HERMANOS KING CAPÍTULO 6 #2
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CAPÍTULO 6 #2

—Así que follable —señaló con sorna.

Se rascó la barbilla y negó con la cabeza varias veces.

Eva no respondió y fijó sus ojos al frente, su sonrojo era…

adorable, la repasó de reojo. A pesar del semblante fatigado y de su ropa poco elegante, era una mujer que marcaba la diferencia, tan distinta a las que frecuentaba.

Tuvo ganas de acariciar el mechón de cabello que bailaba en su mejilla, de acercarse, besarla y tocarla.

Carraspeó, incómodo, y aferró más las manos al timón.

—No tiene idea de lo que habla, siempre dice barbaridades cuando ingiere licor, no lo tengas en cuenta.

—Al contrario, James: “Los niños y los borrachos siempre dicen la verdad”.

“Voy a matar a Janeth y con mis propias manos”.

Ya el hombre sabía que por lo menos lo encontraba atractivo. No iba a darle el gusto de sentirse mal por eso.

—¿Podemos dejar el tema de lado? —preguntó digna.

“No, no, no, no, no te vas a ir por las ramas, sé que la atracción es mutua y además no te veo como una cobarde”.

—No tiene nada de malo admitir que te gusta alguien.

Brandon pisó el freno al llegar a un semáforo en rojo. Las calles estaban desiertas.

—No tengo por qué admitir nada —dijo ella con los dientes apretados—. No te conozco, nos hemos visto un par de veces, ya déjalo.

—Creía que eras de las valientes.

Eva volteó el rostro, exasperada al escuchar el tono condescendiente, y la diversión en su voz.

—Soy una mujer valiente y eso no tiene nada que ver con hacer tonterías. Estás muy mal de la cabeza, Brandon King, y si no dejas el tema, serás un gilipollas.

Brandon se quedó mirando a Eva durante unos instantes con un brillo divertido en sus ojos, y luego esbozó esa sonrisa provocadora mientras bajaba la mirada a sus labios.

—Me haces trabajarlo… —Capturó el labio inferior entre los dientes y de nuevo la miró a los ojos antes de poner, otra vez, el auto en marcha en cuanto la luz cambió a verde. Volteó en la siguiente esquina—. Aunque si lo piensas bien, yo sería un buen candidato para que des fin a tu sequía.

Eva resopló, negando con la cabeza, molesta por las sensaciones que la asaltaron ante el escrutinio de Brandon.

Se dijo que tendría la última palabra en ese encuentro o dejaría de llamarse Eva James.

Si Janeth no estuviera en la parte trasera del auto, con una borrachera de órdago, se bajaría así fuera con el auto andando.

—Creo que no… ¡Eh, espera! ¿De verdad estamos discutiendo sobre esto? Lo que me faltaba para completar una jornada genial.

—Es demasiado bueno para dejarlo pasar. Lo siento.

Le sonrió. Ella se removió incómoda en su asiento.

A Eva nunca se le había hecho tan larga la distancia del club al dormitorio de estudiantes y eso que el trayecto no duraba más de diez minutos.

Pasaron de largo un centro comercial, de esos que hay en cada esquina de cada ciudad del país, con restaurantes, taquerías, lavanderías y salones de belleza.

—No me voy a acostar con nadie en mi último año de universidad —sentenció, categórica.

—No es lo que afirma la chica de atrás que deseas hacer. ¿Qué coño tiene que ver el año?

Janeth soltó un eructo, Eva no podía estar más avergonzada, aunque quisiera.

—Es el año con más carga académica y además tengo que trabajar, por si no te diste cuenta. No tengo tiempo para entablar una relación.

—La carga académica siempre va a estar ahí, luego esa excusa es muy pobre, el chico con el que salgas tiene que entender que tienes una vida y responsabilidades. Además, serías una excepción en St John´s.

—Deduzco que en ese campo no has tenido mayores problemas. Me imagino que tú eres ese espécimen perfecto que va embaucando chicas con su aura de pobre niño rico. ¿Debo sentirme halagada? —Su tono de voz era escéptico, trató de disimular su hostilidad—. Qué afortunada soy —concluyó con sarcasmo.

—Me tengo confianza —la miró, evaluándola, por lo visto con su comentario había herido su susceptibilidad, pero eso no le daba derecho a prejuzgarlo.

—¿En serio crees que eres tan irresistible como para que decida darte una oportunidad?

—Sí.

Eva supuso que estaba jugando con ella.

—Guau, no sabes lo halagada que me siento —dijo en tono de voz que evidenciaba lo contrario.

Los comentarios de Janeth habían herido su orgullo, estaba furiosa, vulnerable y tomó la vía de los cobardes—.

Te voy a ahorrar un montón de tiempo. No estoy interesada en alguien como tú.

Así que haznos un favor y encuentra a alguna de esas chicas fan del club King. No creo que tengas mayores problemas.

—¿Crees que sabes algo de mí porque me buscaste en Google? Has decidido que me conoces porque un montón de personas, que no tienen idea de quién soy, hablan de cosas que desconocen totalmente. ¿Quién es la arrogante aquí? Me condenas sin oportunidad de defensa.

—No hablas en serio…

—Reitero, eres prejuiciosa y arrogante.

—Llegamos —anunció Eva, que ya iba a bajarse del auto, pero Brandon le aferró el brazo.

—Me miras, en clase, no dejas de mirarme.

—Sueñas…

—No, a pesar de que desdeñas quién soy, te gusta lo que ves.

—No sé de qué hablas.

Brandon sonrió.

—Mentirosa. Te quedas mirándome y luego cuando te das cuenta de lo que haces, te escondes en tus apuntes, luego empiezas otra vez.

—Estás loco.

La negativa de Eva lo calentaba, era más satisfactoria esa tonta discusión que el sexo con cualquier chica hermosa de la universidad, así su conducta quisiera ofenderlo.

—¿Tú crees? —Su mirada se deslizó a sus labios, se imaginó besándola y pegándola contra él—. No creo, veo a una niña que no tiene las agallas de enfrentarlo.

Eva se soltó, Brandon era el primer hombre que la intimidaba, ni siquiera Tyron la hizo sentir así, su cálida mano le quemaba el brazo.

Su apostura, la comodidad que emanaba, en muchas cosas era igual a Tyron y como él, le rompería el corazón.

Se bajó de manera apresurada del auto, y abrió la puerta de Janeth.

—Vamos, chica, despierta —dijo en voz alta

—Dime dónde te quedas y yo la subo.

Quería despacharlo enseguida, pero Janeth era peso muerto.

—En el edificio Boston, el segundo a la izquierda, primer piso.

Brandon alzó a Janeth sin esfuerzo, Eva se adelantó para mostrarle el camino. Sus pasos se estrellaban con las hojas caídas de los árboles ocasionando un susurro suave. En cuanto Eva abrió la puerta de la residencia, Brandon llevó a Janeth hasta el sofá, donde la acomodó con gentileza.

—Dale algo de líquido y dos ibuprofenos o mañana no tendrá cabeza.

Eva lo acompañó a la puerta. Estaba turbada y no quería que él se diera cuenta.

—No, no tendrá cabeza porque se la arrancaré en cuanto te vayas —soltó un largo suspiro y se miró la punta de los zapatos—. Gracias.

—Piensas muy mal de mí…

—Lo que yo piense no tiene por qué afectarte.

—Pero me afecta.

Brandon no dijo nada más y salió de la estancia. Supo, a medida que se alejaba de ella, que Eva no dejaría las cosas así. No se equivocó.