HERMANOS KING CAPÍTULO 3
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CAPÍTULO 3

Cinco años atrás

El aula estaba a reventar, nadie se había perdido la clase ese día. Brandon pensó que eso tenía que ver con la entrega de los resultados del examen.

Volvió a posar sus ojos en ella, que estaba sentada en la segunda fila.

La vio llevarse el lapicero a la boca, gesto que interrumpió cuando uno de sus compañeros le entregó el examen con la nota.

Ni siquiera sabía que él existía. La había estado observando toda la tarde, como cada día desde hacía un mes, que era el tiempo que llevaba de monitor en la clase de Finanzas del señor Anderson.

Era preciosa y se moría de ganas de charlar con ella.

Había averiguado su nombre y un par de datos más, porque pocos sabían de aquella chica.

Se llamaba Eva James. Era estudiante de último año de Mercadotecnia y Economía, no tenía novio y era poco fiestera, lo que explicaba que no la hubiera visto antes.

Al parecer era un ratón de biblioteca y algo tímida, aunque él la veía muy segura en sus participaciones en clase.

Alguien le dijo que había salido con un músico durante varios meses el año anterior.

Aparte de eso, la chica era un misterio.

Era de estatura mediana y con unas curvas increíbles, llevaba un jean ajustado, que realzaba su trasero y un suéter ceñido de color púrpura, que ajustaba sus pechos. “Madre mía”, pensó, cachondo. Llevaba el cabello recogido en una trenza, quería verla con el cabello suelto.

En el podio del auditorio, el señor Anderson anunció que algunas de las calificaciones habían estado por debajo del promedio y que debían esmerarse más. “Bla, bla, bla…”. Brandon se perdió otra vez en sus pensamientos, observando de reojo a la chica. Amaba la caza y el trofeo valía la pena.

Tan pronto el profesor los despidió, Eva cerró veloz el portátil, el auditorio era una cacofonía de ruidos, malas palabras y pasos afanados por abandonar el lugar.

Se encaminó hacia la salida, furiosa. Su nota estaba por debajo del promedio acostumbrado, a pesar de que había estudiado días para presentar ese examen.

El resto de los estudiantes odiaba al señor Anderson en ese momento y las chicas suspiraban por el monitor, que estaba cerca a la puerta, y a quien rozó al pasar.

Era un hombre guapo, de último año de maestría en Finanzas, tenía un color de ojos que no sabía definir, una boca preciosa y cuerpo de atleta.

Lo había pillado mirándola y no sabía si sentirse incómoda o halagada.

Eva había pasado de los chicos desde el año anterior, después de romper con Tyron Sucker, guitarrista de la banda de música.

Ella creía que podrían formar una pareja estable en medio de todo lo que se vivía en la universidad, pero el chico tenía otras ideas, y lo había encontrado en la cama de su habitación con una gruppie.

Fue un duro golpe, y desde entonces no había vuelto a salir con nadie en plan romántico.

Aparte de él, un novio en el instituto y un estudiante en primer año, no tenía más experiencia en ese campo.

Con veintidós años, estaba soltera y lo único en lo que pensaba era en terminar su carrera y trabajar con uno de los grandes.

—Me jode el señor Anderson —se quejó Janeth, que caminaba a su lado.

Se habían hecho buenas amigas desde que comenzaron a compartir habitación en primer año, coincidían en algunas materias desde el semestre pasado y estudiaban juntas.

Las notas de Janeth no habían sido las mejores y estaba preocupada, si bajaba el promedio sus padres se enterarían y eso sí sería un problema mayor.

En cambio, para Eva la nota era toda una sorpresa, aunque no había perdido la prueba, ese resultado la decepcionaba mucho, estaba acostumbrada a la excelencia, además, necesitaba mantener a como diera lugar el promedio que su beca le exigía.

—Podremos recuperarnos con el trabajo que hay que presentar en dos semanas.

Atravesaron el campus rumbo a la biblioteca de la facultad.

—Deberíamos buscar la ayuda de ese monitor que está tan bueno, hoy lo pillé mirándote otra vez. —El tono de Janeth era burlón.

—Están para ayudarnos —agregó Eva a toda prisa, dándole un codazo. Se escuchaba el crujir de las hojas a cada uno de los pasos de las chicas—. No es mala idea.

—No, mejor no, me distraería mucho. Además, es un chico popular —agregó Janeth.

El otoño estaba en todo su esplendor, con hojas de diferentes colores tapizando el prado y ese olor inconfundible. Era la estación favorita de Eva.

—Son los peores —dijo, recordando su experiencia del año anterior—, pero eso no importa ahora, así fuera el príncipe William, si está de monitor, lo utilizaremos.

Eva tenía un concepto muy pobre de los estudiantes élite del lugar. Los peores eran los atletas, que se sentían los amos de todo: no tenían sino que chasquear los dedos y alguna chica tonta les caía en el regazo.

—Tu admirador pertenece a la flor y nata de Chicago, es jugador de tenis, las mujeres babean por él, pero no ha salido con nadie en un buen tiempo, desde que empezó el semestre.

