hijo de puta? —bramó.

—¡No le vi nada de malo! —contestó beligerante—. Tú estabas muy acaramelado con tu amiga, no tienes derecho a reclamarme nada.

Se miraron fijamente, él agitado y furioso, ella confusa y dolida.

—No quiero volverte a ver con él, aléjate de ese tipo. —Caminó por la habitación pasándose las manos por el cabello.

—¿Qué diablos te pasa? Estaba bailando con la única persona amable en esa maldita fiesta, ya que mi novio tenía mejores cosas que hacer. —Lo miraba echando chispas por los ojos, furiosa porque no quería que sus palabras sonaran a reclamo, no quería que supiera que estaba celosa e insegura.

Brandon soltó un resoplido.

—Ella no es nadie. —El tono de voz era tranquilo, pero con un substrato tenso.

El turno de soltar un resoplido fue de Eva.

—¿Así es como va a ser?

—No te entiendo.

—No pertenezco a este lugar, a esta gente.

—¿Qué mierdas te dijo el cabrón?

—Eso no importa, Brandon, creo que mejor lo dejamos aquí.

Brandon la miró como si se hubiera vuelto loca, con semblante furioso se acercó a ella.

—¿Vas a terminar conmigo porque bailé con otra mujer? Lo siento, yo no quería, pero mi madre…

Ella negó con la cabeza antes de contestar.

—No es solo eso.

—Ilumíname —reclamó, alejándose de nuevo unos cuantos pasos.

—No es porque me sienta menos que esa gente, me niego siquiera a considerarlo.

—Levantó el mentón, altiva y con mirada desafiante—.

Tu familia espera mucho de ti, tienes demasiado en qué pensar ahora que vas a hacerte cargo de la empresa, tendrás que hacer contactos y complacer a chicas como Cassandra, porque sus padres tienen las cuerdas de la bolsa del dinero.

No soy tonta. No soy la compañía más conveniente para ti en este momento.

—Eso es mierda.

—No, sabes que llevo la razón.

—¿Tanto desconfías de mis capacidades que crees que tengo que esconderme detrás de las faldas de una mujer con dinero para poder sacar mi empresa del hueco en el que tu compañero de baile la hundió?

Eva parpadeó y lo miró confundida.

—¡No quise decir eso!

—Fue como se escuchó. —Su voz se escuchaba serena, pero sus ojos hablaban de tormentas furiosas y pasionales.

—Tampoco es que me hayas preparado mucho para lo que iba a encontrar aquí esta noche. No me habías contado de Ryan y tampoco me has hablado de esa chica que se nota está enamorada de ti.

—¿Muy enamorada? —Se acercó de nuevo y pegó su rostro al de ella, feliz de verla celosa, angustiado porque no quería perderla después de todo el trabajo que le había costado que lo aceptara—. La única mujer que quiero enamorada de mí hasta los huesos eres ¡tú!

La atrajo hasta su pecho y deslizó su cuerpo contra el de ella y cuando la tuvo donde quería, quieta y expectante, la besó y le penetró la boca con la lengua.

Soltó un gemido en cuanto ella llevó las manos hacia su nuca y sus dedos le acariciaron el cabello.

Después de su arrebato suavizó su toque y llevó los labios a su oído.

—Estoy tan enamorado de ti, no tienes idea —musitó, vulnerable—. Apuesto por ti, maldita sea, por ti. Solo quiero estar contigo, hablar contigo, follar solo contigo.

Ella lo miró con un brillo especial y tomó su boca con ímpetu.

—Te necesito —dijo ella sobre sus labios, cada nervio debajo de su piel estremecido. Los suyos presionaron con fuerza, sus dientes mordisqueaban y se apropiaban de cada espacio, respiró con fuerza entre un beso y otro, saboreando la sensación de sus lenguas entrelazadas, acariciándose entre sí.

Brandon la aferró del cabello echándola hacia atrás mientras tapizaba su garganta con un sendero de besos.

La llevó hasta la cama, el deseo entorpeció sus manos y le costó bajar el cierre.

Ella aceleró el gesto y el vestido estuvo a sus pies en un santiamén.

Eva le quitó la chaqueta, le aflojó el corbatín del smoking con afán, a Brandon le gustaba que tomara la iniciativa y que a veces llevara las riendas, le gustaba mucho.

Le daba la seguridad de que estaba ahí con él compartiendo esa abrumadora obsesión.

Que no estaba solo. La desnudó y la acarició ansioso por perderse en su cuerpo, llevó la mano a su sexo, ella ya estaba preparada para recibirlo.

La penetró con una necesidad visceral, desesperada y exigente.

Retándola, desafiándola con sus empujes, ella le respondía con igual pasión.

Jamás había conocido una mujer que comprendiera sus deseos sin necesidad de palabras; nadie se le había entregado así; nunca había deseado fundirse en un éxtasis carnal de posesión total.

Necesitaba que lo comprendiera. “No-pue-des-de-jar-me. E-res-mí-a”, le repetía como si estuviera orando.

Sabía que la presionaba, necesitaba que ella lo amara de la manera demencial en que él lo hacía, las dudas y los celos, ausentes en sus anteriores relaciones, ahora eran parte de su vida.

La fricción lo estaba matando. Soltó una palabrota, y en medio de la nebulosa de deseo, cayó en cuenta de que era la primera vez que tenían sexo sin protección.

Las sensaciones que experimentaba eran más vivas, como si una corriente de electricidad le barriera todo el cuerpo.

Volvió a besarla, ella estaba a punto, podía presentirlo.

Eva estaba tan excitada como él. Una necesidad apremiante, además de la avidez y la experticia de Brandon, la tenían a punto de desfallecer.

Sentía que algo dentro de ella iba a explotar, no sabía si su corazón, su cerebro o su sexo, pero estaba segura de que no saldría igual de ese encuentro.

Era como si Brandon, su Brandon, que también la reclamaba como suya, acariciara una parte de su ser que no le había tocado nadie más.

—Oh, sí, aquí la teoría de los números entra en vigor y qué vigor —jadeó Brandon—, el uno atraviesa al dos y lo divide.

Eva soltó la risa en medio de las sensaciones que la tenían al borde de la combustión.

—Tendrás que hacerlo mejor, no lo divide, así lo atraviese, sigue siendo dos.

—Te amo —dijo Brandon—, no tienes ni idea de cuánto.

Eva sintió cómo un chispazo la barría desde el cuello hasta la punta de los pies, prendiendo un fuego que le cortó la respiración, y que la hizo gritar y gemir en pleno abandono, hasta que sus llamas la abandonaron.

Escuchó a Brandon gemir, llenándola y arrasando con todo a su paso.

¿Qué había sido eso?, se preguntó en cuanto pudo normalizar su respiración.

Brandon, con la cara enterrada en su cuello, trataba de respirar.

Ella le tomó del cabello e hizo que sus ojos la miraran.

—Yo también estoy muy enamorada de ti.

Brandon la besó con reverencia, un beso tan sentido que deseaba atravesar todas sus defensas.

Quería todo con esa mujer. Quería mimarla y darle todos los caprichos que quisiera.

Quería ser solo él quien pusiera un brillo satisfecho en sus ojos, y si eso lo hacía un machista cavernario, podría vivir con ello sin problema.

Había sido difícil conquistarla, ahora deseaba que lo amara.

Por ello Eva era su gema más preciada, porque había sido difícil llegar a ella.

—Vamos a mi casa, James —dijo en cuanto pudo modular.

La noche para ellos apenas empezaba.