CAPÍTULO 12 #2
—Sí, ¿por qué no puede ser una prerrogativa para mí?
—Desde que no te enamores no le veo el problema y desde que los dos lo tengan claro, tampoco le veo el problema.
—Bien.
Más tarde llegó el prometido de Helen en compañía de sus padres y durante la oración de gracias en el momento de la comida, Eva pidió con fervor que Brandon no le rompiera el corazón.
Brandon pasaba canales en la televisión de la sala de estar aledaña a la cocina de la mansión, se escuchaban ruidos de ollas y la voz de la señorita Selma tronando como sargento que da órdenes a un batallón.
Las fotografías de los tres hermanos en diferentes edades tapizaban muebles y superficies.
El ambiente olía a pollo frito y pan de maíz.
Se escuchó el batir de una puerta y luego los pasos pesados que Brandon conocía más que los suyos.
La mujer se paró frente a él con una bandeja de comida en las manos.
—Me hubieras llamado y te habría ayudado —dijo el joven enderezándose en el acto.
—Todavía sirvo para algo, ¿te vas a cambiar? Lucille cepilló uno de los trajes que aún están en tu habitación.
—Me cambiaré en un rato.
Brandon desplegó una servilleta de tela y se dispuso a comer.
—Deberías sentarte con nosotros a la mesa, junto a los invitados de mamá.
La señorita Selma soltó una carcajada.
—Ay, jovencito, este país se puede jactar de libertad y toda esa cháchara de que somos iguales, pero todos sabemos que las jerarquías existen y existirán por siempre.
Mantente en la cresta de la ola, hijo, es la única manera en la que podrás gozar de algo de libertad, y tan pronto asumas tu puesto en la empresa, dale una patada en el trasero a Ryan, se la merece.
—Sí, señora.
Se quedaron unos minutos en silencio mientras Brandon degustaba el pollo y el pan de maíz.
—¿Me vas a contar o vas a dejar que muera de curiosidad?
—¿Qué quieres saber? —Brandon sabía que se refería a Eva, se imaginaba que sus hermanos no habían podido tener la boca cerrada.
—Tus hermanos no han hecho sino hablar de una dulce chica rubia que les dio de comer.
Brandon sonrió.
—Mammy, hablas como si mis hermanos y yo pasáramos hambre.
Ella ignoró el comentario.
—Debe ser una chica diferente a las que normalmente frecuentan esta casa y se escabullen por el área de la piscina en sus tacos altos y vestidos de fiesta.
Ninguna de esas chicas sería capaz de hacer un sándwich, aunque la vida les fuera en ello y tuvieran los ingredientes frente a sus narices operadas.
—¿Nathan trae muchas chicas?
—Cada fin de semana, no se pueden dejar sueltos los perros y la puerta de salida a la piscina toca dejarla fuera del circuito de las alarmas, pero no me cambies el tema. Estábamos hablando de ti.
Brandon puso la bandeja en la mesa.
—Se llama Eva James, es estudiante de último año, es buena, inteligente y hermosa.
—Y sabe cocinar por lo que escuché, pero eso no importa mucho, lo importante es que sea una persona buena y con los pies en la tierra.
—Sí, mammy, es una mujer con los pies bien puestos sobre la tierra.
—¿Estás enamorado?
Brandon se quedó mirando una fotografía que reposaba en una repisa frente a él: sus padres posando en vestido de fiesta. Se veían felices.
—No lo sé, mammy. —Miró a la mujer, la tomó de la mano y le acarició el dorso, de piel gruesa y reseca—. Voy a traerla para que la conozcas, o mejor aún, podemos ir a almorzar a ese restaurante que te gustó tanto en el muelle de la Armada.
—Puede ser.
La anciana se levantó de la silla. Brandon también se levantó, tomó la bandeja y la llevó a la cocina, donde dos jóvenes empleadas estaban picando ingredientes. Brandon limpió el plato en la caneca de basura y llevó la losa al lavaplatos, la fregó, la enjuagó y la dejó en un escurridor.
—Cassandra Elliot volvió de Italia, vendrán esta noche.
Brandon la miró sorprendido.
—¿Voló hasta acá para celebrar Acción de Gracias?
—Creo que viene a quedarse, pero ya sabes, a lo mejor son solo chismes.
Cassandra Elliot había estado enamorada de Brandon desde que lo vio por primera vez en una fiesta de aniversario de sus padres a la que Anne lo había llevado casi de la oreja.
Los Elliot, reyes de la banca en la ciudad, eran muy amigos de los King.
En cuanto los presentaron, Brandon se inclinó y tomó los dedos nerviosos y temblorosos de la joven en sus grandes y cálidas manos.
Los sostuvo con fuerza, fijando su amable mirada en los sorprendidos ojos de Cassandra, levantó una ceja con aprecio, sonrió y le hizo un pequeño guiño. Ella se enamoró perdidamente de él.
Durante la adolescencia, se dedicó a conocerlo sin que él se percatara, nunca dio muestras de sus sentimientos. Era una mujer orgullosa, pero perseverante; el objetivo de su vida era ser la esposa de Brandon King y había ideado un plan para lograrlo.
—Hola, Brandon —saludó esa tarde cuando él bajó al salón a reunirse con los invitados de la familia.
Aparte de los Elliot, estaban la hermana de Parker con su esposo, un médico cardiólogo, y sus dos hijos, unos adolescentes concentrados en algún juego en los móviles.
—Cassandra, me alegra verte —saludó Brandon con calidez y notó el sonrojo de la chica. Era una mujer bella, con clase, con una chispa en sus ojos verdes que le confería un aire inteligente—. ¿Cómo es que no estás aquí con un guapo chico italiano? Me imagino que los volviste locos.
—Cassandra está interesada en el producto nacional —intervino Nathan con tono burlón.
La chica ignoró el comentario.
—Los italianos son demasiado intensos y gritones para mi gusto. Les recuerdo que fui a estudiar, no tenía mucho tiempo para divertirme.
—Eso en Italia es pecado —insistió Nathan—. Junto a los franceses, son los maestros de la buena vida.
Anne se percató de que, con mucha maestría, Cassandra involucró a todo el mundo en la charla y todos dieron su punto de vista.
Estaba encantada con la joven, un par de años atrás, antes de su viaje a Italia, le parecía simple y opacada, pero esa noche la vio con nuevos ojos: era elegante, discreta, y tenía un cutis perfecto.
Luego miró a los padres. Cassandra era hija única, heredera de todo un imperio económico, sería la pareja perfecta para Brandon, lástima que la chica no se hubiera dedicado a las finanzas, caviló, en cambio, había estudiado diseño de joyas. Un momento…
Una empleada los invitó a pasar al comedor. Anne tomó del brazo a Cassandra.
—Querida, muero por ver tus diseños, Corinna está muy orgullosa de ti. Me imagino que contemplarás la idea de trabajar para nosotros, ¿o vas a abrir tu propio negocio?
Cassandra miró a Brandon, que sonreía distraído a la pantalla del móvil.
—Estoy abierta a diferentes opciones, tía Anne —respondió, sonriendo satisfecha, pero en su interior batía palmas, pues ya era noticia que Brandon tomaría el mando de Joyerías Diamond el siguiente año, qué oportunidad de oro sería esa de trabajar codo a codo con él.
—Espero que nos tengas en cuenta.
“No te quepa duda”.