HERMANOS KING CAPÍTULO 11 #2
10%

CAPÍTULO 11 #2

—No me interesa, que piensen lo que quieran —dijo, intentando cambiar de tema, le traían sin cuidado las apuestas o lo que la gente que no los conocía tuviera que decir—.

En fin, la nota que sacamos en el trabajo que le presentamos a Anderson no va a estirar hasta el final del semestre y necesito estar tranquila respecto a esa materia.

—Tienes un buen promedio, deja ya de sufrir, sé que no quieres que nada se interponga en tu pasantía del próximo semestre. ¿Ya te respondieron?

—Aún no. ¿Y a ti?

—Tampoco. Me imagino que la próxima semana lo sabremos. —Janeth miró de nuevo el reloj—. ¡Me revienta ir a clase a esta hora!

—Hay cosas mucho peores, chica.

Eva había enviado solicitud para realizar la práctica universitaria correspondiente al siguiente semestre a tres empresas del sector.

Una con sede en Chicago, una de Atlanta y otra de Nueva York.

La práctica duraría seis meses y era un requisito necesario para poderse graduar.

Ya había terminado las materias magistrales y en ese momento tenía pendiente su pasantía y luego la presentación de la tesis.

—¿Te vas a ver con Brandon hoy?

—No, tengo que estudiar, él quería llevarme a una fiesta en su fraternidad, pero esto es más importante.

Janeth levantó ambas manos.

—Mejor me voy antes de que lo tuyo sea contagioso —sentenció.

—Sí, sí, vete, vete, ya llorarás sobre mi hombro cuando empieces a recibir tus opciones laborales.

—Eres un pájaro de mal agüero. Adiós.

Brandon quería que Eva conociera a sus hermanos, aprovechando que Mathew llegaría de Boston para pasar Acción de Gracias en la mansión.

Le sugirió a ella una cena en un restaurante y habían quedado en encontrarse a las siete en el departamento para salir a algún lugar.

Eva tuvo la idea de preparar una comida para ellos, una pequeña celebración personal antes de la fecha, ya que se iría al día siguiente a Evanston para celebrar la fiesta con sus padres y su hermana.

Brandon le había dado las llaves del departamento el día anterior por si él demoraba, y ella llegó al atardecer con una bolsa de suministros, dispuesta a cocinar.

Preparó una lasaña de carne y ensalada de vegetales.

Cuando Brandon abrió la puerta, dos horas más tarde, con sus hermanos a la saga, un aroma delicioso a carne, ajo, especias y pan caliente se paseaba por todo el lugar.

—Guau —exclamó Nathan apareciendo en la cocina detrás de Brandon.

Eva les sonrió.

—Justo a tiempo. Pensé que preferirían algo de comida casera.

—¡Hiciste la cena! —Brandon se acercó sorprendido y ella lo recibió con un beso, luego saludó a Nathan. Lo recordaba del día de la fiesta.

—Hola, preciosa —la saludó este con un beso en la mejilla. Se acercó a la nevera y sacó dos botellas de cerveza— ¿También cocina? —preguntó a Brandon.

—Sí, lo hace muy bien —confirmó Brandon dándole un beso más profundo que el anterior—. Huele delicioso, cariño. Se nota que has trabajado —confirmó, al ver la refractaria que ella en ese momento sacaba del horno.

Eva llevaba un delantal minúsculo y guantes térmicos, dejó la refractaria en el mesón junto a lo demás. Vestía unos leggins oscuros, botas a la rodilla y un suéter de lana delgado. El cabello recogido en una coleta baja con un flequillo a un lado.

—¡Mathew! —gritó Nathan—. Ven aquí, papá y mamá están en la cocina.

El menor de los hermanos King se unió a ellos y saludó a Eva con un brillo de diversión en los ojos.

Eva, sin dejar de reír, se quitó los guantes y el delantal. Mathew la saludó con un breve abrazo. Observó a los tres hermanos de refilón, Janeth estaría salivando de haber estado allí con ella. Los tres chicos eran muy guapos, altos, en forma y educados.

El menor de los hermanos tendría la misma edad de ella. De cabello castaño, ojos oscuros, alto y delgado, a Eva le pareció el más tímido de los tres. Ella recordó que estudiaba Geología en Harvard, Brandon le había comentado que deseaba dedicarse a la Gemología.

