HERMANOS KING CAPÍTULO 8
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CAPÍTULO 8

Brandon no se sentía derrotado por la lentitud con que evolucionaban las cosas con Eva.

Le daría su espacio. En su fuero interior sabía que su derrota al respecto era momentánea.

Ella le había entregado el trabajo, que él leyó esa misma noche y le devolvió al día siguiente antes de clase, con un número respetable de comentarios, y encerrados en círculos de rotulador verde los párrafos en los que debía trabajar.

Eva, perfeccionista como era, solo esperaba que él le dijera: “Buen trabajo”. Apenas había dormido las noches anteriores, descuidando las otras materias, y se sentía orgullosa cuando lo imprimió y se lo entregó al salir de clase. No esperaba que fuera tan exigente.

—Te olvidaste de las fuentes, espero que haya sido un error de impresión.

“Maldita sea, las fuentes”.

—Eh, sí, deben estar en mi otro maletín.

Brandon, que la había detallado de pies a cabeza, sabía que no usaba otro maletín.

—Lee las sugerencias que te hice y por favor, corrige los errores ortográficos, Anderson es un jodido psicópata cuando se trata de errores.

—¿Errores? —preguntó furiosa.

—Sí, señorita, errores. En cuanto lo tengas solucionado, me lo pasas para darle otra leída.

“Ni en sueños”, caviló. ¿Se estaría desquitando por su dilación en salir con él?

—No, Eva, no tiene nada que ver…

—¿Cómo lo sabes…?

—Se te nota lo que estás pensando, solo me interesa que subas el promedio, no me gusta mezclar las cosas. Mira, Eva, sé que hay algo en el aire respecto a nosotros y no entiendo tu reticencia a conocerme, a conocernos, me gustas, pero el siguiente paso deberás darlo tú.

A lo mejor, pensó, él había perdido el interés.

No supo por qué un atisbo de incomodidad, o más bien de decepción, la invadió, pues Brandon no había vuelto a invitarla a salir, la trataba como cualquier tutor trata a un estudiante.

Si ella hubiera tenido un atisbo de los pensamientos del joven, se hubiera quedado tranquila.

El viernes, día de la entrega del trabajo, era el mismo día de la salida de chicas con motivo del cumpleaños de Janeth. Fue toda una sorpresa entrar al salón y enterarse de que era Brandon el que iba a dar la clase, ya que el señor Anderson había presentado una excusa médica.

—Bien, hoy podríamos dedicarnos a hablar de los principales indicadores de gestión financiera en diferentes empresas —se rascó la barbilla mientras observaba a los presentes—, pero estoy seguro de que Anderson machacará ese tema en las próximas semanas.

—¿Entonces, guapo? Habla de lo que quieras con tal de que dejes tu número de teléfono escrito en el tablero al finalizar la clase —dijo Sarah Keats y se escucharon varias risas en el salón.

Brandon ignoró su comentario y prosiguió.

—Quiero hablarles sobre esas características o competencias que el financista o administrador de empresa debe tener para sobresalir en su profesión.

Se preguntarán por qué deseo tocar ese tema o a lo mejor no, pero pienso que más que almacenar datos que no recordaremos más adelante, lo que habla sobre el éxito o fracaso del desempeño empresarial es la manera en que se actúa frente a una crisis.

Eva observaba a Brandon dar la clase como si llevara años haciéndolo, podía observarlo sin problemas, ya que era él el que estaba impartiendo conocimiento, y se dijo que sería de mala educación clavar la cabeza en el cuaderno, ya que el joven parecía dominar el tema y tenía la cualidad de cautivar al público.

—El conocimiento personal es importante, saber cuáles son sus fortalezas y debilidades hará que puedan visualizar más fácilmente las de los compañeros de trabajo, jefes y oponentes, y créanme, eso les dará una enorme ventaja.

—Brandon se paseó por el aula, se movía con la elasticidad de un gato, sus jeans se ajustaban a sus caderas y sus muslos, llevaba un suéter de color azul oscuro y tenis también oscuros—.

Debemos tener la capacidad de leer el entorno, de identificar y resolver problemas. ¿Quiénes han trabajado?

Más de la mitad del curso levantó la mano.

—Bien. ¿Qué tipo de problemas han enfrentado en sus trabajos?

Cruzó los brazos sobre el pecho y dio un repaso por toda la estancia. Una chica de las gradas superiores habló.

—Trabajo en un supermercado. El administrador no es una persona que maneje bien la comunicación; es más, no creo que sepa el significado de la palabra.

Sus órdenes son confusas y se enfurece cuando no hacemos lo que nos ordena, pero es que no es claro, lo cual redunda en pérdida de tiempo y maniobras ineficaces que afectan el resultado final.

Brandon asintió.

