CAPÍTULO 10 #2
—Eres temerario, llevarás Joyerías Diamond a la mierda. Lo que pretendes es loco, osado, y, por lo visto, no has estudiado las malditas tendencias.
—¡Ya basta, Ryan! —exclamó Parker.
—Lamento aguarles la fiesta, pero esas son las condiciones que ponemos mis hermanos y yo si quieren apropiarse del tren del dinero —intervino Brandon con gesto indolente.
Aceptarían, la situación económica de la empresa era delicada y los bancos no apostarían más por ellos hasta no cumplir las obligaciones e inyectar algo de capital.
“¡Qué pretencioso y audaz es este hijo de puta!”, pensó Ryan, con aire de desprecio.
Anne y Parker se habían empeñado en sacrificarlo a él y no le importaría si fuera otra persona la que se encargara de su gestión, pero era Brandon King, al que detestaba desde que lo había conocido, por su actitud sobrada, su falta de admiración por el poder y su inmerecida autoconfianza basada solamente en su desvergonzada juventud.
—Me pregunto por qué no viniste antes al rescate. —Anne y Parker se paralizaron al oír el tono descarado y agresivo de Ryan.
—No tengo que darte ningún tipo de razón ya que tú sabes muy bien que nos escondieron la verdadera situación de la empresa.
Estoy seguro de que, de haberme enterado a tiempo, no habría dejado que la crisis llegara a tanto.
Si tienes algún problema al respecto —manifestó Brandon a los tres, pero su mirada centrada en Ryan—, trata tú con los bancos o mejor aún, pon el jodido dinero y yo devolveré nuestra herencia a donde pertenece.
Deberías tener una mejor actitud, ya que estamos dejándote salir de este embrollo por la puerta grande, no me hagas cambiar las cosas y sacarte por la puerta de atrás como lo mereces.
—Algún día me las pagarás.
—Chicos… —intentó interceder Parker como cuando eran unos adolescentes revoltosos.
—Con Anne llegamos a un acuerdo, tendrás que aguantarme un tiempo más, “hermanito”.
—¿Por qué no puedes irte ahora? —se enojó Brandon, y lo miró con aire belicoso.
—Porque tengo un plan de contingencia que ayudará a que la crisis no sea visible en el sector, tu madre lo apoya, mi padre también y ya me tomé la licencia de hablarlo con los jefes de departamento, y si tienes algún problema al respecto, me importa una mierda.
—Qué emprendedor de tu parte. ¿De dónde sacaste ese plan de contingencia? ¿De algún becario de segundo año? ¿No será algo que acabas de inventar? —inquirió Brandon mirándolo burlón.
—Lo que importa son los resultados, hasta que no estés al frente no tengo porque darte más explicaciones.
—Al contrario, sostengo las cuerdas de la bolsa del dinero, no lo olvides.
—Estás equivocado, Brandon —articuló Anne con cuidado—. Te estás dejando llevar por tus emociones.
—Déjalo, tía Anne, no te preocupes —dijo Ryan, despectivo—. Quiero ver a donde llevarás la empresa el próximo año.
—A un mejor lugar del que está ahora, tenlo por seguro —se apresuró a aclarar con determinación Brandon.
—Tía Anne, se lo dices tú o se lo digo yo.
Ryan lo miró y sonrió burlón, e hizo una inflexión, había cierto acento de amenaza en su voz que alertó a Brandon.
La intención de llevar la reunión en buenos términos se había desvanecido en el aire hacía rato, pero Anne esperaba que Ryan se guardara ese trozo de información un tiempo más.
Miró de nuevo a su ingobernable hijo mayor, el más parecido a su padre.
La haría a un lado, estaba segura, y le costaba horrores cederle el poder, aunque algo de alivio la invadía al verlo luchando por la empresa, a diferencia de Ryan, que era un chacal y por él desarmaría la compañía y la vendería a pedazos.