Brandon pasó la refractaria a la mesa que ya estaba arreglada, con un mantel de lino de colores oscuros e individuales a juego. Nathan fue al equipo de música y los acordes de un tema de Maroon Five se deslizaron por el lugar.

—Preciosa, esto huele muy bien —soltó Nathan.

—Gracias. Lleva esta bandeja, por favor —le pidió Eva, dándole el recipiente de la ensalada.

—Sí, señora.

Mathew se sentó de último después de que ella tomara asiento.

Con respecto a los modales, los hermanos King parecían moldes sureños cortados por el mismo patrón.

“Sí señora, “No señora”, “Es un placer”.

Rodeada de esos tres guapos especímenes, pensó que no era difícil imaginarlos yendo a la Guerra de Secesión, jugando sus fortunas a los naipes, batiéndose a duelo o escapando de algún marido furioso.

Sospechaba que su educación era más producto de la influencia de la señorita Selma, de la que tanto le hablaba Brandon, que de Anne, la madre, y creció su curiosidad por conocer a la mujer.

Eva sirvió en los diferentes platos que Brandon le iba pasando mientras Nathan rellenaba las copas de vino.

—Esto está delicioso —dijo Mathew, que se había apresurado a probar la comida.

—Espera el postre y verás —señaló Brandon—. Mi novia hace el mejor cheesecake de fresa que hayas podido probar.

“Novia”. Un calorcillo inundó a Eva ante el tono de voz utilizado por Brandon.

Él estaba conmovido. A excepción de la señorita Selma, que se desvivía por atenderlo cuando iba a la mansión, nadie había hecho nunca la cena para él.

Estaba seguro de que Anne no tenía idea de cuál era el camino a la cocina en su propia casa y las mujeres que habían compartido su vida por espacios cortos no estaban interesadas en labores culinarias.

Se escuchó un gemido de Nathan al llevarse el primer bocado a la boca.

—Te acabas de convertir en la mujer de mi vida, preciosa —bromeó, después de limpiarse la boca con una servilleta—. Deja a este cabrón.

Brandon resopló y Nathan se echó otro bocado a la boca. Eva sonrió, satisfecha de verlos comer con apetito.

Los chicos intercalaron preguntas sobre su lugar de origen, su familia, sus gustos musicales.

—¿En qué año estás? —preguntó Mathew a Eva.

—En último año —contestó ella.

—¿Vas a hacer pasantía el próximo semestre? —intervino Nathan.

Eva dejó el tenedor en el plato y sorbió de su copa de vino.

—Estoy esperando respuesta de tres compañías.

—¿Aquí en Chicago? —insistió el menor de los tres.

Eva carraspeó.

—Me postulé para Financiera Parsons, aquí en Chicago; Inversora Hutchinson, en Atlanta, y D&M, en Nueva York.

Brandon dejó de escuchar la conversación.

Las pasantías de Parsons ya habían sido adjudicadas, se había enterado por una charla casual con el profesor Anderson.

Si Eva no tenía noticias a estas alturas, entonces no la habían llamado, y le parecía muy extraño, ya que sus credenciales eran las mejores.

Le quedaban dos opciones, Atlanta o Nueva York.

¡Mierda! Apenas estaban empezando, no quería separarse de ella.

Un nudo de incomodidad se asentó en su estómago.

No se cuestionaba las ansias adolescentes por sus besos y caricias, ni las ganas de verla a cada momento, ni cómo un recuerdo de sus ratos compartidos lo asaltaba en algún momento inoportuno.

No. Se cuestionaba si debía dejarla entrar, si debía bajar sus defensas y claudicar ante los locos sentimientos que lo invadían y que no había experimentado por nadie más.

Eva había sido una sorpresa en su vida. Se preguntaba cómo había hecho para vivir sin ella, sin su risa, sin sus charlas, sin sus ojos.

Cómo había respirado cada día de su vida sin tener presente a Eva.

Si se iba para Atlanta o Nueva York, estaba seguro de que la conexión se rompería, ellos se perderían entre la madeja de obligaciones.

Debía idear algo, no quería verla uno que otro fin de semana.

Era consciente de que el próximo año iba a ser un año de mierda y la necesitaba allí, en su casa, en su cama.

—¿Prefieres una vida llena de sexo, pero comiendo fatal, o una vida sin sexo llena de ricos manjares? —escuchó Brandon que Nathan le preguntaba a Eva.

—¡Nathan! —exclamó—. ¿Qué diablos te pasa?

Mathew soltó una carcajada que ahogó en la servilleta de lino.

