HERMANOS KING CAPÍTULO 14
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CAPÍTULO 14

Eva dejó el abrigo en manos de un joven que los recibió en la puerta, no conseguía apartar la mirada de la decoración del lugar y de la imponencia que destilaba.

Atravesaron el vestíbulo y llegaron a una entrada en forma de arco, que daba de lleno al salón de baile; la gente reía y bebía, una pequeña orquesta ubicada al fondo amenizaba el ambiente, los meseros iban y venían con bandejas de champaña y canapés.

Reconoció a Anne King por las fotos de las revistas, la mujer se movía entre los invitados con el donaire de una reina regalando favores a sus súbditos.

Eva la encontró hermosa y elegante, con su corte Bob, su vestido entallado azul oscuro y unas joyas que ella no había visto en su vida, la mujer era el epítome del glamour que Janeth tanto leía en las revistas y blogs del jet-set.

Eva la vio aproximarse y se puso nerviosa.

La visita a la señorita Selma y ahora el inminente encuentro con la madre de Brandon le despertaron un sinfín de preguntas: ¿qué se le había perdido en esa casa?

¿Qué tan serias eran las cosas con Brandon?

¿Lo amaba? ¿Él la amaba a ella? Impostó una sonrisa en cuanto la mujer llegó hasta ellos.

—Brandon, viniste acompañado —adujo la mujer, mirando a Eva de arriba abajo.

—Buenas noches, madre —saludó Brandon con talante serio, dándole un beso en la mejilla—. Feliz cumpleaños.

—Gracias, hijo, y también por el hermoso broche, tu buen gusto es inigualable.

—Madre, quiero presentarte a mi novia, Eva James.

Anne levantó las cejas, asombrada.

—Vaya, pero qué sorpresas me depara la noche, yo que te quería sorprender y la sorprendida fui yo. Es un placer, querida, bienvenida a mi casa.

—El placer es mío, le deseo un feliz cumpleaños —contestó ella con tono de voz bajo.

Así como la conmovió el cariño tan patente entre Brandon y la señorita Selma, atestiguó la frialdad en el trato que Brandon le daba a su madre y viceversa. En el breve intercambio no vio afecto entre madre e hijo. Un hombre maduro y elegante se acercó a ellos.

—Brandon, muchacho, que alegría verte.

—Hola, Parker —contestó el aludido.

Brandon hizo las presentaciones, el hombre se mostró formal, la miró de manera apreciativa.

—Que buen gusto, muchacho. —Luego se dirigió a su esposa—. Querida, acaban de llegar los Elliot.

—Oh, Brandon, mira que hermosa está Cassandra. Esperaba con mucha ilusión verte esta noche. —La mujer se dirigió a Eva—. Brandon y Cassandra se conocen desde jovencitos, los Elliot son amigos de la familia de toda la vida y dueños de uno de los bancos más importantes de Chicago.

—Madre, ve a recibir a tus otros invitados —interrumpió Brandon, llevando la mano a la parte baja de la espalda de Eva—. Amor, vamos a bailar. Con permiso.

La llevó a una improvisada pista de baile, al lado de la orquesta, donde ya había varias parejas moviéndose al ritmo de la música.

—¡Vaya! —exclamó Eva —Eso fue…

—Petulante, no hay otra palabra.

—Lo dejaría en raro.

—Cariño, eres benevolente —aseguró él—. Hueles increíble, quería decírtelo hace rato.

—Gracias, es Omnia Crystalline, de Bulgari. Fue un regalo de mi novio —dijo guiñándole un ojo.

—Es sofisticado y muy sensual.

—¿Quién es Cassandra?

—Una amiga de la familia.

—¿Y por qué le hacía ilusión verte esta noche? No a Nathan o a Mathew, a ti.

Brandon encogió los hombros, aferró a Eva y empezó a bailar una balada lenta.

—Solo tengo ojos para ti, eres lo más hermoso que hay en mi vida.

—Pues déjeme decirle que yo vine con el hombre más guapo de la fiesta —contestó ella, negándose a dejarse llevar por sensaciones dispares, ya bastantes cuestionamientos tenía para añadir los celos a la maraña.

—Parece que es un cabrón con suerte.

—Eso parece.

Brandon levantó una ceja y curvó sus labios. Eva quiso besarlo y refregarle el rostro en la barbilla. El tiró de su cuerpo para bailar de una manera más ajustada a como lo habían estado haciendo segundos atrás.

—¿No le molesta que estés bailando conmigo?

—No lo he visto celoso nunca, es un hombre tranquilo.

Brandon rio entre dientes y la miró con un brillo peculiar en sus ojos.

—Muchos hombres no son celosos en apariencia —le dio la vuelta, se movían por la pista con soltura—, pero a lo mejor este hombre sí se pondrá celoso esta noche, ya que hay unos cuantos tipos babeando por su novia.

—Pienso que ese hombre es un poco exagerado, hay mujeres más bellas aquí esta noche.

—No creo, y en eso estoy de acuerdo con ese cabrón. Le tengo envidia.

—¿Por?

—Lo que le espera esta noche, a lo mejor no halla la hora de que estén solos y pueda ver esa deslumbrante piel…

—¿Puedo? —interrumpió Nathan. Eva lo recibió con un afectuoso saludo—. No solo tú tienes la prerrogativa de bailar con la chica más linda.

Brandon le dio la vuelta, alejándose.