Algo impensable, ya que Joyerías Diamond era su legado y el de sus hijos, era el nombre por el que reconocían a la chica sureña que había llegado a Chicago veintiséis años atrás.
Fue una mala estrategia recurrir a su ayuda cuando lo necesitó, pero el orgullo y el poco respeto que le tenían sus hijos le había impedido actuar de otra manera.
Además, independientemente de lo que Ryan había hecho, era familia, era el hijo de su segundo esposo y los trapos sucios debían lavarse en casa.
A estas alturas de nada valían las lamentaciones y tenía que enfrentar sus errores.
—¿Qué pasa?
—Ryan ha invertido mucho dinero en la empresa —dijo en Anne con aparente tono calmo.
—¿¡Qué!?
La indignación de Brandon la hizo parpadear, avergonzada.
—Lo que oyes —confirmó Ryan.
Parker ni siquiera lo miraba a los ojos.
¡Malditos! No le extrañaba, Anne los había traicionado innumerables veces, desde que eran unos niños.
Una traición más no debería dolerle, tendría que estar curtido en ese tema, pero el caso era que no lo estaba, le dolía como siempre.
Aceptar que Ryan invirtiera era como darle entrada a un advenedizo al negocio que perteneció solo a la familia por décadas.
Brandon era consciente de que en algún momento entre sus planes estaba el abrir su empresa a inversionistas, pero no aún y menos con esa serpiente en el puesto que por sangre le correspondía.
—Lo tenías muy callado. No vi tu nombre en ninguno de los papeles — afirmó, implacable—. Madre, debiste habernos consultado.
—No hubieran estado de acuerdo y el caso era crítico —refutó Anne.
—Entonces esos balances son mierda.
Todos se quedaron en silencio.
—Me imagino que creaste una fiducia, así mis hermanos y yo no nos enteraríamos de que eras el bastardo moviendo los hilos en la sombra.
Típico de ti y muy inteligente. —Guardó la compostura, cuando lo único que quería hacer era romperle la cara y sacarlos a todos de allí por ineptos.
Pero había que guardar las formas, recordó la charla a los alumnos y soltó una risa irónica.
—La fiducia creada por mí hace dos años —aseveró Ryan mientras se enderezaba la corbata. Brandon quiso ahorcarlo con ella.
—Ese dinero nos salvó el semestre pasado, Brandon, a pesar de que piensas lo peor de Ryan, lanzó un salvavidas a la empresa cuando más lo necesitábamos. —señaló Parker.
—No esperes que te dé las gracias —respondió Brandon encogiéndose de hombros, al tiempo que se calmaba.
Había que saber retirarse a tiempo, y escoger sus batallas, aunque no veía con buenos ojos el préstamo de la fiducia y sería el primer dinero que devolvería en cuanto asumiera el cargo, le tenía una gran desconfianza a Ryan, y si su madre y su padrastro lo dejaban, se apoderaría de Joyerías Diamond sin contemplaciones de ningún tipo.
Era buen estratega el maldito, pero él era aún mejor—.
Bien, veo que no puedo hacer gran cosa, pero espero que todo cambie cuando asuma mi posición en la empresa, yo de ti, no calentaría el asiento de tu oficina, de una o de otra manera te vas a largar de Joyerías Diamond.
Se levantó y se abotonó la chaqueta.
—Creí que ibas a almorzar con nosotros.
—Madre, ¿en qué mundo vives? Después enterarme de esto, ¿crees que tengo genio para sentarme con ustedes a la mesa? Yo no tentaría su suerte, podrían Ryan o Parker terminar con el tenedor de la ensalada en la yugular.
—¡Brandon! Respeta a tu madre —exigió Parker.
—No te crie para que actúes de esa forma.
Brandon sintió el coraje usurpar la tensión. Se pasó la lengua por los labios y emitió un chasquido.
—No, madre, no nos criaste, esa labor la hizo muy bien la señorita Selma. —Y con un gesto de cabeza acompañado de un: “Buenas tardes, que terminen teniendo un buen día”, salió de la oficina.