Eva miró a Brandon con una sonrisa en los labios y le acarició el brazo.

—¡No tienes que contestar! —adujo Brandon.

—Ambos son enormes placeres —interrumpió la aludida sin dejar de mirar a Brandon con una chispa en sus ojos—. Pero en este momento podría hacer dieta sin problema.

Nathan y Mathew chiflaron y aplaudieron. Brandon le dio una palmada a cada uno en la cabeza.

—¡Oye! —exclamó Nathan, que además se ganó un jalón de orejas.

—Alguien tiene que guardar la cordura y mantener sus culos a raya.

En cuanto Eva hizo ademán de levantarse a recoger los platos, los tres chicos se lo impidieron.

—Tú cocinaste, nosotros limpiamos. Quédate sentada.

Nathan levantó los platos y Mathew le sirvió otra copa de vino.

—Los educaron muy bien —señaló Eva.

—Estaríamos en serios problemas con la señorita Selma donde te dejáramos entrar en la cocina —añadió Mathew.

—Tomemos café en la sala. —Brandon la jaló para que se levantara. La besó con ganas, dejándose llevar por su sabor y su calor—. Gracias por la cena, estaba deliciosa, no me lo esperaba.

—Pensé que lo disfrutarías más que salir a algún lado.

—Eres muy hogareña, podría acostumbrarme. —Le acarició el contorno de la cintura.

—Yo no me haría muchas ilusiones.

Se sentaron en el sofá de la sala mientras los hermanos terminaban con el lavado de los platos.

—¿Qué? —soltó Mathew entrando a la sala y señalando la consola de videos. Los tres eran aficionados a Call of Duty y organizaban verdaderas batallas campales con días de duración, cada uno tenía asignado un personaje de la saga—. ¿Jugamos?

Brandon blanqueó los ojos.

—No creo que Eva quiera vernos mutar en soldados sedientos de sangre.

La aludida frunció los hombros.

—No me importaría mirar.

En cuanto Nathan entró en la sala decidieron jugar una partida. A los pocos minutos, estaban inmersos en el juego.

—Toma esa —exclamó Brandon, cuando evadió una granada. Él encarnaba a Alex Mason.

Nathan soltó una palabrota al ver que su personaje casi muere en una explosión.

Mathew, sigiloso, aventajaba a sus dos hermanos.

Eva miraba la pantalla concentrada, Brandon iba a la saga.

Se veía que no estaba poniéndole alma al juego.

Mathew ganó el primer juego y Brandon el segundo.

Se reían de Nathan, que permanecía con el ceño fruncido.

Eva caviló que el juego era como una competición de a ver quién la tenía más larga.

Era el momento de bajarles los humos a los hermanos King.

—¿Me prestas el control? —dijo con voz suave.

Brandon pestañeó y la miró antes de fijar la mirada de nuevo en el juego.

—¿Estás segura? Este par son unos tramposos y te sacarán del juego en un abrir y cerrar de ojos. —Se rio y le lanzó una mirada de cuestionamiento.

Ella le dirigió una sonrisa por su cuenta.

—Creo que podré apañármelas sin mayor problema.

Él la miró con una ceja arqueada y una curva irónica en sus labios.

—Está bien.

Sonriendo, Eva se echó hacia atrás en el sillón, con los ojos fijos en la pantalla.

“Vamos a ver, señores King, quien gana la guerra”.

Lo que Brandon no sabía era que ese videojuego era el favorito de Eva y su padre, gran aficionado a las consolas. Ella era una excelente jugadora. Sacó a Nathan del juego en poco tiempo.

—Eres una embaucadora, James. —Brandon negó con la cabeza varias veces.

—No, no lo soy —sonreía—. Diste por sentado que no sabía jugar.

—¡Eres una asesina despiadada! —sentenció Nathan al ver que iba pareja con Mathew.

Brandon estaba de su lado. Nathan tomó partido por Mathew. El par de hermanos hicieron apuestas.

—¡Mathew! El honor de los King está en tus jodidas manos —exclamó Nathan con voz de tenor.

Brandon sonreía, debió saberlo en cuanto se sentó a su lado en esa pose formal.

Debió saber que era una mercenaria. Le ganó a un sorprendido Mathew que no supo de dónde había venido el golpe.

La observaba reír con sus hermanos, tan espontánea, tan natural, y cantar hurras por la victoria.

Un nudo le calentó entonces el pecho y supo que estaba enamorado de ella.