—Ve a buscar compañía en otra parte.

Nathan se alejó después de soltar una carcajada.

—¡Oye! —Eva le dio una palmada en el hombro—. Eso fue grosero.

—Lo hizo por molestarme.

Cuando terminaron de bailar, bebieron champaña, deambularon por el lugar, la presentaba a los que saludaban, hablaron con Mathew un rato y luego su madre se acercó de nuevo con una hermosa joven a la saga.

—Brandon, mira quién quiere saludarte.

La joven era hermosa y con clase, esa clase que dan el dinero y la educación en internados de categoría. Llevaba el cabello oscuro recogido en un peinado bajo, el vestido color blanco le resaltaba los ojos y la piel. Se acercó solícita y le dio un beso a Brandon en la mejilla.

—Cassandra tiene maravillosas noticias.

—Yo le puedo dar las nuevas —aseguró la chica mirando a Eva de arriba abajo—. Voy a trabajar en Joyerías Diamond en el departamento de diseño.

Brandon le destinó una mirada especulativa a su madre y luego le sonrió a Cassandra.

—¡Felicitaciones! Será una buena escuela para ti que estás empezando. —La mirada de Cassandra iba a la mano de Brandon que descansaba en el hombro de Eva en un gesto claramente protector—. Mi novia, Eva, empezará las pasantías en el departamento financiero la próxima semana también.

La sonrisa de la chica quedó congelada en su rostro y Eva se percató de que estaba enamorada de Brandon. Anne mudó el gesto en un momento y la miró con viva curiosidad.

—Brandon, quiero presentarte a alguien. —La mujer se dio a vuelta y le hizo una seña a Nathan—. Hijo, acompaña a Eva a la mesa de pasabocas. Brandon te alcanzará en un momento.

El tono utilizado por su madre no daba lugar a la réplica. Brandon se movió a disgusto. Anne tomó del brazo a Cassandra.

—Eso fue grosero, madre —susurró furioso, para que Cassandra no escuchara.

—Me has sorprendido, primera vez que traes una chica a un evento familiar. No sé quién es ella, ¿de dónde viene su familia?

—No los conoces.

—Sonríe, por favor. Vas a conocer, gracias a los Elliot, a los mayores accionistas de Hailing Trading Co. Ltda, el consorcio de piedras preciosas.

—Sé quiénes son, madre.

Nathan dejó sola a Eva en la mesa de canapés en cuanto una atractiva pelirroja se acercó a invitarlo a bailar.

—¿Qué es esto? —preguntó en voz alta.

—Bombones de salmón ahumado rellenos de crema agria y trufas, pero te recomiendo los volovanes en miniatura rellenos de foie-gras —señaló una voz a su espalda.

Eva miró a su alrededor y vio a un apuesto hombre, vestido de manera elegante como todos, pero con aspecto de catedrático joven—.

No nos han presentado, soy Ryan Winthrop, el hermanastro malvado.

Eva le regaló una deslumbrante sonrisa. Brandon le había hablado poco del hombre, pero por algunos de sus comentarios dedujo que no se profesaban especial cariño.

Una ola de celos la inundó al ver a Brandon sonriéndole a Cassandra y frunció el ceño al ver cómo ponía la mano en la espalda de la chica y se acercaba a escucharla.

Ryan siguió su mirada y un gesto burlón apareció en su semblante.

—Mucho gusto, soy Eva James.

—Me gusta el nombre, espero que no seas descendiente de Jesse James.

Eva se sirvió dos canapés más, tomó un delicado tenedor y lo puso encima del plato.

—Creo que era primo segundo de mi tatarabuelo —contestó con talante bromista.

—¿Deberemos cuidarnos de ti, señorita Eva James? —preguntó el hombre mirándola a los ojos.

A Eva le gustó que no la miró con condescendencia, ni de arriba abajo, como las demás personas que Brandon le había presentado.

—Le di la noche libre a la banda. Creo que las billeteras y las joyas de los invitados estarán seguras por hoy.

Ryan soltó la carcajada ante el ingenio de la joven.

—Ven, te llevaré a sentarte, la terraza es cubierta y está climatizada, sígueme.

El hombre tomó dos copas de champaña de una bandeja y salieron a la terraza donde se sentaron.

En el lugar había más de una docena de personas, las risas se mezclaban con el entrechocar de las copas de licor y la música suave que se paseaba por todo el lugar.

—¿A qué te dedicas, señorita James? —preguntó con acento pomposo.

—Cuando no estoy detrás del tren del dinero, estudio en St John´s Finanzas y Marketing, estoy en último año.

—El temible último año.

—La carga académica fue pesada este semestre debido a que empiezo mi pasantía la otra semana.

—De todas formas, suena más divertido que resolver mi último problema —Ryan la estudió con la mirada.

Lo había hecho desde que entró con Brandon al salón.

Se consideraba experto en mujeres, y había convivido con algunas muy hermosas; a Eva, no obstante, no lograba encajarla en ninguna de las categorías que conocía.

Todas las mujeres, en su opinión, jugaban algún jueguito, pero Eva aún no había revelado el suyo.

Era cuestión de tiempo el que lo hiciera.

Ver la mirada de adoración del bastardo de Brandon azuzó su índole depredadora—.

¿Dónde vas a hacer tu pasantía? No me digas que en esos holdings financieros grises y aburridos, te perderás entre cientos de empleados.

—En Joyerías Diamond.