HERMANOS KING CAPÍTULO 3 #2
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CAPÍTULO 3 #2

Janeth levantó la vista del móvil y negó firmemente con la cabeza. Sus ojos cafés echaban chispas. Eva blanqueó los ojos.

—Con esta bibliografía no basta, tenemos que prepararnos para sacar la máxima nota. No puedo bajar mi promedio. —Su rostro se volvió de nuevo a Brandon—. ¿Por favor?

—Yo me largo, con la bibliografía tengo —dijo Janeth tomando el papel y señalando a su amiga con el dedo—. Ya sabes, Eva James, no te me escapas esta noche.

Se echó el bolso al hombro y salió del lugar, sus zapatillas blancas golpeaban el piso mientras atravesaba el corredor.

Brandon observó el intercambio, curioso. Estaba encantado de poder pasar unos minutos a solas con la mujer que lo intrigaba, pero si no quería espantarla, tendría que enmascarar sus sentimientos.

Eva le obsequió una sonrisa algo forzada.

—¿Qué dices? ¿Puedo contar contigo?

Un brillo extraño cubrió la mirada de Brandon.

—Ven mañana a verme y te tendré una respuesta —dijo, mirándole los labios.

—No podré pagarte. No tengo dinero.

Brandon no se esperaba que fuera tan honesta, su mirada se encontró con la de él con una franqueza a la que no estaba acostumbrado.

Otra chica hubiera disimulado lo de la falta de dinero, las apariencias lo eran todo en St John´s. La notó un poco vulnerable en contraste con la confianza en sí misma que irradiaba en el salón de clases.

—No te estoy cobrando, ni siquiera he aceptado.

—Solo serán dos semanas.

“Yo creo que serán más, Eva James”, pensó Brandon mientras reprimía una sonrisa.

—Mañana hablaremos.

Él extendió la mano y del rostro de Eva resbaló una expresión de curiosidad y algo de desconfianza. Hizo caso omiso de la sensación en su vientre cuando sus pieles se rozaron.

Eva no podía creer que Janeth la hubiera convencido de aparecer en la fiesta. El par de jóvenes estaban en una esquina observando el alboroto.

—Ya sabes, nada de recibirle licor a ninguna de estas joyas —le advirtió Janeth.

Eva estrechó los ojos. Mientras ella llevaba una botella de agua en la mano, su amiga ya le había recibido un vaso de licor a un inofensivo compañero de clase.

—Ya lo sé y mejor aplica ese concepto a ti. —Tenía que gritar para hacerse oír por encima de la estruendosa música, que gracias al cielo no era reggaetón ni hi-hop.

—Cierto, has venido a socializar y yo a demostrarle a ese cabrón que no me importa.

—Hay un chico a las siete que no ha dejado de mirarte —le dijo Eva mientras tomaba otro sorbo de agua.

Janeth miró hacia el lugar sin disimular en lo más mínimo y luego le dio la espalda.

—Es Justin, no recuerdo el apellido, es uno de los defensas del equipo.

Eva levantó una ceja.

—Pues el chico viene para acá en clara invitación.

Janeth se volteó enseguida y recibió al joven con una sonrisa.

La sala de la residencia estaba a reventar, chicos y chicas de diferentes facultades estaban bailando, riendo, jugando billar o bebiendo como cosacos.

El espécimen del equipo de futbol sacó a bailar a Janeth, que le guiñó un ojo a Eva antes de salir a la improvisada y atestada pista de baile.

Ella se atrincheró en su rincón, observando la gente.

Varios chicos empezaron a mirarla. Había elegido para esa noche unos leggins oscuros, una blusa azul de corte caído que dejaba al descubierto sus hombros, y zapatos de tacón negro.

Llevaba el cabello suelto, se había aplicado algo de máscara en las pestañas y pintado los labios de un color oscuro.

El conjunto era conservador comparado con lo que llevaban las demás chicas.

A lo lejos vio a Brandon King charlando con un grupo de chicos, vestía un jean oscuro y un suéter de punto vino tinto. Varias mujeres revoloteaban a su alrededor, pero el hombre no les prestó mayor atención, por suerte no había reparado en su presencia.

Eva se escabulló antes de que dos jóvenes llegasen a ella y merodeó por el lugar en claro intento de buscar la salida y volver a los dormitorios. Estaba cansada y cabreada aún por la nota. Janeth la interceptó.

—Eh, conozco esa cara, vamos a darles una paliza a esos chicos en la mesa de billar.

El joven, que no se había separado de Janeth, la llamaba para invitarla al juego de pool.

—No quiero quedarme mucho tiempo, tú te estás divirtiendo, yo puedo irme sola.

Janeth la aferró por los brazos y la llevó a donde estaba la mesa de billar. Un grupo de jóvenes las recibió y en menos de nada estaban jugando dos equipos; ella y Janeth contra el par de chicos, llamados Justin Connor (el de Janeth) y Michael el otro, que la miraba con súbito interés.

La bebida de Brandon quedó a medio camino de la boca en cuanto vio aparecer a Eva.

Se dedicó a observar la partida mientras trataba de sacudirse a Sarah.

La chica lucía concentrada y bebía de una botella de agua.

Estaba hermosísima, el pantalón ceñía sus curvas y llevaba suelto el cabello, que a la luz de la lámpara destilaba tonos diferentes, y esa boca, tenía una fijación por esos condenados labios.

Más de un tipo babeaba por su trasero cuando se inclinaba sobre la mesa y tuvo que controlarse para no ponerse en evidencia y golpearlos a todos.

Se bebió otra cerveza sin dejar de admirar la destreza con la que el par de chicas batieron a los dos muchachos.

Al final del juego en el que resultaron victoriosas, los aplausos fueron para ellas, y las rechiflas para ellos no se hicieron esperar.

Brandon se le acercó, casual, con una cerveza en la mano. Era un hombre acostumbrado a la atención femenina, su arrogante confianza lo confirmaba.

—Hola, Eva James.

Eva se quedó quieta saboreando el acento ronco en el que pronunció su nombre fue un susurro en sus oídos.

Su mirada parecía ir más allá de la superficie, como si adivinara todos sus secretos y deseos.

Mentiría si dijera que no había reparado en la forma en que se movía a través de la gente con sus ojos puestos en ella.

—Hola —dijo, mirándolo divertida.

—Veo que te gusta jugar.

—Me gusta el billar —contestó ella con voz entrecortada.

Él le pasó el mismo taco con el que la vio ganar.

—¿Jugamos?

Ella tomó otro sorbo de agua. El tono en el que Brandon pronunciaba algunas palabras la ponía un poco nerviosa, al igual que su mirada, como si hubiera alguna intención subyacente.

—No, gracias, ya tuve suficiente atención por esta noche.

Brandon se echó a reír, un sonido profundo y delicioso que hizo que el corazón de Eva latiera con fuerza mientras se miraban.

—¿Por qué? Serías un estupendo contrincante. Ah, ya, temes perder.

Brandon peleó con su sonrisa en cuanto la vio envararse.

—No es por eso.

—Vamos, Eva James, ¿acaso no disfrutas un desafío? Piensa que si ganas todos me abuchearán. Ese será tu premio.

—No es suficiente. Si yo gano, me darás clases particulares.

“De lo que quieras”, quiso decirle él mientras la miraba escoger un nuevo taco.

—Y si gano yo —dijo, sin dejar de mirarle los labios—, saldrás a cenar conmigo.

Ella se limitó a sonreírle y empezó el juego.