—Vamos a buscarlo. Y no es mi admirador.

—Si tú lo dices. Esta noche debemos celebrar, hay fiesta en la hermandad de los tíos más buenos de este lugar, ya es hora de que te sacudas las telarañas.

Eva soltó una risa irónica.

—No tenemos nada que celebrar.

—Me prometiste que irías hoy. —Janeth se paró frente a ella—. Lo prometiste, no puedo aparecerme sola, necesito que Steve sepa que ya no me importa.

Janeth acababa de romper con el chico con el que había estado saliendo por un par de meses, y a Eva le parecía que le importaba más de lo que creía.

—Eso fue antes de la maldita nota.

Siguieron caminando.

—¡Vamos, James! Es solo una jodida nota que estoy segura recuperaremos en un santiamén.

—Lo pensaré.

Eva miró en su móvil el horario y se percató de que a esa hora el monitor atendía a los estudiantes.

Siguieron de largo al pasar por la biblioteca y llegaron al edificio contiguo, ubicado a varios metros de una fuente de agua que estaba en el centro de una de las tantas plazoletas de la universidad.

Los monitores disponían de unos pequeños cubículos en el área de coordinación académica de la facultad.

En el lugar estaban Brandon King y Sarah Keats, una pelirroja más interesada en ligar que en estudiar: llevaba una minifalda y estaba sentada encima del escritorio exhibiendo sus esbeltas piernas.

El joven pareció sorprendido cuando vio al par de chicas en la puerta.

Janeth miró con gesto burlón a Eva, que no le prestó la más mínima atención.

Brandon agachó la cabeza, no quería que la chica viera su sonrisa.

Levantó la vista con talante serio. Despachó con celeridad a la pelirroja, que les destinó un gesto de fastidio por interrumpir su devaneo, le pasó un Post-it con su número de teléfono y se despidió.

Brandon arrugó el papel, que echó en una papelera, e invitó al par de jóvenes a entrar.

Sabía que tarde o temprano tendría a Eva James en su puerta y gracias a una mala nota lo había conseguido. Aunque no tuvo nada que ver con la calificación del profesor, sí se alegró cuando vio la nota de Eva. La chica era rigurosa en su estudio y era cuestión de tiempo que recurriera a él.

Después de los saludos de presentación, Brandon acercó un par de sillas para que las jóvenes se sentaran.

—Y bien, ¿qué puedo hacer por ustedes, chicas? —soltó el joven mirando de la una a la otra sin querer desviar la vista a Eva más de lo necesario.

—Cómo sabrás, estamos aquí porque nos cargamos la nota del examen —contestó Eva, mientras Janeth se enroscaba el cabello castaño y miraba unos afiches en la pared lateral—. Necesitamos un diez en el trabajo que debemos entregar dentro de dos semanas y prepararnos para la próxima evaluación.

Brandon anotó algo en una hoja.

“Joder, qué guapo es”, pensó Eva, contemplándolo.

El cabello oscuro resaltaba con su suéter claro, los ojos eran grises bordeados de largas pestañas, la boca carnosa sobresalía en medio de la sombra de barba que cubría su mandíbula.

Evitó desviar la mirada a su cuerpo y su propia reacción la hizo enrojecer.

Ella, que se creía vacunada contra los de su tipo, se preguntó por qué la atraía él precisamente, y cayó en cuenta de que Brandon no era un chico, era un hombre, tenía una fuerza indómita de la que carecían sus compañeros de clase, como si fuera mucho mayor de lo que en realidad era, porque no tendría más de veinticuatro o veinticinco años.

Carraspeó, incómoda de pronto, ya era hora de bajar la guardia y empezar a vivir como si de verdad estudiara en una universidad y no como si estuviera encerrada en un convento de clausura.

—Un buen trabajo las ayudará a subir el promedio, deben seguir esta bibliografía.

—En su rostro resbaló una sonrisa—. Aquí encontrarán todo lo que necesitan sobre los temas.

Sé que no es la bibliografía que les dio el profesor Anderson, pero estos libros manejan los temas con un poco más de profundidad, que es lo que a la larga busca el profesor.

Además, hay un grupo de estudio, pero a veces es más lo que haraganean que lo que estudian.

—Su amiga Cinthia lo mataría donde lo escuchara hablando mal de su grupo, pero en esto no le importaba en lo más mínimo jugar sucio—.

Yo puedo ayudarlas en la preparación del examen.

Eva frunció el ceño. A pesar de su expresión seria, Brandon pensó que era una de las mujeres más atractivas que había conocido, los ojos eran magnéticos e insondables; la boca, apetitosa, y el cuerpo, ni hablar.

—Perfecto —habló por primera vez Janeth, afanada por salir del lugar, más pendiente de los mensajes que entraban a su móvil que de lo que hablaba el monitor.

—Necesitamos clases particulares —dijo Eva de pronto.

Brandon quiso decirle que sí enseguida, pero no quería ser tan obvio.

—Tendría que mirar el cronograma, yo también tengo clases y estoy preparando mi tesis.