CAPÍTULO 8 #2
Se encontraron con Amy tan pronto se bajaron del taxi, la chica de ojos cafés y cabello oscuro llevaba un vestido negro de lentejuelas doradas, después de los saludos, hicieron la fila para entrar al club, una vez en el interior se abrieron camino a través del grupo de gente hasta llegar a la barra por la primera bebida.
La música vibraba y tronaba en las paredes.
Un DJ tocaba algo de electro en una especie de tarima en un extremo del lugar.
La parte oscura contrastaba con las luces de neón en las mesas y en la barra.
La pista de baile estaba repleta. Los haces de láser recorrían la pista y alumbraban todos los cuerpos que se movían y bailaban sin parar.
—¡Por el mejor cumpleaños de mi jodida vida! —exclamó Janeth. Pidieron al barista tres shots de tequila—. Buena música, baile, bebidas, y, si Dios quiere, algún chico caerá.
—Me anoto —expresó Amy.
—Yo también —contestó Eva.
Hicieron un brindis con los vasos y comenzaron a beber.
Después de dos tragos más salieron a la pista a bailar con la intención de soltarse y divertirse durante la noche, algo que Eva se había negado durante mucho tiempo; ya estaba harta de ser la buena y mojigata, merecía toda la diversión que pudiera lograr.
Se mezclaron con la multitud, el compás delirante de la música las invadió y poco después las tres chicas se habían adueñado de una pequeña parte de la pista de baile junto a la barra.
Tres chicos se acercaron a ellas, pero contrario a lo que manifestaron mientras brindaban, estaban cómodas solas.
Pasaron el rato yendo de la barra a la pista de baile, Eva moderó el consumo, aunque tenía buena tolerancia al alcohol, Janeth no.
Amy se quedó con un chico que parecía no querer desprenderse de ella.
Janeth y Eva siguieron bailando solas en la pista.
Alrededor de la media noche, el acompañante de Amy se esfumó. Cuando Eva le preguntó qué había ocurrido, la chica frunció los hombros.
—Me invitó a irme con él, no me interesa ligar.
Observaba a Amy deslizar su dedo por la pantalla de su móvil contestando mensajes.
—Chicas —levantó la cara—, hay una fiesta de un chico de Northwestern, celebra su cumpleaños en el departamento de su hermano. Es muy amigo del tío que me gusta.
Eva estaba a gusto en el lugar, nada que ver con universitarios borrachos queriendo meterle mano.
—¿No sería mejor quedarnos? Estamos muy elegantes para una fiesta de universidad —señaló Eva.
—No conoces las fiestas de Northwestern, todo vale.
—Eso es lo que me preocupa, Janeth ya está bastante pasada de tragos.
La aludida dio la vuelta y las enfrentó.
—Estoy muy bien, solo feliz, no todos los días se cumplen veintiún jodidos años —abrazó a Eva—, no seas aguafiestas. Vamos.
Ambas le lanzaron una mirada, esperando su beneplácito y ella no quiso ser la aburrida. Se encogió de hombros.
—Está bien, vamos.
Al salir de la discoteca pararon un taxi y cuando Amy le dio la dirección, Eva cayó en cuenta de que la fiesta era en el mismo condominio donde vivía Brandon.
Luego recordó que él tenía un hermano en Northwestern, ya iban dos coincidencias.
Eva le pagó al conductor el trayecto y salieron del taxi, cada una un poco tambaleante por los tequilas ingeridos.
Al llegar a recepción, el botones cotejó el nombre de Amy en una lista y les dio paso hasta el ascensor.
Al llegar al piso, Eva no tuvo dudas de que la fiesta era en el departamento de Brandon.
¿Estaría acompañado? Desde el pasillo, la música hacía vibrar el suelo debajo de las chicas.
Eva se sentía valiente y audaz, se estremeció de anticipación, ya que tenía el presentimiento de que vería a Brandon esa noche.
Se abrieron camino por entre un grupo de jóvenes hasta que entraron al salón, su mirada recorrió el lugar buscando a Brandon entre la marea de jóvenes que bailaban y bebían.
Un joven muy parecido a Brandon les salió al paso.
—¡Nathan! —gritó Amy y corrió a abrazarlo. Las presentó por sobre el ruido de la música.
—Bienvenidas a mi fiesta, bellezas.
Les sonrió y las abrazó como si las conociera de siempre. Lo felicitaron por su cumpleaños y cuando supo que Janeth cumplía también, Nathan se acercó y le dio un beso en la boca que la dejó más atontada de lo que estaba. La atención de Nathan volvió a las tres chicas.
—El alcohol está en la cocina —explicó—, los chicos por todas partes, el baño por el pasillo del fondo y si quieren llegar a primera o segunda base, hay un estudio por ese lado, la habitación del cabrón de mi hermano está vetada.
El chico era guapo como su hermano, alto y delgado, el color de ojos era oscuro y tenía una chulería de la que carecía Brandon, ella estaba segura de que para Nathan la vida era una fiesta interminable repleta de licor, mujeres y otras cosas.
—Necesito un trago —dijo Amy y tomó a ambas mujeres del brazo—. Gracias, Nathan.
El chico les hizo una reverencia y se perdió entre la multitud.
Llegaron a la cocina, donde las botellas de toda clase de licor tapizaban uno de los mesones.
Después de dos shots de tequila, Amy encontró al chico por el que habían ido a la fiesta, cuando se alejaban, se volvió hacia Janeth, dándole un pulgar arriba.
Un joven rubio y delgado se acercó a Janeth, ella le sonrió.
—¿Y tú quién eres? —preguntó Janeth.
—Soy Daniel, amigo de Nathan y tú eres…
—Janeth. —Lo tomó de la mano y lo condujo al salón—. Daniel amigo de Nathan, llévame a bailar.
—Será un placer. —Desaparecieron entre el gentío, Eva podía escuchar sus carcajadas sobre la música.
Caminó por el gentío, no vio a Brandon por ningún lado.
Envalentonada por culpa del licor y la música empezó a bailar sola al ritmo de una canción.
Cerró los ojos y se dejó llevar, moviendo las caderas de un lado a otro, suavemente al ritmo de la música.
Sintió a alguien acercarse por su espalda y una mano se apoyó en su abdomen, lanzándola hacia atrás, hasta chocar contra un cuerpo duro.
—Hola, James.