CAPÍTULO 9 #2
Ella soltó una carcajada y se percató de que Brandon tenía razón, estaba más que achispada y la cabeza le daba vueltas. Cerró los ojos, aspirando de manera profunda y silenciosa, no quería que él la escuchara. Cuando abrió los ojos, él la miraba con talante risueño.
—¿Estás bien?
Ella afirmó con la cabeza y lo miró de nuevo con un ansia loca de fundirse a él.
Él soltó un sonido estrangulado parecido a un jadeo.
—No me mires así, me está costando horrores tener los pantalones en mi puesto, pero te quiero sobria cuando entre en ti. —Se levantó de la cama y se acercó al vestier, de donde volvió a la cama con una camiseta.
—Póntela —susurró suave, ella abrió los ojos y le hizo caso, se quitó la falda y Brandon inspiró de manera ruidosa por la cantidad de piel expuesta a centímetros del toque de sus manos.
Ella sonrió, consciente del efecto que tenía sobre él, se colocó de lado y él la siguió y la abrazó, hundió la nariz en su cabello como un jodido enfermo. Le parecía increíble tenerla por fin junto a él. Acariciaba su piel satinada y sudada, atontado por las sensaciones que lo embargaban.
—Guau, no me lo haces fácil, tampoco —suspiró ella, cerrando los ojos.
Se quedaron en silencio y a los pocos minutos, Brandon sintió el cambio en la respiración que le dijo que ya estaba dormida. Se levantó de la cama, se puso la camiseta y salió a buscar a Nathan, al que encontró en un rincón hablando con una chica, lo separó de ella y lo llevó a la cocina.
—¿Qué pasó con esa pieza de primera con la que atravesaste la sala como si tuvieras fuego en el trasero? —Fue lo primero que preguntó su díscolo hermano, al ver solo a Brandon.
Brandon no iba a contestarle a su hermano debido a dos cosas: primero, estaba borracho, y segundo, Eva no era de su incumbencia.
—Necesito que des fin a la fiesta y que mañana a primera hora vengan a arreglar este estropicio.
—Pero, hermano, si apenas estamos calentando.
Brandon miraba por encima de la gente localizando a Janeth, la amiga de Eva.
—No me importa, sigue la fiesta donde Daniel, sabes que él no tiene problema con eso.
—¿En serio, Brandon? Apenas son las dos de la mañana.
—Sigue la fiesta donde Daniel, aquí ya se acabó la diversión. Además, me dijiste que no eran más de una veintena y hay por lo menos sesenta personas regadas por todo el lugar.
—Culpa a los mensajes de texto y agradéceme.
—Tomó un sorbo de licor directo de una botella que llevaba en la mano—.
Tu amiguita no hubiera venido sino hubiera sido por uno de esos toques.
¿Quieres la fiesta para ti solo? —insistió Nathan, limpiándose la boca con el dorso de la mano, gesto que hubiera puesto los pelos de punta a la señorita Selma y dejó la botella encima del mesón—.
Solo dímelo y desocupo este salón enseguida.
Brandon blanqueó los ojos.
—Ya, Nathan, haz lo que te digo.
—Pareces un jodido viejo, dentro de poco vas a necesitar Viagra y bastón. Tienes que divertirte.
—No lo creo. Alguien tiene que crecer y no te veo por la labor —lo recriminó, impaciente—. ¿Qué quieres, Nathan?
—Quiero unas bolas del tamaño de la luna y un coño dulce y apretado donde meterlas.
Brandon sonrió a su pesar, si Eva no hubiera venido a la fiesta, no estaría sacando a los amigos de su hermano de la casa y estaría disfrutando de su compañía.
Necesitaba distracción, su hermano tenía razón.
Estaba estresado por la reunión que tendría lugar en Joyerías Diamond el lunes siguiente, ansioso por saber qué obstáculos pondrían su madre y su padrastro a que se hiciera con el mando de la empresa.
Había tenido reuniones las dos semanas anteriores con los abogados de la firma que manejaba el fideicomiso, para retirar el dinero que la empresa necesitaba.
Ellos no estaban de acuerdo con lo que Brandon iba a hacer, pero no les quedaba más remedio que soltar el dinero que, por ley y herencia, les pertenecía a él y a sus hermanos.
Y sí, también estaba excitado como nunca y no quería a nadie en casa cuando por fin pudiera dar rienda suelta a su deseo por Eva.
Brandon sonrió a su pesar.
—Vete de aquí, hermano.
—Yo sé lo que deseas hacer —lo interrumpió—, quieres bautizar todo el departamento con ese lindo culo, eso es.
Brandon sonrió y bajó la cabeza.
—Lo haré en cuanto el equipo de limpieza que vas a enviar a primera hora deje todo impecable.
—No seré yo quien te lo impida, pienso que mereces mucha más diversión. —Le dio un golpe con el puño en el brazo con una sonrisa ladeada. Le agarró el rostro con las manos y lo acercó a él como si fuera a darle un beso en la mejilla.
—Eres un cabrón, pero te quiero.
—Yo también te quiero y feliz cumpleaños.
Lo dejó y antes de dirigirse a donde estaba el equipo de música para interrumpirla, soltó:
—Recibí la provisión de ropa interior y calcetines anual de la señorita Selma.
Brandon se echó a reír.
—Para ella nunca tendremos suficiente ropa interior en nuestro armario. ¿Y mamá?
—Me invitó a almorzar la próxima semana. Hoy estaba ocupada con algo.
Brandon le palmeó el hombro.
—Ya es algo.
Nathan bajó el volumen de la música y batió palmas, en menos de diez minutos ya se habían ido todos.
Brandon le dijo a Janeth que Eva se quedaría con él.
La chica se opuso a pesar de estar muy pasada de tragos, estaba dispuesta a llevarse a su amiga, pero Brandon, con su sonrisa de chico bueno y su labia la convenció, pidió un transporte y la envió a su casa con Amy.
Sacó a los últimos rezagados, revisó que no hubiera gente, ni drogas, ni agujas en los baños, y volvió a la habitación.
Se quitó la camiseta y se acomodó al lado de Eva, que estaba sumida en un profundo sueño.
No creía poder conciliar el sueño, el arco de la boca de Eva, enrojecido e hinchado por los besos compartidos, no lo dejaba cerrar los ojos, amén de todo lo demás.
Se juró que al día siguiente la besaría hasta asfixiarse y no dejaría de hacerlo hasta estar dentro de ella.