—En este caso, estamos ante un jefe que no maneja una estrategia clara para que su colaborador lo comprenda. La falta de conexión entre el colaborador y la organización incide en alta rotación, ausencias y bajo rendimiento. Es el típico caso en el que no hay una inversión educativa del personal…

Eva tenía que admitir que Brandon sabía de lo que hablaba, se notaba que estaba preparándose para dirigir una gran empresa.

Sonaba serio y profesional. Se veía tan distinto a los demás chicos, más agresivo, más masculino.

A lo mejor eso era lo que la atraía tanto y a la vez le daba deseos de echar a correr.

El sonido de su voz la afectaba como si los decibeles roncos y autoritarios tocaran una fibra sensible en su pecho.

Le gustaba la naturalidad de sus gestos, estudió su perfil y el gesto de sus manos, que había detallado en encuentros anteriores, grandes, bien cuidadas, de dedos largos.

Viéndolo hablar con soltura ya no se cuestionó si le daría o no una oportunidad.

El problema era que no sabía cómo abordarlo, ya que él le había dejado claro que el balón estaba en su lado.

Su alma estaba plagada de emociones perdidas y encontradas, algunas nuevas y ambiguas, y otras tiernas y pasionales.

—No nos digamos mentiras, nuestros padres o el sistema de becas no nos tendrían aquí si no supieran que en algún momento de la vida vamos a desempeñar algún cargo gerencial.

Hay que gerenciar con el ejemplo. Como gerente o dueño de una empresa, los colaboradores serán más eficaces y eficientes si se sienten comprometidos con la organización.

El líder debe comportarse como quiere que se comporten sus colaboradores.

Además, hacerles saber detalladamente cómo la labor de cada uno de ellos impacta en el éxito de la empresa.

“Este tío es muy sexy”, escuchó Eva en un murmullo.

“Así sí no me pierdo una sola clase”. “Ojalá Anderson no volviera”.

“Menudos jeans se gasta”. “¡Qué se quite el suéter!”.

Eva quiso voltearse y cantarle sus cuatro frescas al trío de desvergonzadas.

Dos sensaciones muy diferentes colisionaban en su pecho, la que la repelía insistía en que no era su asunto, que dejara que esas zorras siguieran babeando por él, y la que la atraía quería encararlas y decirles: “¡Manos y pensamientos quietos, ese hombre es mío!”.

Brandon siguió exponiendo más consejos, habló de conflictos laborales frecuentes y un chico se aventuró a preguntarle por su experiencia en la empresa de su familia.

Él habló de los dobles roles, familia y empresa, y de la separación que debía haber entre esas dos áreas.

Habló de la emotividad al trabajar con familiares, que puede añadir un componente extra emocional en cualquier interacción.

Eva le miraba la boca, se preguntó que sentiría besándolo. Brandon, como si hubiera escuchado sus pensamientos, la miró francamente con un gesto de diversión.

—¿Algún otro problema que deseen compartir? —preguntó.

Un joven de la última fila habló.

—Levantarme de la cama fue un problema.

—¿Y por qué fue un problema para ti levantarte de la cama esta mañana?

—Mi novia no estaba satisfecha. —Se escucharon risas de toda la clase. Brandon dudaba mucho que el joven soltara ese tipo de comentario con Anderson al frente dando la clase.

Levantó una ceja, sonrió y miró a Eva de reojo.

—Eso sí que es un problema, tío.

—Después de cuatro orgasmos, todavía pedía más.

—Vaya, sí que eres eficiente, por lo visto lo solucionaste porque aquí estás —carraspeó y volvió su atención a toda la clase—.

Hermann Hesse dijo, refiriéndose a nuestro tema anterior, no al comentario de la capacidad viril de nuestro compañero: “La familia es un defecto del que no nos reponemos fácilmente”, y se vuelve un incordio si debes trabajar con ella, esto último, es acotación mía.

Pueden dejar sus trabajos en la mesa antes de salir y espero verlos el próximo día.

Si tienen alguna retroalimentación negativa respecto a la clase, guárdensela para ustedes. Gracias.

Se oyeron más risas. Todos se levantaron para salir y Eva se acercó al escritorio.

Brandon la recorrió con una mirada tan intensa que el rostro le ardió como si él hubiera pasado los dedos por su piel.

Cuando llegó a los ojos, sonrió y seguidamente le tendió la mano, ella le dio el trabajo y salió a paso acelerado del salón.

Esa noche se puso una falda negra de pitillo que no se había estrenado —la había encontrado una tarde en que acompañó a Janeth de compras—, con una blusa roja sin mangas y zapatos negros de tacón.

El cabello se lo había peinado liso y el único cosmético era el labial rojo que contrastaba con el tono de su piel.

Janeth iba vestida de negro. Se dieron un último vistazo en el espejo, Eva se puso un abrigo negro, tomó la cartera de mano y salieron a disfrutar la noche.

La reunión sería en el club Underground de la Avenida Broadway.

Iba a divertirse con sus amigas y a pasar tiempo con ellas sin pensar en libros.